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La crisis de credibilidad se extiende a la sociedad civil

Alejandro Moreno | 01.06.2017
La crisis de credibilidad se extiende a la sociedad civil
Los mexicanos consideran a los políticos poco creíbles, pero también a los medios, a las redes sociales e, incluso, a las organizaciones civiles. AM

La credibilidad es hoy un bien escaso en México. Uno podría pensar que hace algunos años estaba diferenciada: los mexicanos no le creían a los partidos políticos, pero sí al instituto electoral; no le creían al gobierno, pero sí a la sociedad civil; no le creían a algunos medios informativos, pero sí a otros. Hoy, con mediciones de encuestas sobre el tema, podemos ver que la falta de credibilidad incluye a la propia sociedad civil.

El año pasado Donald Trump puso de moda el término fake news en Estados Unidos. Hoy la frase resuena cada vez más en nuestro país, nos guste o no. Es notable el desdén con el que la ciudadanía trata la información a la que está expuesta. En el vecino país del norte, estas dudas reflejan la intensa polarización partidista. En el nuestro, además de los partidismos, la incredulidad refleja muy probablemente el hartazgo con el estado de las cosas.

A los políticos en México se les cree poco o no se les cree, pero los medios de comunicación y las redes sociales no están mucho mejor. Incluso las organizaciones de la sociedad civil comparten hoy bajos niveles de credibilidad, junto con los medios y con las redes sociales, todas por debajo de un tercio de la población nacional que dice creerles mucho o algo. Esto comparado con 1 de cada 10 que dice creerle a los políticos.

Una encuesta nacional, realizada por El Financiero en abril pasado a mil 120 adultos en las 32 entidades federativas, revela que el 28% de los consultados les cree mucho o algo a los medios de comunicación, el 23% (poco menos de una cuarta parte) les cree a las organizaciones civiles, el 22% a los personajes de internet y redes sociales, y solamente 11% a lo que dicen los políticos.1

La población que no les cree a estos diversos actores políticos y sociales va de 71 a 89%. La gran mayoría no cree en la información que recibe de esas fuentes. En ellas van incluidos los periodistas, los analistas, los influencers y, quizá, también los intelectuales, los académicos y otros profesionales que suelen exponer ideas a través de estas vías.

La encuesta mencionada no indaga qué causa la falta de credibilidad, pero sí nos ofrece elementos para entender entre quiénes se pronuncia más. Si desagregamos las respuestas por subgrupos sociales de edad y escolaridad, por ejemplo, se observa que la credibilidad sí está más diferenciada en algunos casos. Consideremos la escolaridad de los entrevistados: La credibilidad en los políticos es igual de baja para todos los subgrupos, tanto de escolaridad básica, como media y superior, con 11% en cada una de las categorías. Algo similar pasa con la credibilidad en los medios de comunicación: el nivel es prácticamente el mismo para los tres grupos de escolaridad.

Sin embargo, la credibilidad en las redes sociales y en las organizaciones civiles sí está más diferenciada. A internet y redes sociales les cree solamente el 13% de quienes tienen escolaridad básica, el 29% de quienes tienen escolaridad media y el 38% de los que reportan tener estudios de nivel superior. Esto quizá refleja el hecho de que los más escolarizados están mayormente expuestos a las nuevas tecnologías de información.

En lo que respecta a las organizaciones civiles, la escolaridad también determina positivamente su credibilidad: el porcentaje que cree a lo que dicen éstas es de 20% en el grupo de escolaridad básica, de 22% entre los de escolaridad media, y de 35% en el grupo de escolaridad superior. La encuesta no detalla qué tipo de organizaciones le vienen a la mente al encuestado, pero podemos pensar que cualquier organización civil independientemente de su temática enfrenta esta severa falta de credibilidad.

Algo que nos dice esta segmentación por niveles de estudios es que la falta de credibilidad en los medios de comunicación y en los políticos es pareja, no influye la formación escolar y quizá tampoco la posición social. Sería raro hablar de la “democratización de la incredulidad”, pero lo cierto es que la falta de credibilidad se observa como un amplio fenómeno, independientemente de la formación educativa de los mexicanos. Todos toman con cierto escepticismo la información de esas fuentes.

Con respecto a las diferencias generacionales o de edad, la falta de credibilidad también luce muy pareja en los casos de los políticos, los medios de comunicación y las organizaciones civiles. Las redes sociales son las únicas en las que se observa una clara diferenciación, la cual es fácil de entender si recordamos que los jóvenes son los principales usuarios de internet y de redes sociales.

Según la encuesta, los políticos tienen un nivel de credibilidad de 11% entre los mexicanos de 18 a 29 años, de 10% entre los que tienen 30 a 49 años, y de 11% entre los que tienen 50 años o más. No hay diferencias. La credibilidad de los medios oscila en un rango de 27 a 28% entre los tres grupos, tampoco hay diferencias. No obstante, la credibilidad de las organizaciones civiles oscila en el rango de 19 a 25%, siendo los mayores de 50 los que menos les creen, mientras que el grupo intermedio de edad es el que más lo hace.

A los personajes de redes sociales y de internet les creen más los jóvenes, con 34%. El nivel de credibilidad baja a 21% entre los de 30 a 49 años, y a 12% entre los de 50 o más. Aunque los jóvenes le creen más a la información que circula por las nuevas tecnologías de información, el nivel de credibilidad de éstas en ese grupo alcanza apenas un tercio, por lo que realmente no gozan de una amplia credibilidad entre su nicho natural.

Si consideramos el sexo de los entrevistados, parece haber una brecha modesta de género en la credibilidad, pero brecha al fin y al cabo. Los hombres tienden a creer más que las mujeres en la información que reciben. Éste es el caso para las cuatro instancias examinadas aquí, siendo la brecha más notable en el caso de las organizaciones civiles, donde es de cinco puntos. En el resto de las instancias la brecha es de dos y tres puntos porcentuales. Las mujeres les creen notablemente menos a las organizaciones de la sociedad civil que los hombres.

Finalmente, desagregamos los niveles de credibilidad por grupos de usuarios de redes sociales. Lo que se encuentra en este análisis es que los usuarios les creen menos a los políticos que los no usuarios, pero les creen ligeramente más a los medios, mucho más a las redes sociales y también a las organizaciones civiles. La diferencia en esta última instancia es notable: entre aquellos que dicen usar mucho las redes sociales, el nivel de credibilidad de las organizaciones civiles es de 35%, mientras que entre aquellos que no las usan nada, dicho nivel cae hasta 17%. En los grupos que usan algo o poco las redes sociales, el porcentaje de credibilidad en esas organizaciones es de 31 y 20%, respectivamente.

 

 

En todos estos datos se refleja una sociedad incrédula, una sociedad que difícilmente deja pasar la información sin cuestionarla o, quizá, sin despreciarla. Llama la atención que las organizaciones civiles, con toda la labor que tienen como una fuerza democrática y de contrapeso al Estado, sean parte de la crisis de credibilidad. No es algo que necesariamente se achaque a las organizaciones como tal, sino, como se mencionó anteriormente, puede reflejar un estado más o menos generalizado de hartazgo social. Habrá que preguntarse qué necesita la sociedad mexicana para refrescar sus bases de confianza y de credibilidad. EstePaís

 

1. Otra lectura sobre estos datos en mi columna del 21 de abril de este año en El Financiero.

 

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Alejandro Moreno es profesor de Ciencia Política en el ITAM y director de encuestas de opinión pública en El Financiero.

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