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Perímetro de seguridadEl declive de la hegemonía militar de Estados Unidos

Athanasios Hristoulas | 01.07.2017
Perímetro de seguridad: El declive de la hegemonía militar de Estados Unidos

Es indiscutible que Estados Unidos (EU) mantuvo una hegemonía militar durante la Guerra Fría. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, su capacidad operacional en tierra, mar y aire sobrepasó por mucho la de cualquier otra nación. Más aún, EU desarrolló y utilizó la bomba atómica, y fue el primero con esa capacidad de destrucción masiva. Durante la Guerra Fría, sus fuerzas convencionales y nucleares crecieron. Mediante una serie de alianzas, empezando con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), fue capaz de proyectar su poder militar a casi todo el mundo. Al final de este periodo, fue la potencia hegemónica indisputable, y para 1991 su presupuesto militar representó más del 50% del gasto militar mundial. Si bien es sabido que durante esta era la urss fue un contrapeso de la supremacía militar de EU, hacia 1970 las deficiencias militares soviéticas se hicieron notar claramente con el estancamiento en la producción y el desarrollo tecnológico.

Hoy, la realidad es muy diferente. Los tomadores de decisiones en EU han resuelto que el país no puede mantener el estatus de potencia hegemónica militar mundial. Los desastres militares en Afganistán e Irak, así como las restricciones presupuestarias, son la razón principal para el cambio en su política de defensa.

La doctrina militar de EU ya no contempla ejercer más el papel de potencia hegemónica militar en el sistema internacional. En otras palabras, quiere tener menos responsabilidades y menor capacidad para afrontar las amenazas a la estabilidad mundial. Quiere enfrentar estas amenazas en el momento que surjan mediante políticas casuísticas y aplicando la fuerza mínima. Ya no piensa convalidar el discurso de que son los salvadores de la democracia en el mundo. Ahora su doctrina militar parece ser la de contener los problemas conforme aparezcan.

El anuncio en 2014 del entonces secretario de Defensa, Chuck Hagel, sobre los recortes al presupuesto de la milicia estadounidense es probablemente la mayor amenaza a su hegemonía militar. En el año fiscal 2015 se le asignó al Departamento de Defensa un presupuesto de 500 mil millones de dólares, es decir, 200 mil menos que en el 2011 (un recorte de 30%). Por otro lado, el gasto militar oficial de China fue de 200 mil millones de dólares en 2016, y ha aumentado a una tasa anual del 4.5%, mientras que el gasto militar ruso se aproxima a los 100 mil millones de dólares. Si bien el presidente Trump ha anunciado su deseo por aumentar el gasto militar en 54 mil millones de dólares, esto significaría recortes más que significativos en otros departamentos, haciendo difícil la aprobación en las cámaras. Con estas proyecciones del gasto militar combinado de China y Rusia, dentro de una década igualarán o pasarán al de EU. La idea de un contrapeso a la hegemonía militar estadounidense se ha convertido en una realidad.

En términos tecnológicos, mientras EU batalla por hacer operativo su avión interceptor F-35, los chinos y rusos han logrado avances significativos en su capacidad de combate. El F-35 fue diseñado para ser una aeronave multipropósito de última generación que podría ser utilizada no sólo por EU, sino también por sus aliados. Este avión ha resultado ser el proyecto militar más costoso de la historia, costando cerca de un billón de dólares (aproximadamente el tamaño de la economía mexicana). Sin embargo, existe un grave problema: el F-35 no funciona.

De manera alterna, la fuerza aérea china desarrolló el Chengdu J-20, un avión de combate de última generación de largo alcance. Hizo su vuelo inaugural el 11 de enero del 2011, y se espera que entre en servicio en el 2018. Por otro lado, el Shenyang J-31 es un avión de combate multipropósito, también de última generación. Esta aeronave se encuentra en desarrollo y a prueba, y se espera que entre en operación en el 2019. De igual forma, el gobierno chino anunció el inicio y desarrollo de un programa de portaaviones a implementar en dos etapas, entre el 2020 y el 2025. Éstos, junto con otros buques navales, permitirán a China proyectar su poder ante el océano Índico y el Pacífico. Por otro lado, EU ha reducido su capacidad naval a la mitad respecto a lo que era al final de la Guerra Fría. Tarde o temprano, dejará de “poseer” el Pacífico.

Por su parte, Rusia desarrolló el SU-30, un avión de combate muy maniobrable, útil en cualquier clima y para misiones de caza e intercepción. En este momento tiene desplegados al menos 500 de ellos y su producción continúa. El T-50 es el prototipo de monoplaza furtivo birreactor. Éste será el primer avión ruso en usar tecnología de sigilo. Por último, el MIG-35 se clasifica como un avión de combate de última generación. Hasta ahora se han fabricado diez prototipos, sometidos a extensas pruebas de campo, y se espera que su producción masiva se concrete para el 2018. Se cree que estos tres aviones podrán igualar la capacidad del F-35. El general Philip Breedlove, comandante supremo aliado de la OTAN, llegó incluso a decir que no está seguro de que EU pueda mantener la supremacía aérea en un posible conflicto en Europa.

Si los rusos y los chinos mantienen su programa de desarrollo y despliegue, EU estará en serios problemas. Podemos observar esta situación en el caso de los atrasos de la fabricación del F-35, que obligaron a la marina de EU y otros países como Canadá y Australia a comprar el Boeing F/A-18 Super Hornet como caza “provisional”. Si los recortes al presupuesto militar persisten, habrá repercusiones, no sólo para EU, sino para la seguridad a nivel mundial.

Quizás el principal problema de las últimas administraciones es que se ha hecho un análisis estratégico inadecuado, pues la idea de que nos encontramos en un periodo de posguerra es una aseveración inexacta y peligrosa. Por ahora, sólo queda esperar a ver si esta tendencia se conserva o se invierte en esta nueva presidencia. EstePaís

 

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Athanasios Hristoulas es profesor-investigador en el Instituto Tecnológico Autónomo de México.

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