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FLM: Revista Pliego 16Sobre los lindes entre literatura y otras disciplinas

Marco Antonio Murillo y Hamlet Ayala | 01.11.2017
FLM: Revista Pliego 16: Sobre los lindes entre literatura y otras disciplinas

En marzo de este año se presentó en la Biblioteca Pública José Vasconcelos la revista de creación literaria Pliego 16, hecha por los becarios de la Fundación para las Letras Mexicanas en el taller de Revistas literarias. La presentación incluyó los dos últimos números de la publicación: el 20, cuyo tema unitario es “Cine y Literatura”, y el 21, que reúne trabajos bajo la categoría de “Literatura expandida”. ¿En qué medida las corrientes cinematográficas permean la imaginería de las generaciones de escritores recientes? ¿Hasta dónde un objeto literario puede contener recursos pertenecientes a muy diferentes disciplinas? Estos dos números constituyen las más recientes publicaciones de la revista de la comunidad becaria, específicamente de los integrantes del taller que coordina el escritor y editor José María Espinasa.

 

Cine y literatura

No es descabellado sostener que lo visual es el medio al que más se recurre en la actualidad, lo mismo para transmitir información que para ofrecer entretenimiento. Para muchos, además, es prácticamente la única forma de acercarse al acontecer cultural y político de nuestros países. En cualquier momento del día, lo visual está presente: anuncios espectaculares, afiches, cuando transitamos por la calle; comerciales, programas e imágenes coloridas en la pantalla, cuando nos hallamos en la intimidad hogareña.

Todo comenzó hacia finales del siglo xix con el cine: pequeña maquinaria que proyectaba fotografías en movimiento y que ha ido cambiando nuestra forma de observar el mundo, de entenderlo. Desde la frenética huida de los espectadores durante la proyección de la Llegada del tren (1895), de los hermanos Lumière, cuando la máquina del ferrocarril se acercaba a ellos veloz y amenazante, hasta el detrimento casi total de la trama en pro de la imagen que propuso David Ayer en Suicide Squad (2016), pasando por la particular visión de La naranja mecánica (1971), de Kubrick, un clásico.

El cine, asimismo, es un arte que tiende mucho a beber de varios géneros y a multiplicarse en ellos. Es decir, se espera que una buena película contenga, por lo menos, música, artes visuales, literatura, teatro; pero también una buena obra literaria contiene elementos cinematográficos: focalizaciones, imágenes, flashbacks, formas de presentación de la trama y juego de cámaras con el narrador. Novelas como La invención de Morel (1940), de Bioy Casares, que propone un mundo visual cerrado, repetido, que nace y muere cada día ante los ojos de su espectador, y poesía como Trece maneras de mirar un mirlo, de Wallace Stevens, donde cada uno de los poemas se propone como un fotograma diferente de un ave, serían impensables sin las herramientas que ha aportado el cine. De esta manera vemos los poemas modernos poblarse de imágenes certeras que buscan retratar la realidad y extensas narraciones que intercambian planos y puntos de vista, como si una cámara ambulatoria fuese la mejor herramienta del escritor.

Debido a la relevancia del cine en el mundo actual y en la literatura contemporánea, la revista Pliego 16 decidió dedicar su número 20 a este arte, el séptimo arte. La idea inicial de la publicación fue revalorar la importancia que el cine ha tenido en la historia moderna de la literatura, y al mismo tiempo observar cómo las generaciones más jóvenes utilizan sus herramientas visuales para la construcción de sus textos.

El número en cuestión abre con un cuento del narrador nacido en Durango, Danush Montaño, titulado “Bruce Willis me robó a mi chica”, en el que una persona recibe una convocatoria para participar en el largometraje Noches sin luna. Posteriormente encontramos un ensayo de Eduardo Sabugal que recoge algunas particularidades del cine de Alfred Hitchcock, las cuales se pueden observar en su filme La ventana indiscreta. Muy emparentado con este ensayo está el trabajo de otra narradora, Olivia Teroba, nacida en Tlaxcala, pues en su texto “Cuando nací ya nadie hablaba de la guerra” también se delimita el espacio para hablar de cine, en este caso de la película animada La tumba de las luciérnagas. Olivia consigue mezclar la reseña sobre ésta con las cosas que vive ella misma en su casa después de haber asistido a la proyección.

En poesía se presenta el trabajo del poeta boliviano Gabriel Chávez Casasola, quien en “1972” intenta realizar una crónica de los hechos que le parecieron relevantes en ese año, mientras que Andrea Muriel traduce del inglés dos poemas de la estadounidense Kim Addonizio, “Primavera virgen” y “Noche de los muertos, noche de los vivientes”, ambos basados en escenas que podrían parecer, hasta cierto punto, clichés en el ámbito cinematográfico: una violación y un asesinato, además de la salida de un muerto viviente de su tumba, hechos que son enfrentados por la imaginería de la autora con el fin de darles una vuelta de tuerca funcional que hace que el poema sea de enorme interés para el lector.

 

Literatura expandida

En su edición número 21 la revista Pliego 16 dedica sus páginas al tema “Literatura expandida”. Frente a las nuevas posibilidades de presentar contenidos y a la tendencia de las más recientes generaciones de artistas a corresponder a las temáticas, tecnología y velocidad de su entorno inmediato, la literatura y sus hacedores no se quedan atrás y ponen en juego el texto, el párrafo, la sílaba, la letra, los signos, el significante y el significado para ensayar nuevos formatos que exploran los límites de lo que conocemos como literatura. El número 21 de Pliego 16 presenta una colección de piezas que son resultado de esas búsquedas.

La intención de expandir las formas y conceptos de un género o una disciplina, en aras de darle nuevos alcances a sus contenidos y efectos, ha sido un aspecto fundamental a lo largo de la historia de las artes. Al aventurarnos a rastrear esas motivaciones resulta interesante encontrar, por ejemplo, en el Romanticismo, intenciones de introducir en la poesía recursos de la prosa para alcanzar la libertad expresiva de la narrativa en poemas, sin que éstos pierdan su naturaleza esencial. En una carta del poeta y filósofo alemán Novalis dirigida a Schlegel, fechada el 12 de enero de 1798, éste ya hace mención de dicha búsqueda en términos muy similares a los revitalizados en nuestra década. En ella puede leerse: “Si la poesía pretende expandirse, sólo puede hacerlo limitándose, contrayéndose, dejando por así decir correr su material inflamable y cuajándose. Cobra de este modo una apariencia prosaica, y sus partes constitutivas no se encuentran en una comunión estrecha —ni por tanto bajo leyes rítmicas tan estrictas—, haciéndose más capaz para la representación de lo limitado”.

Lo anterior, como antecedente, abona a la consistencia de ese espíritu que movería a las vanguardias de principios del siglo pasado, así como a las búsquedas interdisciplinarias y transdisciplinarias que tendrían propositivas manifestaciones en los años sesenta y ochenta no sólo en la literatura y las artes plásticas, sino también en las artes escénicas. En nuestro tiempo, la digestión de esas posibilidades y sus alcances nos recuerda que está comprobado que aventurarse a trascender formas y significados establecidos constituye, cuando no una cabal práctica conforme a la tradición experimental del arte, un ejercicio obligado para todo artista en tiempos de transición e incertidumbre.

A propósito de este tipo de experimentación, el número 21 de la revista Pliego 16 presenta una serie de ejercicios que se apoyan en algunos soportes multimedia, piezas que ensayan el empleo de los lenguajes y herramientas de la virtualidad, la intertextualidad, el hipervínculo, el carácter volátil y a la vez saturador de la información en un mundo hiperconectado, la hibridación entre géneros literarios y el desdibujamiento de las fronteras entre literatura y arte visual; todo esto acompañado por la reflexión sobre estas posibilidades, su dimensión propositiva, su carácter cuestionador acerca de las definiciones de lo literario y sus limitaciones en los formatos editoriales convencionales. EP

 

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Marco Antonio Murillo es maestro en Escritura Creativa por la Universidad de Texas. En 2009 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos y en 2014 el Premio Estatal de la Juventud en Artes. Es autor de los poemarios Muerte de Catulo y La luz que no se cumple, y coantólogo de Casi una isla: Nueve poetas yucatecos nacidos en la década de 1980. Actualmente es becario de la FLM en el área de ensayo.

Hamlet Ayala es poeta y promotor cultural. Su trabajo se ha publicado en Paso de Gato, Revista de la Universidad de México, Círculo de poesía, Teatro mexicano, La Otra, Buenos Aires Poetry y Rio Grande Review. Actualmente es becario de la FLM en el área de poesía.