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C O L O F Ó N

Claudia Benítez | 01.12.2017
C O L O F Ó N

En 1964, Vladimir Nabokov empezó a escribir un diario de sueños tras haber leído Un experimento con el tiempo, de J. W. Dunne, quien pensaba que algunos sueños podrían estar inspirados en sucesos futuros.

Gennady Barabtarlo, profesor de literatura en la Universidad de Missouri, señala que Nabokov “siguió las pedantes pautas que encontró en el singularmente raro y alguna vez muy influyente pequeño libro de John Dunne, un excéntrico filósofo británico de gran genio”, y buscó “probar que en los sueños, ese mundo nebuloso entre los reinos de lo material y de lo espiritual, el tiempo fluye, por así decirlo, al revés, del efecto a la causa”. Por esta razón, a lo largo de 80 días Nabokov escribió todo lo que podía recordar de lo que había soñado tan pronto como despertaba, registrando 64 sueños que van de lo erótico a lo violento y a lo surrealista, todos ellos reunidos en el libro Insomniac Dreams: Experiments with Time (compilación, edición y notas del mismo Barabtarlo, Princeton University Press, 2017). Los resultados de este experimento onírico temporal de Nabokov no son concluyentes, explica el profesor, pues en varios casos el autor de Lolita no alcanzó a percibir las similitudes entre las tramas de sus sueños y las de las ficciones que había escrito años atrás. Por ejemplo, en algún momento Nabokov cree tener la “absoluta y clara impresión” de que uno de sus sueños estuvo inspirado en una película que vio en la televisión tres días después. El sueño transcurre en un museo, donde él oye hablar al director de éste mientras, distraídamente, come muestras de suelos raros que toma por “una especie de masa insípida y polvorienta”. Ese sueño se parece mucho a lo que ocurre en el cuento “La visita al museo”, publicado en 1939, donde el narrador se encuentra en un museo en el que se exhiben objetos extraños que parecen muestras esféricas de suelos y conversa con el director de la institución.

Nabokov quizá se habría defendido argumentando que su futuro tenía muy buena memoria.

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De acuerdo con lectores del diario The Guardian, algunos de los títulos que deberían conformar la lista de las mejores navidades en la literatura, por contener memorables pasajes que se refieren a esta festividad, son: Lilít y otros relatos, de Primo Levi; Harry Potter y La Orden del Fénix, de J. K. Rowling; Canción de Navidad, de Charles Dickens; Un recuerdo navideño, de Truman Capote; Oración por Owen, de John Irving; Monsieur o El príncipe de las tinieblas, de Lawrence Durrell; The Birds of the Air, de Alice Thomas Ellis; El viento en los sauces, de Kenneth Grahame; el poema “Viaje de los Reyes Magos”, de T. S. Eliot; y la obra de teatro Navidad en casa de los Cupiello, de Eduardo De Filippo.

 

Hasta mediados de noviembre, los libros más vendidos del 2017 en las librerías Gandhi fueron: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli; Origen, de Dan Brown; El principito, de Antoine de Saint-Exupéry; Véndele a la mente, no a la gente, de Jürgen Klaric; It, de Stephen King; Uno siempre cambia al amor de su vida (por otro amor o por otra vida), de Amalia Andrade; Una columna de fuego, de Ken Follett; Más allá del invierno, de Isabel Allende; Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling.

 

 

En su libro Vertebral, publicado recientemente por Almadía, Jorge Fernández Granados dice que un aforismo es “la frase final de una novela, sin la novela”.

No se quede usted con la frase final de esta revista. EP

 

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