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#Norteando: La amenaza nuclear de Kim Jong-un

Patrick Corcoran | 08.11.2017
#Norteando: La amenaza nuclear de Kim Jong-un

Con una serie de pruebas de misiles intercontinentales y armas nucleares, el dictador norcoreano Kim Jong-un ha amenazado la estabilidad internacional y ha dejado a sus aliados mal parados: nadie quiere dar la cara por alguien que coquetea con la guerra nuclear.

A primera vista, su estrategia es curiosa, ya que redobla el aislamiento que deja a Corea del Norte solo y miserable. Hace unas semanas, The New York Times publicó un reporte sobre los posibles motivos detrás de las agresiones recientes:

 

La explicación más común es que el Sr. Kim cree que, al alcanzar la habilidad de atacar Los Ángeles, o incluso Nueva York y Washington, Estados Unidos nunca arriesgaría repetir con él lo que ayudó a hacer al coronel Moamar el-Gadafi, el fallecido líder libio.

El Sr. Gadafi abandonó algunos elementos de su programa de armas nucleares en 2003, a cambio de promesas de integración económica con Occidente. Esto nunca llegó a concretarse. Y al momento de la primera insurrección en su contra, los Estados Unidos, sus aliados europeos y algunos estados árabes lo bombardearon. [Luego] fue descubierto por fuerzas rebeldes y ejecutado.

 

En pocas palabras, Gadafi aceptó las exigencias y las condiciones de Occidente, y le pagaron con su propia muerte. Desde luego, su historia no inspira confianza en las negociaciones como solución a la hostilidad de Estados Unidos (EU) y Europa.

Gadafi fue un asesino que apoyó a terroristas, así que no cabe derramar muchas lágrimas en su memoria. Sin embargo, un acuerdo diplomático siempre se debe respetar, y los efectos secundarios del patrocinio occidental de la rebelión contra su gobierno han sido graves. Obviamente los demás líderes opuestos a Occidente pusieron atención a este episodio lamentable, y serían ingenuos en concluir que les conviene aceptar una oferta de acercamiento a cambio del sacrificio de programas nucleares.

Eso quiere decir que, por más que se lamente la insistencia de Kim en aterrar a millones de personas, él está actuando según un cálculo racional. Él se preocupa sobre todo por la sobrevivencia, y ve un mundo en el cual EU ha desconocido los gambitos diplomáticos para lidiar con Iraq y Libia, optando por soluciones militares. Al mismo tiempo, pisa con precaución cuando se trata de países que tienen la protección de poderes nucleares (por ejemplo, Siria). No casualmente, Assad sigue vivo, mientras Hussein y Gadafi fueron ultimados por sus enemigos. Kim también se acuerda de que la última vez que Corea del Norte logró un acuerdo con EU, éste lo derogó (en 2006, bajo la presidencia de Bush hijo).

Ante tal entorno, un arsenal nuclear sirve como garantía contra una invasión. Este cálculo puede ser altamente arriesgado, pero la lógica es innegable.

Las tensiones con Corea del Norte dejan en claro que la persistencia de la filosofía del llamado cambio de régimen en la época nuclear es un grave peligro. Esta filosofía suele pintar cuestiones de seguridad como un asunto de voluntad, en que cualquier nudo se puede desatar con suficiente determinación, pero no reconoce los intereses de terceros y desconoce los límites de la fuerza militar. Finalmente, no solamente fracasa en cuanto a los proyectos individuales (véase el caos persistente en Iraq y Libia), sino también provoca efectos secundarios que minan la seguridad mundial.

Más aún, ha propiciado un ambiente en el que Occidente no tiene mucha credibilidad al negociar con sus adversarios. Y si los regímenes hostiles no ven la diplomacia como una salida a sus problemas de seguridad, el único otro camino es el militar, que ha sido la apuesta de Kim.