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POLÍTICA: Un momento coyuntural: la opinión pública en las relaciones entre México y Estados Unidos

Christopher Wilson, Pablo Parás García y Enrique Carlos Enríquez Minjárez | 07.02.2018
POLÍTICA: Un momento coyuntural: la opinión pública en las relaciones entre México y Estados Unidos

Las relaciones entre Estados Unidos (EU) y México se extienden más allá del plano oficial o diplomático y con mayor amplitud que las relaciones que EU mantiene con cualquier otro país. Más de 35 millones de personas en dicha nación son originarias de México o cuentan con ascendencia mexicana. En el mismo sentido, más de un millón de estadounidenses habitan en México y el número de ciudadanos con doble nacionalidad es probablemente mucho mayor. México es el principal destino de viajes al extranjero emprendidos desde EU, y éste, a su vez, encabeza la lista de destinos de viajes realizados desde nuestro país. Miles de empresas y alrededor de 5 millones de trabajadores estadounidenses tienen empleos que dependen del comercio con México y, de manera similar, una gran cantidad de mexicanos cuenta con una fuente de sustento gracias al comercio bilateral y a la manufactura conjunta, pues aproximadamente el 80% de las exportaciones de México son adquiridas por consumidores estadounidenses.

Desde la década de 1980, la cooperación entre sendos gobiernos ha mejorado a pasos agigantados. Superar el recelo originado al comienzo de la historia poscolonial de ambos países ha sido un proceso arduo, lento e inconcluso; sin embargo, los avances han sido inmensos. En la actualidad, los dos gobiernos trabajan en estrecha colaboración no sólo en cuestiones económicas, sino también en temas de seguridad pública, combate contra el lavado de dinero, prevención del terrorismo y migración, entre otros. De hecho, esta cooperación se ha institucionalizado a tal grado que continúa sin mayores obstáculos casi en su totalidad. Esto a pesar de que la nueva administración de Donald Trump ha introducido temas problemáticos al contexto de las relaciones bilaterales como la renegociación del TLCAN y las nuevas restricciones a la inmigración.

Si bien los lazos gubernamentales, económicos y sociales se han estrechado en las últimas dos o tres décadas, la opinión pública que EU y México tienen entre sí ha sufrido varios altibajos. La violencia relacionada con las drogas, los notorios casos de corrupción y la pobreza constante no sólo han afectado enormemente la percepción de México en Estados Unidos, sino que han proporcionado un estímulo y persistencia a muchas de las percepciones obsoletas, en extremo simplistas o simplemente equivocadas que muchos estadounidenses tienen de México. La retórica y las políticas del presidente Trump hicieron eco de varias de estas percepciones al ser incorporadas a su discurso político. A su vez, esto ha ofendido a un vasto segmento de la población mexicana, lo cual ha provocado un enorme declive en la percepción que los mexicanos tienen de EU.

Son necesarios grandes esfuerzos en ambos países para superar este desafío; por fortuna, investigaciones sobre la opinión pública proporcionan evidencia que sugiere tanto una capacidad de recuperación significativa en la relación bilateral, como oportunidades importantes para construir un futuro más sólido. La profundidad de la integración económica y social que existe hoy en día implica que millones de mexicanos y estadounidenses forman su opinión sobre el país vecino no sólo como respuesta a la cobertura de los medios de comunicación, sino también a partir de sus experiencias personales. Tal vez sea sorprendente para muchos que aun cuando la opinión de México sobre EU ha descendido a niveles históricos, la opinión de los estadounidenses sobre México es bastante positiva y se encuentra en ascenso. Con algunas excepciones,1 aquellos individuos con una mayor exposición a su país vecino, ya sea en su vida cotidiana y sus trabajos, o a través de viajes o el turismo, suelen tener una visión positiva. Las comunidades fronterizas, por ejemplo, rechazan mayormente propuestas divisivas como la construcción de un muro fronterizo, y apoyan, por el contrario, la cooperación bilateral para abordar desafíos comunes. Las generaciones más jóvenes en México y EU tienen percepciones más positivas del país vecino, lo cual apunta a que —a pesar del clima político actual— el camino hacia una mejora de las relaciones oficiales y a una integración más profunda podría tener como consecuencia cambios favorables en la opinión pública. Desde luego que esto no puede darse por hecho, y, en efecto, la retórica política reciente ha expuesto a muchos jóvenes a una percepción significativamente negativa de las relaciones bilaterales por primera vez en sus vidas.

La relación entre la opinión pública y la formulación de políticas es compleja, y la relación de causa y efecto puede funcionar en ambas direcciones. En este sentido, lo que está en juego en esta coyuntura crítica no es sólo el marco político para el mañana, sino las limitaciones de la primera, las cuales determinarán lo que es posible en la relación bilateral para una generación por venir. De no abordarse los retos actuales relacionados con la opinión pública, se podrían concretar las percepciones negativas y poner en riesgo décadas de progreso en las relaciones entre México y Estados Unidos.

Dado que la investigación sobre la opinión pública recoge la percepción de la gente, ofrece un panorama de la reacción general a los discursos, políticas y estrategias de los gobiernos y del éxito que han tenido a los ojos de la población. Este tipo de análisis también puede ayudar a evitar una peligrosa desconexión entre las élites y la opinión pública que impulsaría movimientos políticos populistas desprovistos de estrategias efectivas para el futuro. La forma en que nos percibimos mutuamente determinará en parte cómo nos sentimos, actuamos, reaccionamos y entendemos el uno al otro. La forma en que México es percibido en EU, y viceversa, ha tenido y seguirá teniendo una consecuencia en diversas áreas de la relación bilateral.

Examinar el papel de la opinión pública en esta relación ayuda a dejar en claro que en cualquier momento, pero especialmente ahora, la retórica y la acción oficial moldean mucho más que las políticas de hoy o mañana. Las acciones actuales crearán o limitarán el espacio de las políticas de cooperación de las próximas décadas. En esta coyuntura crítica, líderes en el sector público o privado en los dos países necesitan trabajar con más fuerza que nunca para cultivar el apoyo público de políticas de beneficio mutuo y un marco de colaboración.

 

Percepciones desde EU

Las actitudes estadounidenses hacia México son mixtas y a veces contradictorias. Incluyen estereotipos anacrónicos y opiniones mordaces respecto a los defectos del gobierno y la sociedad mexicanos. Estas visiones están construidas por una mezcla de experiencias vacacionales en México, interacción con migrantes y reportajes de la prensa sobre violencia y corrupción. Como resultado, las percepciones estadounidenses revelan impulsos contradictorios: en los últimos sondeos, dos tercios de la población expresan opiniones un tanto favorables o bastante favorables respecto a su país vecino. Sin embargo, cuando se les pide que expresen lo que les viene a la mente cuando piensan en México, el cuadro que pintan está lejos de ser admirable. Al ser un país familiar a todos, pero conocido a profundidad por muy pocos en EU, las percepciones sobre México son complejas y más bien inestables. Como consecuencia, la calidad del liderazgo de opinión y de la cobertura mediática que reporta sobre México es de vital importancia. No obstante, esto no debería ser tomado como sugerencia de que una imagen de campaña por sí sola sería suficiente para fortalecer y estabilizar la opinión pública sobre México, ya que los cambios de la percepción en EU están directamente relacionados con los eventos en el país vecino, tales como la democratización y el crimen organizado que alimenta a la violencia.

Aunque algunas asociaciones de palabras se presentan consistentemente en todos los grupos de edad (como “inmigración” y “crimen”), es posible observar diferencias sustanciales entre los grupos más jóvenes y los grupos de mayor edad en las encuestas. Por ejemplo, palabras con connotaciones negativas, como “drogas”, “corrupción”  e “ilegal”, tenían menos de la mitad de posibilidades de ser mencionadas en el grupo de edades de 19 a 25 que en el de mayores de 66. Además, palabras que están asociadas con la amabilidad del trato en México, como “comida”, “playa” y “tacos”, tenían el doble de posibilidades de ser mencionadas en el grupo más joven. Asimismo, cuando a los entrevistados se les pide una opinión general favorable o desfavorable sobre México, los individuos en grupos de menor edad suelen tener una opinión más favorable.

 

 

  En general, la visión que los estadounidenses tienen de México ha mejorado en los últimos años y ha variado ampliamente en las pasadas tres décadas. De acuerdo con las encuestas realizadas entre 1989 y 2017 por Gallup, Pew Research Center y otros, las percepciones  favorables de México han oscilado entre el 35 y el 74% (ver Gráfica 1). Las dos puntuaciones más bajas en la opinión de los estadounidenses se presentaron en el momento de la crisis del peso en México entre 1994 y 1996, y coincidieron con el periodo más violento de la guerra contra el crimen organizado en 2011. A la inversa, las opiniones más favorables sobre México se presentaron al final del gobierno de 70 años del pri y al comienzo de la alternancia política democrática.

 

 

Una de las tendencias más preocupantes en los años recientes ha sido la polarización de la opinión pública en EU. Se trata de un fenómeno amplio que se extiende mucho más allá de las percepciones de dicho país sobre México; sin embargo, a nivel de la opinión pública, éste ha comenzado a ser visto como una problemática partidista. Desde aproximadamente el 2006, los individuos con una ideología más conservadora o que se identifican como republicanos han desarrollado una percepción significativamente más negativa de México que aquellos que se identifican como liberales o con el Partido Demócrata (ver Gráfica 2). Aunque esta división partidista en la percepción de México fue aprovechada por la campaña de Trump en 2016, al estar relacionada con asuntos políticos específicos como la inmigración y el comercio, es importante señalar que la brecha se abrió mucho antes del 2016 y que la opinión general republicana sobre México parece no haber sido afectada por la retórica del año pasado.

Las preocupaciones sobre la seguridad en México ayudan a generar apoyo para iniciativas como la de la construcción del muro fronterizo; no obstante, una encuesta del Pew realizada en febrero de 2017 encontró que sólo el 35% de los estadounidenses favorecen la construcción del muro, mientras que el 62% se opone. Tal como sucede en otras áreas, las encuestas reportan una fuerte división partidista, aunque también sugieren que la población que cuenta con una mayor experiencia con sus vecinos del otro lado de la frontera tendrá una opinión más favorable del otro país, y, en particular, apoyará las políticas de cooperación por encima de aquéllas de división.

Las preocupaciones sobre el TLCAN también se ven afectadas por la división partidista. Aunque las encuestas demuestran que actualmente una pequeña mayoría o pluralidad de estadounidenses se encuentran a favor del TLCAN (dependiendo en mayor medida de la redacción de las preguntas), el público podría ser descrito como ambivalente hacia el acuerdo, dado que porciones relativamente equitativas de la población expresan su apoyo u oposición. Sin embargo, dichas porciones responden en alto grado a sus diferencias partidistas: los demócratas se han tornado recientemente mucho más partidarios del TLCAN, mientras que el apoyo de los republicanos ha decaído. Esto sugiere que el liderazgo de opinión sobre un asunto tan complejo y multifacético como el comercio es extremadamente importante y que la ambivalencia general en la opinión pública podría estar enmascarando un grado significativo de apertura a la reevaluación del impacto del comercio en Estados Unidos (ver Gráfica 2).     

 

 

Percepciones desde México

La percepción de Estados Unidos desde México se ha caracterizado durante mucho tiempo por una mezcla de sentimientos de admiración y desconfianza, aunque la combinación precisa de ambos ha variado significativamente a lo largo del tiempo. Estas percepciones han sido generadas por una compleja historia compartida de alianzas, conflictos y agudas diferencias de las circunstancias económicas. De hecho, muy pocas fronteras geográficas comunican países con tales diferencias sustanciales en lo referente a los ingresos, como es el caso de la frontera entre EU y México. No obstante, tanto la relación entre ambos como la percepción pública de México sobre dicha relación han mejorado en las últimas décadas.

Con algunas excepciones, existe una tendencia positiva general en la opinión pública sobre EU que comenzó en la década de 1990 y que continuó hasta el 2016. Las encuestas realizadas por Latinobarómetro demuestran un aumento de 16 puntos en la cantidad de mexicanos que creen que su país tuvo una buena relación con EU de 1997 a 2016. A pesar de varios altibajos, dichas encuestas señalan un aumento de ocho puntos en la percepción general de EU del año 2000 al 2016. De acuerdo con el proyecto de investigación Las Américas y el Mundo, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el sentimiento de confianza hacia EU en México aumentó de poco más de 20% en 2004 a un 50% en 2016. Es posible encontrar mayor evidencia de este fenómeno al revisar las percepciones de diversos grupos de edad. En la encuesta de 2015 realizada por Pew Global Attitudes & Trends Projects, se observa que la gente más joven tiene opiniones más favorables sobre EU que las generaciones de mayor edad. Los más jóvenes han crecido durante un periodo cada vez más positivo en la relación bilateral y expuestos a un clima enmarcado por la cooperación más que por la acritud. Así, dichas generaciones ofrecen una enorme promesa para el futuro de las relaciones entre EU y México; sin embargo, el reciente derrumbe en la opinión sobre el vecino del norte ofrece una razón significativa para temer que esta oportunidad pueda ser desperdiciada. 

La tendencia positiva se revirtió en el 2016, año en que México se convirtió en símbolo y foco de atención de la inquietud estadounidense con respecto a los efectos locales de la globalización, lo cual fue posible percibir en la forma en que fueron abordados los temas de inmigración mexicana y comercio durante las campañas presidenciales durante el mismo año. El presidente Donald Trump ha impulsado iniciativas políticas para construir un muro, hacer más restrictiva la política de visados y modificar drásticamente el TLCAN. Esto ha sido visto como una afrenta a los intereses de México y, para muchos, también como un insulto para los mexicanos. Una serie de encuestas realizadas por el CIDE y por el Latin American Public Opinion Project (LAPOP) demuestra un viraje abrupto hacia la desconfianza en la percepción que tienen los mexicanos de Estados Unidos tras la más reciente elección en este país, pues las opiniones han cambiado drásticamente de la admiración al desprecio.

 

 

Otras encuestas también han registrado una brusca caída de la opinión pública. Por ejemplo, la Global Attitudes & Trends Survey de 2017 realizada por el Pew Research Center encontró que las percepciones favorables de los mexicanos sobre su país vecino cayeron de un 66 a un 30%, mientras que la opinión favorable del presidente de dicho país disminuyó de 49 a 5%. Se trata de los declives más pronunciados en la percepción de EU en un grupo de 37 países observados (ver Gráfica 4).

 

 

Una encuesta nacional realizada por el INEGI encontró que sólo el 4% de los encuestados piensa que la relación bilateral mejorará bajo la presidencia de Trump, mientras que el 75% opinó que empeorará.6 

La clara correlación entre la percepción de EU y la de su presidente sugiere que el púbico no realiza una distinción del todo clara entre el país y su gobierno. Esto implica que las políticas y la retórica de la presente administración estadounidense tienen y tendrán un impacto significativo en la relación bilateral en un sentido más amplio —un efecto que podría percibirse en áreas que van desde la cooperación policial hasta los negocios y el turismo, entre otros—.  Además, esta brusca caída sobrepasa las diferencias partidistas. En contraste con la situación en EU, en México no existe la polarización política respecto a este asunto, pues los mexicanos de todas las ideologías y partidos coinciden en sus opiniones sobre EU y su apoyo al TLCAN.

Si bien el desplome de las opiniones de los mexicanos sobre EU ha sido drástico y repentino, es importante señalar que muchas de las reacciones frente a estos temas han experimentado enormes altibajos en las últimas dos décadas. Esto indica un grado de maleabilidad, una disposición por parte de los mexicanos de modificar su visión de EU en función de los sucesos y cambios en la política o en la personalidad de los gobernantes. Este hecho abre la puerta a significativas mejoras potenciales en la opinión mexicana en caso de que se resuelvan con éxito los problemas que actualmente dañan la percepción de la relación bilateral, por ejemplo,
la renegociación del TLCAN.

Si bien la notable caída de la opinión de México sobre EU se mantiene a lo largo de diferentes subgrupos, hay también variaciones importantes. Por ejemplo, los cambios recientes parecen haber tenido diferentes consecuencias en personas con distintos niveles de educación, pues aquéllos con un nivel educativo más alto tienen una opinión más positiva de EU. En la encuesta de Data Opinión Pública y Mercados (OPM) dirigida por el Instituto Mexicano del Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson8 en 2017, el 56% de los mexicanos consideró que tener a EU como vecino es más problemático que favorable, pero sólo el 40% de las personas con una educación universitaria estuvo de acuerdo, y un 48% de este grupo consideró que EU es un vecino favorable. La educación es un factor clave que puede atraer al público a la cooperación e integración de América del Norte.

Otro hallazgo alentador en las recientes  investigaciones es la voluntad de la población mexicana de trabajar con EU. A pesar de las percepciones negativas que muchos mexicanos tienen sobre este país actualmente, también comparten la creencia absoluta de que Estados Unidos y México necesitan trabajar juntos para afrontar los problemas comunes. De acuerdo con los datos de la encuesta OPM, el 70% de los mexicanos consideró que Estados Unidos y México deberían tomar decisiones sobre problemas comunes de manera conjunta. Aun en el caso de asuntos controvertidos, como el TLCAN y el comercio bilateral, los mexicanos creen que deberían continuar en el convenio, sobre todo si ambas partes trabajan para enmendarlo. Este hecho señala una disposición al compromiso, a pesar de los desacuerdos.

 

Conclusiones

Durante las dos décadas posteriores a la implantación del TLCAN, la relación oficial entre México y EU se desarrolló por medio de un proceso lento, metódico y repetitivo cuyo objetivo fue aumentar la cooperación y profundizar la colaboración. Tanto diplomáticos como altos funcionarios hallaron vías para aislar los puntos de fricción con el fin de que fueran velados, ignorados y olvidados con el paso del tiempo. No obstante, el público nunca demostró un gran deseo de hacer lo mismo. La participación de EU en la guerra de Irak erosionó una parte de la buena voluntad de los mexicanos hacia ese país, mientras que el incremento de los niveles de violencia relacionada con el crimen organizado en México tuvo un efecto similar en la percepción de los estadounidenses sobre su vecino. Sin embargo, ambos efectos resultaron ser temporales, lo cual ha demostrado la resiliencia de la buena voluntad de ambos países.

Es posible observar una fortaleza y una debilidad inherentes a la aparente maleabilidad en la opinión pública respecto a la relación bilateral. En el aspecto negativo, la inconsistencia sugiere que los ciudadanos de México y de EU no están del todo convencidos de que su vecino sea un amigo fuerte y un socio confiable. Hasta cierto punto, este hecho es sólo el costo de tener una relación bilateral larga y complicada, por lo que el avance en la superación de los conflictos históricos y las percepciones erróneas tomará tiempo. En otro sentido, es el resultado de la poca atención que se presta a explicar  públicamente el valor de la cooperación en América del Norte. La naturaleza controversial del TLCAN, las cuestiones de soberanía surgidas a partir de la cooperación en seguridad, lo delicado de las políticas de inmigración, el control de armas, las políticas sobre las drogas, todos estos aspectos han incentivado un acercamiento cauteloso con el fin de profundizar la cooperación regional. Si bien resulta comprensible, este acercamiento ha dejado aspectos de vital importancia para la relación bilateral en una posición frágil y precaria, por lo que en un futuro los líderes políticos necesitarán ser más francos con el público sobre la necesidad y el valor de la cooperación regional. Las sociedades de las dos naciones deben entender hasta qué punto dependen una de otra para su seguridad y su prosperidad económica con el fin de despolitizar e incrementar la estabilidad de la colaboración.

Al mirar hacia el futuro, se observa una gran oportunidad para lograr justo eso. La gente joven en ambos lados de la frontera ha crecido en el contexto de una relación bilateral mucho más positiva, y es posible percibirlo. Los adultos jóvenes tienen una mejor percepción de sus pares y una sensación más clara de que EU y México dependen uno del otro para resolver los retos regionales. Las generaciones más jóvenes están predispuestas a apoyar esfuerzos y políticas que mejoren los resultados de dichas políticas y profundicen la cooperación. Sin embargo, esto no debe darse por sentado. Si la razón por la que favorecen la cooperación está ligada a la mejora del contexto de las relaciones bilaterales que han experimentado, su motivación está en riesgo. Es necesario tener más cuidado en la revisión actual de las relaciones bilaterales (TLCAN, política migratoria) para mantener y fortalecer la buena voluntad y evitar que el trabajo de una generación anterior se desperdicie.  EP

 

 NOTAS

1. Ver la sección “Percepciones sobre migración, frontera y seguridad” para una discusión sobre este caso.

2. Universidad de Vanderbilt, Latin American Public Opinion Project (2017).

3. Opinión del autor con datos recogidos de The Roper Center for Public Opinion Research en la Universidad de Cornell. Fuentes individuales: Gallup Poll. Encuestas nacionales: 3/2/89, 3/17/91, 2/9/99, 2/4/01, 2/6/02, 2/6/03, 2/12/04, 2/10/05, 2/9/06, 2/4/07, 2/12/09, 2/3/10, 2/5/11, 2/5/12, 2/10/13, 2/9/14, 2/11/15, 2/5/17. Gallup/CNN/USA Today. Encuestas nacionales: 6/30/93, 3/10/96. Gallup/USA Today. Encuesta nacional: 2/14/08. CNN/Opinion Research Corporation. Encuestas nacionales: 4/5/09, 6/16/10. Pew Research Center, Global Attitudes Project. Encuestas nacionales: 5/6/07, 9/15/09. Los Angeles Times. Encuesta nacional: 8/6/96. Princeton Survey Research Associates/Pew News Interest Index. Encuesta nacional: 8/2/98. Princeton Survey Research Associates International/Pew Research Center for the People & the Press/Council on Foreign Relations. Encuesta nacional: 11/6/13 Program On International Policy Attitudes, University of Maryland/Knowledge Networks. Encuesta nacional: 8/25/11

4. Gallup Poll, Americans’ Perceptions of Mexico (2017).

5. Pew Global Attitudes & Trends Project, Encuesta Primavera 2017, Pew Research Center (2017).

6. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Encuesta Nacional de los Hogares 2016 (2016).

7. Pew Global Attitudes & Trends Project, Encuesta Primavera 2017, Pew Research Center (2017).

8. Data Opinión Pública y Mercados, 2017 Encuesta Omnibus MX (2017)

 

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Christopher Wilson es director adjunto del Instituto Mexicano dentro del Centro Internacional Woodrow Wilson para Académicos. Pablo Parás García es presidente y fundador de Data OPM, una firma privada de servicios de investigación sobre opinión pública en México, y es afiliado al Centro de Estudios Latinoestadounidenses en Georgetown. Enrique Carlos Enríquez Minjárez es candidato a una M.S en Servicios de Extranjería por la Universidad de Georgetown y estudiante Fullbright-García Robles.

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