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MIGRACIÓN: Las migraciones en México en el contexto de Mr. Trump*

Gustavo Verduzco | 01.11.2017
MIGRACIÓN: Las migraciones en México en el contexto de Mr. Trump*

Trump ha llevado a puntos de tensión varios temas en México. Por ello, después de conocerlo, vemos ahora que es mucho más sano para nosotros confiar en la seriedad de las instituciones estadounidenses que en su perverso tuiteo. Dicho esto, observamos que al lado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), de suma importancia para México, está el tema migratorio que tiene varias caras, no todas ellas conocidas por el público. Una, es la de las repatriaciones forzadas de personas que nacieron en México y que han vivido en Estados Unidos (EU) sin documentos, ya sean pocos o muchísimos años.

Lo anterior ha ido aparejado con un tema de preocupación humanitaria debido al envío forzado de integrantes de familias mexicanas que repentinamente se ven separados de sus seres queridos y enviados a México contra su voluntad. Ésta es una dolorosa situación que lleva ya ocurriendo más de una década, y de la que Trump alardea diciendo que todavía habrá más. No sabemos si será por ignorancia o por indiferencia, pero tanto la prensa como el público mexicano en general no se han visto tocados por esas tragedias; los números, sin embargo, no engañan: entre el 2005 y el 2015 fueron “removidos” de EU 2.7 millones de personas nacidas en México. El año 2013 fue el de mayores remociones con 310 mil, pero Trump amenaza con ir más lejos que Obama. Desafortunadamente, en las noticias de México se ha mencionado que los repatriados son “criminales” (traducción literal del inglés criminals), pero el significado de esa palabra en inglés dista mucho del significado en español. Son simplemente “infractores de la ley”, situación que los coloca en un contexto menos amenazador. Además, de todos los removidos, casi la mitad (47%) no han tenido faltas, y el 43%, cometieron alguna falta administrativa que en la mayoría de  los casos fue menor.

En este contexto, cambiar el vocablo calcado del inglés “criminal” por la expresión “falta administrativa” es de suma importancia, a pesar de que la prensa mexicana, quizás por ignorancia, no haya querido dar cuenta de ello. En la mayoría de los casos se trata de faltas administrativas menores, como beber o emborracharse en la vía pública o desobedecer el reglamento de tránsito. También es cierto que un porcentaje menor (difícil de captar en la mayor parte de la cifras) cometió faltas mayores que, al ser enviado de vuelta a México, ya purgó en aquel país.

Otra cara de la migración mexicana a EU es aquella que muestra la cantidad de migrantes mexicanos que viven allá, y que detalla si el flujo desde México va a la baja o no, y qué tanto. Al respecto, tenemos primero que diferenciar entre un flujo indocumentado que ha sido el mayoritario a lo largo de los últimos 35 años, y el otro flujo documentado y perfectamente legal de los últimos lustros.

Al año 2016, el número total de mexicanos (nacidos en México) viviendo en EU era de aproximadamente 12 millones, de acuerdo con las fuentes más confiables: el American Community Survey (ACS) y el Current Population Survey (CPS). Por otra parte, los datos de fuentes complementarias reportan que de esos aproximadamente 12 millones de mexicanos, la mitad tiene documentos que les permiten vivir y trabajar allá con toda legalidad, ya sea porque son ciudadanos o porque tienen los permisos de residencia. Pero fijémonos bien, 6 millones es más que la población de varios países del mundo. Son mexicanos de todas las edades y de ambos sexos que pueden entrar y salir de EU con toda legalidad, así como visitar México cuando así lo desean. Éste ha sido otro cambio de peso que ha estado impactando diversas realidades sociales y económicas de aquí y de allá.

Por otra parte, entre documentados y no documentados, la mayoría se encuentran en los estados de California, Texas e Illinois, aunque últimamente hay concentraciones importantes en Arizona, Florida y la zona neoyorquina. Por otra parte, ahora también hay mexicanos diseminados por todos los estados de dicho país, sólo que en números menores, situación que no era así hace diez o 15 años. Lo que fue pasando es que el mercado laboral para este tipo de personas se fue abriendo en todo el territorio estadounidense, aunque sólo de manera proporcional al impulso económico de cada región. Pero, actualmente, ¿se siguen yendo muchos mexicanos de manera indocumentada?; ¿tiene razón Mr. Trump en querer detener este tipo de flujos con un muro?

Los datos dan cuenta de una baja muy importante en el flujo indocumentado que cruza hacia EU. Esto lo reportan repetidamente la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México (Emifnorte) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), así como quienes visitan las comunidades mexicanas que antes enviaban migrantes. Han ocurrido varios sucesos: (1) Luego de muchos años de migraciones muy intensas desde México, se fue abarrotando el nicho laboral de baja calificación que atendían los mexicanos en EU y los salarios fueron bajando, mientras que los costos por migrar, al haber más dificultades en el cruce, fueron subiendo. Recordemos también que en varios lugares de la frontera, los narcos se han apoderado del cruce ilegal de personas y ellos han impuesto costos y reglas, por lo que los incentivos para la migración indocumentada desde México han ido bajando; (2) en un sentido paralelo al anterior, al irse a EU tantos jóvenes con pocos años de escolaridad, durante más de dos décadas, esa fuente tan precisa de juventud se fue agotando, a la vez que acá en el país fue aumentando el nivel de escolaridad de los mismos, por lo que ante costos mayores con más riesgos, la migración bajó. Pero para completar este apartado también hay que mencionar que ello no ha significado que ese tipo de migración haya cesado por completo, sobre todo en el caso de los centroamericanos, quienes siguen tomando altos riesgos al cruzar nuestro país e intentar alcanzar el sueño americano.

Volviendo a Mr. Trump, las migraciones no documentadas de mexicanos difícilmente volverán a crecer como en otros años, no sólo por las circunstancias anteriores, sino también porque poco a poco, y a pesar de la ignorancia de dicho presidente (y de otras muchas personas en EU), los flujos de migración temporal de mexicanos con documentos han ido aumentando y lo seguirán haciendo. De hecho, los últimos datos señalan que a partir del 2010, las visas para mexicanos que les permiten trabajar temporalmente en la agricultura o en los servicios de baja calificación alcanzaron un promedio anual de 250 mil, lo que claramente es una cifra muy importante si la comparamos con lo que sucedía en los años dorados del llamado Programa Bracero (1942-1964), cuando las cifras anuales en promedio fueron de 220 mil contratos. En la práctica, esta estrategia ha sido una respuesta pragmática no sólo frente a la inseguridad que se observa en la frontera, sino para proveer con suficiencia las necesidades del mercado laboral particularmente en el este y el sur de EU. Al lado de esto, encontramos también que ahora se ha ido desarrollando una estrategia paralela para el mercado laboral profesional ya que también entre el 2010 y el 2015 las visas temporales de trabajo para mexicanos han llegado a casi 400 mil por año (en promedio), lo que indica que actualmente se va caminando por un conjunto de estrategias nuevas que están impulsando los flujos legales. Para los conocedores de este tema, es claro que nos encontramos frente a un cambio cualitativo en el tema de la migración a EU, lo cual resulta además muy paradójico al estar ocurriendo en las mismas narices de Mr. Trump con todo y su antimexicanismo (para no hablar más de su ignorancia).

Quizás sea ya tiempo de acostumbrarnos más claramente y sin vergüenzas a la idea de las migraciones a EU desde nuestro país, puesto que llevamos más de un siglo proveyendo a discreción las necesidades del mercado laboral estadounidense. Cierto, México es un país menos rico que nuestro vecino, pero no es que haya flujos migratorios hacia allá porque somos más pobres o menos ricos, al menos no es la única razón, ya que también la cercanía y otros atributos han facilitado la contratación de mexicanos en varios nichos laborales de aquel mercado. Algo semejante ha sucedido también en el caso de los canadienses, quienes no sólo han sido socios comerciales en general, sino que también han aportado enormes contingentes de fuerza laboral a lo largo de casi un siglo. Los hechos muestran que México y Canadá, junto con EU, han participado en varias empresas, incluida la laboral, a pesar de que oficialmente esta última se ha tratado de negar.

Lo anterior es una mirada hacia el norte, pero ¿qué vemos hacia nuestra frontera sur? Por el país cruzan desde allí personas de más de 90 nacionalidades, aunque el 97% proceden de Centroamérica, principalmente de Guatemala, Honduras y El Salvador. Entre el 2010 y el 2015, las detenciones de extranjeros sin documentos para permanecer aquí se multiplicaron al pasar de 64 mil a 177 mil para, después, bajar un poco, a 143 mil, en el 2016. Sin embargo, estas cifras no corresponden a quienes cruzan por el país, sino sólo a quienes han sido detenidos. No hay estadísticas claras sobre el número de extranjeros cruzando México hacia EU, y sólo conocemos algunas de las tragedias de los más pobres a través de la prensa. Existen las Casas del Migrante, diseminadas por todo el país y atendidas principalmente por misioneros scalabrinianos, sacerdotes jesuitas y de diversas denominaciones. Sus estadísticas sueltas dan cuenta de millares de personas “en camino al norte” cada año, sin embargo, sabemos además por otras fuentes que otros miles van cada año por caminos más seguros porque cuentan con medios económicos.

Por otro lado, está también el caso de los menores migrantes no acompañados, tanto aquellos niños mexicanos que intentan ir a EU, como los menores centroamericanos con igual destino. Entre el 2010 y el 2013, las cifras de menores (mexicanos y centroamericanos) aprehendidos por la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos andaba entre los 18 mil y los casi 40 mil casos, pero entre el 2014 y el 2016, las cifras subieron de forma alarmante, rondando los 60 y 70 mil casos.

Para lograr darnos una idea aproximada del tamaño de los flujos, recordemos que las cifras de aprehensiones son más bajas que las del flujo mismo. Sin duda alguna es apabullante pensar en tanta tragedia escondida en simples y secas estadísticas. En una visión menos trágica se encuentran los flujos de los migrantes guatemaltecos que ingresan legalmente al país de manera temporal con el fin de trabajar principalmente en las fincas cafetaleras de Chiapas, aunque con los años algunas personas han pasado a trabajar también en servicios diversos de manera legal en ciudades y pueblos cercanos a la frontera con Guatemala. Ha sido un número variable entre los 20 mil y los 65 mil por año. Con el cruzar de tantas personas a lo largo del país, se esperaba que muchas de ellas se quedaran a residir en México, sin embargo, no parece que eso haya sucedido, al menos no ha pasado así, más que en pequeños números. Ni las estadísticas ni las experiencias de los habitantes de las ciudades del sur cercanas a la frontera con Guatemala dan cuenta de que haya aumentado de manera importante una presencia más permanente de centroamericanos en aquellos lugares. De manera muy sucinta, éste es el panorama de la situación de las migraciones actuales en México.  EP

* La fuente principal de información de este artículo es el Anuario de migración y remesas 2017, publicado conjuntamente por Segob, Conapo y la Fundación BBVA Bancomer.

 

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Gustavo Verduzco es investigador de El Colegio de México.