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ELECCIONES EN MÉXICOElecciones bajo riesgo: Facebook, fake news e INE

Felipe García | 01.03.2018
ELECCIONES EN MÉXICO: Elecciones bajo riesgo: Facebook, fake news e INE
En un escenario global tan nuevo y vulnerable, México se enfila a enfrentar la elección federal del presente 2018. ¿Estamos listos? ¿Entendemos los nuevos retos que se presentan principalmente en los medios digitales? La respuesta para ambas preguntas es no.

El próximo 1º de julio México vivirá un proceso electoral federal que enfrenta un riesgo hasta ahora inédito, la posibilidad de injerencia extranjera utilizando los medios digitales, como ha sido el caso del Reino Unido, con el referéndum del brexit; España, con el referéndum catalán y Estados Unidos (EU), con la elección presidencial de Donald Trump. El futuro de México está en juego y debemos saber qué sucede y qué puede llegar a suceder.

Las interacciones en los medios digitales son un nuevo frente mediante el cual un poder, extranjero o local, puede influir en las decisiones de la gente. En el caso específico de las redes sociales, lo han logrado aprovechando las diferencias en el acuerdo social amplificando y radicalizando los discursos discordantes o, en su defecto, causando confusión.

En el caso del brexit, la campaña en medios digitales fue en dos frentes, con dos mensajes muy simples: “Leave EU” y “Remain EU” (“Dejar la Unión Europea” y “Permanecer en la Unión Europea”). ¿Cuánta confusión se puede causar? ¿Qué tanto se puede amplificar la diferencia social? Tanto como el medio digital nos lo permita. Si lo medimos como tendencia, la campaña “Leave” fue cinco veces mayor que la campaña “Remain”. La campaña “Leave EU” tuvo dos frentes, principalmente, que se manejaron con una estrategia claramente segmentada. A los menores de 25 a 30 años de edad los disuadieron de ir a votar. Ese rango de edad siempre conoció una Inglaterra integrada con la Unión Europea (UE), así que los convencieron de que no hacía falta votar. En su campaña “Leave EU” los convencieron de que el referéndum no podía ser, que no era posible que se realizara la separación de la UE, que era nada más un trámite, y no votaron. Por eso es que la estadística de votación muestra poca participación de ese segmento de edad. En cambio, en la campaña “Leave EU” para el segmento de edad 45 a 60 años y más, el esfuerzo fue considerablemente mayor. En este segmento de edad el discurso que se propuso promovía dos ideas: “Inglaterra mantiene económicamente a Europa” e “Inglaterra está manteniendo a los inmigrantes”; además de apelar a la gloria de la Inglaterra y el Reino Unido de los viejos tiempos, las añoranzas de épocas pasadas (supuestamente) mejores. Y es justo ahí donde se definió la votación. Hay evidencia de que en el punto máximo de la campaña en Twitter se publicaron más de 45 mil tuits en las 48 horas previas y posteriores al referéndum promoviendo la votación a favor de la salida de Inglaterra y Reino Unido de la UE. Esta operación se hizo desde Rusia. Disponían de más de 150 mil cuentas registradas en Twitter listas para ser usadas con este fin.

Ésa es una de las formas actuales en las que un poder extranjero puede interferir en los asuntos políticos de un país. La información manipulada y tendenciosa se vuelve un arma. En EU, durante la campaña presidencial de 2016, fue especialmente intenso el uso de las redes sociales, principalmente Facebook, Twitter y Reddit. En ellas, operadores rusos, actuando como ciudadanos estadounidenses, se encargaron de intoxicar las interacciones logrando amplificar la división social con mensajes de racismo, malestar económico y migración. Las bases de la campaña de Donald Trump, precisamente. Esto forma parte de la investigación en curso por parte del fiscal especial Robert Mueller, en lo que se llama el Rusiagate.

La división social impulsada mediante las interacciones de las redes sociales vino, por un lado, en apoyo explícito a Donald Trump y, por el otro, en abiertos ataques contra Hillary Clinton. En Facebook, 120 agentes rusos colocaron, de 2015 a 2017, un estimado de 80 mil publicaciones que llegaron de primera mano a 29 millones de usuarios, los cuales, gracias a los mecanismos de interacción que la plataforma permite, amplificaron el alcance hasta 126 millones de usuarios en total. A esto se suman 3 mil anuncios publicitarios que se colocaron en el mismo lapso, que suman otros 10 millones de usuarios alcanzados por la operación de injerencia rusa en esta red social. Rusia influyó en al menos el 38% de la población estadounidense utilizando Facebook, aunque algunos estudios indican que pudo ser hasta el 50% realmente.

En Twitter la situación no fue menos grave. En enero de 2018, Twitter reconoció la existencia de casi 50 mil cuentas controladas por operadores rusos. Esas cuentas pusieron más de 1.5 millones de tuits que generaron 288 millones de lecturas (impactos). No se ha especificado con claridad cuántas de esas cuentas son del tipo que publica contenido de forma automatizada, es decir bots. Lo que sí se sabe es que el mismo Trump recibió aproximadamente 470 mil retuits de cuentas controladas por Rusia a lo largo de su campaña electoral.

Tanto en el referéndum del brexit, como en la elección presidencial estadounidense del 2016, las investigaciones de los cuerpos de inteligencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (otan) y los testimonios de las mismas empresas de redes sociales señalan que detrás de la operación de injerencia rusa en los medios digitales está la Internet Research Agency (ira), una empresa con sede en San Petersburgo. La ira está en la lista de las 13 personas e instituciones rusas acusadas por Robert Mueller, el pasado 16 de febrero, como parte de su investigación sobre la injerencia en la elección presidencial de 2016. 

Construir una narrativa para una audiencia lista para recibirla sin cuestionarla, aprovechando el clima social, no se hace con el fin explícito de favorecer a uno u a otro. Más bien, busca crear confusión y agravar los problemas existentes. Ya no se habla de la llamada posverdad; el problema es más grave y complejo. El mundo ya tiene evidencia de que esto es real, opera, modifica el mapa geopolítico, cambia el rumbo de un país, de un continente. La otan ha propuesto los términos guerra alternativa, cuando el principal medio de influencia es la información o guerra híbrida, cuando ya se integra con los medios de conflicto bélico. La guerra alternativa tiene como objetivo desinformar, causar confusión y reducir la confiabilidad en los medios tradicionales. La duda en medios tradicionales potencia el manejo de los llamados medios alternativos de información. El problema es que los medios alternativos suelen ser medios con agenda clara y específica, como esa que dicen combatir justamente. En una operación de guerra alternativa se busca influenciar a los políticos, líderes de instituciones, responsables de la toma de decisiones y elementos sociales combinando el uso de la presión con operaciones subversivas. La guerra híbrida implica esfuerzos a diferentes niveles con el objetivo de desestabilizar al Estado y provocar una polarización de la sociedad. Es por el potencial de alcance y consumo de los medios digitales que la información es ahora considerada un arma en la guerra alternativa, la weaponización de la información.

 

Protestas a favor del impeachment de Donald Trump por el Rusiagate, 2 de julio de 2017

 

Los nuevos “ejércitos” no son sólo hombres armados listos para entrar al campo de conflicto, ahora también lo son operadores perfectamente capacitados para irrumpir en las interacciones digitales donde incluso puede ser de mayor utilidad causar enojo y discordia. Se les conoce como trolls. Y al mensaje que se busca hacer llegar a una mayor audiencia posible se le amplifica con la utilización de herramientas automatizadas, los bots, abreviatura de robot, precisamente.

Y en un escenario global tan nuevo y vulnerable, México se enfila a enfrentar la elección federal del presente 2018. ¿Estamos listos? ¿Entendemos los nuevos retos que se presentan principalmente en los medios digitales? La respuesta para ambas preguntas es no. Desde el pasado proceso de 2012 donde se eligió a Enrique Peña Nieto como presidente, la utilización de los medios digitales fue controvertida y cuestionada; tanto, que se formó el término peñabot como un vilipendio en redes sociales combinando la idea de usuarios quienes parecían simpatizar con el gobierno en función y el manejo de cuentas automatizadas (robots) para aumentar su presencia.

Internet no conoce fronteras. En este proceso electoral que ya está en curso, las autoridades mexicanas en ninguno de sus niveles consideraron el riesgo real del involucramiento de un gobierno extranjero utilizando los medios digitales, por lo cual no hay un posible marco legal al cual sujetarse. En México, la autoridad y los usuarios estamos expuestos al riesgo real que representan las técnicas que se han visto en el resto del mundo y que han permitido la injerencia del gobierno ruso en los procesos electorales y políticos. La autoridad electoral mexicana lo más que tiene considerado es el uso y participación de los directamente involucrados en el proceso y figuras relevantes como celebridades o periodistas. Sin embargo, el marco legal no tiene de ninguna manera considerada la acción de aparentes simpatizantes en los medios digitales. Facebook y el Instituto Nacional Electoral (INE) firmaron un acuerdo que no deja claro ni da certeza acerca de la información que se compartirá, ni la forma en la que Facebook puede colaborar con dicha institución, con lo cual no se tienen normas que validen o no información tendenciosa, manipulada, difamaciones ni calumnias que puedan circular por esa plataforma.

¿Qué es lo que estamos viendo? Un entorno de interacciones sociales digitales altamente intoxicado por un discurso agresivo, casi de coerción, que no tolera la crítica ni soporta los comentarios que resultan contrarios, pero que además repele los hechos para dar valor e importancia a posturas casi dogmáticas. En México, la retórica que llega a demagogia absurda sostiene el eje de la interacción social en un entorno de estruendo y confusión, que se vale de todas las malas prácticas documentadas por el mundo. ¿Rusos? No se puede afirmar con certeza por la falta de instituciones que realicen una auténtica labor de inteligencia con especialidad en los nuevos medios digitales, aunque el método, el medio y la estrategia sean exactamente los mismos que han utilizado bajo la instrucción del Kremlin.

Lo que sí sabemos con certeza es que el usuario diario, el usuario cotidiano, seguramente más de lo que puede darse cuenta, se ha topado con cuentas que han permanecido durmientes incluso por años y que “despiertan” de un momento a otro para empezar a propagar consignas, una tras otra, apoyar y amplificar apoyo a candidatos y personajes que van acorde a su agenda. Sofocar ideas, causar confusión, “golpear” indiscriminadamente mediante linchamientos digitales, todo para elegir al próximo habitante de la casa presidencial de Los Pinos. De la misma forma que se eligió al actual habitante de la Casa Blanca en EU. De la misma forma que se busca la salida de Inglaterra de la UE, de Cataluña de España.  EP

 

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Felipe García es ingeniero en sistemas computacionales, diseñador web y de aplicaciones móviles. Tiene experiencia en implementación de plataformas web para comercio electrónico, e-learning, posicionamiento en motores de búsqueda y seguridad informática.

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