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#Deslinde: Sobre Un lugar para nombrar

Christian Barragán | 06.11.2017
#Deslinde: Sobre Un lugar para nombrar

 

Llamo a la puerta de una piedra.

—Soy yo, déjame entrar.

Quiero penetrar en tu interior,

echar un vistazo,

respirarte.

—Vete —dice la piedra.

Estoy herméticamente cerrada.

Incluso hecha añicos,

sería añicos cerrados.

Incluso hecha polvo,

sería polvo cerrado.

Wislawa Szymborska1

 

Durante la última década, Javier Peláez (Ciudad de México, 1976) desarrolló una línea de trabajo que lo aproximó hasta los límites de la representación pictórica, adquiriendo una dimensión realista de “pintar el objeto”. Interesado desde entonces en las posibilidades en que se configura la imagen, Javier Peláez presenta en la exhibición intitulada Un lugar para nombrar2 su cuerpo de obra más reciente en el cual somete a análisis los alcances y las certidumbres de dicho recorrido pictórico. De este proceso de investigación surge un conjunto de piezas sobre tela y papel que exploran, en contraste con el trabajo que las precede, el sentido que produce el objeto; donde el “objeto” es a un mismo tiempo la imagen que se representa, una piedra por ejemplo, como la forma en que se representa, de una pintura objetiva hacia otra incierta, más libre y por tanto dispuesta a la contingencia y expresividad del azar y el accidente. A propósito, téngase en cuenta la sentencia de Paul Cézanne: “Pintar la naturaleza no es copiar un objeto, es la realización de una sensación”.3 Es decir, un estudio sobre la naturaleza de la imagen y un enunciado sobre el sentido de la pintura.

A semejanza del principio de incertidumbre, expuesto por el físico alemán Werner Heisenberg, Javier Peláez considera las diferentes posibilidades que intervienen en la construcción de la realidad, de la realidad pictórica, y descubre para sí un lenguaje situado en la frontera de la representación que simultáneamente configura y desarticula la imagen, y con ello, la mirada del espectador. Un lenguaje pictórico situado en un vaivén incesante entre la creación y la destrucción, entre la figuración y la abstracción, donde la pintura concebida por Peláez deviene un campo abierto que cuestiona su propia naturaleza, sus certezas y sus precursores en la historia del arte. En este sentido, el óleo de gran formato que representa a una piedra suspendida en medio de un oscuro e indefinido espacio y que lleva por nombre PRGB 1 (2017), es posible leerse como ese primer intento en el cual el pintor se aproxima a su objeto de estudio. Para el espectador, es el momento en el cual el artista presenta el argumento de sus afanes: la posibilidad de entablar un diálogo, aquel llamado “a la puerta de una piedra” en voz de Wislawa Szymborska. La estela de obras que aparecen detrás de este cuadro sería entonces la suma de encuentros que el pintor despliega en su estudio ante una exclusiva preocupación, y que hasta ahora los poetas han expresado cabalmente: Quiero penetrar en tu interior, / echar un vistazo, / respirarte. (Szymborska);4 He visto salir chispas / cuando dos piedras se frotan, / así, quizás, dentro no esté oscuro después de todo; / quizás haya una luna que brilla / desde alguna parte, como detrás de una colina, / suficiente luz para descifrar / los extraños escritos, el mapa de estrellas / en las paredes interiores. (Charles Simic);5 Busco sin encontrar, escribo a solas, / no hay nadie, cae el día, cae el año, / caigo en el instante, caigo al fondo, / invisible camino sobre espejos… (Octavio Paz).6

Partiendo de un presupuesto así, cada corte, cada veladura, fragmento, destello, doblez, color, vacío, plano y mancha presente en estas pinturas confirma el teorema de Werner Heisenberg: cuanta mayor certeza se busca, menos se conoce. O como escribiera Witold Gombrowicz: “Todo lo que sabemos del mundo es incompleto, es inexacto. Cada día se nos presentan mayores datos que anulan un conocimiento previo, lo mutilan o lo ensanchan. Al ser incompleto ese conocimiento es como si no supiéramos nada”.7 Ahí el empeño de Javier Peláez por suscitar constantemente ese encuentro con la pintura transfigurada en la imagen de una piedra, acertijo visual que en lugar de ofrecer respuestas detona más inquietudes y cuestionamientos. Un profuso abanico de caminos, algunos cortos en su exigencia técnica y discursiva, otros inagotables en su incesante despliegue. Quizás por ello, en Un lugar para nombrar abundan las obras en serie o polípticos, tan próximos al encabalgamiento de los versos en la poesía, como Puerta de una piedra (2016-2017) y Materia en el espacio (2017), respectivamente. Secuencia, variación y repetición de un mismo motivo, de una misma insatisfacción. El deseo inmemorial de nombrar. Decir piedra, como decir es esto y al acto fundar una presencia. Y sin embargo, a cada ocasión “el objeto” se aleja más, desapareciendo furtivamente. El dibujo vislumbrado se desvanece y se pierde entre densidades de planos y color. Es piedra y es nube, es nube y es polvo. Es polvo y el pintor aprehende una Huella (2017), el apenas rastro de su fugaz presencia. Pero una huella, paradójicamente, ya es; un guiño o un trazo es el dibujo exacto de su búsqueda, la persistente memoria del asedio ante el cual el artista ha sometido a la pintura. Hay algo que entre tanto se entrevé y del mismo modo se olvida a cada instante. Es la pintura asumida como una práctica: un ensayar aciertos y errores. Es la pintura en cuanto tiene de naturaleza indeterminada, de principio de incertidumbre. ~

 

PRGB 1, 2016-2017. Óleo sobre lino, 190 X 150 cm, Javier Peláez (cortesía del artista).

 

NOTAS


1. Wislawa Szymborska. Paisaje con grano de arena. Traducción de Jerzy Slawomirki y Ana María Moix. Editorial Lumen, Barcelona, 1997, 140 pp.

2.  Javier Peláez. Un lugar para nombrar, Centro Cultural Acatlán / Sala de Arte Javier Barros Sierra, FES-Acatlán, UNAM, del 28 de agosto al 24 de noviembre.

3. Paul Westheim. Mundo y vida de grandes artistas II, Fondo de Cultura Económica, colección Biblioteca Joven, 1985, pp. 162.

4. Wislawa Szymborska. Paisaje con grano de arena. Traducción de Jerzy Slawomirki y Ana María Moix. Editorial Lumen, Barcelona, 1997, pp. 35-37.

5. Charles Simic. Desmontando el silencio, Trad. de Jordi Doce. Edición bilingüe inglés-español. Ayuntamiento de Lucena. Córdoba, 2004, 171 pp.

6. Octavio Paz. Piedra de sol. Fondo de Cultura Económica, colección Tezontle, 1957, 44 pp.

7. Sergio Pitol. El mago de Viena, Fondo de Cultura Económica, Pre-Textos, colección Letras Mexicanas, 2006, 280 pp.

 

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CHRISTIAN BARRAGÁN

(Ciudad de México, 1985)
Realizó estudios de Psicología y Literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es curador independiente y coleccionista de arte. En el año 2009 fundó BaCO Ediciones, proyecto gráfico de arte contemporáneo. Ha organizado exposiciones en espacios independientes, galerías e instituciones como La Trampa Gráfica Contemporánea, ATEA, Arróniz Arte Contemporáneo, Drexel, Sismo, Ladrón, Polyforum Siqueiros, Centro Cultural Border, Galería Libertad, Museo Arte Carrillo Gil, Museo Nacional de la Estampa, Museo de Arte de Sonora, Museo de Arte Contemporáneo de Yucatán, Facultad de Artes y Diseño (UNAM), Embajada de México en Berlín (SRE), entre otros. Textos suyos se han publicado en las revistas Tierra Adentro, Luvina, Este País, Crítica, Metapolítica, Punto de Partida, Periódico de Poesía,  Alforja, Gaceta del Fondo de Cultura Económica, La Jornada Semanal, Terremoto (blog), Arte al Día México, Círculo de Poesía, Gas.tv, Mula Blanca y Nota al Pie. Fue integrante del Consejo de Redacción de las revistas literarias Literal y Viento en Vela, así como del Consejo Lector del International Board of Books for Young people (IBBY), capítulo México. En el año 2008 recibió el III Premio Nacional de Poesía Joven Gutierre de Cetina (Puebla), mientras que en 2014 realizó la curaduría de Fractal: Encuentro de Arte y Diseño (Festival Internacional de las Culturas del Caribe, Cancún) y durante el año 2015 fue coordinador de la galería DIAGRAMA. Es coautor de los libros monográficos Sobre la pérdida (Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, 2017), del artista Gustavo Villegas, y Javier Marín: Zonas oscuras (Editorial Terreno Baldío Arte, 2017).  En la actualidad se desempeña como profesor de arte y realiza la compilación de textos críticos sobre arte del filósofo Horacio Flores-Sánchez.