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ÉTICA: Por una mejor práctica médica

José Halabe Cherem | 01.01.2018
ÉTICA: Por una mejor práctica médica
Discurso pronunciado por el Dr. Halabe Cherem al recibir el Premio Excelencia en Medicina 2016 que otorgó el Centro Médico ABC, el martes 17 de octubre de 2017 en el Castillo de Chapultepec.

Buenas noches, me siento muy honrado por este reconocimiento tan prestigioso que me otorga mi casa, el Centro Médico ABC. Cuando veo a mis antecesores que recibieron el premio, aumenta el compromiso que tengo para continuar ejerciendo la medicina con responsabilidad y entrega.

En esta ocasión me quiero referir a un punto muy crucial que es el profesionalismo médico. Éste es algo que acompaña al comportamiento del médico en cada acto, en cada decisión que hay que tomar, en cada interacción que se tenga con el paciente, con sus familiares, con sus pares, con sus alumnos y con todo el personal que trabaja a su alrededor. La medicina transita entre la vida y la muerte, y aborda la enfermedad en sus distintas manifestaciones en padecimientos agudos, crónicos o terminales. Las experiencias del padecer son profundamente humanas y están envueltas en historias personales y colectivas donde el sufrimiento encuentra sentido. De ahí que la acción del médico no sólo tenga sentido en el razonamiento científico, sino en la afección que esto tiene en la vida de los otros. La empatía emocional, la comprensión de los valores y las creencias de nuestros pacientes hacen la diferencia entre un médico competente en lo biomédico y uno con sensibilidad humana. Un buen doctor tendría que tener ambas cualidades: por un lado, los conocimientos y habilidades de la disciplina para diagnosticar y tratar con eficiencia las enfermedades de sus pacientes; por otro, la calidez que otorga para ayudar a su paciente a lidiar con su angustia y consternación.

El profesionalismo es un contrato moral, en el cual el médico se compromete a estudiar permanentemente para no rezagarse en sus conocimientos, ya que, al no estar actualizado puede hacerle daño al paciente al no poder brindarle atención con los avances terapéuticos de su tiempo.

Otro aspecto de la alianza moral en la relación médico-paciente se refiere a la confidencialidad del profesional. El paciente sabe que el médico guardará de manera confidencial la información que le dé sobre las alteraciones de su cuerpo y sobre su historia de vida. Este respeto a la privacidad le permite al paciente expresarse con sinceridad y confianza, y saber que el médico hará lo posible por ayudarlo. El principio de beneficencia que orienta a la práctica médica es un supuesto ético que resulta invaluable al paciente, quien deposita la problemática de su vida en su doctor. No obstante, éste no deberá anular la autonomía en las decisiones diagnósticas y terapéuticas del paciente y sus familiares, ya que aporta una perspectiva de la problemática, pero no la única posible: existen otras formas de ver las situaciones que también deben ser consideradas al ejecutar el quehacer médico.

Por ejemplo, en aquellos pacientes terminales es importante respetar la voluntad anticipada. El médico tiene que tener la sensibilidad para orientar a los pacientes y a sus familiares para que, ante un estado terminal, adopten la mejor conducta, que es la consensuada y no manejada en forma autocrática. Justamente hoy hace 15 días ingresó una mujer de 95 años de edad a la unidad coronaria del Centro Médico ABC campus Observatorio con una hemorragia cerebral e insuficiencia cardiaca descontrolada. En encuentros anteriores la paciente había hablado conmigo y yo le prometí no realizar medidas heroicas. A las 24 horas de haber llegado al hospital, y discutiendo el caso con los residentes de cardiología y medicina interna, así como con los familiares, decidimos egresarla para que, en su domicilio, al lado de sus familiares, pasara cómodamente sus últimos momentos. Esta decisión estuvo respaldada por los principios del profesionalismo médico que no sólo respetó la voluntad de la paciente, sino que además permitió enseñar estos fundamentos bioéticos a los residentes.

En ocasiones no es fácil mantenerse firme en los principios del profesionalismo, pues factores ajenos intervienen. Es común que los pacientes soliciten justificantes médicos cuando la situación no lo amerita, lo que tensa la relación con el médico, quien se siente comprometido porque lo coloca en una situación incómoda: por un lado está su profesionalismo médico y por otro el querer ayudar a su paciente. Personalmente he mantenido una postura firme explicándole al paciente el principio de no mentir.

Es también frecuente que el paciente solicite al médico que al llenar su formato de gastos médicos omita poner que tiene una enfermedad crónica preexistente; sin embargo, considero que más allá del interés económico del paciente debe anteponerse la verdad. En este mismo sentido, he mantenido una distancia sana con la industria farmacéutica para evitar que los intereses de lucro prevalezcan en la enseñanza y atención médica.

Otro de los principios básicos que aprendemos desde la carrera de medicina es tratar a nuestros pacientes inde-pendientemente de su estatus socioeconómico, género, etnia, religión o algún otro rasgo diferencial. Todos los pacientes tienen el mismo derecho a ser atendidos. En mis más de 40 años de ejercicio profesional como internista he tenido la sensibilidad, cuidando de no ofender al paciente, de no cobrar la consulta a quien no tenga la posibilidad de pagar.

Cuando irrumpe la enfermedad, la vida de las personas se trastoca y se genera una crisis familiar en la que se hace necesario apoyar a quienes transitan por ese momento difícil. Aunque el centro de atención es el paciente, también quienes lo acompañan pasan por situaciones incómodas y enfrentan circunstancias atípicas. La posibilidad de ayudar no sólo al paciente sino también a sus familiares aminora el problema y apoya oportunamente a quienes lo necesitan. La creación de organizaciones filantrópicas como la Fundación en Compañía visibiliza esta problemática que no siempre es evidente en la dinámica de las instituciones de salud, pero que tanto afecta el bienestar de familias y comunidades. En la vocación del médico está la ayuda al prójimo, aliviar al afligido y, aunque a veces se olvida, un principio profundamente humano que le da sentido a la profesión. Esta fundación ha creado salas de espera en las que se escuchan historias de familiares agradecidos por no haber tenido que pasar la noche acostados sobre el frío mármol del pasillo del hospital, y por contar con una cobija y un sillón cómodo que les permite descansar y recuperar las fuerzas para cuidar a su paciente. Así, el bienestar de quienes constituyen esa red de apoyo nos hace más fuertes a todos.

Como médicos no sólo tenemos la obligación de estudiar cotidianamente para permanecer actualizados, sino también de transmitir el conocimiento a las siguientes generaciones, de ahí mi pasión por la enseñanza. En la práctica clínica surgen oportunidades para el aprendizaje en el pase de visita, en la entrega de guardia, en la consulta externa, en las sesiones bibliográficas o anatomopatológicas, etcétera, que estimulan además la investigación y la publicación de trabajos que coadyuvan al avance científico. Haber estado por más de 40 años en los campos clínicos me ha permitido desarrollarme como médico y como ser humano.

Desde 1985 que soy parte del staff del Centro Médico ABC, me he sentido muy ligado a sus principios y a las mejores prácticas que en forma cotidiana realiza nuestra institución con el fin primordial que es el bienestar y la seguridad del paciente. Este premio se lo debo indiscutiblemente a mis amigos y compañeros, a mis maestros, a mis alumnos, al Instituto Mexicano del Seguro Social, a la Facultad de Medicina de la unam, al Colegio y Consejo de Medicina Interna de México, al American College de Physicians, a la Academia Nacional de Medicina y a la Academia Mexicana de Cirugía, a la Alianza Monte Sinaí y a la Comunidad Judía de México, corporaciones que siempre me han arropado, pero, sobre todo, al Centro Médico ABC desde sus máximas autoridades hasta el último eslabón de la cadena de trabajo de esta institución.  EP

 

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José Halabe Cherem es jefe de la división de posgrado Facultad de Medicina UNAM.