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#CuerposVigilados : Cuadro al óleo queer sobre lienzo hetero

Alex M. Azpiri | 12.09.2017
#CuerposVigilados : Cuadro al óleo queer sobre lienzo hetero

 Y a veces, el cuadro no está determinado por sus cuatro paredes, sino que se expande, se sobre-codifica y se desborda en micro-cuadros burbujas, cuadros redondos, cuadros espirales, cuadros-tuits, cuadros-selfies en 4D, cuadro-texto, cuadro-palabra, cuadro-bandera, cuadro-canción, cuadros-cuerpos, cuadros-fantasmas, cuadro-raíz, cuadro-árbol. Cuadro-enredadera y plaga que se expande a lo alto, ancho, profundo y temporal de tantos cuerpos como cuadrículas modulares pueda un cuerpo soportar. ¿Qué puede una modulación y no tanto qué pude un cuerpo?

Se expande, por ejemplo, a tus deseos libertarios, cuando a-vistas un territorio fuera-de-cuadro, un territorio de libertad. Un desnudo que sólo está fuera-de-cuadro pero que ya también está en-cuerado y en-cuadrado incluso antes de producirse o actualizarse: territorio de la seducción (o de la liberación) hacia donde vuelven todas las partículas a cuadricularse en la malla modular de la representación. “He aquí un cuerpo minoritario”. “He aquí la diferencia”. “He aquí la libertad”. Encapsulado en sus propias consignas al reino hipervisible de las proporciones áureas de la aceptación: “viva la visibilidad”. Y en ese grito, himno y poema libertario, el círculo cromático arcoíris se expande hacia todas las periferias en torno al mismo movimiento centrípeto porno-newtoniano: el de los cuerpos blancos y sexuados.

Y, al momento de fijarse un cuerpo en el espectro de la diversidad de colores, se constituye este cuerpo, a su vez, como centro y punto de fuga de otras posibilidades. Posibilidades de un modelo, siempre sometidas a tantas jerarquías pigmento-cráticas y falo-geométricas como mallas hayan capturado el deseo de escapar y producir. Líneas de escape que se convierten en escaparates, vitrinas vitruvianas y focos de luz. Líneas que vuelven todo el tiempo al mismo punto de fuga de un ojo óptico, inmóvil, humano, unívoco. Todo un show piro-técnico de representaciones fractalizadas y diversas, cuerpos dragueados bajo las reglas del mismo juego óptico: el de la liberación, la modulación/colonización/expansión de un mismo cuerpo y la salida del clóset: no importa qué clóset; la razón siempre construirá, en cualquier intento del cuerpo por escapar a la luz, un cuadro-ventana o una salida en las paredes de la mazmorra, la madriguera o la caverna, hacia donde el cuerpo quiera necia, seductora y libertariamente ser trazado y figurado por la luz del sol o por el brillo de pantalla: una invitación, un slogan libertario, un confesionario, una bio-metría arco-iris, una foto-grafía, una captura. Juego de la aceptación que pasa por la capacidad de poder representar y limitar, a proporciones vitruvianas, la diferencia: si no es representable no es aceptable y si no es aceptable no es consumible. Si no se libera: no existe.

He aquí las proporciones de un cuerpo en perspectiva central, blanco, hetero, activo y con lugar. Y he, a continuación, después, en consecuencia, en sucesiones ascendentes y descendentes, sus posibilidades de torsión. Sus posibilidades de habitar, sea en cuerpo monogámico, poli-amoroso, orgiástico o desexuado, otros territorios y otros puntos de fuga. Y fundirse, en moléculas colonizadoras y virales, hasta poblarse y auto-regularse en diversos, posibles y aceptables estiramientos de un cuerpo-modelo; no estático sino modulable incluso ahí donde pareciera escapar a sus proporciones aceptables: cuerpos mutilados, cuerpos negros, cuerpos indígenas, cuerpos asexuados y cuerpos femeninos re-ajustados y en-cuadrados a las posibilidades perspectivistas de una misma imagen y un mismo cuadro; sometidos a un mismo centro óptico y calculables desde ahí: cuerpos desplegados geométricamente y girando a nivel diverso-cromático en torno a un mismo corazón, a un órgano sexual (no importa qué órgano haga la función de penetración/excreción), a un rostro, a un solo Dios, un ojo, un hombre, un centro. 

Todo lo fotografiable, capturable, iluminable y encuadrable de un cuerpo, siempre dentro de un relato de riqueza-pobreza, belleza-fealdad (cuadro al óleo dentro de otro cuadro al óleo), no es sino los fragmentos ópticos de lo humanamente posible (o visible), de lo aprehendible por el ojo humano, sobre-codificado para ver desde su órgano porno-visual y ex-traer, a su campo oleóico hipervisual, la materia vuelta relato, figuratividad; no importa si es un falo, un rostro o un ojo: es el mismo centro o la misma función central de captura visual: ojo-cámara, pene-disparador, vagina/ano ob-turador.

El sueño de la visibilidad no es sino un juego de luces donde salir a la luz o ser iluminado supone re-habitar, en un mismo espacio geométrico y homogéneo, la casa-modelo de una ventana y una celda en un panóptico multicolores modulable. Se pasa del cuadro-clóset al cuadro-celda y, desde ahí, no hay “más que” un desplazamiento entre lo obscuro y lo luminoso, lo inmensurable y lo mensurable; una caída o un ascenso, dependiendo de las fuerzas y las líneas, hacia un régimen de extrema inteligibilidad: este es tu cuerpo, estas son tus proporciones, esta ERA tu diferencia, esta ES tu diversidad; desnudad y girad en torno a la torre y punto de fuga central, que esta es la luz que os somete a la libertad: tus órganos miden y pesan equis cantidad y tu potencia (disminuida en el proceso de re-copiado del modelo) alcanza solamente estos umbrales, estas ventanas, estos cuerpos, estas imágenes, estos movimientos, estos trazos, estas fugas, estos productos, estos cuadros.

Un cuerpo sujetado a la liberación de la hiper-visibilidad sexual y óptica del entramado social: soy gay, soy bi, soy trans, soy anarco, soy queer, soy mujer. Un cuerpo que, al momento en que es liberado de la mazmorra, es sometido al cuadro de cultivo y de experimentación limitada por los márgenes geo-cromáticos del microscopio social y el macroscopio individual: cultivo publicado y publicitado en los escaparates médico, empresarial y fármaco-pornográficos de los cuerpos visibles y pornificables: esta ERA tu patología, ahora ES tu normalidad, caminad con orgullo, consumid con libertad.

Sólo se a-vista una ventana como cuadro libertario: dentro-del cuadro o fuera-del-cuadro, bajo las mismas reglas ópticas y pan-ópticas de la representación que cuadriculan el cuerpo-figura-uno, y que puede desplazarse a tantos fondos-relatos sea posible la expansión de ese primer cuerpo genérico (blanco-homo-hetero). Ergo, un cuerpo-figura emergido del fondo perspectivista de la imagen-mundo puede desplazarse a cualquier otro punto del territorio de la representación, de la figura-fondo, causa-efecto, en un espacio homogéneo y de perspectiva central; y mutar sólo geométricamente en un cualquier cuerpo-otro pero siempre a partir y en relación de-creciente y causal de su propio punto de partida, siempre en función de su primera proporción, su primer áurea, su primer adán-y-eva, su primer ojo, su primer hombre blanco, su primer punto de fuga: Dios.

 No importa que la celda o el cuadro sea un cuarto obscuro, los haces socio-infrarrojos de iluminación nocturna y alienación senso-motora pueden capturar la figura, el órgano y el rostro; la mano vaciar su potencia táctil y volverse mano-óptica del deseo capturado por las expectativas y líneas-de-escaparate del punto central. Todo un régimen luminoso que se actualiza en el día o en la noche y que borra los umbrales liminares, crepusculares, superficiales, las membranas, las cáscaras, las intensidades. Y que, en su relato geométrico, rostrificado y sexualizado, genera datos, informes de deseo, líneas de captura de cuerpos-otros, gráficas poblacionales, cercas, mallas modulares y más cuadros: siempre un cuadro ópticamente dentro, fuera, atrás o adelante. Mallas de control.  

Un atrás y adelante mediante el cual el espectador puede entrar y salir del escaparate, la pantalla, la cámara, el cuadro; en dirección, y ritmo geométrico y lineal, del movimiento perspectivista in-móvil. Entrar y salir uni-direccionalmente: activo/pasivo, pene/vagina, pene/ano, pene/boca, sin otro movimiento que el de las líneas trazadas por el punto-cuerpo-figurado primario: el cuerpo hetero. Dualidad primaria desde donde escapan todas las líneas de la representación y a la que, cada rostro hiper-visible y libertario, afirma solamente la univocidad arborescente de sentido y niega la diferencia. Punto primario desde donde parten sucesiva y jerárquicamente todas las figuraciones y relatos causalistas: principio/hetero-desarrollo/queer-fin/hetero: uno-diverso-uno; blanco-arcoíris-blanco.

El espacio óptico genera este otro movimiento, cuadro o campo de acción-reacción: la relación primaria de campo-contracampo, de lo encarnado en el cuadro y lo virtualizado fuera del cuadro, desde cuyas líneas narrativas, geométricas e uni-direccionales: invita, seduce, publicita y forza a la reacción sensomotora de “entrar a cuadro”. ¿Qué no puede un cuerpo, una molécula, una figura, un encuadre hetero?, sigue siendo una pregunta en función del centro primario a cuya reacción corresponderá colmar esos espacios virtuales de la primera figura, en un movimiento de contra-campo, contra-acción, reacción, que simplemente actualizará el contra-relato del mismo relato, su otro sujetado a sí mismo, su propia fuga uni-direccional, su contra-estadio espejocular, su figura en la sombra iluminada por su rostro y su ojo; en cada bandera y cada liberación/sujeción que pida a gritos entrar a campo, sujetarse a cuadro, escaparate, vitrina y celda modular, publicitaria y panóptica. “Es mi turno en el árbol de la vida”. Poco importa si se actualiza o no el contracampo, siempre está presente, en una tensión seductora de reconocimiento y de sueños pre-establecidos de liberación, pre-diseñados, pre-trazados, pre-figurados, pre-encuadrados. Escaparate de un espectador libertario, producido según las mismas reglas que lo sujetan al centro del que hab(r)ía sido expulsado antes o después de entrar en resonancia y codificación con el espacio óptico de la representación y univocidad vitruviana y perspectivista de los cuerpos humanamente posibles. “Bienvenido al humanismo; bienvenido a tu cuerpo (a este cuerpo)”.

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Y a veces, o casi siempre imperceptible, entre el cuadro y el fuera de cuadro, el campo y el contracampo, la figura y el fondo, el espectador y el escaparate, la luz y la obscuridad; acontece, en el himen, crepúsculo, cáscara, membrana (sin afuera ni adentro sino a nivel de la superficie) una capa de conexiones ilimitadas, no proyectiles hacia un atrás y un adelante sino en otro orden-manada que no es óptico. Y quizá, viendo un poco de cerca, un poco sin los ojos, como al acecho eterno de una presa a media noche o a medio día, a veces des-enfocando (no basta desplazar la mirada), abriendo o cerrando los ojos a otras velocidades, cerrando las puertas de la percepción hacia otros flujos y conexiones sensoriales, surge una vibración, un punto gris en constante ebullición sonoro y táctil que no es del orden del color sino más del orden del calor, una textura pictórica no óptica sino táctil, que no se libera en ningún escaparate sino que resquebraja el óleo, resiste, fuga y no ha construido todavía un territorio o un fondo, no tiene un plan, una bandera, una figura, un contorno geométrico, una consigna, una app o una celda, sino una resistencia infinita que, al momento de ser aprehendida, desaparece en su diferencia y se vuelve diversa y figurativa. Pero eso no importa. Pues quizá, por un momento, entre los escombros de la pérdida figurativa, en la des-organización y el resquebrajamiento de la óptica del control, emerja otra figura y no una figura-otra, en otro campo de percepción, a veces o casi siempre imperceptible, que no de-venga consigna o propaganda y que afirme por un momento la diferencia.

Sin embargo, en el salir o no a la luz, someterse (o dejarse ser-hecho de un cuerpo-pan-óptico) o no, se juega la vida, la muerte y la libertad; y quizá la sujeción (que supone pérdida de potencia) al régimen hiper-pan-óptico-sexual, suponga la sobrevivencia más básica para luego resistir o crear. Hay siempre, inevitablemente, una negociación de la figura con el fondo y el punto de fuga primario, una tensión con fuerzas y líneas de captura de excesiva iluminación, normalización, sobre-codificación y vigilancia, sin cuya sujeción jerárquica un cuerpo no podría tal vez soportarse ni construirse siquiera un cuerpo-sin-órganos, ni siquiera resistir o crear, sino ser masacrado en la periferia, vaciado completamente. Pero el camino a la libertad no pasa por la visibilidad ni el re-encuadre o el desplazamiento de la mirada; este espacio óptico está dado o se reactualiza incluso antes de respirar, resta potencia y es figurable, modulable, controlable y consumible; desde su punto y torre de control central: blanco, hetero y unitario Y, un cuerpo o una vida no figurativa, no codificable, no controlable, se construye siempre en movimientos de fuga constantes y nómadas, no fijados a los límites visuales porno-pan-ópticos del control. Pues cuando se fuga una línea a otro orden no geométrico, no pan-óptico, no racional, no lineal, no narrativo, no controlable, no profundo, no aéreo, sino superficial, sensorial y de ilimitadas conexiones; y afirma la diferencia y no la diversidad; funda un pueblo (nómada) y no una nación ni una bandera (sedentaria): no se vuelve escaparate, deviene imperceptible.

 

San Sebastián, Francesco di Gentile da Fabriano (1460-1500)

 

 

 

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