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Manual para zurdos: (miscelánea) agosto de 2015

Claudio Isaac | 01.08.2015
Manual para zurdos: (miscelánea) agosto de 2015

Lo salado y lo fiero

Para aquel que tiene la fortuna de conocer la obra del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, con sus imágenes grandiosas de humanismo exaltado y proporciones bíblicas, el documental La sal de la tierra (2014), codirigido por el veterano Wim Wenders y el hijo del artista Juliano Salgado, resulta una elocuente confirmación. Para los demás, será un descubrimiento mayor, estoy convencido. Este largometraje no solo conmueve al mostrarnos una porción significativa de los ciclos creativos del artista durante los últimos cuarenta años sino que nos redobla la admiración al hacer patente la integridad y congruencia del ser humano detrás de la cámara. Por vocación extrema, Salgado se ha ausentado de casa por meses, y hasta años, cubriendo guerras, hambrunas, migraciones desesperadas, y aún así han resistido al tiempo su matrimonio y la relación con su hijo único. Quizás esto se explique a través de la incuestionabilidad de su apostolado como fotógrafo que con todo y su maestría rotunda insiste en llamar sus series temáticas con el modesto nombre de “reportajes”.

El ritmo de la película es reposado y la forma goza de una sapiente templanza, carente de aspavientos. Aunque existe un grado de dificultad, un riesgo enorme de parte de los cineastas en el momento en que decidieron emular la índole de las imágenes de Salgado en la fotografía del documental mismo. El resultado podía haber sido intrusivo o irrespetuoso, arrogante y, sin embargo, lo que se logra es una uniformidad visual que protege y facilita el discurso esencial. Incluso se echa mano del temerario recurso de dramatizar la entrevista a Salgado (misma que va y viene, constituyendo una columna vertebral en la estructura de la cinta) al filmarlo en un enfático acercamiento, en un blanco y negro muy contrastado y rico en textura, a la manera del trabajo del tributado. En el que puede considerarse el momento culminante del testimonio a cámara, tras narrarnos su experiencia en un campo de refugiados, casi con lágrimas en los ojos, contrito pero ecuánime, Salgado declara, contrario a todo el humanismo que su trabajo expresa: “El hombre es una criatura fiera y destructiva, no merece, no merecemos sobrevivir...”.

La sal de la tierra deja en claro la consistencia inigualable de la trayectoria profesional de Salgado pero, sobre todo —y esto representa la mejor sorpresa del filme—, da fe de la estatura del ser humano. Uno de los más recientes proyectos de Salgado con su mujer Lélia consiste en recuperar el bosque tropical de la zona donde se ubica la finca donde nació Sebastião. Al abordar este capítulo, la película permite que el fotógrafo desmienta el ideal (bello y un tanto autojustificatorio) de Rilke respecto a que “lo mejor de un hombre dedicado al arte queda en su obra”. Aquí, con su triunfante programa de reforestación, el matrimonio Salgado nos parece heroico, magnánimo, valiente y eficaz. Demuestran su valía en el terreno de la vida real, muy aparte de la creación artística, y ponen un verdadero ejemplo de lo que se puede hacer por esta Tierra a la que hemos salado.

 

Remedio

Dada la avaricia de nuestro mundo civilizado, da la impresión de que si el planeta nuestro ha de salvarse, revirtiéndose el desequilibrio ecológico y la contaminación, será por las peores razones, es decir: por el descubrimiento de la conveniencia económica de abocarse a la industria verde y las empresas sustentables. Pero para que el remedio sea duradero y definitivo habría que disolver la cadena de avaricia de la que el mal deriva, se requeriría de acciones concertadas a la manera del proyecto de Salgado, porque en ellas se cura el planeta mientras se cura por dentro el hombre, cambiando su perspectiva vital.

 

El hombre devoto

He aplicado las palabras bíblico y apostolado al oficio de Sebastião Salgado solo con la intención de transmitir su intensidad. Por supuesto se trata de un personaje secular cuya vida y obra están cargadas de una patente esencia espiritual. Se diría que el hombre es un devoto de la vida misma.

 

Frase del mes

“Los bienes terrenales implican pobreza y temor; solo el haber poseído algo y haberlo dejado ir garantizan una posesión despreocupada.”

Rilke

 

Retribución

Hablando de Rainer Maria Rilke, al margen de las biografías que lo idealizan como el poeta en estado puro o las que lo reprenden en una crítica moralizante por haber pretendido vivir con pequeños privilegios siendo un hombre de escasos recursos económicos, destaca el estudio de Ulrich Bauer que prologa la antología epistolar titulada La guía del poeta para la vida, reeditada recientemente como Cartas para la vida, acentuando así que se trata de la sabiduría de más de once mil misivas reducida a un par de centenas de párrafos excepcionalmente lúcidos con reflexiones existenciales y consejos respecto a cómo encarar asuntos del diario vivir. En oposición a la idea de que el poeta quería pasear por palacetes y codearse con la aristocracia, Bauer señala que lo que Rilke procuraba ante todo era mantener el estatus de su soledad radical, esa condición que consideraba idónea para dedicarse de lleno a su misión de escribir poesía. La antologadora Nuria Parés cita la anécdota de Paul Valéry, quien tras visitar a su colega en Muzot dijo: “Me parece inconcebible una existencia tan aislada, una sucesión de inviernos interminables en tal abuso de intimidad con el silencio”. Para poder contar con este lugar de retiro era favorecido por mecenas y patrones a quienes en gratitud dedicaba poemas pero también, y esto se convertía más aptamente en moneda de cambio, les dirigía extensas cartas que exudaban claridad y experiencia vital, emitían advertencias y exhortaciones sobre la vida y cómo dotarla de sentido e impetuosidad. Era su manera práctica de retribuir favores recibidos. Así, si el legado poético no fuera suficiente, nos quedan las cartas, que en lo terrenal son como los árboles de Rilke, el equivalente al bosque sembrado por el fotógrafo Salgado y Lélia, su mujer.

 

¿Imitando a la vida?

Cuando ya se creía resuelto el tópico sobre “el arte imitando a la vida” o su consabida vuelta de tuerca “la vida imitando al arte” regresa alguna oleada teórica que recicla la cansada discusión y le da apariencia de vida a un tema muerto. ¿O será que la necedad es la gran recicladora? El pensador social Cornelius Castoriadis plantea una vibrante propuesta cuando toma como ejemplo la novela El castillo de Kafka: “Nadie ha vivido en un mundo como ese, y todos hemos vivido en ese mundo una vez que hemos leído El castillo. La creación es esto”. La explicación parece clara en teoría, pero, ¿qué si la aplicamos a la realidad del mundo actual, donde reina la insensibilidad? ¿Serán estas palabras lo suficientemente eficaces cuando el asunto es recibido precisamente por la ignorancia de los que el mismo Castoriadis llama “un público hipercivilizado y neoanalfabeto”?

 

Rilke rima

Cada traducción de un poema o poemario tiende a iluminar un diferente ángulo de la obra y su autor al tiempo que representa un nuevo recordatorio de la falibilidad de todo intento por traducir, de que el trabajo del traductor debe contentarse con ser aproximativo; en todo caso, lo más fiel posible al espíritu de la letra. A Rilke lo he leído en multitud de versiones castellanas de diversa fortuna, sin embargo, para todo el que no lee alemán y sí lee inglés serían aconsejables las traducciones a este idioma, más contiguo al del poeta. Otra multitud de versiones en inglés me vienen a la mente, muchas admirables: la de los Sonetos a Orfeo de Herter-Norton, la de las Elegías de Duino por David Young, las selecciones más amplias de C.F. Mac Intyre o Robert Bly. El año pasado apareció una edición bilingüe alemán/inglés de los Nuevos poemas (1907) a cargo de Joseph Cadora, quien al buscar mantener la rima se acerca a la musicalidad del original mientras que por necesidad pierde en precisión idiomática. Una cosa por la otra. Desde luego escuchar la rima nos trae una frescura novedosa y una cercanía particular. El libro es también recomendable por lo exhaustivo y oportuno de sus notas a pie de página, que son realmente iluminadoras porque desde el detalle nos reconstruyen contextos complejos, circunstancias determinantes muy específicas.

 

Utilitario, complementario

Inútilmente, me he pasado la vida obcecado con pruritos de integridad, temiendo corromperme con alguna influencia perniciosa del mundo exterior. Cada vez me resulta más claro que el artista puro no existe. No es deseable que exista. Un oficio utilitario dignifica, sitúa en el mundo. Tras repasar la obra maestra que es el libro Trabajadores de Sebastião Salgado, en el que retrata a obreros de todo el mundo bajo el común denominador de la explotación brutal y sin acotamiento, me percato de que la visión del autor hubiese sido más corta o menos reveladora si este no fuese previamente economista de profesión, si no se hubiese insertado en la vida desde una perspectiva acaso grosera, acaso pedestre, pero bien fincada en la realidad.

 

Recuperado

La sal de la tierra, paralelamente, me reconcilia con Wim Wenders, a quien admiré tanto hasta los años ochenta, antes de que se fuera perdiendo entre veleidades, indulgencias y la engañosa luz de Hollywood. Este trabajo es un retorno al rigor donde lo mejor de Wenders queda recuperado.

 

Telúricos

Ciertas asociaciones de ideas han provocado que aquí se vayan barajando una y otra vez los nombres de Salgado y Rilke, quienes, fuera de ser creadores de excepción, no guardan mayor afinidad. La ocasión se presta para apuntar al poeta cuya obra pudiera resultar más cercana a la del fotógrafo brasileño: Saint John Perse, cuyos versos amplios evocan el magma, la materia en ebullición, los elementos básicos a la intemperie, lo telúrico agreste, lo cósmico en juego con lo más íntimo de la entraña humana; lo humano antes de la civilización, sin cortinajes o escenario elaborado, lo humano descarnado.

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Escritor, artista plástico y cineasta, CLAUDIO ISAAC (1957) es autor de Alma húmeda; Otro enero; Luis Buñuel: A mediodía; Cenizas de mi padre, y Regreso al sueño. Su novela más reciente se titula El tercer deseo (Juan Pablos Editor, 2012).

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