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José Sarukhán, científico de excelencia y mexicano ejemplar

Julia Carabias | 01.05.2017
José Sarukhán, científico de excelencia y mexicano ejemplar

El pasado mes de febrero, los mexicanos nos sentimos muy contentos y orgullosos al conocer la noticia de que el Dr. José Sarukhán Kermez había sido galardonado con el Premio Tyler 2017, el premio en Ecología más prestigiado del mundo, por sus aportaciones científicas y su contribución al fortalecimiento institucional de nuestro país. Dicho reconocimiento es muy merecido para quien cuenta con una trayectoria de más de 55 años entregados a la ciencia y a la gestión del conocimiento para proteger la biodiversidad.

¿Qué hace diferente al Dr. Sarukhán de otros destacados y reconocidos científicos mexicanos que también cuentan con ricas trayectorias académicas? La respuesta la encuentro en que José Sarukhán, además de ser un científico de excelencia, ha sabido detonar e impulsar procesos, y crear y consolidar instituciones. Ambas cuestiones vinculadas a la formación de capital humano y al entendimiento de la naturaleza y su relación con las sociedades humanas.

Tuvo grandes maestros, entre ellos, Faustino Miranda y Efraím Hernández Xolocotzi; con el reconocido Arturo Gómez Pompa hizo su tesis de licenciatura y su doctorado con John Harper, uno de los grandes ecólogos de Gran Bretaña. Aunque pasó años postrado en los pastizales de Gales midiendo hierbas para su tesis doctoral, las selvas, las secas y las húmedas, siempre han sido su ecosistema favorito. Sus aportaciones científicas han sido referentes obligados en la ciencia de la ecología para todas las generaciones subsecuentes.

Reconozco tres etapas en la carrera del Dr. José Sarukhán:

 

La primera: El científico formador de ecólogos e instituciones de investigación en las décadas de los años setenta y ochenta

A su regreso a México, después de su doctorado, tomó una decisión muy acertada: empujar a un grupo de jóvenes brillantes a hacer su doctorado en Ecología en universidades en el extranjero de alto prestigio, para constituir con ellos, a su regreso, el primer gran equipo de ecólogos en nuestro país. Así fue que fundó el Laboratorio de Ecología de Poblaciones en el Instituto de Biología de la UNAM en 1972, al cual, en 1985 —siendo director de dicho Instituto—, logró convertirlo en Departamento de Ecología. Una vez que se consolidó un grupo de gran calidad, cuando fue coordinador de la Investigación Científica, impulsó en 1988 el Centro de Ecología y, después, desde la rectoría de la UNAM, promovió su transformación en 1996 en el actual Instituto de Ecología. En pocos años se alcanzaron altos estándares de calidad, se formaron muchos investigadores, se generó un vasto conocimiento científico y se fue creando en México una masa crítica y sólida en el tema.

Sin duda la consolidación de la ecología en el país ha sido un esfuerzo de muchos, no sólo desde el Instituto de Ecología de la UNAM, pero es justo reconocer que gracias a la visión del Dr. Sarukhán, la ciencia de la ecología se fortaleció y se institucionalizó en México.

La generación de un acervo de conocimiento científico en ecología tuvo repercusiones más allá de la academia en las cuales participaron, además del Dr. Sarukhán, otros destacados biólogos, entre ellos el Dr. Arturo Gómez Pompa y el Dr. Gonzalo Halffter. Así, la ecología influyó en procesos que se extendieron hacia la sociedad, la cual empezó a organizarse en los años ochenta con demandas ambientales; hacia el gobierno, que fundó la primera institución ambiental en 1982, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, con una visión más integral sobre la ecología (antes la gestión ambiental se limitaba a los aspectos de salud y se administraba desde la Subsecretaría de Mejoramiento del Ambiente de la Secretaría de Salud); así como en un novedoso y vanguardista marco normativo que derivó en la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.

Fue un proceso paulatino de formación de capital humano, y el Dr. Sarukhán sabía que era lento, pero estaba convencido de que con pasos sólidos sería seguro e irreversible. Tuvo paciencia y sobre todo mucha razón.

 

La segunda: El científico constructor de la institución nacional sobre el conocimiento de la biodiversidad más importante del mundo

En la última década del milenio pasado, José Sarukhán dio otro paso estratégico. El conocimiento científico sobre la biodiversidad mexicana generado durante siglos se encontraba disperso, no sólo en distintos acervos nacionales, sino, sobre todo, en el extranjero. A principios de la década de los noventa, rumbo a la Cumbre de Río, José Sarukhán, consciente de las limitantes que tenía el país por no contar con la información sistematizada y accesible sobre la riqueza natural nacional, indispensable para la toma de decisiones para políticas públicas y para uso por la sociedad, convenció al presidente de la República para crear una nueva institución: la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) como un organismo público federal. El Dr. Sarukhán ha sido desde su fundación el coordinador nacional, y el primer secretario ejecutivo fue el Dr. Jorge Soberón Mainero, quien realizó una gestión sobresaliente entre 1992 y 2005.

La Conabio inició con el acopio de la información de los ejemplares recolectados en México y depositados en las diferentes colecciones, nacionales y extranjeras, y construyó la primera base de datos sobre lo que se conocía acerca de la diversidad biológica mexicana. En un inicio, la base de datos era complicada de consultarse, hoy es un magnífico instrumento: el Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad (SNIB) contiene el conocimiento científico más completo sobre las especies existentes en México, la información es muy útil para la toma de decisiones, además de ser de fácil acceso y comprensión. El SNIB es mucho más que el acopio de datos. Evolucionó y se complementó con imágenes de satélite e información geoespacial y se cruza con distintos temas, generando nuevo conocimiento utilizado por cientos de miles de personas.

El éxito de esta institución, con reconocimiento mundial, se debe a la seriedad de cómo está construida, a la calidad profesional de quienes en ella trabajan, a la credibilidad y, por ello, capacidad de convocatoria hacia la comunidad académica, a la validación de la información por parte de los expertos y a la visión de largo plazo; en síntesis, al liderazgo del Dr. Sarukhán. La Conabio es un ejemplo de interfaz de la ciencia y los investigadores con el gobierno y los funcionarios.

José Sarukhán construyó la Conabio al tiempo que era el máximo dirigente de la UNAM, su otra pasión. Sus aportaciones como rector conforman otra lista interminable de aciertos que contribuyeron a fortalecer a nuestra máxima casa de estudios y, con ello, a la educación superior en México, pero no abundo en ello en este texto. Cuando terminó su gestión como rector, el Dr. Jorge Soberón realizó un sabático fuera del país (1997-1998) y Sarukhán tomó las riendas de la Conabio. Yo estaba en esa época al frente de la Secretaría de Medio Ambiente Recursos Naturales y Pesca, y haber contado con el Dr. Sarukhán en el equipo de trabajo fue un privilegio; me dio mucha seguridad en muchas decisiones difíciles que tomamos, entre otras, las relacionadas con los implacables incendios forestales de 1998. En las múltiples reuniones de planeación y deliberación del equipo directivo, podía leer en las inconfundibles expresiones de su rostro cuando él, sin decirlo, pensaba que me estaba equivocando; entonces, en la medida de mis capacidades, buscaba alternativas hasta que lo veía, si no sonreír, al menos no fruncir más el ceño. Seguía siendo mi maestro.

 

La tercera: El científico con una visión global y con un compromiso con el bienestar social

Un factor que me parece que influyó fuertemente en su visión sobre los problemas globales del mundo, sobre la importancia estratégica del uso sustentable de la biodiversidad para el bienestar social, particularmente de las comunidades rurales, y sobre la valoración del conocimiento tradicional, fue su activo involucramiento en el proceso de elaboración del ambicioso proyecto mundial llamado Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (Millennium Ecosystem Assessment), llevado a cabo al inicio del nuevo milenio, en el que participaron más de 2 mil autores y del cual él fue copresidente de la Junta Revisora.

Con el aprendizaje de ese marco conceptual y de referencia, fue que emprendió, desde Conabio, otro reto nacional: coordinar la obra Capital natural de México, el análisis más profundo y extenso jamás realizado en nuestro país, y ejemplo a nivel global, sobre lo que ha pasado con la diversidad biológica nacional en las últimas décadas, las causas de su pérdida y las orientaciones de las rutas hacia la sustentabilidad. Esta obra convocó a cientos de investigadores y miembros de la sociedad civil, y evalúa en cuatro tomos el estado de la biodiversidad mexicana. Así, la preocupación que tenía el Dr. Sarukhán de que la ecología sirviera para mejorar la calidad de vida de la gente se convirtió ahora en su ocupación y obsesión.

 

Otro rasgo que lo caracteriza: José Sarukhán, el humanista que pregona la ética ambiental como un asunto moral de respeto a la naturaleza. Con gran vehemencia y convicción expresa, en todos los foros que le son posibles (y son innumerables), que los humanos somos una especie más del complejo y entramado sistema natural del planeta Tierra; que lejos de ser el clímax de la evolución, no somos más que un accidente de este proceso; y con angustia señala que estamos destruyendo el escenario evolutivo del cual somos producto, sin ni siquiera ser conscientes de ello. Bien insiste en que nuestra generación ha vivido en las mejores condiciones en las que habrá vivido la especie humana, pero que lamentablemente no lo aprovechamos para el bien, para frenar la velocidad del deterioro de los recursos naturales y la creciente desigualdad social y económica de la humanidad; y esta suerte no la tendrán los jóvenes de hoy hasta que ocurra un cambio profundo. De ahí su compromiso con la juventud.

Ama profundamente a México y a la UNAM, y a pesar de haber tenido múltiples y atractivas ofertas institucionales en muchas partes del mundo, declinó todas aquellas que implicaran alejarse de México y de su alma mater, la UNAM.

Científico, humanista, honorable, modesto, le molesta el protagonismo y le apenan los reconocimientos; visionario, paciente, estricto, cuidadoso, meticuloso, certero, crítico y duro de juicios; se desespera de que no entiendan ni comprometan quienes tienen el sartén por el mango; sensible, atento, solidario, no sabe decir que no a quien le pide ayuda, no se queja; se indigna ante las injusticias y le perturba la pérdida de valores y de civilidad de nuestros tiempos.

Es un hombre como de otra época, no sé si del pasado o más bien del futuro. Si hubiera vivido en el siglo xix, sin duda hubiera sido muy amigo de Alexander von Humboldt o de Charles Darwin. Quizá, más bien, es un hombre de todas las épocas.

Además, es un gran amigo, y quienes gozamos de esa amistad bondadosa somos muy privilegiados. Felicidades por este merecido galardón. EstePaís

 

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Julia Carabias es licenciada y maestra en biología por la UNAM. Formó parte del Consejo de esa universidad entre 1989 y 1993, y encabezó la Semarnap de 1994 a 2000.