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La república amorosa de Andrés Manuel López Obrador

Demetrio Sodi de la Tijera | 01.06.2017
La república amorosa de Andrés Manuel López Obrador

Como muchos mexicanos, estoy preocupado por el futuro del país y por quién puede ser el próximo presidente de la República. No tengo compromiso político con ningún partido y mi voto será para aquel candidato o candidata que tenga la mejor propuesta para México y para todos los mexicanos y que reúna los requisitos de capacidad, honradez y honorabilidad que se necesitan en la presidencia. Hasta la fecha el único candidato seguro y el único que tiene una propuesta política concreta es Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Hay que reconocerle su intenso trabajo político y su valentía para plantear en su libro, 2018 La salida. Decadencia y renacimiento de México, en forma precisa y transparente, su propuesta de gobierno para transformar al país. Quisiera empezar por citar el párrafo final del libro:

 

En 2024 tendremos una sociedad mejor, no sólo por lo que vamos a construir entre todos y desde abajo en el plano material, sino por haber creado una nueva corriente del pensamiento, por haber consumado una revolución de las conciencias que ayudará a impedir, en el futuro, el predominio del dinero, del engaño, y de la corrupción, y la imposición del afán de lucro sobre la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo.

 

Es decir, Andrés Manuel no sólo busca transformar política y económicamente al país, sino crear “una nueva corriente del pensamiento”, una nueva moral para acabar con la corrupción y el “afán de lucro” y para que prevalezca “la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo”. Para AMLO, el principal problema nacional es la corrupción y el secuestro del Estado por una camarilla de funcionarios públicos corruptos e inmorales que lo único que buscan es enriquecerse. Para él, el pri, el pan y el prd son lo mismo, ya que todos buscan lucrar con el manejo del presupuesto y la privatización de las empresas y bienes públicos.

Afirma en su libro que no se requieren más impuestos o recursos públicos, sino el manejo honrado y austero del gasto. Para él, si erradicamos la corrupción, habrá recursos suficientes para financiar el desarrollo nacional y acabar con la pobreza. Sin lugar a dudas, la corrupción es un grave problema nacional que tenemos que combatir, pero no es cierto que sea el principal, ni que al eliminarla habría recursos suficientes para crear la infraestructura pública que requiere el país, impulsar la economía y el empleo, reducir las desigualdades creando un piso parejo para todos y acabar con la pobreza.

El Estado mexicano no tiene los recursos suficientes para que la inversión pública sea un verdadero detonante de la inversión privada y del desarrollo; no tiene los recursos que se necesitan para garantizar a todos los mexicanos seguridad social, salud, educación, vivienda, servicios públicos, cultura e instalaciones deportivas de calidad; no tiene dinero para invertir en el campo y en el desarrollo de las zonas marginadas, y ni siquiera tiene los recursos suficientes para garantizar la seguridad y el acceso a una justicia en igualdad de condiciones para todos los mexicanos.

El gasto público en México es uno de los más bajos del mundo en relación al PIB, mientras que en países desarrollados como Suecia, Holanda, Inglaterra, Francia, etcétera, el gasto público es superior al 45% de éste, en EU y Canadá es más del 35%, y en Brasil, Argentina y Chile, superior al 30%. En México es del 22%. De hecho, es menor, ya que en el presupuesto se incluyen las empresas públicas —Pemex, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y otras— que inflan en forma artificial el gasto público. Un caso evidente es el de la Ciudad de México: de nada va a servir que la nueva Constitución garantice una serie de derechos para los habitantes de la ciudad si no hay recursos suficientes para garantizarlos y resolver los graves problemas de transporte, falta de agua, vialidades, banquetas, drenaje, deterioro de las instalaciones públicas, seguridad e impartición de justicia y combate a la contaminación.

El impuesto predial, que es el más directo para financiar la infraestructura y los servicios públicos en las ciudades, es prácticamente inexistente en nuestro país, incluso en la Ciudad de México. Mientras que en países como Inglaterra, Francia, Canadá o EU, la recaudación a través del predial es superior al 3% del PIB, o en Argentina, Uruguay y Paraguay superior al 1%, en México es sólo del 0.3%.

El Estado mexicano cuenta con pocos recursos en función del tamaño de su economía, territorio y población para enfrentar las grandes necesidades nacionales. Si a eso le sumamos la corrupción, la situación es aún más crítica y explica en gran parte por qué el país no crece y tenemos los niveles de pobreza que tenemos.

Si queremos relanzar a México, desarrollar la infraestructura que se requiere, aumentar el crecimiento económico y el empleo, tener servicios públicos de calidad, garantizar un piso social parejo para todos los mexicanos, así como acabar con la pobreza, la injusticia y la inseguridad, es urgente aumentar la recaudación fiscal y el gasto público, y no solamente combatir la corrupción, como propone López Obrador.

Afirmar que la corrupción es el principal problema nacional y que eliminándola se puede relanzar el crecimiento de la economía y el empleo y acabar con la pobreza y las desigualdades es falso y es una trampa que sólo retrasa el debate urgente de una reforma fiscal que dé al Estado los recursos necesarios para impulsar el desarrollo nacional.

Volviendo al libro de López Obrador, en la primera parte, respecto a lo que llama “La decadencia”, señala que “el Estado ha sido convertido en un mero comité al servicio de una minoría rapaz”. Políticos al servicio de sus intereses y de los de un pequeño grupo de empresarios y contratistas protegidos que controlan los poderes y las instituciones del Estado. Para él, privatizar es sinónimo de robar, y el modelo neoliberal en México “está diseñado para favorecer a una minoría de funcionarios corruptos y delincuentes de cuello blanco que se hacen llamar empresarios”.

Para AMLO, todos son ladrones excepto él mismo o aquellos que se sumen a Morena sin importar su origen político o sus antecedentes. Dentro de Morena hay muchos exfuncionarios públicos con antecedentes de corrupción y abuso de autoridad, pero al estar en Morena son perdonados de sus pecados por él. Sólo él tiene la capacidad de condenar y de perdonar. Su vida ha sido austera, pero su gobierno en la Ciudad de México no fue un ejemplo de honestidad y de respeto a la ley.

López Obrador culpa a los últimos gobiernos de las privatizaciones, el centralismo, el desmantelamiento de Pemex y la CFE, y el surgimiento de la delincuencia de cuello blanco. Denuncia y descalifica a todos los funcionarios de primer nivel de los últimos tres sexenios, y prácticamente a todos los empresarios importantes del país. En esta parte del libro hace un recuento de las acusaciones de corrupción y tráfico de influencias que han salido en los medios de comunicación en los últimos años, y anula todos sus empeños por congraciarse con el sector privado de México.

En la segunda parte del libro, “Renacimiento”, señala que es urgente “rescatar al Estado” y propone revertir las reformas estructurales (laboral, educativa, fiscal, energética, entre otras) y convertir al sector energético en la palanca de desarrollo nacional a través de reformar leyes y cancelar contratos con el fin de recuperar el dominio pleno de la nación sobre la industria petrolera y eléctrica. O sea, está proponiendo una nueva nacionalización de ambas industrias como sucedió con los presidentes Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos. Revertir las reformas energéticas se dice fácil, pero llevaría a un enfrentamiento legal que duraría muchos años entre el gobierno y las empresas que han obtenido concesiones en exploración y explotación.

En el siguiente capítulo, “La salida es la honestidad”, señala que la corrupción es la causa principal de la desigualdad y de la tragedia nacional, y que con el manejo honrado del presupuesto se pueden recuperar, según su experiencia, 500 mil millones de pesos de un presupuesto de 5 billones, es decir, el 10%. Sin embargo, cuando entra en detalle sobre cómo hacerlo, las cifras no le cuadran. En primer lugar, parte de ese presupuesto, 1.33 billones, se destina al pago de intereses, a participaciones de los estados y a Adeudos de Ejercicios Fiscales Anteriores (Adefas), en donde no tiene ninguna injerencia el gobierno federal para poder evitar la corrupción o la ineficiencia. Por eso, dichos supuestos 500 mil millones de ahorro deben reducirse a 362 mil millones, y eso si se elimina al 100% la corrupción, lo cual no sólo es iluso sino imposible, y no fue —como ya lo señalé— lo que pasó cuando él fue jefe de gobierno del Distrito Federal.

Aceptando, no obstante, sus cálculos, los recursos que se podrían recuperar, según él, al acabar con “toda” la corrupción, serían 362 mil millones de pesos, cifra muy importante pero que está muy lejos de lo que se necesita para impulsar el desarrollo, la igualdad nacional y la justicia social. Propone canalizar esos recursos a la inversión pública, la cual pasaría de 585 mil millones a 974 mil millones. Sin embargo, en el siguiente capítulo, los asigna a diferentes programas prioritarios para relanzar al país y a la economía, por lo que no queda claro si esos recursos serían para inversión o para gasto, ya que asigna el mismo recurso a dos propósitos diferentes.

En el capítulo siguiente, “Austeridad republicana”, hace un análisis más detallado de dónde saldrían esos 362 mil millones de pesos: 5 mil millones de la reducción del pago de intereses por una mejor negociación de la deuda; 70 mil 360 millones del rubro de servicios personales al bajar a la mitad los sueldos de los funcionarios que ganan más de un millón de pesos anuales; 7 mil 600 millones al eliminar los honorarios y eventuales; 4 mil 322 millones del seguro médico privado de funcionarios; 13 mil 844 millones por la reducción de 70% de los funcionarios públicos (de directores generales para arriba, y de 6 mil 244 a mil 827); y de fusionar el estado mayor presidencial con la defensa nacional y otros ahorros para dar los 132 mil millones de pesos.

En este análisis hay cifras que no tienen ningún sustento y que se contradicen entre sí. Según él, entre el 2012 y el 2017 hubo un incremento de 27 mil 885 plazas de alto nivel con un sueldo superior a un millón de pesos, cifra que no concuerda ni con el presupuesto aprobado por el Congreso ni con la información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). De acuerdo con las cifras de la SHCP, había, en el presupuesto de 2016, 41 mil 989 funcionarios que ganaban más de un millón de pesos anualmente, con una nómina total de 58 mil 700 millones, por lo que es imposible ahorrar 70 mil millones al reducir los sueldos a la mitad, cuando la nómina total importa un gasto mucho menor. Sólo en este rubro las cifras de ahorro de AMLO están infladas en 40 mil millones. Por otro lado, reducir las plazas de los funcionarios de primer nivel en 70% muestra una ignorancia total de cómo funciona el gobierno y hace evidente el riesgo de parálisis gubernamental de llegar él a la presidencia.

En el mismo capítulo propone obtener 120 mil millones de pesos por ahorros en las compras de bienes y servicios que realiza el gobierno al eliminar la corrupción y las comisiones: “Según nuestras estimaciones con la supresión del robo, los sobornos, los sobreprecios y la mala calidad de obras, servicios y productos, así como las ineficiencias, podremos eliminar un desperdicio de recursos del orden de 120 mil millones de pesos”. Pone como ejemplo su experiencia en el gobierno de la ciudad; sin embargo, durante su gestión hubo casos muy sonados de corrupción a todos los niveles: el más señalado fue el segundo piso del Periférico, donde hubo un desvío de más de mil millones de pesos.

Propone también eliminar las ayudas a los expresidentes (231 millones), agrega ahorros por 27 mil millones de gastos operativos y 78 mil de transferencias, asignaciones, subsidios y otras ayudas. Estoy convencido de que es posible ahorrar un 10% con un manejo eficiente y honrado del gasto, pero las cifras de AMLO no tienen ningún sustento serio.

López Obrador termina diciendo: “Tenemos la firme convicción de que si se acaba la corrupción y se evita el derroche del presupuesto alcanzaremos la meta de ahorrar lo suficiente para financiar el desarrollo”. Lo que no toma en cuenta es que si se acaba la corrupción, ese dinero no va a estar disponible para financiar sus programas, sino que permitirá ejercer mejor el presupuesto en adquisiciones y obras.

En el siguiente capítulo, “Decisiones básicas para el renacimiento económico y social de México”, hace sus propuestas de desarrollo a través de una intervención más directa del Estado:

 

1. El rescate del campo. Se compromete a lograr en “no más de tres años la autosuficiencia en alimentos básicos: maíz, frijol, arroz, sorgo, trigo, carne de res, de cerdo, de pollo y pescado” a través del otorgamiento de créditos para la compra de animales, granos y semillas, materiales de trabajo e insumos, contratar a 20 mil agrónomos, restablecer los precios de garantía, crear una reserva estratégica alimentaria para diez años, invertir en infraestructura rural, comprar 2 millones de vaquillas o novillos, crear 400 mil empleos para arraigar a los jóvenes a la tierra y sembrar un millón de hectáreas de árboles maderables. Todo esto con una inversión adicional de 50 mil millones de pesos anualmente.

Cualquiera que haya estado relacionado con el campo sabe que la autosuficiencia alimentaria es una utopía y que desde hace más de 30 años somos importadores de granos. El país no tiene la capacidad de autoabastecerse de maíz, soya y sorgo. Por otro lado, los jóvenes no quieren arraigarse al campo, quieren vivir en las ciudades e integrarse a la vida moderna. Es imposible crear una reserva alimentaria para diez años: va acabar, como él mismo dice, siendo puro “maíz con gorgojo”. Los 50 mil millones de pesos adicionales que pretende canalizar al campo son insuficientes para todas las promesas que hace, sólo reactivar el crédito rural llevaría mucho más que eso.

 

2. Rescate del sector energético y su utilización como palanca de desarrollo. Propone, como ya cité, “devolver a la nación el dominio exclusivo sobre el petróleo y la industria eléctrica”, invertir en exploración e iniciar de inmediato la construcción de dos grandes refinerías, con una inversión adicional para Pemex y la CFE del orden de 80 mil millones de pesos. Se compromete, asimismo, a reducir el precio de la gasolina, el diésel y la electricidad.

Es increíble que piense que unos aumentos de 80 mil millones de pesos anuales serían suficientes para invertir en exploración y producción, revertir la caída de la producción petrolera, construir dos refinerías y remodelar las actuales en los próximos tres años, así como invertir en el desarrollo del sector petrolero y la petroquímica sin inversión privada.

Según diferentes cálculos, se requieren mínimo 10 mil millones de dólares anuales para exploración y explotación si queremos recuperar nuestra plataforma petrolera en diez años, y se necesitan otros 15 mil millones para construir dos refinerías, es decir, 900 mil millones de pesos en los próximos tres años. Esto sin contar la inversión que se requiere en el sector eléctrico y la petroquímica si estas industrias se nacionalizan. Tampoco dice de dónde va sacar recursos para bajar el precio de las gasolinas, del diésel y de la electricidad. Suponiendo que la gasolina bajara tres pesos por litro, el costo sería de 300 mil millones de pesos anuales. Nuevamente, ni las cifras, ni las fechas, ni las promesas del libro de AMLO son creíbles ni posibles.

 

3. Impulso al crecimiento y a la generación de empleos con una inversión de 220 mil millones de pesos para un programa de mejoramiento y construcción de vivienda, con una meta anual de un millón de acciones para generar 500 mil empleos; construcción de obras y servicios públicos (agua, drenaje, escuelas, hospitales, espacios recreativos y deportivos); construcción de carreteras para atender a 362 municipios; suspender el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y construir dos pistas en el aeropuerto de Santa Lucía con un ahorro de 100 mil millones de pesos; construir el corredor económico del istmo de Tehuantepec; la construcción de trenes de gran velocidad de la Ciudad de México a la frontera con EU y para la ruta turística de Cancún; crédito a las pequeñas y medianas empresas; fomento al turismo; mejorar el salario real en 3% al año para fomentar el consumo y el mercado interno con un costo anual en el gobierno de 33 mil millones de pesos (o sea que en los seis años se requerirían 198 mil millones); atender a 2 millones
6 mil jóvenes con beca para estudiar  y/o empleo con un costo anual estimado de 108 mil millones; y cobertura universal de telecomunicaciones con un costo estimado de 10 mil millones.

Nuevamente, el dinero no alcanza para sus promesas. Sólo los aumentos a los salarios de los servidores públicos se llevarían, en el sexto año, el 90% de los 220 mil millones que pretende canalizar a este programa. Así que ¿de dónde van a salir los recursos para el programa de vivienda, la construcción de obras y servicios públicos, el corredor del istmo, los trenes de gran velocidad y el programa de becas y empleo para más de 2 millones de jóvenes?

 

4. Estado de bienestar. Vuelve a proclamar: “Por el bien de todos primero los pobres” y, de manera puntual, plantea: Erradicar el hambre y establecer el derecho constitucional a la alimentación, garantizar el derecho pleno a la educación y a la salud como derechos universales, gratuitos y de calidad, duplicar el monto de la pensión universal para adultos incluyendo a pensionados del ISSSTE y del IMSS, crear una Secretaría del Deporte, garantizar educación media superior y superior de calidad a todos los jóvenes. Para todas estas propuestas se propone invertir 50 mil millones de pesos adicionales.

Sin duda, el propósito de crear un Estado de bienestar que dé un piso parejo a todos los mexicanos es justo y urgente. Sin embargo, es irrealizable con una inversión de sólo 50 mil millones de pesos anuales. Garantizar el derecho pleno a la educación y a la salud, y una pensión universal justa requiere una inversión de muchos cientos de miles de millones. Sólo para la pensión de adultos mayores se requiere una cantidad mayor: hay 5 millones de adultos mayores de 65 años o más, y si se les da un salario mínimo, el gasto anual sería de más 140 mil millones de pesos. La educación y la salud universal de calidad son, sin duda, urgentes, pero para lograrlo se requiere una gran inversión y gasto, para lo que hoy el Estado mexicano no tiene recursos, y se necesitaría de un aumento considerable del gasto público para lograrlo. “La salida” de AMLO es, nuevamente, sólo una utopía: no basta con reducir la corrupción; es necesario fortalecer las finanzas del Estado y aumentar en un 50% la recaudación y el gasto público.

 

5. Sociedad segura. Así se llama la quinta parte del capítulo dedicado al “renacimiento nacional”. Para AMLO, la inseguridad “es producto de una conjunción de factores: pobreza, injusticia y exclusión, que se suman a la ineficiencia de las autoridades y a la corrupción en los cuerpos policiacos y el aparato judicial”, y “la solución de fondo, la más eficaz, y probablemente la menos cara, es combatir el desempleo, la pobreza, la desintegración familiar, la pérdida de valores y la ausencia de alternativas”. Sin duda no se va a reducir la inseguridad si prevalecen las condiciones sociales actuales, pero no menciona la violencia que produce el narcotráfico, cosa que no tiene nada que ver con factores sociales y que es el principal problema de seguridad nacional. No dice ni cómo ni cuánto costaría la reestructuración de los cuerpos policiacos y las instituciones de justicia en todo el país. Tenemos la policía y el aparato de justicia que pagamos, y si queremos una policía y jueces de primer mundo tenemos que pagar por ellos, y para esto tampoco hay recursos.

 

6. El último apartado de este capítulo, “Una república fraterna”, es una verdadera “joya”. Tiene que ver con hacer posible una “república amorosa”, cita el Antiguo y el Nuevo Testamento, habla de Jesús, del Sermón de la montaña, de una “Cartilla Moral”, de un “código del bien”. “El propósito es contribuir a la formación de mujeres y hombres buenos y felices […] Por eso mi propuesta para lograr el renacimiento de México tiene el propósito de hacer realidad el progreso con justicia, y al mismo tiempo, auspiciar una manera de vivir sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza, a la patria y a la humanidad”.

No se conforma con resolver los problemas económicos y sociales de la gente; pretende, desde el gobierno, establecer una “nueva corriente de pensamiento”. Ya que estamos en este nivel, recurro a la frase de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”: qué peligroso que el Estado pretenda meterse en la vida moral, religiosa y personal de los ciudadanos. Recuerda a los Estados totalitarios que quisieron imponer una moral entre la gente y acabaron con la persecución y la represión.

 

En el último capítulo del libro, “Cómo vislumbro el 2024”, dice:

 

Si ganamos en el 2018 el crecimiento económico anual será del 4% y del 6% en 2024 y se estarán creando los empleos que se demanden […] a la mitad del sexenio alcanzaremos la autosuficiencia en maíz y frijol y en 2024 la de arroz […] el país estará reforestado […] la gente estará trabajando donde nació […] habrá aumentado cuando menos 20% el poder adquisitivo […] ningún mexicano padecerá hambre y nadie vivirá en la pobreza ni se quedará sin oportunidades de estudiar y asistencia médica y medicamentos, los adultos mayores gozarán de pensiones justas y vivirán sin preocupaciones materiales y felices […]

En 2024 la delincuencia organizada estará acotada y retirada y para entonces predominará la política del empleo y bienestar, los índices delictivos serán 50% más bajos y en 2024 no existirá la delincuencia de cuello blanco y estarán erradicadas por completo la corrupción política y la impunidad […]

En 2024 la compra del voto y el fraude electoral serán sólo desagradables recuerdos […]

En 2024 tendremos una sociedad mejor, no sólo por lo que vamos a construir entre todos y desde abajo en el plano material, sino por haber creado una nueva corriente de pensamiento, por haber consumado una revolución de las conciencias que ayudará a impedir, en el futuro, el predominio del dinero, del engaño y de la corrupción y la imposición del afán de lucro sobre la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo.

 

Moisés, Cristo, Buda y Marx fueron más modestos y no pretendieron el cambio económico, social, moral y de las personas en tan sólo seis años. Proponían una nueva religión o corriente de pensamiento, el “nuevo hombre”, pero como una meta a largo plazo, como un ideal para la humanidad. El judaísmo, el cristianismo y el budismo tienen más de 2 mil años buscando transformar al ser humano y no lo han logrado. López Obrador pretende, en un sexenio, crear “una nueva corriente de pensamiento” que acabe con el predominio del dinero, el engaño, la corrupción, la envidia y la imposición del afán de lucro para que predomine la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo.

 

 

Conclusión

El libro de Andrés Manuel López Obrador es muy convincente en una lectura superficial, ya que se plantean los principales problemas nacionales y la forma de resolverlos. Pero, si se hace un análisis profundo de lo que dice, todas sus propuestas quedan sólo en buenas intenciones y carecen del sustento financiero y técnico para llevarlas a cabo.

No es cierto que acabando con la corrupción se vaya a contar con los recursos suficientes para relanzar al país, no es cierto que se vayan a ahorrar 500 mil millones de pesos y no es cierto que con los ahorros se pueda impulsar el crecimiento económico y acabar con el desempleo, la desigualdad y la pobreza. Los problemas son reales, sus soluciones son falsas. Más allá de sus propuestas económicas y sociales, lo más preocupante de López Obrador es su posición mesiánica, el pensar que puede crear una nueva corriente de pensamiento y una nueva moral entre la población. Da miedo que un gobernante quiera meterse con la moral y los principios de la gente y sus familias, que quiera imponer una moral. Es un pensamiento fascista y autoritario. Éste es realmente el peligro de AMLO, no sólo lo irreal y sin fundamento de sus propuestas económicas y sociales, sino el pretender ser un nuevo mesías, un nuevo redentor, un ministro o un monje budista que va a acabar con el mal para imponer una manera de pensar que transformará a México y a los mexicanos.  EstePaís

 

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DEMETRIO SODI DE LA TIJERA ha sido funcionario público y político por más de 40 años. Director de las tiendas Conasupo, coordinador de Abasto del DF, tres veces diputado y una vez senador, candidato al Gobierno de la Ciudad de México y jefe delegacional de Miguel Hidalgo. Ha sido un impulsor de la democracia y ha promovido las organizaciones y la participación ciudadana.