youtube pinterest twitter facebook

Segunda vuelta y gobiernos de coalición ¿Qué es posible y qué es necesario?

| 01.07.2017
Segunda vuelta y gobiernos de coalición ¿Qué es posible y qué es necesario?
El pasado 17 de mayo, Manlio Fabio Beltrones, Diego Fernández de Cevallos y Federico Reyes Heroles se dieron cita en el Club de Industriales para reflexionar en torno al sistema electoral mexicano. Invitados y presentados por José Carral, hablaron sobre las posiblidades más urgentes de revitalizar nuestra democracia. Publicamos aquí una selección de lo que resultó ser un diálogo sumamente interesante, profundo y no carente de humor.

Presentación de José Carral

Es una gran satisfacción recibir a tan distinguidos socios e invitados. No me sorprende ver la casa llena porque esta tarde escucharemos los comentarios de tres ilustres y carismáticos mexicanos. Dos de ellos: el doctor Diego Fernández de Cevallos y el licenciado Manlio Fabio Beltrones, de reconocido prestigio por su carrera y liderazgo en la política nacional y su talento personal; y el tercero, el licenciado Federico Reyes Heroles, por su brillante carrera como escritor, novelista, ensayista, y su trayectoria en los medios y la opinión pública.

Hace ya un poco más de dos siglos, el mundo experimentó un tsunami de ideas revolucionarias proveniente de Francia, cuyos efectos aún se sienten. Las elecciones recientes, ganadas en segunda vuelta por Emmanuel Macron, son la mejor muestra de la relevancia actual de la vida política francesa.

En aquel entonces, las ideas liberales de Rousseau, Montesquieu y Diderot, por mencionar sólo a algunos pensadores, transformaron la manera de pensar de buena parte del mundo, incluyendo a Hispanoamérica.

A través de las sociedades de amigos (que funcionaban como clubs), las logias masónicas, las instituciones científicas (como las Juntas de la Profesa o el Colegio de Minería), y mediante la difusión, muchas veces ilegal, de libros y escritos, las ideas ilustradas fueron siendo aceptadas por el público y aplicadas a la vida política, derivando en nuestro movimiento de independencia.

Así, es indudable que varios de los iniciadores de la guerra de Independencia, entre quienes destacan el cura Miguel Hidalgo y el líder insurgente Ignacio López Rayón, se inspiraron en las ideas liberales. Asimismo, pensadores como José María Luis Mora, fray Servando Teresa de Mier y Carlos María de Bustamante seguramente comulgaban con las ideas que defendían la soberanía del pueblo, la legítima representatividad en el gobierno y, en general, el concepto moderno de república.

El lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” se volvió el grito de batalla de los liberales, y la Segunda República francesa lo adoptó como lema oficial. Este credo no ha perdido vigencia y representa la convicción de que la razón, y no el fanatismo, es el fundamento de la modernidad, la ciencia, la democracia y la tolerancia.

La segunda vuelta electoral representa una garantía más para asegurar la continuidad de las ideas ilustradas y para permitir que los mecanismos democráticos sigan dominando los procesos políticos. Con el 66%, Emmanuel Macron une a la izquierda y la derecha para renovar a su país. El nuevo presidente francés hace un gobierno de coalición con socialistas, conservadores, liberales y ecologistas. Logra aglutinar a las fuerzas que combaten la intolerancia, el racismo y el nacionalismo extremo representados por la candidata Marine Le Pen.

Crear condiciones para evitar posiciones extremistas se vuelve una prioridad en México, y una manera idónea y democrática sería legislar una segunda vuelta electoral, así como simplificar el proceso para elegir candidatos independientes.

Desastres como el que vemos en Venezuela son una posibilidad real en nuestro país si no actuamos ya para garantizar que no gobierne una minoría fanática, mesiánica y profundamente antidemocrática.

 

Diego Fernández de Cevallos: En primer lugar, ustedes, o la mayoría de ustedes, advirtieron que, tan pronto llegué, cambié mi lugar del centro hacia la izquierda. Esto fue por dos motivos, uno por respeto y admiración a Federico, y otro para no estar cerca del licenciado Beltrones. Él tiene derecho a contestar y darme las gracias. Estamos correspondidos.

Gracias, Pepe, por esta invitación, pero gracias doblemente porque ya con tu intervención excelente nos hablaste del tema que me encomendaste. Su exposición sobre lo que sucedió en Francia con esta elección fue magistral. En pocas palabras explicó un procedimiento legal aparentemente muy sencillo: aquél que no obtenga una mayoría absoluta o una determinada mayoría importante, según cada país, tiene que someterse a un nuevo voto, a una nueva elección.

Aunque no hay segunda vuelta en muchos países, en los hechos se dan las segundas vueltas. Sin mucha forma, sin mucha estructura, sin formatos legales, pero sí existe muchas veces la segunda opción para el ciudadano, lo que quiere decir que la segunda vuelta está en la naturaleza del proceso político y de los electores. Así, si el candidato o la candidata de uno de ustedes no va dando los resultados que desean, tal vez tengan que decir: “Voy por el llamado voto útil”.

Es cierto también, y hay que decirlo con franqueza, que estamos llegando un poco tarde a esta discusión. Esto porque ha prevalecido el interés de grupos en la política sobre el de una nación que podría encontrar ahora un camino muy seguro para tener en la próxima presidencia de la República, no solamente al hombre y la mujer que obtuviera más votos, sino que también fuera el menos repudiado o la menos repudiada. Hoy, por desgracia, las cábalas entre los partidos se han ido a lo preferido, a lo propio; se han ido al cálculo, posiblemente equivocado, de que si nosotros con un 30, 32 o 28%, podemos llegar a la presidencia, para qué hacer entonces una nueva elección donde mis contrarios se puede aglutinar en mi contra. Esto es explicable, pues así es la condición humana.

Ahora bien, ya no nos dan los tiempos para establecer la segunda vuelta en las próximas elecciones presidenciales. Conforme a la ley, el 1 de septiembre de este año comienza el proceso electoral del 2018, de tal manera que cuando ustedes escuchen que hay una sesión solemne de la institución electoral diciendo: “Se abre el proceso electoral en términos constitucionales”, no se puede cambiar, modificar, ni adicionar ninguna norma electoral.

 

Federico Reyes Heroles: Diego ya enterró la segunda vuelta, pero dijo algo que es muy importante: tenemos que incluirla en la agenda. Para ponerla en contexto, voy a dar algunas cifras. Hay 16 países en Latinoamérica que tienen segunda vuelta o, para decirlo al revés, sólo hay cuatro que no la tenemos. Estuve comparando las fórmulas de segunda vuelta, y cabe acotar que es un mecanismo probabilístico, no exacto. Nada garantiza que una segunda vuelta no pueda volver a desembocar en un 48 o 49%, pero en la mayoría de los casos ocurre que se forma una clara mayoría. Lo comparábamos hace rato con los aviones. Éstos se caen, pero la mayoría de las veces llegan a su destino. Hay que verlo así. No es un brebaje mágico que va a solucionarlo todo, por supuesto que no, pero es una buena medida de precaución para que no llegue al poder una persona —como puede ocurrir en el Estado de México— que tenga que gobernar con el 70% del electorado en su contra.1

Eso es algo que no le conviene a nuestro país y por eso tenemos que trabajar desde todos los foros. Revisando los distintos esquemas, por ejemplo, se van ustedes a encontrar con que, en Argentina, por primera vez se aplicó la segunda vuelta. Macri pasó de obtener el 34% de los votos en primera (menos que el candidato Scioli) a el 51.34% en la segunda.

Esto nos conduce a varias cuestiones que son muy interesantes. El 8 de diciembre del 2016 —lo digo en orden lógico, no cronológico—, el PAN presentó una iniciativa de segunda vuelta que seguía más o menos ese mismo esquema: 42% de los votos para ganar en la primera vuelta. En caso de que esto no ocurriera, nos iríamos a una segunda. Hay muchas fórmulas. Recordando a Jorge Carpizo, leía esta mañana, en uno de sus libros, que tenemos que propiciar coaliciones de partidos fuertes para que sean coaliciones fuertes, no partidos débiles.

Hubo también una iniciativa del PRD que fue presentada el 25 de octubre del 2016. Pero ahí siguen las iniciativas, en el Legislativo. Tuvimos la oportunidad de legislar, y se guardó silencio sepulcral. Ahora estamos ante la imposibilidad de una segunda vuelta, es decir, ante la imposibilidad de garantizar que el próximo presidente de México tenga una mayoría amplia para gobernar.

Diego dijo algo muy importante: hay una fractura de los partidos políticos y una dispersión del electorado. Veámoslo así: a principios del siglo XX o a finales del XIX, quien votaba liberal, quien era hijo de una familia liberal, votaría liberal toda la vida, quien votaba conservador, votaría conservador toda la vida. Ahora, las nuevas generaciones deciden no pertenecer a los partidos políticos, no les interesa. Carecen de una definición ideológica estable, hay 35% de los mexicanos que no dicen ser ni de izquierda, ni de centro, ni derecha. Son pues —como dicen los especialistas en el tema— esos indecisos que curiosamente acaban decidiendo el resultado de las elecciones.

Es, entonces, una cuestión delicada, porque además estamos viendo al impresionismo ganar terreno en estas cuestiones. Lo que ocurrió con el brexit fue impresionismo, es decir, manejar bien las impresiones y las emociones, y llegar a la irracionalidad de la política. Las redes sociales han contribuido a esto. Necesitamos (y ojalá anduviera por aquí Sartori) repensar los mecanismos para crear diques que nos permitan que haya mayor reflexión.

Con respecto al caso francés, no sólo son dos vueltas, son varias. La primera la dan las encuestas, es decir, el elector ve venir cómo están las tendencias y dice: “¡Ah caray!, pues a mí no me gusta fulano, ni zutano, por lo tanto…”. Ahí se decanta algo. Mitterrand decía que “la primera vuelta eran los deseos y la segunda, la realidad”, y lo estamos viendo. Recordemos aquella confrontación entre Jacques Chirac y Jean-Marie Le Pen. Decían que los franceses habían ido a votar tapándose la nariz: “No queremos a Chirac, pero lo preferimos a Le Pen”. De tal suerte que ésa es una primera vuelta.

Después viene la primera vuelta presidencial. Ésa te conduce a un segundo periodo de reflexión. Entre las encuestas y la primera elección, hay un periodo de reflexión, y entre la primera vuelta y la segunda vuelta, hay otro. Después vienen las elecciones legislativas. Así que, luego de la segunda vuelta presidencial, se abre un tercer periodo de reflexión. Finalmente, se hace la segunda vuelta legislativa. Así pues, parte del contenido de la segunda vuelta es ampliar ese espacio de reflexión de cómo se viene manifestando el electorado. Por eso es tan importante lo que nos va a plantear ahora Manlio.

Termino con algo que comentábamos en la mesa: no haber aprobado la segunda vuelta es un síndrome del egoísmo de los partidos políticos. Es mezquindad, porque por arriba de los intereses de los partidos debería estar la gobernanza, la gobernabilidad de nuestro país, y para eso sirve la segunda vuelta. No me cabe la menor duda de que la segunda vuelta deberá estar en la agenda de lo que el país debe discutir en los próximos años.

Sin más, le doy la palabra a Manlio Fabio Beltrones. Debo recordarles que él, siendo presidente del PRI y senador, presentó una iniciativa relacionada con los gobiernos de coalición, porque si ya no tenemos segunda vuelta, entonces vamos reflexionando sobre los gobiernos de coalición. Y José Woldenberg también estuvo a favor de esta iniciativa que quizá pudiera ser para el 2018 una alternativa que esté bien legislada.

 

 

Manlio Fabio Beltrones: Muchas gracias, Federico. Muy buenas tardes a todos y todas ustedes. Gracias, mi querido Pepe, por esta invitación.

Lo que Diego ha dicho aquí, sin embargo, lo ha dicho constantemente y con enorme congruencia. Siempre ha estado del lado de la búsqueda de la gobernabilidad y de la solución de los problemas. Fui testigo de la manera como Diego le hizo frente a la circunstancia difícil de un 1988, cuando empezábamos, como partido político, a perder la mayoría absoluta; cuando ganábamos ya elecciones solamente con poco más del 50%, en el diseño de un sistema que se había hecho para un partido hegemónico. Y posteriormente, en elecciones difíciles como la del 2006 —la más difícil que yo he visto—, en la que parecía que todo se nos iba a acabar. Es ahí donde surgen aquéllos que tienen compromiso con la gobernabilidad y con el planteamiento de lo que debe ser el futuro; y ahí, y lo tengo que reconocer —y me vence quizá no nada más el aprecio sino el reconocimiento; dicen que amores y reconocimientos no matan conocimiento— siempre estuvo Diego, siempre estuvo, y estoy seguro de que siempre estará.

Me hace la invitación Pepe para hablar sobre lo importante que es el acontecimiento francés, porque nos llama la atención como parte de una solución de un problema, no sólo nuestro, sino que está viviendo el mundo. Ése es el diseño de los sistemas políticos. Cuando uno habla de hacer cosas nuevas —sobre todo en el tema político, en el tema esencial de lo que es el futuro de un país— habla de gobernabilidad: qué tanta gobernabilidad tiene un país. En Brasil, por ejemplo, en este momento hay cerca de 30 partidos políticos; es más, el partido que supuestamente gobierna lo hace con el 18% del apoyo en el Congreso. Ahí se encuentra una parte de la gobernabilidad fracturada de esos países y con la que nosotros también nos podemos encontrar.

Bien dice Diego —pero no crean que estoy de acuerdo con él en todo— que tenemos una fragmentación del voto entre partidos políticos, y que al final es posible tener, en el 2018, una elección en que la que, el que gane, lo haga con el 30% del 60% de los ciudadanos que acudieron a las urnas, lo cual le va a dar el 15% de legitimidad y apoyo.

Pero esa ruta la hemos visto desde hace mucho tiempo. En 1988, el partido que otrora ganaba con el 90% de los votos, alcanzó apenas el 50% según los datos oficiales. Ésa fue una elección muy difícil. Ahí participó como candidato a la presidencia de la República mi amigo Diego (después le diré por quién voté).

En 1994, solamente el 48% de los mexicanos votó por quien fue el presidente de la República. Para 1997 el PRI ya había perdido la mayoría en la Cámara de Diputados; la oposición, en su conjunto, pudo gobernar ese órgano legislativo.

Para el 2000, el partido que ganó, y el candidato que lo representó, lo hizo con el 42% de la votación; 42% del 60% del padrón. Quizá nadie se dio cuenta de este dato porque venía junto con la alternancia y fue como el efecto de la cortisona en un cuerpo enfermo: enmascara la enfermedad, pero ésta sigue avanzando. Ya para el año 2006, la crisis estaba enfrente. El candidato que según 
el Tribunal Electoral ganó, lo hizo con el 35.9%, perseguido por el 35.3% del otro. Teníamos ya un problema. Veníamos del 90% de aquellas gloriosas elecciones, y acabamos con el 35%. En fin, no les quiero relatar lo del 2006, pero estuvimos a punto de romper con el orden constitucional y de tener verdaderamente una crisis de Estado, de no ser por la reacción madura y oportuna de los partidos políticos que estaban participando, por lo menos la mayoría de ellos.

Para el 2012 ya traíamos el problema verdaderamente fracturado: un candidato sumamente popular, de mi partido por cierto, ganó, pero lo hizo con el 38%, dividido en un 31% del voto para el PRI y 7% para un partido aliado, el Verde. Pero no rompimos la barrera del treinta. El pronóstico para el 2018 es que puede ganar alguien con el 30% de la votación, que se traduce en 15% del apoyo de todo el padrón electoral. Y dónde va a quedar la gobernabilidad.

Entonces podemos pensar: “Pues hay que hacerle como en Francia”. Y bueno, si fuéramos franceses, le deberíamos hacer como ellos, pero Francia no construye su gobernabilidad y su estabilidad simplemente por una segunda vuelta electoral. La segunda vuelta electoral es un instrumento de un sistema bien pensado que los ha llevado de un parlamentarismo a un semipresidencialismo. Es así, como bien decía Federico hace un momento, que se impone el señor Macron con el 65% del total de los electores que fueron a la segunda vuelta, pero en la primera obtuvo el 24%, en un contexto de muchos partidos políticos. Va después a la segunda vuelta electoral, y ahí sí —con una novedosa presentación, la de no ser militante de ningún partido político y encabezando un nuevo movimiento llamado ¡En Marcha!— hace propuestas que hacen clic con  el hartazgo y sobre todo con el grave problema que se tiene de credibilidad en los partidos tradicionales —de lo cual tienen la culpa los partidos políticos.

Entonces tenemos una segunda vuelta que ya deja un nuevo presidente con el 65%, pero venimos ahora a ver una primera vuelta y una posible segunda en el Poder Legislativo; y después nos vamos a una tercera, cuando ese Poder Legislativo (la Asamblea) va a elegir al Senado. Por cierto, esa Asamblea, que va a ser elegida el 11 de julio, y si es necesario el 18 con la segunda vuelta, va a ratificar a quien va a ser el Primer Ministro de ese país. Que quede claro, estamos hablando de otro sistema: lo digo por esa postura superficial de que con la segunda vuelta lo resolvemos todo.

A mí me gusta la segunda vuelta electoral, pero como parte de un sistema político que invite, ante la fractura que hay de todos los partidos —la fragmentación que hay en el poder—, a hacer gobiernos de coalición que acaben con los gobiernos divididos e inicien los gobiernos compartidos. Aquéllos en los que se auxilian el uno al otro, reconociendo que las elecciones democráticas son un evento en dónde los ciudadanos le dan mayoritariamente a alguien el privilegio de tomar decisiones: decisiones que no deben de ser autoritarias ni omnímodas, sino compartidas, con equilibrios de poder. Por eso desde hace 11 años venimos planteando la necesidad de los gobiernos de coalición. Lo he hecho con muchos de ustedes, he tenido el privilegio de hacerlo con el senador Roberto Gil Zuarth, aquí presente; lo he hecho con muchos más de otros partidos, con los que compartimos en buena parte la necesidad de que esto suceda y estoy cierto de que estamos cerca de lograrlo.

Por cierto, y aquí sí yo concluyo: en el 2014, antes de que terminara la anterior legislatura, todos los partidos políticos —bueno, casi todos los partidos políticos, hay uno que siempre se aparta de los demás— coincidimos en que la Constitución debería de tener la posibilidad de citar a gobiernos de coalición. Quedó entonces en la Constitución la parte potestativa de que quien gane las elecciones en el 2018 pueda hacer gobiernos de coalición para garantizar la gobernabilidad que da estabilidad y da certeza jurídica. Esto es muy importante porque a partir de ello se genera crecimiento económico y bienestar.

Pónganse de acuerdo los políticos, o los partidos políticos, y hagan lo necesario para darle a este país el destino que se merece, que es un destino de grandeza. Acabemos con las diferencias formales que se tienen cuando los ciudadanos toman una decisión. Si tomaron esa decisión, lo que debemos hacer, si tenemos decoro, es apoyar la decisión mayoritaria de la gente. Para eso son los gobiernos de coalición. Yo opino que los gobiernos de coalición no están reñidos con la segunda vuelta electoral; por el contrario, se complementan, y lo necesita un país que está ávido de tener gente responsable al frente.

 

DFC: Ustedes suponen que voy a responderle al licenciado Beltrones las agresiones que tuvo hacia mí. No es el caso, me quedo con los elogios que mucho le agradezco. Creo que esta cátedra que ha dado de los gobiernos de coalición el licenciado Beltrones es el futuro que necesita impulsar México para poder encontrar un mundo realmente incorporado a México, y México incorporado al mundo, y que nosotros podamos nacer, vivir y morir en paz en la pluralidad. Mientras haya factores que disuelvan y acaben con la pluralidad estaremos perdidos.

Yo lo único que quiero es agregar, si me lo permite el licenciado Beltrones, es que para que se den esas coaliciones de gobierno, los aliados al grupo ganador tienen que tener incentivos. Si esto no es así, podemos entrar al peor de los mundos en el que al primer lugar se le acercan los que le dan el apoyo suficiente para gobernar, pero enseguida viene el chantaje, el “si no me das me retiro”. Entonces podríamos estar generando el empoderamiento de los partidos pequeños. Es muy importante que se den dos exigencias legales: una, en espacios ejecutivos, y la otra en espacios legislativos. Yo creo que tiene haber espacios en el Poder Ejecutivo y espacios en el Legislativo, de tal suerte que si un partido político se quiere retirar del gobierno de coalición en un momento dado, se pueda ir, pero el partido al que abandona le pueda decir: “Te vas, pero también se van fulano y zutano en el orden administrativo, y se van estas comisiones que yo te he concedido por el apoyo que me diste”.

Finalmente, creo que la propuesta del licenciado Beltrones es el camino del mundo moderno, del México moderno para este futuro próximo. En efecto, la idea de tener gobiernos 
de mayoría o de coalición es ya posible. No hay que perder de vista que pronto vendrán gobiernos estatales y municipales donde hay mucho que hacer.

Hay que recordar que Zamora no se ganó en una hora.

El proceso evolutivo o político de México, a mi modo de ver, tiene dos características: por un lado, el insatisfactorio para la sociedad, y se está viendo; por el otro, el portentoso, y es que es increíble que en tan poco tiempo hayamos avanzando tanto en todo este proceso electoral y de gobierno. Tenemos dos caminos, uno, decidirnos a fortalecer ya a las instituciones; otro, entregarnos a un mesías. Que el pueblo lo decida y que le vaya bien o como lo merezca.

 

FRH: Antes de terminar, me gustaría ver sus reacciones sobre algunos de los rasgos de los gobiernos de coalición que no han sido tocados.. Una de las características de los gobiernos de coalición es que domina un centrismo; es decir, es muy difícil que en una coalición de gobierno el extremo o los extremistas ganen. ¿Ustedes qué opinan?

 

MFB: Es lo que la experiencia nos ha indicado. Si los gobiernos de coalición están en la mente de cada uno de los participantes, las campañas políticas serán menos estridentes, los debates no serán combates a muerte, a ver quién descalifica más al otro. Más bien, se privilegiarán los puntos de encuentro, porque se van a necesitar entre ellos para gobernar. Es empezar por seguir la ruta de los incentivos de los que hablaba Diego hace un momento. Y si eso nos lleva a moderar en buena parte el discurso, coincido con Federico, nos puede llevar a un centrismo, a acabar con las aristas que nos dividen y hacer de una mesa cuadrada una mesa redonda en donde todos sean tomados en consideración.

Si ese gobierno de coalición, de paso, nos lleva a un principio fundamental de que los que acompañen al gobernante, al presidente en turno, sean calificados en su pertinencia y capacidad por otro poder, entonces tenemos ya que no hay un gobierno en solitario, sino gobiernos compartidos con apoyo político, y, por otro lado, un gabinete de mujeres y hombres sumamente capaces o capacitados, experimentados. Podemos así dejar atrás, entonces, la ruta de los aprendices que puede traernos costos enormes.

Se trata de sistematizar nuestro gobierno y darles a todos una mayor certeza. Porque si no, puede haber un hombre que en solitario quiera tomar decisiones que supuestamente le benefician a la población. Hay que sistematizar, pues, la toma de decisiones de forma compartida. Es entonces cuando la sociedad en su conjunto puede influir en el destino de un país. Así dejaremos muy atrás aquel único momento de poder que tiene la mayoría, que es elegir al gobernante y posteriormente aguantarlo. En este caso es elegirlo, acompañarlo, moderarlo y exigirle, y que todos sepan que tienen instrumentos para llevar esto a cabo, porque el gobernante no los necesita en una sola ocasión y para siempre, sino para siempre y en todas las ocasiones. Debemos dejar atrás aquello de que uno solo puede hacer todo; sólo entonces llegará el momento en que todos son necesarios para que las cosas buenas sucedan, ése es el punto. EstePaís

 

1. Días después de esta discusión, Alfredo del Mazo ganó las elecciones del Estado de México pese a que el 66.28% de los votos no le favorecieron.

Más de este autor