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#Ayuujk: Lenguas indígenas, territorio y autonomía

Yásnaya Aguilar | 20.03.2018
#Ayuujk: Lenguas indígenas, territorio y autonomía

Cuando la pérdida de la lengua en mi comunidad comenzó a preocuparme, intenté realizar varias actividades junto a otras personas para promover su uso. Con el paso del tiempo me di cuenta de que los efectos de esas actividades eran de un impacto incomparable al que tiene la tendencia de imponer al castellano como única lengua. El castellano se utiliza en la escuela, en la televisión, en las oficinas gubernamentales en las que hacemos trámites, en las letras de las canciones que escuchamos en la radio, en las grafías que habitan los productos de limpieza que compramos, en los libros que leemos, en las bibliotecas, en las noticias, en casi todo. Para hacer un contrapeso suficiente necesitamos generar nuestros propios espacios educativos, escuelas realmente bilingües, medios de comunicación, radios, televisión, contenidos en internet, bibliotecas que contengan informanción en nuestras lenguas, imprentas para producir nuestros propios libros, en otras palabras, necesitamos hacer realidad esa trillada frase: apropiarnos de los medios de producción.

Una transformación de tal maginitud se relaciona necesariamente con la posibilidad de que, como pueblos, podamos ejercer una mayor influencia en nuestro futuro y nuestra vida, necesitamos hacer del derecho a la libre determinación una realidad que posibilite, por ejemplo, desarrollar nuestro propios sistemas educativos, en donde podamos diseñar planes, programas y modos de enseñanza propios. Necesitamos tener la suficiente autonomía como para implimentar centros educativos en donde nuestras lenguas cumplan la función necesaria. En lugar de pedir una y otra vez al Estado mexicano que desarrolle un programa educativo pertienente lingüísticamente hablando para cada uno de los pueblos indígenas del país, tan distintos entre sí, sería preferible que cada pueblo pueda determinar las formas y los contenidos de la educación a impartir. La probabilidad de que el Estado mexicano permita desarrollar sistemas educativos propios parece lejana. Sin embargo, cada vez más surgen proyectos en este sentido. La vitalidad de las lenguas indígenas está estrechamente relacionada con la lucha por la autonomía de los pueblos que las hablan. Ya no puedo entender la lucha por las lenguas indígenas y los derechos lingüísticos sin ligarlos a la lucha por la libre determinación.

Tampoco puedo entender la lucha por la vitalidad de las lenguas indígenas sin ligarla a la lucha por el territorio. Los proyectos extractivistas como la minería, las hidroeléctricas y otros megaproyectos constituyen la mayor amenaza contra los pueblos indígenas en la actualidad. El gobierno mexicano ha consecionado muchos de los territorios de los pueblos indígenas para proyectos mineros (sobre todo a empresas canadienses) sin haber consultado a los pueblos indígenas. Si deseamos desarrollar los medios de producción que nos permitan el fortalecimiento de nuestras lenguas, no podemos ignorar que necesitamos de nuestro territorio y de nuestros bienes naturales que se encuentran bastante amenzados por minerías y otros proyectos de gran magnitud.

La lengua que empapa la mayoría de las interacciones humanas se encuentra inmersa en la vida de los pueblos. Pensar en revitalización lingüística nos obliga a pensar en territorio y en autonomía. A mayor autonomía, mayores posibilidades de que las lenguas indígenas puedan fortalecerse. Mientras sigamos considerando que el desarrollo y la vitalidad de las lenguas indígenas deben ser sólo proyectos culturales y educativos, sin tomar en cuenta que de raíz deben ser proyectos políticos, las lenguas continuarán este proceso de desaparición que por el momento nada ha revertido: ni los mejores proyectos, ni las mejores intenciones, ni el activismo más comprometido.

 

Foto: Yásnaya Aguilar

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