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AGUJEROS BLANCOS: La ciencia del amor

Carlo Altamirano Allende | 01.02.2018
AGUJEROS BLANCOS: La ciencia del amor

El intervalo de tiempo que le toma a una persona determinar si se ha enamorado a primera vista o no es de tan sólo noventa segundos a cuatro minutos. Esto según el científico Arthur Arun de la Universidad Estatal de Nueva York, en Stony Brook,1 quien estudió sistemáticamente encuentros entre parejas de desconocidos del mismo sexo y de géneros opuestos para descubrir el secreto del enamoramiento fugaz.

A partir de sus observaciones, Arun generó su infalible receta: primero, encuentre a un completo extraño(a); después, durante treinta minutos compartan detalles íntimos de sus vidas, y por último, intercambien miradas intensas sin hablar por cuatro minutos.

La atracción, según éste y otros estudios, se genera y transmite por medio del lenguaje corporal (55%), del tono de voz y la velocidad a la que se habla (38%), y del contenido de la conversación (7%).

Muchas de las parejas estudiadas en las diferentes ocasiones en que este experimento se llevó a cabo iniciaron relaciones amistosas o amorosas, y algunas de ellas incluso llevaron a varias parejas al matrimonio.

Arun, quien durante cerca de cincuenta años ha estudiado la psicología del amor, también elaboró una lista de treinta y seis preguntas que, hechas en un ambiente controlado, han llevado a parejas de extraños a desarrollar una sensación de intimidad. La primera de ellas es: ¿Si pudieras escoger a cualquier persona en la historia de la humanidad, a quién te gustaría invitar a cenar?2

 

En nuestro cerebro, el enamoramiento se explica en su totalidad mediante procesos químicos que se traducen en tres etapas: deseo, atracción y fijación.

La bióloga antropóloga Helen Fisher, de la Universidad Rutgers,3 quien es la principal asesora científica del sitio de citas por internet Match.com, explica estas tres etapas en términos de los neurotransmisores de nuestro sistema nervioso. La primera, el deseo, surge de la necesidad humana de tener gratificación sexual. En el plano de la evolución, este deseo parte de la necesidad de reproducirse para perpetuar la especie, y surge de la producción de testosterona y estrógeno, mejor conocidos como las hormonas sexuales.

La atracción, en cambio, es un fenómeno distinto, aunque relacionado con el deseo, pues aun cuando nos podemos sentir atraídos por alguien a quien deseamos, el primero puede aparecer sin que suceda el segundo, y viceversa. La atracción activa partes del cerebro responsables de la sensación de “recompensa”. Así se explica que las primeras semanas de una relación puedan ser vividas al límite del regocijo. El neurotransmisor responsable de esas sensaciones es la dopamina, la cual se produce cuando hacemos cosas que nos hacen sentir bien, como estar con seres queridos y tener relaciones sexuales. Estos químicos pueden llegar a hacernos sentir eufóricos, al grado de reducir el apetito y el sueño.

La última etapa, la fijación o el compromiso, es el factor predominante en las relaciones duraderas. Mientras que las primeras dos etapas son exclusivas de enredos amorosos, la fijación regula amistades, lazos filiales y paternales, y otras relaciones íntimas cuya dimensión química se explica por las hormonas oxitocina y vasopresina. Por ello a la oxitocina también se le conoce informalmente como la hormona del acurrucamiento.

La ciencia del amor es vasta, y también lo es la incertidumbre de las fórmulas químicas que estabilizan una dosis saludable de todas estas hormonas cuyo lado oscuro es bien conocido por todos aquellos que hemos sufrido de amor y desamor. La ciencia, como en muchas otras situaciones, apoya a la sabiduría popular, pues a fin de cuentas todo depende de la “buena química” entre quienes intercambian miradas y palabras por primera vez.

 

Con respecto al orgasmo femenino, diferentes estudios científicos arrojan luz sobre la relación de esta experiencia con la fisiología y el movimiento del cuerpo femenino. En 2011, un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine4 encontró una correlación entre la forma de los labios de la vagina y la propensión de las mujeres a tener orgasmos. Los científicos hicieron preguntas a doscientas cuarenta mujeres sobre la forma de sus labios vaginales y su capacidad para experimentar orgasmos.

¿Los resultados? Las mujeres con tubérculos más prominentes en el labio superior tienen mayores posibilidades de tener orgasmos. Esta correlación tan extraña, conjeturan los científicos, se debe al desarrollo del feto. Los circuitos neuronales que afectan al orgasmo vaginal son los mismos que forman el pequeño tubérculo del feto.

 

Los beneficios de una vida sexual saludable son incontables, y en adultos mayores se refleja en una mejor función cerebral. Un estudio reciente llevado a cabo por científicos de las universidades británicas de Oxford y de Coventry5 encontró que las personas que tienen sexo con frecuencia muestran un mejor rendimiento en pruebas que miden la destreza verbal y la habilidad para visualizar objetos y el espacio entre ellos. El estudio involucró a setenta y tres participantes de entre cincuenta y ochenta y tres años de edad, los cuales fueron sometidos a distintas pruebas y cuestionarios acerca de su vida sexual, hábitos y estilos de vida, así como a pruebas que miden las funciones cerebrales que se enfocan en la atención, la memoria, el lenguaje, la habilidad espacial y la destreza mental.

Para poder explicar mejor estos resultados, los investigadores buscan observar la influencia de la dopamina y la oxitocina en la relación entre actividad sexual y función cerebral. Mientras que a algunas personas no les gusta pensar en los adultos mayores como sexualmente activos, lo cierto es que no hay límite de edad para vivir una vida plena y llena de salud física, mental, emocional… ¡y sexual!

Afortunadamente, los científicos también han pensado en los corazones rotos y en formas rápidas y eficaces de salir adelante después de un rompimiento amoroso. La receta es mucho más sencilla de lo que muchos imaginarían. Y por si no ha quedado claro a lo largo de esta columna, la solución también reside en el cerebro: el efecto placebo.

Con tan sólo creer que uno está haciendo algo para ayudarse a superar una relación se activan regiones del cerebro asociadas con la regulación de emociones que reducen la percepción de dolor. Científicos de la Universidad de Colorado en Boulder6 midieron el impacto cognitivo y de comportamiento que el efecto placebo tuvo en un grupo de cuarenta voluntarios con el corazón hecho trizas por cuestiones amorosas.

A los participantes se les practicaron resonancias magnéticas mientras veían fotografías de sus anteriores parejas y recordaban cómo había sido el rompimiento. Después, les mostraron imágenes de amigos cercanos y les infligieron cierto dolor. Estos estímulos se repitieron continuamente. Los voluntarios calificaron sus sensaciones mientras se medía su actividad cerebral en todo momento. Al finalizar, a la mitad de ellos se les pidió que ingirieran lo que se les dijo era un analgésico parar curar el dolor emocional, mientras que a los individuos de la otra mitad del grupo se les dijo que estaban tomando una solución salina simple. Los resultados fueron los esperados: después de tomar el placebo, la primera mitad mostró una significativa mejoría en su estado de ánimo, a decir de la actividad cerebral medida.

Es bien sabido que los placebos pueden ayudar a disminuir el dolor físico, el mal de Parkinson y otras enfermedades; sin embargo, ésta es la primera vez que se mide su efecto en el dolor emocional producto de relaciones amorosas.

Así que, si está cansado de que el mundo se derrumbe frente a usted cada que termina una relación amorosa, intente creer firmemente que está haciendo algo para ayudarse. Su cerebro hará el resto.  EP

 

 NOTAS

1. <http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/0146167297234003>.

2. <https://www.nytimes.com/2015/01/11/fashion/modern-love-to-fall-in-love-with-anyone-do-this.html>.

3. <http://www.helenfisher.com/index.html>.

4. <http://www.jsm.jsexmed.org/article/S1743-6095(15)33296-3/pdf>.

5. <https://academic.oup.com/psychsocgerontology/advance-article/doi/10.1093/geronb/gbx065/3869292>.

6. <http://dx.doi.org/10.1523/JNEUROSCI.2658-16.2017>.

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Carlo Altamirano Allende es licenciado y maestro en Física por la UNAM. Actualmente es becario Fulbright y candidato a doctor por el programa Dimensiones Sociales y Humanas de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Estatal de Arizona.

 

 

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