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Por una visión ambiental basada en el conocimiento

José Sarukhán | 01.07.2017
Por una visión ambiental basada en el conocimiento
El pasado 4 de mayo, en una ceremonia en Washington D. C., José Sarukhán recibió el Premio Tyler por Logro Ambiental 2017. Uno más en la larga lista de reconocimientos de este importante biólogo y ecólogo mexicano. Presentamos aquí la parte final de su discurso de aceptación, donde hace hincapié en la importancia del conocimiento científico para tomar decisiones políticas, así como en el peligro de que las posturas que niegan los hechos, el conocimiento y la razón en cuestiones ambientales dominen la discusión pública.

Soy de la primera generación nacida en México de una familia armenia que escapó del genocidio en Turquía y del asedio político de la tiranía bolchevique en la Armenia postzarista. La generosidad de México para recibir inmigrantes con los brazos abiertos me dio la oportunidad de conocer a mi esposa Adelaida, también nacida en México, hija de republicanos catalanes que huyeron de la victoria fascista en España. Ella ha sido mi permanente y firme soporte; ambos contamos con el privilegio de tener a nuestro hijo, el embajador Arturo Sarukhán, y a nuestra hija, la doctora Adelaida Sarukhán, cuyos hijos, en orden cronológico: Lena y Antón, y Laia y Ani, nos acompañan hoy en esta ceremonia, al igual que nuestros hijos por la vía civil, Verónica y Alban. Hay otra familia presente, esta vez no biológica, sino académica, la de mis colegas que una vez fueron mis alumnos y que han venido desde distintas partes de este país y desde México para acompañarme en esta ocasión. Mi agradecimiento a ellos ocho.

El Premio Tyler por Logros Ambientales ha sido otorgado previamente a 70 científicos, muchos de los cuales han representado una inspiración para mí. Con varios de ellos he colaborado académicamente, y otros han influido en el desarrollo de mi carrera académica en México. Entre quienes han recibido el premio debo mencionar a dos científicos mexicanos: Arturo Gómez Pompa y Mario Molina. Comparto con todos ellos mi admiración y reconocimiento por la visión de esa notable pareja que fueron los Tyler, por su acertada percepción sobre la importancia del conocimiento y protección de la naturaleza y el ambiente. John y Alice Tyler fueron no solamente filántropos, sino también visionarios acerca del valor fundamental de la ciencia y del conocimiento que ésta genera, el cual es esencial para construir sociedades democráticas y mejor preparadas para erigir y vivir en un mundo más justo y equitativo.

 

 

La confianza en y el uso de la ciencia como apoyo para decisiones de política pública, la promoción de oportunidades económicas y la capacidad de avanzar en la tecnología, son principios que se remontan al establecimiento de la democracia en los Estados Unidos. Los Padres Fundadores entendieron plenamente y asumieron el poder y la importancia de la ciencia. La eficacia de un gobierno para cumplir con su papel de beneficiar a toda la sociedad por medio de políticas públicas basadas en los hechos se pierde por la falta de apoyo real a la actividad científica independiente (más bien diría de investigación en el sentido amplio). Ningún gobierno debe hacer peligrar o distorsionar a la ciencia (otra vez, la investigación) en su papel de cimiento para construir una sociedad libre, equitativa y saludable.

Las sociedades deben hacer sonar la voz de alarma cuando la ciencia se silencia, se manipula o se condiciona de cualquier manera. La verdad no surge de argumentos autoritarios, tales como la negación de la abrumadora evidencia científica que existe sobre el cambio climático, y la irrecuperable pérdida de la biodiversidad en nuestro planeta y su íntima conexión con las actividades humanas como causal de esos problemas. La mejor defensa contra esas manipulaciones desde el poder es una sociedad bien informada con hechos originados en la investigación y con una ciencia realizada con integridad. No podemos y no debemos, al conocer los llamados “hechos alternativos” (u otros nombres al efecto), dejarlos ir sin confrontarlos, y tenemos que hacer todo en nuestro poder para combatir a aquellos que quieren imponer a la sociedad políticas públicas generadas en la ausencia de hechos. Como acertadamente afirmó Martin Luther King, “nuestras vidas empiezan a fenecer el día en que nos callamos acerca de las cosas que realmente importan”.

Una sociedad que desarrolla miedo a la ciencia y a la investigación independientes no puede avanzar al ritmo que su desarrollo demanda en los tiempos presentes. Un gobierno sólido e ilustrado debe sostener a la ciencia de excelencia y a la actividad científica y de investigación independiente, realizada para el bien público y para la comunidad global, y debe financiarla adecuadamente. Esto es precisamente lo que ha hecho de los Estados Unidos la gran nación que es en el presente: una fuente de información de calidad mundial en una gran cantidad de campos, apoyada por el sistema más sólido de universidades basadas en investigación.

Si se invierte miserablemente en la investigación sobre el ambiente se logrará tener un ambiente miserable para la sociedad, pero especialmente para los más desposeídos y marginados. En asuntos del ambiente global, no solamente es el país que escamotea los recursos el que sufre las consecuencias: es toda la humanidad presente y futura. Esto es aplicable a todos los países.

La integridad científica debe ser el basamento del desarrollo de políticas públicas, y debe protegerse el proceso por el cual las instituciones del gobierno o las académicas usan y comunican los resultados de la investigación de manera amplia y accesible a toda la sociedad. Los beneficios privados no pueden sobreponerse a los beneficios para la comunidad, especialmente cuando la investigación ha sido realizada con fondos públicos.

Quienes han estado en posiciones de poder público han escrito, desechado, cambiado leyes y reglamentos por mucho tiempo; sin embargo, ninguno de ellos tiene el poder de reescribir las leyes de la naturaleza, de ignorar que existe la fuerza de la gravedad o descartar las leyes que gobiernan el proceso de la vida y la evolución en este planeta. No existe la opción de esconder la cabeza en la arena: estamos acotados por las leyes naturales de un planeta finito.

El espíritu inspirador del Premio Tyler tiene implicaciones importantes para el mundo en estos momentos. Resulta crecientemente claro para los humanos, una especie animal que ha evolucionado a partir de la naturaleza y es parte de ella, que encaramos la amenaza más seria, en una escala humana de tiempo, a la matriz que sostiene a la vida que nuestro planeta ha construido por miles de millones de años. Sin duda, la vida no desaparecerá debido a nuestras acciones, no importa qué tanto ignoremos las evidencias de los daños que estamos infringiendo al planeta o qué tantas políticas públicas insensatas adoptemos. La vida está en todos lados en este planeta y seguirá evolucionando y restaurándose en nuevas formas y organizaciones, como lo ha hecho por eones. Pero las condiciones para la vida de las personas estarán muy por debajo de los niveles que ahora consideramos dignos y humanos.

Nuestro consumo de la productividad biológica renovable se ha incrementado de manera tan contundente, que estamos consumiendo ya el patrimonio de las generaciones futuras. El resultado más dañino de nuestras acciones sobre el planeta es la pérdida progresiva de la diversidad biológica. Los organismos que estamos ahora destruyendo tan aceleradamente nos han provisto de alimentación, de la mayoría de nuestras medicinas y muchos otros elementos materiales que hemos usado para sostener nuestras vidas. Adicionalmente, los ecosistemas que estamos eliminando han hecho posible tener los servicios ambientales que recibimos permanentemente, desde el oxígeno de la atmósfera, hasta el agua de la que dependemos para nuestro bienestar, así como los beneficios intangibles que han enriquecido el espíritu de la humanidad a lo largo de la historia. Como corolario, la pérdida de todo esto es irreversible en una escala humana.

No puedo encontrar mejores palabras para terminar esta conferencia que las que Alice Tyler pronunció en una ocasión como ésta: “Tengo fe total en que la creciente investigación realizada por científicos brillantes de todo el mundo continuará alertándonos acerca del delicado balance que sostiene a la vida (en este planeta) […] y de que estaremos cada vez mas conscientes de la severa urgencia de mejorar y mantener este ciclo vital para la preservación del Universo”. EstePaís

 

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JOSÉ SARUKHÁN es biólogo, maestro en ciencias agrícolas y doctor en Ecología; en la UNAM ha sido profesor de la Facultad de Ciencias, director del Instituto de Biología, coordinador de la Investigación Científica, rector e investigador emérito. Es miembro de las Academias Mexicana de Ciencias, Mundial de Ciencias, la Nacional de los Estados Unidos y la Royal Society de Londres.  Propició la fundación de la Conabio hace 25 años.

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