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| 01.07.2017
Recomendaciones

A través del personaje central de su novela —Helena Artigas—, Paulina Vieitez narra situaciones que, en el México actual, son todavía frecuentes para muchas mujeres: el aplazamiento del desarrollo profesional en pos del beneficio familiar, las relaciones enfermizas de pareja, la violencia de género perfectamente normalizada. A una edad que podría considerarse “la mitad del camino”, Helena hace un viaje que rompe con las expectativas que su familia y que, de alguna manera, la sociedad entera tiene puestas en ella. La valentía le permitirá a la protagonista descubrir por sí misma que aún está en tiempo de vivir una nueva vida, una más autónoma y, quizá, más libre; una en la que pueda realizarse y llevar a cabo los sueños postergados. De una forma sutil y tierna, Vieitez abre un espacio lleno de posibilidades, de esperanza y de bríos renovados para Helena y para todas las personas (no sólo mujeres) que han sentido, en ocasiones, su historia personal como un pesado equipaje.

 

 

Circula en librerías mexicanas El inconcebible universo: Sueños de unidad, de José Gordon. En palabras del autor, “tiene que ver con el sueño de Einstein y el sueño de Borges, el de la Teoría de Cuerdas y el de Bashevis Singer, los cerebros de los cronopios y la física con ojos de gato [...] Es un libro sobre la pasión por entender. Es una invitación a salir de nuestros límites perceptuales”. La obra explora las múltiples dimensiones de nuestro universo con una doble misión: “enseñar que los elementos de la poesía existen en el pensamiento científico y mostrar los elementos de la ciencia que están en la poesía”, explicó el físico Gerardo Herrera durante la presentación. Para Gordon, “ciencia y poesía tienen diferentes metodologías y rigores. No obstante, hay algunos rasgos que comparten: ambas tienen que ver con hallazgos, con curiosidad, con mundos que se correlacionan”.

 

 

La humanidad lleva casi 3 mil años experimentando con la democracia y apenas 200 sirviéndose de las elecciones de forma exclusiva para ellos”, escribe David van Reybrouck. Para él, igualar democracia y elecciones es un error. De hecho, para Aristóteles, las elecciones eran una forma no democrática de elegir a los miembros de un gobierno. ¿Qué era lo verdaderamente democrático entonces? El sorteo. De ese modo se aseguraba una selección más justa de los ciudadanos interesados en participar de la vida pública. Ahora bien, para nadie es un secreto que la democracia representativa occidental de hoy en día está en crisis, y que ésta se debe en buena medida al deterioro de los procesos electorales. La solución propuesta por Van Reybrouck es hacer más horizontales y plurales nuestros órganos de toma de decisiones mediante el sorteo. Una idea que ha resultado controvertida, pero cuya discusión es más que necesaria.

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