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#Ayuujk: Apuntes sobre la tradición oral y la tradición escrita

Yásnaya Aguilar | 01.06.2017
#Ayuujk: Apuntes sobre la tradición oral y la tradición escrita

Desde las reformas realizadas en 1992, la Constitución Política reconoce la composición multicultural del país, y desde el año 2003, la Ley General de los Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas enuncia que: “Las autoridades educativas federales y de las entidades federativas, garantizarán que la población indígena tenga acceso a la educación obligatoria, bilingüe e intercultural.” Sin embargo, para poder llevar a cabo esta tarea y garantizar el derecho de los hablantes de las lenguas indígenas a recibir educación en sus propias lenguas, el desarrollo de la lengua escrita resulta fundamental. Además de la lengua escrita, la tradición oral es otro de los grandes medios de transmisión de conocimientos que se ha utilizado en todas las lenguas y culturas del mundo. Por esta razón, la educación escolarizada debe tomar en cuenta ambos medios para poder proveer una educación culturalmente pertinente en todas las lenguas de México.

La inclusión de la tradición escrita y la tradición oral también debe tomarse en consideración en la enseñanza de las ciencias. A través de la tradición oral, las comunidades indígenas no sólo han transmitido narraciones sobre la cosmovisión o sobre la relación con el mundo de lo sagrado, sino que también ha servido para transmitir técnicas y tecnologías desarrolladas a través de cientos de años e información valiosa sobre el conocimiento del medio. En un contexto escolar, la tradición oral puede jugar nuevos papeles, por un lado se puede incluir en las prácticas didácticas para adquirir nuevo conocimiento de la propia cultura y también para adquirir conocimiento científico occidental.

La educación que el Estado mexicano ha impartido e imparte actualmente a indígenas y no indígenas se fundamenta en la alfabetización y en el valor de la lengua escrita como la forma legítima de trasmitir el conocimiento. Este tipo de educación considera que el analfabetismo va en contra de la misma y que los saberes que se presentan por medio de la escritura son más legítimos que aquellos transmitidos por la tradición oral; en otras palabras, podríamos decir que la educación en México se inserta en una tradición en la que el desarrollo de la escritura es una condición sine qua non para que pueda impartirse. Desde una concepción occidental, se necesita de la escritura, pero es verdad que no en todas las culturas la educación está ligada necesariamente a ella.

En un país culturalmente diverso es ineludible revisar otros conceptos de educación, la escritura no juega siempre un papel tan protagónico como en la tradición occidental. La educación (o la transmisión sistemática de conocimientos) no necesita siempre de la lengua escrita: es posible educarse sin estar alfabetizado.

Para ciertas personas, oralidad y tradición oral son términos equivalentes, sin embargo, en este ensayo defiendo que se trata de dos conceptos distintos. La oralidad es una propiedad de todas las lenguas del mundo: todas las gramáticas naturales de todas las lenguas utilizan un medio vocal-auditivo para establecer la comunicación. Todas las interacciones lingüísticas de una lengua, por ejemplo, del mixe (familia lingüística mixe zoque) o del español (familia lingüística indoeuropea) se dan por medio de la oralidad: todas las charlas, cantos, felicitaciones, regaños, programas de radio, etcétera, se dan por medio de la oralidad. En este sentido, podemos decir que la oralidad es intrínseca a la comunicación lingüística. Por medio de ésta, podemos establecer comunicación con los demás y no supone que todo lo que emitimos en nuestros múltiples actos de habla tiene que quedar registrado en la memoria.

A diferencia de la oralidad, la tradición oral es un mecanismo de transmisión de conocimientos cuyo soporte es la memoria y para acceder a ella es necesario tener un evento oral. El soporte de la tradición oral no es la oralidad, es la memoria, sólo necesita de la oralidad para manifestarse pero no para archivarse o guardarse. Así como la tradición escrita necesita de la imagen, pero no podemos decir que la escritura sea un conjunto de letras, así podemos decir que la tradición oral no es sólo oralidad; en ella, están codificados conocimientos pertinentes culturalmente de diversos tipos, conocimientos que evidencian cosmovisión y una larga adaptación al medio, conocimientos sobre la naturaleza, narraciones que explican el mundo, las fórmulas lingüísticas para los rituales, la historia de los pueblos, técnicas y tecnologías, y todos los conocimientos valiosos de la cultura en cuestión.

La tradición oral resguarda en la memoria colectiva el equivalente a las bibliotecas de la tradición escrita. Por esta razón, tal vez sería más preciso hablar de “tradición mnemónica” en lugar de “tradición oral”. El aspecto oral de la llamada tradición oral es sólo un rasgo de acceso, así como para acceder a la escritura en la mayoría de los casos es necesaria la mirada, para acceder a lo que llamo “tradición mnemónica” es necesaria la voz.

Ahora, ¿cuál es la diferencia entre tradición escrita y la tradición oral? La escritura como lo ha dicho Roger Chartier es una tecnología, un medio de codificación y transmisión de conocimientos desarrollado para comunicar mediante un soporte visual (sea piedra, papel, papiro o una pantalla de computadora) una unidad textual. La tradición oral es también un medio de transmisión de conocimientos solo que, como ya mencioné, su soporte es la memoria. Esta diferencia entre los soportes de ambas tradiciones tiene distintas consecuencias: ambos presentan ventajas y desventajas. Mientras que una biblioteca puede sufrir daños físicos a los que la tradición oral no está expuesta (los libros por ejemplo pueden quemarse mientras que la memoria colectiva no), la tradición oral tiene su principal amenaza en el olvido.

A diferencia de la oralidad, la tradición escrita obliga al autor a estructurar ideas en un texto (entendido en su sentido etimológico como tejido, como entramado) de manera que una vez alejado de su autor o autores, el texto comunique el mensaje por sí mismo, de manera autónoma. Esta característica de la escritura también la posee la tradición oral. A diferencia de la oralidad, en la tradición oral también existen “textos” o tejidos discursivos con estructura propia, esta estructura es la que le permite fijarse en la memoria, lo que es accesorio irá cambiando en el tiempo pero la estructura fundamental se mantendrá en la memoria. Al igual que en el caso de los copistas que iban afectando un texto en cada transcripción (aunque casi nunca su sentido fundamental), en la tradición oral la estructura de un determinado texto pasa a la otra generación guardando la estructura básica.

Las ventajas de la escritura como medio para ordenar y estructurar ideas y pensamiento también las posee la tradición oral. No todo lo que sucede en los eventos lingüísticos orales permanecen en la tradición oral, así como no todo lo que se habla se escribe o se publica, no todo lo que se habla pasa a formar parte del corpus de la tradición oral.

La escritura tiene muchas ventajas como medio de transmisión de conocimientos, pues permite que una persona pueda leer “de primera mano” las ideas que un autor o autores plasmaron en un libro hace más de mil años. La tradición oral permite lo mismo: una persona puede conocer por medio del corpus guardado en la memoria colectiva un conocimiento medicinal necesario que fue descubierto o desarrollado dos mil años atrás. Aunque la generación actual no es la responsable de haber domesticado el maíz, puede acceder a esa tecnología desarrollada hace miles de años por medio de la tradición oral. Podemos acceder al conocimiento de generaciones atrás por medio de la escritura o por medio de la tradición oral.

Así como en la escritura se utilizan distintos métodos y técnicas para fijar la lengua en la escritura (relación que no es directa pero existe), en la tradición oral se utilizan otras tantas técnicas: la versificación es un claro ejemplo de ello. En los poemas épicos como La Ilíada, La odisea o el Cantar de Mio Cid, la versificación juega un papel fundamental para fijar en la memoria la estructura textual. Aún cuando actualmente conocemos estos poemas épicos como parte de la tradición escrita, estas grandes obras literarias formaron parte de lo que alguna vez fue una formidable tradición oral en Occidente.

Mientras que la tradición escrita fija relativamente los textos (lo cual puede verse como una ventaja o como una desventaja), la tradición oral permite interactuar de manera más abierta con la estructura textual, cada portador del texto en la memoria puede modificarla al estarla transmitiendo; aunque se respeta la estructura básica, los textos de la tradición oral se transmiten de manera colectiva, se recrean en conjunto.

 

 

Cantar de Mio Cid (Cervantes Virtual)

 

 

La idea de autor también es distinta en ambas tradiciones. Aunque en sus etapas tempranas, la idea de la autoría no era fundamental para la tradición escrita, en la actualidad el autor o autores juegan un papel importante. En contraparte, la tradición oral es de propiedad colectiva, los textos habitan en la memoria de las personas que las transmiten, el acceso también es colectivo. Cada persona que transmite va impactando las características del texto, los actualiza a las necesidades del contexto y, de esta manera, su significado y funcionalidad sigue vigentes.

Una vez que un texto de tradición queda transcrito en un libro comienza una vida distinta, una vida en otra tradición. En ese momento queda fijo y la creación colectiva cesa: eso pasó con las grandes obras de la tradición oral de Occidente como La Ilíada o el Cantar de Mio Cid. Estas obras ya no habitan en la memoria de los juglares tradicionales que podrían irla cambiando de generación en generación, estas obras están fijadas en la escritura y sólo podemos conocerlas en la versión que fueron transcritas. Por otro lado, también es posible que un texto de la tradición oral, una vez fijado en la escritura, pueda continuar su vida en la tradición oral, una vida muchas veces secreta. Algo parecido sucede con las recopilaciones escritas de la tradición oral: registran sólo un estado del texto que se irá transformando en el tiempo y a través de las generaciones en su vida dentro de la tradición oral.

Otra diferencia entre la tradición escrita y la tradición oral está relacionada con la capacidad de albergar diferentes versiones de un mismo texto. Es verdad que en la tradición escrita pueden existir distintas versiones de una misma obra sin embargo no es una de sus características intrínsecas. En la tradición oral, un mismo texto puede tener múltiples versiones; de hecho, es un rasgo necesario. Dado que se transmiten por medio de la tradición oral, los textos no están fijados por medio de grafías, la estructura básica del texto permanece pero los elementos accesorios pueden ir cambiando, lo que hace que la multiplicidad de versiones sea uno de los elementos fundamentales de la tradición oral. Los relatos sobre el tlacuache en Mesoamérica son un claro ejemplo de este rasgo, cada narrador dará siempre una versión distinta de una estructura fundamental. Esto se relaciona también con el concepto de autoría, existen tantos autores como versiones.

Comúnmente se ha establecido una división entre lenguas de tradición escrita y lenguas de tradición oral. A las lenguas occidentales se les considera lenguas de tradición escrita y a las lenguas indígenas, lenguas de tradición oral. Sin embargo, esta división no se sostiene si tomamos en cuenta la evidencia. Todas las lenguas del mundo pueden transmitir conocimientos a través de la tradición oral o a través de la tradición escrita.

En una cultura como la occidental en la que la tradición escrita parece el único medio válido para la transmisión de los conocimientos de una cultura, la tradición oral se encuentra en declive y el valor que le da ha disminuido considerablemente. Por el otro lado, se lamenta que las lenguas indígenas mexicanas no cuentan con tradición escrita (afirmación que matizaré líneas adelante) pero pocas veces se oyen lamentos por el declive de la importancia de la tradición oral como medio de transmisión de conocimientos en la cultura occidental.

Las lenguas del mundo no necesitan de la escritura para su subsistencia como sistemas lingüísticos orales, la existencia de una lengua no está condicionada por el uso que hace de la escritura. A pesar de esto, todas las lenguas del mundo pueden desarrollar escritura.

En el caso de las lenguas indígenas mexicanas no puede decirse que no cuentan con tradición escrita si se considera que Mesoamérica es uno de los lugares del mundo en el que surgió la escritura. Además de contar con una larga tradición escrita en muchos casos, las lenguas indígenas cuentan también con una sólida tradición oral. A mi parecer, el uso de ambas tradiciones resulta en mayor riqueza, pues entre más medios de transmisión de conocimientos utilice una lengua tendrá más garantizada la permanencia de los saberes propios de su cultura.

En el caso de las lenguas indígenas, la tradición escrita de varias de ellas comenzó en la época prehispánica y en muchos casos continuó durante la época colonial utilizando caracteres latinos. Sin embargo, con la conformación del Estado mexicano como nación independiente las políticas lingüísticas se enfocaron, en general, a la extinción de las lenguas indígenas y la tradición escrita, en consecuencia, fue cayendo en desuso, mientras que la tradición oral se fue convirtiendo en el único medio para transmitir los valiosos conocimientos asociados a estas lenguas y culturas.

El combate a las lenguas indígenas cortó la tradición escrita en éstas y ese mismo combate y discriminación a sus hablantes supone actualmente también una amenaza a la continuidad de los textos de tradición oral: si las lenguas mueren, el conocimiento que sólo se ha transmitido a través de la tradición oral también peligra, y aunque queden registrados en la escritura, será imposible capturar toda la multiplicidad de versiones que supone un mismo texto.

En el proceso de fortalecimiento de la diversidad lingüística es muy importante considerar dos tareas fundamentales: por un lado, el desarrollo de la escritura para las lenguas indígenas (o la reactivación de una tradición escrita truncada), y por otro, el fortalecimiento de la tradición oral de las lenguas, incluyendo la del español.

Uno de los espacios en el que ambas tradiciones pueden encontrar un equilibrio es, sin lugar a dudas, el de la enseñanza. Es importante promover espacios escolares en los que ambas tradiciones, la escrita y la oral, formen parte de la didáctica y del quehacer educativo. Si los conocimientos científicos occidentales se transmiten sobre todo por medio de la tradición escrita es necesario que también se recupere conocimiento occidental que se ha transmitido vía oral. Por otro lado, los conocimientos de los pueblos indígenas deben transmitirse por medio de ambas tradiciones: utilizando la escritura y fortaleciendo la tradición oral. Para esto, no sólo es necesario impulsar el uso de la lengua escrita sino también volver a impulsar los espacios familiares y comunitarios en los que la tradición oral transmite los conocimientos.

La tradición oral y la tradición escrita son diferentes pero igual de valiosas. Aunque la tradición escrita ha sido privilegiada por la cultura occidental, los conocimientos de Occidente también se han servido de la tradición oral para reproducirse.

Por otro lado, no se puede establecer una diferencia tajante entre lenguas de tradición escrita y lenguas de tradición oral, todas pueden utilizar ambos medios. Muchas de las lenguas indígenas cuentan con una tradición escrita, una tradición que poco a poco se ha vuelto a retomar. Además de desarrollar la lengua escrita, las lenguas indígenas también deben retomar su fuerte tradición oral e incorporarla a las prácticas educativas.

Dado que todas las lenguas puedan hacer uso de ambas tradiciones, la educación en español debe fortalecer tanto la tradición oral como la tradición escrita dentro de las aulas.

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