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El comportamiento económico de los indígenas: un análisis para México1

Juan Carlos Pérez Velasco Pavón | 11.06.2015
El comportamiento económico de los indígenas: un análisis para México1
En nuestro país, las comunidades indígenas han sido siempre las más pobres y las más vulnerables. ¿Cómo podría mejorar su situación? Presentamos una tesis sobre la estructura y dinámica económicas dominantes en las poblaciones originarias de México.

Introducción

 

Las comunidades indígenas en el mundo y, en particular, en México poseen ciertas características en común. La primera de ellas es que generalmente son los grupos económicamente más pobres y vulnerables de sus respectivos países, y la principal razón que se esgrime para explicarlo es que existe una importante discriminación contra ellos. Pero estas comunidades tienen también otras dos características compartidas: su historia de colonialismo y su cultura, la cual incluye, en general, una tendencia a evitar grupos internos dominantes y una preferencia por trabajar la tierra y laborar en empresas pequeñas y familiares. ¿Qué tanto puede estar afectando su historia de colonialismo y su cultura a su situación económica?

El presente texto tiene dos objetivos: (1) describir el desarrollo de un factor cultural que ha fomentado la igualación económica de las comunidades indígenas mexicanas, cuya finalidad ha sido eficientar la defensa colectiva de sus propiedades, y (2) mostrar el costo económico que asumen dichas comunidades como consecuencia del factor cultural.

 

Desarrollo de algunos factores de la cultura indígena

 

La historia de las comunidades indígenas actuales en México constituye una serie de ataques y agresiones contra ellas, a fin de quitarles sus recursos. Estas sociedades han respondido con una serie de estrategias de defensa. Durante la Conquista, como esas embestidas eran directas, violentas y de imposición, la defensa fue del mismo talante. Pero poco a poco, ya en la Colonia, esos embates pasaron a ser una mezcla de lo violento y lo jurídico, por lo que la defensa pasó, paulatinamente, de las armas a los procesos judiciales; la protección de los derechos de los indígenas, principalmente en lo que respecta a la tierra, se volvió el bien público por excelencia.

En su libro sobre las comunidades indígenas de México, Ethelia Ruiz Medrano2 expone de forma excelente las estrategias que han usado estos grupos para la defensa legal de sus posesiones, desde la época de la Colonia hasta nuestros días. De forma muy resumida se puede decir que, en un principio, las colectividades indígenas hacían uso intensivo de intermediarios, como misioneros, funcionarios y abogados, pero poco a poco fueron entendiendo y asimilando los intríngulis legales, hasta volverse unos expertos pleiteadores,3 valiéndose enérgicamente de documentos, principalmente pictóricos, con el objetivo de demostrar y mantener legalmente la posesión colectiva de la tierra, siempre adaptándose a las nuevas y cambiantes legislaciones.

Pero la logística colectiva para producir bienes públicos, en particular la defensa, siempre ha enfrentado obstáculos difíciles de resolver. Dos de estos problemas son la complejidad en la toma de decisiones comunales —pues cada integrante puede tener incentivos diferentes, por lo que llegar a acuerdos y cumplirlos puede ser un ejercicio colectivo agobiante— y las dificultades en cuanto a la formación de grupos internos disímiles. Este tipo de problemas origina que la producción comunal del bien público sea ineficiente, y sus dificultades pueden llegar al grado de que se suspenda la producción. Pero estas complicaciones se reducen considerablemente en sociedades igualitarias. Con igualdad de ingresos (y, por ello, similitud en incentivos económicos), las decisiones colectivas tienden a ser eficientes, pues se reducen los incentivos a favor de las estrategias disímbolas; es más fácil construir y supervisar acuerdos internos, y, sobre todo, se reduce la probabilidad de romper con la unidad colectiva, toda vez que ya no es fácil sobornar a un sector sin que el soborno se refleje en los ingresos. Deben haber sido muchos los casos de indígenas representantes de sus comunidades que fueron corrompidos, pero ninguno de ellos regresó a su comunidad. La igualdad económica simplemente transparenta el proceso para la defensa comunitaria y evita desviaciones individuales o de grupos.

Una condición necesaria para lograr la igualdad es evitar la especialización económica o división del trabajo no familiar,4 ya sea en el proceso productivo de un mismo bien o en la producción de determinados bienes, pues dicha especialización es una fuente de desigualdad entre los integrantes de comunidades. La especialización económica en un proceso productivo requiere jerarquías para la coordinación del trabajo,5 lo que de suyo implica desigualdad entre los integrantes; asimismo, la productividad varía entre individuos, lo que de alguna forma se refleja en diferencias en los ingresos (reales y/o potenciales), entre otras cosas. Por lo anterior, evitar la división del trabajo es un requisito para la igualdad económica dado que todos tienen la misma fuente de ingresos y los cambios les afectan por igual. Prescindir de la especialización económica en las comunidades indígenas en otra época, como la Colonia, era cosa fácil, ya que la división del trabajo en aquel entonces no era tan redituable como lo es en la actualidad; al contrario, evitar esta división trajo grandes beneficios a las comunidades, derivados de una producción más eficiente y de la defensa comunal.

La producción colectiva en las sociedades indígenas mexicanas —que, por cierto, es común en varias comunidades alrededor del mundo6— consiste básicamente en una serie de prácticas enfocadas en que todos los individuos produzcan bienes similares (bienes de autoconsumo, como maíz y frijol, y de intercambio, como artesanías o algunos productos agrícolas), en que la producción sea familiar y con la misma tecnología, y en que no existan jerarquías no familiares. Este procedimiento se complementa con el sistema de cargos, que fundamentalmente es una práctica de jerarquías rotativas que priva a los individuos de incentivos para perpetuarse en el poder.7

Dos factores contribuyeron a la integración de las estrategias de defensa en la cultura:

1. Las estrategias de igualación de las comunidades indígenas se vincularon con sus creencias, valores, tradiciones y costumbres, ya existentes. Por ejemplo, el trabajo comunal y la no especialización,8 heredados en buena medida de la época prehispánica, sirvieron como una forma de encajar creencias propias en las defensas judiciales de los recursos, lo que llevó dicha defensa a un nivel muy eficiente. Esto no quiere decir que la causa última del colectivismo de las comunidades indígenas hayan sido estas estrategias; quiere decir simplemente que lo aprovecharon para presentar una mejor estrategia de defensa.

2. La repetición de esas estrategias, junto con otras tradiciones, durante cientos de años, generación tras generación, afianzó su culturización. Es así que estas estrategias fueron adquiriendo un componente cultural más y más fuerte, hasta volverse parte de las creencias y tradiciones colectivas. Y es que dichas estrategias generaron beneficios positivos durante un largo tiempo. Para cuando los beneficios sociales se volvieron negativos a mediados del siglo pasado, debido a la intensidad de la especialización económica, las estrategias ya estaban totalmente culturizadas.

 

Evidencia de la existencia del factor cultural de igualación

 

Las estrategias de igualdad prácticamente ya no se observan en las comunidades indígenas actuales, en buena medida porque el sistema de cargos no es tan rígido como antes debido a la integración de varios de sus miembros a la industria, a cuestiones religiosas y, sobre todo, a cambios en los ingresos y costumbres derivados de la migración. Sin embargo, si la cultura de una comunidad muestra una tendencia hacia la no especialización económica, se esperaría que sus integrantes trabajen en empresas pequeñas y de corte familiar, en las que todo el proceso de producción se lleve a cabo dentro de ellas9 y en donde la producción y las exportaciones sean bienes con pocas o nulas economías de escala, como las artesanías, mientras que las importaciones sean bienes con amplias economías de escala. De acuerdo a los resultados de varios ejercicios estadísticos que se mencionan en la versión amplia de este artículo,10 para los que se usaron datos del Censo de Población y Vivienda 2010 y de otras fuentes, los indígenas mexicanos cumplen estas tres condiciones, es decir, se puede afirmar que en las comunidades indígenas mexicanas existe una tendencia extraeconómica que apunta a que sus integrantes trabajen en pequeños talleres y produzcan bienes mediante una tecnología familiar, sin especialización económica.

 

Consecuencias económicas del factor cultural de igualación

 

La falta de especialización no solo disminuye el consumo actual sino también la tasa de crecimiento económico. La reducción de dicha tasa es tan grande que el factor cultural la lleva a cerca de cero, en términos per cápita, lo que explicaría la situación de pobreza de las comunidades indígenas. A grandes rasgos, en la teoría económica existen dos esquemas para explicar el crecimiento económico de los países: por un lado están los modelos exógenos, que utilizan el desarrollo del conocimiento y, por ende, de la tecnología para explicar el crecimiento económico, pero no explican las causas del mismo progreso del conocimiento (por eso se dice que son exógenos o de explicación externa). Estos modelos predicen que, sin desarrollo del conocimiento, la economía se estabilizaría en un crecimiento económico de cero en términos per cápita. El otro grupo de modelos, llamados endógenos, explica el desarrollo del conocimiento que, a su vez, influye en la tecnología, en aumentos en la eficiencia de los otros factores de producción, como el capital humano y el físico, todo lo cual genera un círculo virtuoso que justifica el crecimiento económico positivo y constante. El progreso del conocimiento es, pues, la clave del crecimiento económico, ya que con el tiempo, el conocimiento (generado en la misma economía o importado) se irá expandiendo y pasará a ser un bien y/o insumo público que no se depreciará, de tal forma que cada generación partirá o iniciará con el conocimiento de la generación anterior, enriqueciéndolo más y más. Empero, el desarrollo y, sobre todo, la aplicación del conocimiento y la tecnología en el proceso productivo implican una especialización económica.

Si la sociedad incorpora el factor cultural de igualación, que tiende a evitar la especialización económica, como en el caso de las comunidades indígenas, no se va a aprovechar debidamente el conocimiento, que fue desarrollado sobre la premisa de la especialización. Esto originaría una reducción de la tasa de rentabilidad del capital humano, por lo que el círculo virtuoso ya mencionado se rompería. Para explicar la tasa de crecimiento de las comunidades indígenas se tiene que usar, en consecuencia, un modelo de crecimiento exógeno, que a final de cuentas será de cero en términos per cápita. Pero aún más:

1. Para mantener una tasa de crecimiento per cápita de cero y ante el aumento de la población, se necesitarían incrementos continuos en el capital físico (en este caso la tierra). Pero si dicha acumulación de capital no es posible, simplemente porque estas comunidades tienen una dotación fija de tierra y no se pueden expandir indefinidamente, la tasa de crecimiento per cápita sería negativa y los trabajadores tendrían que migrar.

2. La falta de especialización también conduce a una mercadotecnia fallida.11 Por ejemplo, como la falta de especialización ha impedido que ciertos miembros de la comunidad se concentren en la comercialización y distribución y que ese conocimiento fluya en el grupo, los indígenas venden a intermediarios, a precios muy bajos, o lo hacen en sus mismas comunidades o en mercados locales. Asimismo —y esto es muy importante—, el diseño de los productos artesanales se ha estancado, como lo ha hecho su economía, porque es muy difícil, si no imposible, para un individuo con una cultura y una situación económica propias, diseñar nuevos productos para personas con una cultura diferente y en una situación económica más holgada.


En conclusión, los factores culturales que evitan la especialización económica no solo disminuyen el consumo sino que también llevan a una tasa de crecimiento económico de cero o incluso negativa, aunado esto a una mercadotecnia deficiente. ¿Se observa eso en las comunidades indígenas?

 

Evidencia de que el factor cultural afecta

la tasa de crecimiento económico

 

Con el objetivo de analizar empíricamente el crecimiento económico de las comunidades indígenas en México, se llevaron a cabo dos ejercicios: en el primero se comparó la situación económica de las comunidades en el tiempo (en concreto, su situación antes y después de la globalización12), y en el segundo se contrastó la situación económica actual de las diferentes sociedades.13 Examinando el comportamiento de los bienes básicos de consumo en el tiempo (casas y materiales para la construcción, servicios básicos, aparatos electrodomésticos, etcétera) se puede observar que: (1) las comunidades indígenas han mejorado en servicios (electricidad, agua y drenaje), aunque estas mejoras son exógenas, pues los programas gubernamentales —junto con el trabajo comunal— han tenido un rol importante en ellas; (2) la diferencia en la acumulación de los bienes básicos entre las comunidades indígenas y no indígenas, antes y después de la globalización, ha crecido de forma muy importante; de hecho, algunas comunidades indígenas viven en un nivel económico parecido al de los años treinta, excepto por los servicios ya mencionados; y (3) el tipo de productos artesanales que los indígenas vendían en los años treinta y los que venden en la actualidad, así como su sistema de distribución, no han cambiado significativamente, lo que se traduce en una falta de adecuación de sus productos al mercado. Para realizar una comparación entre las comunidades actuales, se construyó el Índice de Satisfacción Económica (ISE) 2010, usando los datos del Censo. Así, se encontró una relación negativa entre el grado de tradicionalismo de las comunidades indígenas y el nivel de consumo (ISE). Para medir el grado de tradicionalismo se utilizó el Índice de Reemplazo Etnolingüístico (IRE),14 que mide el nivel en que las nuevas generaciones de la población de un grupo lingüístico mantienen el uso de la lengua indígena (a mayor valor del índice, mayor es la traslación de la lengua entre generaciones). Se supone que dicho índice está correlacionado con el grado en que la sociedad mantiene su cultura. Como se puede observar en la Gráfica, la correlación entre el IRE y el ISE es negativa: mientras más grande es el grado de tradicionalismo (mayor es el IRE), menor es la especialización de la comunidad, que no va a buscar una mejor mercadotecnia, va a crecer menos en términos económicos y va a consumir menos (ISE más bajo).

En suma, usando la teoría económica para entender el comportamiento de las sociedades indígenas, y presentando evidencia empírica al respecto, se puede decir que existe una tendencia a la no especialización económica entre estas sociedades y dicha tendencia ha perjudicado el crecimiento económico, contribuyendo a que estas comunidades se encuentren entre las más pobres del país. Evidentemente, la pregunta es ¿se puede hacer algo? Desde luego, pero lo que no se puede hacer es tratar de cambiar su cultura, ya que ello resultaría muy ineficiente en todos sentidos, incluyendo el económico.

 

Programa de impulso al crecimiento económico

de las comunidades indígenas

 

El objetivo de un esquema para contribuir al desarrollo de las comunidades indígenas sería el aumento del ingreso, siempre y cuando se respete el factor cultural de igualación, o lo que quede de él. Las artesanías presentan economías constantes de escala, por lo que su producción está acorde con su cultura, amén de que, en algunos casos, estas comunidades han desarrollado una capacidad para producir artesanías de calidad, capacidad muy difícil de encontrar. El camino para el fomento de estas empresas artesanales tiene que pasar por tres factores, dos de ellos ya con soluciones estudiadas: la tecnología, el financiamiento y la mercadotecnia. Para la parte técnica está la llamada tecnología intermedia, que es aquella que se desarrolla para producir pequeñas cantidades, sin especialización y a costos unitarios razonables, y que ha sido diseñada para su uso por parte de comunidades económicamente vulnerables. Existe una amplia literatura sobre este tema.15 Para adquirir esta tecnología y mejorar la mercadotecnia, o en general para abrir o ampliar una pequeña empresa, existen instituciones que con subsidios gubernamentales y donaciones han desarrollado instrumentos financieros favorables de los que pueden hacer uso las comunidades de escasos recursos.16

No obstante, parece ser que la mercadotecnia ha recibido poca o nula atención. Es importante, empero, tener en cuenta que las deficiencias en la mercadotecnia no son una característica cultural sino una consecuencia. Y es que, como ya se mencionó, no parece factible que las comunidades indígenas, con sus propias características culturales y situación económica, lleven a cabo una mercadotecnia adecuada (diseño del producto, canales de comercialización, etcétera), que esté dirigida a personas de otras culturas y con una posición económica diferente. Si a eso añadimos el problema de la discriminación, resulta que la probabilidad de éxito para una empresa indígena es muy pequeña, a pesar de contar con tecnología eficiente y recursos financieros subsidiados. Una propuesta para subsanar los problemas de mercadeo y aprovechar la tecnología y el financiamiento, y que a su vez genere conocimiento dentro de las comunidades indígenas, sería la siguiente: ahora que en las universidades se está otorgando un gran apoyo a la iniciativa empresarial, a los creadores, al entrepreneurship (de hecho, existe una carrera universitaria solo para eso), se podría llevar a cabo un concurso entre universitarios (y también entre no universitarios) en el que compitan esquemas de producción de bienes de consumo (por ejemplo, lámparas de todo tipo, artículos de cocina, cobertores, edredones, bienes muebles e inmuebles, camisas, etcétera, en donde buena parte del proceso productivo es artesanal); esquemas que incluyan desde el diseño del propio producto hasta la tecnología, el mercado, los precios, la publicidad, el patrón de riesgos, etcétera, y que requieran la participación de comunidades indígenas, de manera que este requisito sea una especie de denominación de origen y que el valor agregado de la producción indígena reciba un subsidio y/o deducción de impuestos. El propósito sería buscar oportunidades reales de negocios, de tal forma que los mismos concursantes u otras personas continúen con estos. Con el tiempo, el conocimiento técnico y de mercadeo podría desplegarse entre las comunidades indígenas para un crecimiento positivo y constante. Y es que, dada la habilidad de los indígenas para las manufacturas artesanales y dado el fomento a la creación de empresas entre diferentes estratos de la población, en especial el de los universitarios, no hay duda de que existen oportunidades reales que no han sido aprovechadas. 

 

1 El presente texto está basado en el artículo de Juan Carlos Pérez Velasco Pavón, “Economic Behavior of Indigenous Peoples: The Mexican Case”, en Latin American Economic Review, 23:12, 2014 http://rd.springer.com/article/10.1007%2Fs40503-014-0012-4.

2 Ethelia Ruiz Medrano, Mexico’s Indigenous Communities: Their Lands and Histories, 1500–2010, University Press of Colorado, Boulder, 2010.

3 Andrés Lira y Luis Muro, “El siglo de la integración”, en Daniel Cosío Villegas (editor), Historia general de México, El Colegio de México, México, 1977.

4 En el texto, ambos conceptos se consideran sinónimos.

5 Una alternativa a las jerarquías sería una coordinación de las actividades entre los integrantes de un proceso productivo; el problema es que dicha coordinación se complica potencialmente conforme hay más especialización, hasta llegar un punto en el que ya no sería eficiente y se tendrían que adoptar jerarquías.

6 J. P. Platteau (editor), Institutions, Social Norms and Economic Development, Harwood Academic, Amsterdam, 2000.

7 El sistema consiste en un régimen por el cual durante cierto periodo (usualmente un año) algunos integrantes de la comunidad, generalmente hombres, deben realizar diversas funciones religiosas, administrativas, económicas y judiciales, como ser mayordomos, jueces, representantes, coordinadores, etcétera. Estas posiciones proporcionan “prestigio” a quienes las ocupan, pero no son remuneradas, de modo que quienes las detentan tienen un incentivo positivo (ser parte de la jerarquía y cumplir con una obligación) e incentivos negativos (la falta de pago).

8 La especialización económica ya existía en la época prehispánica pero la evidencia indica que no era generalizada y que estaba muy relacionada con la demanda de ciertos bienes por parte de los soberanos.

9 La especialización se puede dar en empresas pequeñas que produzcan una parte de algún bien.

10 Ver la nota 1.

11 Por mercadotecnia se entiende el diseño del producto, la distribución, la estrategia de comercialización, etcétera.

12 Para el periodo de la preglobalización se consultaron los libros de Carlos Basauri, La población indígena de México; Etnografía, vols. I, II y III, Secretaría de Educación Pública, México, 1940, escritos en los años treinta, además de datos provenientes de los diferentes censos, hasta el de 1960. Para la época actual se usó el Censo de Población y Vivienda 2010.

13 Para el ejercicio se utilizaron los datos del Censo de Población y Vivienda 2010, además de varios textos antropológicos actuales.

14 Manuel Ordorica, Constanza Rodríguez, Bernardo Velázquez e Ismael Maldonado, “El Índice de Reemplazo Etnolingüístico entre la población indígena de México”, en Desacatos: Revista de Antropología Social, 29 (1), enero-abril de 2009, pp. 123-140.

15 La aportación original fue de Ernst Friedrich Schumacher, en su libro Small Is Beautiful: A Study of Economics as if People Mattered, publicado en 1973 (E. F. Schumacher, Lo pequeño es hermoso, Akal, Madrid, 2011). También se pueden consultar los escritos de Gabriel Zaid y se pueden encontrar múltiples referencias en internet.

16 Para una evaluación de estos instrumentos en varios países, ver Dean Karlan y Jacob Appel, ¡No basta con buenas intenciones!, Antoni Bosch, Barcelona, 2011.

 

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JUAN CARLOS PÉREZ VELASCO PAVÓN es profesor en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac jcperezvelasco@gmail.com.

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