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#InventarioDeGestos: Buenos días —tardes

Javier Raya | 19.07.2017
#InventarioDeGestos: Buenos días —tardes

Se trata de reconocer la existencia del otro. Cómo chinga el otro, cómo interrumpe, cómo se asoma —gota de luz— y acapara el silencio cuidadosamente construido a nuestro alrededor.

Convenir con el otro: el ahora de aquí es el ahora. Este ahora. Ahorita, que curiosamente, al aplicar el diminutivo, se desplaza hacia el futuro, vuelve mediato lo inmediato mismo del ahora, nos da tregua para ese encuentro siempre postergado con el otro. Una pequeña promesa: no el ahora del instante, vago viento, sino el próximo, el del reencuentro, el ahora de la acción.

Ahora mismo, ¿cuándo es? ¿Qué hora es en la mente del vecino, por ejemplo, ese prójimo en construcción, continente por descubrir, hato de toses tras la pared, que comparte conmigo rutinas cotidianas y con quien, por lo demás, no tengo más relación que un código postal común?

¿Qué tiempos contiene el otro? ¿Será igual de anacrónico que yo? ¿Preferirá descubrir la vieja música del Village de los sesentas, también tendrá debilidad por la poesía chilena y dolor de rodillas, también le preocupan los asesinatos y el menú que habrá de inventarse para que sus niños se coman, ahora sí, ahorita mismo, las verduras?

¿Será un hombre, una mujer de su siglo, el otro, la otra? ¿Será más bien como yo, del pasado o del futuro, pero siempre distante del ahora?

Lo mejor será no detenerse a averiguarlo (uno siempre tiene prisa a esta hora, en este siglo). Pasar ninjamente, suavemente, sin casi hollar el piso bajo los pies. Pero, ay, este cuerpo cuerpando involuntariamente que nos delata: crujido de hoja seca bajo el zapato, un estornudo, un reflejo sobre el cristal, eco de una presencia que la mirada del otro completa. Hemos sido descubiertos in fraganti en la dimensión de lo social.

“Buenos días”, atajamos a decir, descubiertos. “Tardes”, repone el prójimo en construcción.

“Tardes, ¿verdad?”, añadimos, vencidos de tiempo, de compasión por el otro, porque hemos sido hallados en el error y nos humillamos, tal vez observando un reloj (imaginario) (puramente gestual) sobre la muñeca vacía para ver que sí, que en efecto, ya pasa de mediodía.

“Tardes”, claro. Es mejor que dar explicaciones. Que decir que no sabes qué día es hoy, ni de cuándo. Aunque adivines que el tiempo humano es una ficción operativa, que no es julio 19 en Alfa Centauri, que da lo mismo si es de día o de noche porque igual somos seres para la muerte, que tienes una vaga noción de la hora y del uso horario de este país, pero que no te molestas en llevar la cuenta del tiempo más que cuando tocas en el órgano con los Pianosaurios, o cantas con los Musiquientos.

Y se van igual, cada otro con su ahora, de vuelta a sus ecos.

 

*Crédito de la imágen: ESO./L. Calçada/Nick Risinger (skysurvey.org). 

 

 

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