youtube pinterest twitter facebook

La Reforma Educativa: el esfuerzo y los beneficios

Miguel Limón Rojas | 01.09.2017
La Reforma Educativa: el esfuerzo y los beneficios

La pieza maestra de la Reforma Educativa, emprendida durante estos años, consiste en el planteamiento pedagógico que da sustento al Nuevo Modelo Educativo (NME). Los componentes que harán posible el funcionamiento de este último, es decir, maestros, alumnos, planes de estudio, escuela, materiales, infraestructura, financiamiento, padres de familia, sindicato, sociedad, gobernanza, deben funcionar integral y armoniosamente en favor de las nuevas formas de aprender en el aula.

El cambio de mayor relevancia es el que tiene que ver con los aprendizajes y, en consecuencia, con la relación maestro-alumno y con las prácticas que se llevan a cabo en el salón de clase. Sucesivos avances en las ciencias aplicadas a la educación han hecho valiosas aportaciones tendientes a que las capacidades de los educandos sean más amplias y profundamente aprovechadas. Para ello es indispensable superar las prácticas que hoy se aplican de manera extendida en nuestro país, los usos más comunes, según los cuales, el profesor comunica de manera vertical, con el apoyo de los libros, la información que el alumno debe adquirir: los datos, fechas y fórmulas que deben ser aprendidos y memorizados, aunque no necesariamente comprendidos y apreciados.

El planteamiento pedagógico del NME implica un cambio profundo en la relación entre el maestro y el alumno. El profesor deja de ser quien dicta lo que debe ser aprendido para convertirse en el facilitador, el guía que acompaña al alumno en la fascinante tarea de construir el conocimiento. Se trata de una nueva forma de interactuar y procesar que ha de llevarse a cabo en colaboración, y que exige un esfuerzo sistemático encaminado a despejar interrogantes, para lo cual es necesario formar el hábito de indagar, investigar, relacionar y comprobar el valor de los hallazgos que nutren el conocimiento. Al realizar un trabajo de esta índole, el niño abandona la posición pasiva desde la cual espera a que le transmitan la verdad en trocitos desgastados por la fuerza de la repetición. En lugar de esta pasividad, el alumno ejercita los resortes que mueven el entendimiento a través de la variedad de procesos que le permiten conocer de qué está hecho el entorno en el que vive y cómo se comporta en sus muy diversas manifestaciones.

En estas prácticas que exigen a la mente una actitud alerta, el trabajo de la memoria adquiere sentido como atributo indispensable en el proceso de construcción. Al aprender de esta manera, desde la conciencia que el método pone en movimiento, el niño y el joven estarán realmente aprendiendo a aprender. La escuela les resultará mucho más cercana y amigable al brindarles la satisfacción que proporciona el permanente descubrimiento, al recompensar su esfuerzo con la sensación maravillosa del asombro. Con este tipo de prácticas educativas es evidente que los alumnos no sólo adquieren información necesaria o acumulan conocimientos, sino que desarrollan métodos de aprendizaje, fortalecen el múscu­lo del que se sirve el entendimiento, embarnecen su capacidad creativa y desarrollan una actitud permanentemente alerta. Esto ha de llevarles a poner en juego su autonomía y a probar el alcance de sus capacidades: seres humanos más libres y mejor estructurados que no se conformarán fácilmente con respuestas dadas, ajenas a su capacidad de comprobación, que no estarán a la espera de recibir porque habrán aprendido la importancia de movilizar sus propias facultades para obtener lo que necesitan. Tampoco obedecerán ciegamente, puesto que habrán aprendido a cuestionarse y a cuestionar; habrán realizado el ejercicio que les permita disponer de una mente bien entrenada y apta para discernir, optar y actuar en consecuencia. Se trata de que al recorrer el camino de formarse a sí mismo, el mexicano desarrolle certeza de lo mucho que puede lograr con su propio esfuerzo.

Es importante aclarar que no se trata de poner por primera vez en práctica en nuestro país este tipo de métodos de enseñanza-aprendizaje. Numerosas escuelas públicas y privadas han trabajado bajo estos principios y métodos. Por ello no resulta demasiado difícil imaginar lo extraordinaria que será para México la generalización de estas prácticas educativas en los planteles responsables de educar a los niños y a los jóvenes. Será una realidad —muy distinta a la actual— la que se encuentre poblada por una gran mayoría de mexicanos cuya formación los coloque en la capacidad de desplegar todas sus potencialidades para el bien de sí mismos, de sus familias y de nuestra sociedad.

Nos referiremos a continuación a las condiciones que deben ser satisfactoriamente atendidas para que la reforma adquiera plena vigencia.

 

Los maestros y su formación

Con sobrada razón se ha insistido en la importancia que representa el magisterio para lograr una educación de calidad en todo el país. De ello deriva el cuestionamiento sobre si su formación y preparación permitirán asumir las modalidades de trabajo propias del nuevo planteamiento pedagógico. Es sabido que una buena parte de las maestras y de los maestros que hoy se encuentran frente a un salón de clases muy probablemente no recibieron, a su paso por las escuelas normales, la preparación necesaria para desempeñar su trabajo docente bajo los principios pedagógicos y las habilidades didácticas previstas en los documentos que dan cuenta del NME. Las escuelas de educación normal necesitan actualizarse y fortalecer la planta de maestros mediante una formación que les permita asumir las nuevas prácticas en las aulas a su cargo. Para atender esta necesidad, será posible encontrar en el magisterio de las escuelas normales del país a las personas que posean una acendrada vocación, y que sean valiosos multiplicadores de las bondades del NME debido a que persistieron en los esfuerzos de actualización. La Universidad Pedagógica Nacional (upn) cuenta en su planta docente con profesores-investigadores que deben participar en este esfuerzo de transformación.

Es posible imaginar el grado de dificultad que representa llevar a cabo esta mudanza de prácticas docentes para un magisterio que en la educación básica alcanza un número superior al de un millón 200 mil personas. No obstante, se trata de una tarea irrenunciable para la cual se ha de tener en cuenta la heterogeneidad en las aptitudes y los conocimientos de quienes deberán llevar a la práctica el nuevo planteamiento pedagógico; igualmente, se deberá prever que la propuesta puede ser recibida de muy diversas maneras en cada plantel a partir de la disposición de los colectivos escolares.

De la autoridad federal se espera la construcción de una oferta formativa cuya cualidad sobresaliente consista en la posibilidad de adaptarse a la gran variedad de necesidades correspondientes a un magisterio de muy diversos orígenes, con perfiles sumamente variados y con necesidades contextuales múltiples, que corresponden a la gran diversidad del país. El uso de las tecnologías permite pensar en oportunidades de cobertura que representan enormes ventajas, si se prevé que habrá muchos maestros que requerirán de orientación para adaptarse de manera eficiente a su utilización.

La participación de las autoridades estatales habrá de complementar la realización del propósito, haciendo posible que las opciones de actualización correspondan a la realidad de cada región, escuela y maestro. El sistema educativo cuenta con la estructura que le permite atender éstas y muchas otras necesidades a partir de una planeación y una organización que movilicen los activos del propio sistema y motiven a los maestros en el sentido del cambio.

Es claro que tanto los maestros que sirven en las escuelas como quienes ejercen la docencia en las normales deben ejercitarse en la actualización y la formación continua, con la certeza de que su esfuerzo se verá compensado con buenos resultados tanto en su labor docente cotidiana como en las evaluaciones que deben constatar y estimular el trabajo empeñado en los nuevos aprendizajes. Lo anterior permite apreciar la importancia que tiene el que la autoridad elabore cursos y materiales pertinentes que motiven al maestro en los aprendizajes indispensables y le dejen claro que lo nuevo no sólo está a su alcance, sino que le permitirá, también, realizar de manera mucho más apasionante el trabajo en el aula. Es necesario, además, que eso ocurra en un tiempo razonable; que el maestro analice y pondere con juicio crítico y abierto el planteamiento pedagógico formulado; que advierta la posibilidad real de asumir lo que se ha establecido como deseable, antes de hacer caso a las voces que lo conminan a descartarse del esfuerzo, a negarse a ser partícipe de la transformación. La formación continua y la evaluación deben caminar de la mano en estos propósitos.

 

Las escuelas: fortalecimiento en la diversidad

Es la escuela el ámbito por excelencia en el que tiene lugar el hecho educativo. Es en ella donde el docente realiza la tarea de concretar el currículum ubicándolo en el contexto en el que debe ser aplicado. Hoy sabemos que la dinámica escolar, especialmente la conformación de comunidades de aprendizaje, es fundamental para que la labor docente no quede aislada, rebasada por inercias colectivas que obstaculizan la transformación. El maestro ha de cambiar sus prácticas tanto como la escuela ha de modificar los procesos de interacción que conforman su vida cotidiana. De ahí la relevancia de que la reforma haya decidido situar la “escuela al centro” como una categoría que reordena las prioridades que deben ser atendidas. Con ello se ha querido destacar que todo el aparato educativo ha de girar en torno a las necesidades que la escuela plantea y no a la inversa, como desafortunadamente ocurre. El NME sólo es viable en escuelas abiertas al cambio, a la vida académica colegiada, a la participación de los padres de familia y al trabajo en equipo.

Para fortalecer la escuela al centro es necesario ensanchar los ámbitos en los que ésta puede decidir por sí misma en cuanto a muchos de los aspectos que le conciernen: espacios de lo curricular, aspectos administrativos, y también en cuanto al uso de recursos económicos. Las escuelas, en la medida en que las condiciones del país lo vayan permitiendo, deben recibir recursos financieros proporcionales al tamaño de su matrícula, los cuales deben ser invertidos y administrados con base en la participación, la corresponsabilidad, la transparencia y la rendición de cuentas. La confianza es el principio que debe rescatar a la escuela para que deje de ocupar el último peldaño del sistema educativo.

El NME contempla que la escuela cuente con un acompañamiento externo que le permita identificar y superar sus debilidades. El Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela (sate) es un mecanismo de enorme potencial para el fortalecimiento del plantel; cuando se implemente en toda su riqueza, será factor clave en una dinámica virtuosa que reforzará el principio de la supervisión y de los apoyos pedagógicos al colectivo escolar, orientados a la consecución de metas que tienen que ver con la calidad y la inclusión.

En el marco de las condiciones que han sido enunciadas, debe considerarse que la recepción del NME y del planteamiento pedagógico será distinta en cada escuela. Entre la aceptación entusiasta y el rechazo, habrá actitudes muy variadas que podrán moverse hacia una u otra dirección, dependiendo de los diversos factores de motivación. Se encontrarán planteles con directores y maestros que ejerzan un liderazgo destacado, los cuales representen una autoridad profesional y moral que suele influir de manera significativa en favor de los cambios que incorporan avances para la educación. En el otro extremo, habrá situaciones en que las resistencias a cumplir los deberes más elementales se vean acentuadas al tratarse de esfuerzos adicionales destinados a la transformación. Es plausible pensar que un porcentaje importante de maestros podrán adaptarse más fácilmente a la nueva forma de ejercer la docencia, animados por la mayor creatividad que ésta exige, movidos por el interés que puede despertar la nueva dinámica nacida de la indagación, la reflexión, la discusión y el principio de colaboración. Los maestros de este tipo suelen ver con entusiasmo los cambios que modifican la realidad y que, en consecuencia, les permiten mayor creatividad e imaginación y confieren más sentido al trabajo que desempeñan. Ellos serán partidarios de impulsar la mudanza y de transformar el fondo de lo que debe ser aprendido.

Hay un número importante de escuelas que desde hace tiempo viven en situación de verdadero abandono; a éstas se suman muchas otras que realizan su trabajo en condiciones adversas. El mandato derivado de la educación inclusiva ordena proporcionar atención especial a ellas. También obliga a la autoridad a organizar y a emprender esfuerzos destinados a la atención de lo más elemental, mediante lo cual ha de removerse todo obstáculo para alcanzar metas que, además de ser ambiciosas, no resultan realizables si antes no se atiende lo primordial: despejar los males acumulados durante años y atender condiciones físicas y humanas que exigen ser modificadas drásticamente con el fin de ofrecer a los niños y jóvenes las condiciones que los motiven a aprender. Esta tarea que ha sido ya iniciada deberá ser sostenida como prioridad.

No sería demasiado difícil realizar y redoblar esfuerzos destinados a producir casos verdaderamente ejemplares, dignos de admiración y aprendizaje, mediante iniciativas que se propongan llevar el nuevo planteamiento pedagógico a escuelas del medio rural, cuyos maestros trabajan en condiciones sumamente adversas, con niños provenientes de familias en situación de pobreza y de pobreza extrema. Es necesario estar convencidos de que hemos de servirnos de todos los medios posibles para llevar hasta esas localidades el programa que les asegure, a pesar de su situación, ser incluidas en el marco de la Reforma Educativa. La experiencia ha demostrado que en este medio es posible lograr resultados sorprendentes cuando se trabaja con personas que anhelan la superación y están a la espera de las oportunidades que les permitan poner en juego su creatividad e imaginación. Es muy alentador que ya existan múltiples ejemplos en este sentido y que posean la fuerza necesaria para contagiar el ánimo que la transformación educativa tanto necesita. Ante la abundancia de casos lamentables representados por quienes carecen del perfil indispensable para ejercer la docencia y que sin embargo accedieron a la plaza por la puerta falsa, existen muchos otros que, además de poseer el perfil necesario, incluida la vocación, tienen la disposición para realizar los mayores esfuerzos.

Es posible afirmar que, si bien se trata de un cambio de gran envergadura, es ineludible afrontarlo empleando estrategias que permitan multiplicar lo bueno y seguir el principio según el cual los más avanzados asisten a quienes requieren de los mayores apoyos: la escuela aprende de la escuela y el maestro aprende del maestro. La organización debe permitir el óptimo aprovechamiento de los activos con los que el sistema educativo cuenta, entre los cuales destacan la experiencia y la capacidad de maestros ejemplares que no han cesado de trabajar en la búsqueda de su superación, en la reflexión sobre su práctica profesional y en la indagación de alternativas que proporcionen mayor eficacia al trabajo que realizan.

 

La gobernanza

La Reforma Educativa ha debido enfrentar, desde su inicio, a las voces que han expresado su escepticismo, cuando no un abierto rechazo hacia ella. Algunas de estas expresiones se han referido a dudas que, me parece, han merecido y encontrado respuestas a lo largo del proceso. Algunas otras, dirigidas desde posiciones radicales, han provenido de grupos organizados, comprometidos con agendas ajenas a los intereses de la educación. Otras más han rechazado la Reforma por haber identificado en distintos temas, políticas o acciones del gobierno motivos cargados de la suficiente subjetividad como para no reconocerla. Hay quienes dicen encontrar, en errores de instrumentación, los datos necesarios para condenarla con una descalificación global. Hay que decir, además, que la Reforma viene navegando en el clima de turbulencia que afecta al país en los muy diversos ámbitos de la vida colectiva y que se resiente en el ánimo de la vida íntima de las personas.

Pese a todos los inconvenientes, la Reforma ha continuado avanzando en la ruta de su instrumentación. Las dificultades inherentes a un proceso de transformación de esta envergadura no pueden ser menores; las resistencias al cambio son aún más notables cuando se afectan intereses arraigados a lo largo del tiempo y cuando se trata de adoptar nuevas formas de actuar en todos los frentes del quehacer educativo. En ocasiones es difícil contar con la disposición a realizar esfuerzos que antes no se llevaban a cabo; en otras, se trata de cambios de mentalidad que implican el abandono de hábitos y rutinas, así como la adquisición de los aprendizajes necesarios para la realización de nuevas prácticas. Es esperable que, a medida que las dificultades y los retos sean superados, las ventajas vayan aflorando.

No será necesario insistir en la profundidad de los cambios que la Reforma exige para todos los actores que involucra: maestros, supervisores, directores, asesores técnico-pedagógicos, personal de apoyo, así como aquellos que ejercen la autoridad administrativa en todos los niveles. Es necesario subrayar el gran peso de responsabilidad que recae sobre estos últimos, tanto en el ámbito federal como en el estatal.

De acuerdo con lo establecido en la ley y de conformidad a lo previsto por el NME, el proceso de cambio debe asegurar el eficaz desempeño de los diversos actores que son responsables de asegurar la gobernanza del sistema educativo. En consecuencia, dichos actores deben responder de los pasos sucesivos a los cuales está sujeta la Reforma, según lo que a cada uno de ellos le concierna.

Es posible prever y asegurar que la Reforma llegará tan lejos como sea ejercida la gobernanza prevista en el NME. La gradualidad y la flexibilidad, también contempladas, dan cabida a tan variadas condiciones que se dan entre estado y estado, entre región y región, entre escuela y escuela, y entre maestro y maestro. Estas diferencias tienen una explicación histórica que desde luego influye en el potencial de cada entidad federativa, pero, adicionalmente, las condiciones para recibir la atención necesaria varían de manera muy considerable en razón del interés, la fortaleza, la seriedad y la puntualidad del compromiso que cada gobierno local asuma. La educación no ha encontrado, entre los gobernadores, la misma voluntad y cuidados, lo cual generará disparidades en sus resultados. Aun así, debemos tener en cuenta que la autoridad normativa, propia de la federación, dispone de mecanismos que pueden mover a los gobernadores, en un buen número de casos, hacia el cumplimiento de su deber. También es cierto que la sociedad, y dentro de ella el magisterio, suele encontrar fuerzas que alimentan su determinación para no perder aquello que la anima a sobrevivir y continuar luchando en el camino de la superación. Esto es lo que ha permitido que los casos deplorables no hayan arrasado con todo y que sea posible encontrar el momento de retomar los propósitos.

Los funcionarios situados en las altas jerarquías de los distintos ámbitos de gobierno tienen la responsabilidad de asegurar que el mandato constitucional y legal se cumpla. No cabe la falta para impedir que lo que está previsto suceda. Para ello es indispensable seguir las estrategias planteadas y dar seguimiento a los distintos tramos que deben llevar al cumplimiento de las metas en los tiempos trazados. También es indispensable que los grupos de funcionarios que intervienen en la gran cantidad de tareas que se llevan a cabo en el sector educativo respondan al perfil profesional correspondiente y que sean reforzados en la capacitación que asegure su buen desempeño. Las cualidades exigibles para todo servidor público deben ser especialmente cuidadas en los funcionarios abocados a apoyar de distintas maneras el trabajo de las escuelas. Deben ser especialmente probos, colaborativos y responder a la conciencia de cuanto implica la tarea de educar.

Al reunir estas condiciones, la autoridad se encontrará alerta, al pendiente de que cada tramo de responsabilidad sea efectivamente observado; estará atenta al funcionamiento de las escuelas, las asistirá en lo que requieran y velará porque en ellas la normatividad sea debidamente observada.

 

La transición gubernamental

Aceptemos que en una materia de tanta trascendencia es inadmisible el incumplimiento de las obligaciones que a la autoridad conciernen. Es así como será posible tener una argumentación consistente que permita responder a los embates externos a los que la Reforma puede quedar expuesta durante la próxima transición gubernamental. Esta administración, responsable de la iniciativa y de su puesta en marcha, debe aprovechar al máximo el tiempo aún disponible para afianzar los propósitos, robustecer las bases de las que se ha partido, persistir en el convencimiento del magisterio abonando en las razones que motivaron la propuesta del cambio y abundar, con hechos, en los motivos por los cuales el desarrollo, la dignidad profesional y la figura social del maestro resultarán sumamente fortalecidas.

Habrá de considerarse el tipo de posibles cuestionamientos que vendrán aparejados a la coyuntura electoral. Es proba­ble que, infundadamente, se pretenda desconocer la verdadera dimensión de la Reforma y se le intente reducir a la evaluación del desempeño docente; y que se soslaye, además, la importancia del mérito. Es previsible que se insista en el supuesto atentado a los derechos laborales y se sobreexpongan los problemas que ha encontrado el proceso de evaluación; que se haga materia de comercio electoral la promesa de suprimir las supuestas amenazas adjudicadas a la evaluación. Sobre estas falsas premisas se podría enfatizar la oferta demagógica de anular el mecanismo del concurso para lograr el acceso, permanencia y promoción en el servicio educativo.

Ante todo lo anterior, habrá que tener en cuenta que el proceso de mejoramiento progresivo de la educación nacional no puede ni debe impedir que el próximo gobierno ejerza su derecho a dar su propio impulso al quehacer educativo organizado por el Estado. Es parte de su obligación jurídica, política y moral. Para ello, deberá revisarlo todo a fin de identificar lo que la educación requiera para continuar en el camino de su superación. La continuidad de la reforma seguramente exigirá reconsideraciones, ajustes y el tiempo nos dirá si algo más; algunas rectificaciones o precisiones podrán recaer sobre aspectos conceptuales y otras tantas atender temas diversos concernientes a la instrumentación. Todo esto deberá ocurrir después de un análisis y discusión cuidadosos y responsables, sin poner en riesgo el propósito de continuar luchando por una educación pública laica, obligatoria, inclusiva y de calidad. Sin embargo, ¿cómo cabría pensar en un borrón y cuenta nueva cuyos efectos resultaran tan nocivos y costosos para la educación? ¿Acaso existe un cúmulo de aberraciones que amerite el desconocimiento de lo que se ha avanzado, respondiendo a una intención de complacencia electorera? ¿Cómo desconocer en un puro acto de demagogia el valor del esfuerzo y el tiempo invertidos en la materia en la que de verdad se cifra la esperanza de construir un mejor país? Recordemos, además, que las decisiones importantes que fueron adoptadas para la construcción de estas políticas educativas fueron objeto de minuciosos análisis, discusión y debate entre expertos y, posteriormente, entre representantes de las fuerzas políticas, todo lo cual condujo a la reforma constitucional que fijó la expresión de una voluntad colectiva.

En adición a las anteriores consideraciones me permitiré exponer las razones que hacen posible sostener que este esfuerzo conjunto no puede ser sacrificado en aras de reacciones y resistencias que fueron esperables desde el momento de escribir y aprobar las reformas legales.

En lo general, habrá de tenerse en cuenta que la asimilación del nuevo planteamiento pedagógico no es una cuestión que pueda quedar resuelta en un sólo impulso, por más empeñoso que éste pudiera ser. Exige de un quehacer permanente por parte de autoridades, escuelas y maestros. La adopción de los nuevos métodos de trabajo requiere de un continuo ejercicio de comprensión, que de ninguna manera se agota en poco tiempo ni se aprende de una vez y para siempre. Por el contrario, el nuevo planteamiento supone una actitud dispuesta al aprendizaje continuo, a la reflexión sobre toda nueva experiencia, a la observación permanente sobre las formas de aprender de los alumnos y a las maneras en las que sus dificultades deben ser atendidas. Hay que decirlo: la práctica de los nuevos principios y métodos de trabajo que forman parte del espíritu global de la reforma exigen de manera primordial que el sistema responsable de los resultados tenga la capacidad para favorecer el modelaje de un nuevo maestro, entendiendo que esta ambiciosa tarea puede ser realizada al poner en juego los medios e instrumentos de los que hoy se dispone. Esta aspiración no es en sí misma una utopía pero sí se dirige hacia ella, y es por eso una gran tarea que no puede ser llevada a cabo sino de manera gradual, progresiva, persistente y presidida por un sentido de responsabilidad compartido. De ese sentido de responsabilidad debe participar cada pieza integrante del sistema educativo. El alto sentido del propósito exige el compromiso de muchos más.

El mismo proceso de instrumentación de la reforma ha debido hacer importantes rectificaciones a fin de asegurar la consecución de sus propósitos primordiales. Las evaluaciones sobre el desempeño, practicadas al inicio de la administración, adolecieron de fallas en el diseño y en la aplicación; esto motivó a que la autoridad administrativa y el organismo técnicamente competente —la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE)— hayan procedido a las rectificaciones del caso. En congruencia con ello, es necesario, como se dijo al inicio, fortalecer el principio según el cual el magisterio en servicio debe tener a su disposición oportunidades de capacitación y formación continua que le preparen en el mejoramiento de su desempeño y, en consecuencia, lo habiliten ante la evaluación.

Es necesario afirmar que el NME no sólo comprende un conjunto de propósitos cuya realización es posible, sino que, además, responde integralmente a las necesidades que no pueden dejar de atenderse. Por otra parte, se han asumido determinaciones y se han dado pasos importantes que van en el sentido de su realización. La cuestión está en sostener la voluntad política, más allá de la mera lucha por el poder, sin dejar de mirar el objetivo y siguiendo la estrategia que asegure continuar sobre el proceso de cambio en los diversos frentes.

Si se revisan cuidadosamente las bases de la Reforma, es posible constatar su solidez conceptual, así como su pertinencia para impulsar el mejoramiento de la educación. Desde luego, hay aspectos que deberán corregirse, mejorarse y acelerarse. Unos y otros deben ser sometidos a discusión en todo cuanto sea necesario. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a lo largo de estos años, la Reforma Educativa ha sido sembrada e iniciada, y está aún sujeta a un trayecto tan largo como el comprendido por los ciclos de educación básica y media superior que, se supone, habrán de cursarse a partir del próximo ciclo escolar con los nuevos planes de estudio y bajo la concepción pedagógica que ha sido adoptada. La materialización del NME es un proceso que reclama continuidad y gradualidad; exige multitud de tareas y acciones que implican escalonamiento, son complejas y conciernen a la SEP en sus diversas dependencias y niveles de responsabilidad, así como a las autoridades estatales, a fin de que las dinámicas previstas puedan producirse al interior de la escuela y del salón de clases.

El sistema entero deberá apropiarse del modelo. Esto implica a los maestros desde la nueva formación inicial por la que habrán de transitar a medida que avance el proceso de fortalecimiento y transformación de las escuelas normales, así como a los docentes en servicio, mediante los programas de formación continua que les permitirán adaptarse a los nuevos planes de estudio, así como al planteamiento pedagógico que les dará pleno sentido. Será indispensable persistir en los procedimientos de ingreso y otorgamiento de plazas basados en la evaluación que hará posible el reconocimiento al mérito. Los procesos de evaluación para el ingreso y el desempeño deberán perfeccionarse continuamente hasta quedar plenamente a la altura de la dignidad profesional del profesor. Por ningún motivo se deberá regresar a las prácticas indebidas del pasado. La escuela deberá ser incansablemente impulsada hacia el centro que el modelo prevé para ella y en el que podrá estar situada una vez que la burocracia esté entrenada para servirla sin regateos y auspicie la dinámica interna que debe llevarla al logro de los aprendizajes esperados. Esto no puede ocurrir sino a través de un proceso prolongado que no admite interrupciones.

No olvidemos tampoco la importancia de la participación de las madres y padres de familia. Ellos juegan un papel fundamental tanto en el desempeño académico de sus hijos, como en el desarrollo de su seguridad y, por supuesto, en la formación en valores para la convivencia.

Lograr que la educación nacional alcance plenamente la categoría de la inclusión supone un trabajo incansable en muchos sentidos. Es un asunto que toca a la justicia en lo esencial y, por tanto, es irrenunciable, pero implica la continuidad de esfuerzos para vencer la falta de oportunidades en muy diversos frentes.

Algunos de los componentes del NME aquí enunciados plantean cuestiones envueltas en un alto grado de complejidad. Tal es la que se refiere a la reforma de las normales y, por supuesto, la que tiene que ver con el propósito de que los profesores en servicio materialicen en su práctica docente el nuevo planteamiento pedagógico. Esto se relaciona con el objetivo de que los planteles pongan en ejercicio la autonomía escolar, construyan ambientes de aprendizaje, favorezcan la creatividad, asuman las implicaciones de la diversidad, eliminen las barreras para el aprendizaje y la participación que enfrentan los alumnos, y lleven a la práctica la contextualización y el aprendizaje situado. Implica la activa y decidida participación del magisterio y de su representación gremial, sin confundir ni invadir los ámbitos de responsabilidad de la autoridad, la cual deberá ejercer cabalmente sus atribuciones sin las prácticas indebidas que tanto daño hicieron a la educación. Se trata de propósitos irrenunciables, porque de ellos depende el logro de una educación que cumpla eficazmente con los fines y principios del artículo constitucional.

Es posible constatar por qué los resultados de la Reforma sólo podrán medirse una vez transcurrido el tiempo necesario para actuar debidamente sobre los componentes que forman parte del NME. De la eficacia en el funcionamiento de este complejo, de su debida integración, depende lograr la educación inclusiva y de calidad que ordena el mandato constitucional.

Estoy convencido por ello de que la reforma representa un reto por el cual vale la pena realizar todos los esfuerzos necesarios. La educación nacional requiere de ello, luchar sin desmayo una y otra vez, reponernos de los momentos de debilidad, de las desviaciones y las deformaciones que han afectado seriamente la eficacia del sistema educativo y que por momentos largos han detenido su evolución hacia el horizonte deseable. La actual Reforma nos ha permitido llegar a este momento de oportunidad en el que ha sido posible plantearnos un NME concebido y diseñado, en cada uno de sus componentes, sobre bases correctas, y que sólo fue aprobado después de una amplísima consulta que permitió escuchar una gran variedad de voces que contribuyeron a su mejoramiento. De ahí que sea posible encontrar en él la fuerza que nos impulsa a caminar en la dirección marcada por el deber.

Es frecuente escuchar la expresión de duda sobre si el ambicioso planteamiento pedagógico tiene verdaderas posibilidades de convertirse, en un plazo visible, en la poderosa palanca de cambios que el país requiere, en la práctica cotidiana que de manera generalizada guíe el aprendizaje en el salón de clases; duda de si podrá ser aplicado en una realidad cuyos lastres, rezagos y deficiencias tienen un peso de proporciones que parecieran suficientes para sofocar la iniciativa que soporta la Reforma. Desde luego que existen motivos para dudar: los errores, el tamaño de los retos, la complejidad de los procesos, la adversidad visible, el tiempo disponible y un largo etcétera. La duda debe asistirnos con la intensidad de una luz de alerta, necesaria para tener en cuenta la ruta difícil, poblada de amenazas y restricciones, por la que habrá de transitarse para alcanzar los objetivos. Es indispensable poner en juego la previsión, todas las acciones necesarias y no permitir que nos invadan el escepticismo y la confusión ante la proximidad del término de la actual administración. Los mexicanos no podemos condenarnos a no salir de donde ahora nos encontramos, ni dejar que el ánimo abandone el extraordinario impulso que la educación ha recibido durante estos años. Será muy difícil ver llegar una nueva oportunidad si dejáramos pasar la que ahora está en curso. El reto que nos hemos impuesto es sustentable, pero hemos de darle viabilidad mediante el cumplimiento de las condiciones que lo harán posible. Es poco lo que la educación nos exige en comparación a lo mucho que ella nos devuelve, y se trata de la materia que con mayor fuerza condensa y proyecta el interés común. ¿Por qué entonces no decidirnos a estar todos a la altura de la responsabilidad y la entrega que ella nos demanda? En el quehacer educativo de un país, y más en el de un país como el nuestro, no sólo los niños, los jóvenes y los maestros están abocados a aprender; es la tarea que por definición nos concierne a todos si de verdad aspiramos a ser mejores, a ser libres y dueños de nuestro destino. Ésta es una batalla en la que venceremos si sostenemos el ánimo y llevamos a cabo lo que está prescrito en la estrategia.

A algunos les parecería que una Reforma Educativa de este calado no debía ser emprendida en el clima de incertidumbre en el que hoy nos toca vivir, como si lo mejor fuera quedarnos quietos sin intentar una reforma que nos plantea enormes retos y serias exigencias para alcanzar sus ambiciosos objetivos. Me parece que la cuestión debe ser planteada en un sentido diferente: cómo no pensar que en el ambiente de quebranto moral por el que hoy atravesamos, en medio de las debilidades de las que nuestra cultura democrática ha podido dar cuenta, ante la fragilidad de nuestro Estado de derecho, ante las rupturas que padecen nuestras formas de convivencia y frente a las amenazas de continuar en el deterioro, la educación ha de ser la que haya levantado la voz para recordarnos que el camino que ella ofrece, más que ningún otro, es el que tiene la posibilidad de llevarnos a superar nuestros grandes problemas a partir de lo único que puede ser consistente en el tiempo: el fortalecimiento y el desarrollo de la conciencia individual y colectiva que ella tiene encomendada y a cuya misión histórica no puede renunciar. EstePaís

 

_________________

Miguel Limón Rojas fue secretario de Educación entre 1995 y 2000. En 1998 la UNESCO le otorgó la medalla Avicena. Es socio fundador de VALORA Consultoría, S. C. y presidente de la Fundación para las Letras Mexicanas.