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Somos lo que decimos: Lo que ya dice su dedito / Una autocracia anunciada*

Ricardo Ancira | 01.05.2018
Somos lo que decimos: Lo que ya dice su dedito / Una autocracia anunciada*

Los cinco de la mano tienen nombres: meñique, anular —por las argollas—, el cordial o, como es lógico, medio, el índice que señala y el pulgar que da lugar a una unidad de medida aproximada.1

Mediante el dedazo se dan puestos por encima de las capacidades. Con esta imparcial práctica los poderosos eligen a sus sucesores, sus “dedos chiquitos”.

Desde niños cantamos que el de Dios escribió el destino de nuestra laica nación. Los borrachines tímidos aceptan “un dedo”, horizontal, de licor, cuando lo preferirían vertical. Dos de frente nos separan de la estulticia. Se pone el dedo en la llaga al recordar a otro una situación traumática. Los cándidos “se chupan el dedo”; chupárselos, en cambio, se relaciona con lo suculento.

En los encuentros eróticos los dedos acarician y se insertan, se vuelven órganos sexuales. Cuatro de ellos flexionados “en escalera” dan forma a “los caracolitos”, que simulan una portentosa y salpicona eyaculación. Levantado, el “cordial” funge como un pene erecto, agresivo ademán quizás anglosajón. Índice y medio, alzados, pronostican victoria. En los altos, muchos conductores se escarban las narices.

Desde los césares, el pulgar arriba indica complacencia; abajo, censura. Girado, pide transporte gratis. Flexionando el índice ordenamos: “¡Ven aquí!”. Gracias a Chespirito, plegarlo verticalmente expresa acuerdo. Para la negativa, el mismo dedo oscila de izquierda a derecha, como un metrónomo.

Existe, para nuestro beneficio, un candidato presidencial que utiliza este último método para tomar decisiones. Desde ahí comenzará la bonanza. Gracias a él, el Estado ahorrará millones; los poderes legislativo y judicial serán ya innecesarios: leyes y sentencias correrán a cargo del dedito. Los costos se limitarán a eventuales manicuras.

El sempiterno y vergonzoso drama de la pobreza desaparecerá en cuanto se seque la tinta de los billetes que habrán de imprimir día y noche las máquinas del Banco de México. La inversión en insumos resultará insignificante.

Ese dedito es tan sabio como el mago de Oz e igual de colérico con quienes no se pliegan a su lucidez: acaban sin corazón (por fortuna, aún no en el Templo Mayor), sin valentía ni caminos amarillos (ya cambió el color). No tener sesos, allí, es una cualidad.

Cuando alguien que ha estado en el poder y vivido de él por décadas lo sataniza, demuestra disposición a la autocrítica y conocimientos de homeopatía: la mejor manera de acabar con la nefasta partidocracia es… creando un nuevo partido. ¡Pecadores arrepentidos, súmense a los nepotes! Es palabra del Señor.

Todo es muy simple: llegará a la presidencia de la República una persona honesta. Sus sagaces decretos y su ejemplar ejemplo volverán transparentes las licitaciones; se erradicarán mordidas y diezmos. Desaparecerán secuestradores y huachicoleros. Los narcos dejarán de traficar y de decapitar cristianos. De hecho, las bandas del crimen organizado sólo esperan la suprema unción para reciclarse en empresas socialmente responsables. Se van a respetar los derechos de autor. Trabajaremos con eficiencia, seremos solidarios, cuidaremos a nuestras familias, al hábitat y a los peatones. Las reservas internacionales se repartirán según los méritos que indique el dedito. Otro beneficio: el alma nacional volverá a oler a chapopote. Son también palabras del Señor.

Ni aborto ni bodas gay. Amén.

La mejor educación para nuestros jóvenes de cara a un mundo laboral competitivo se basa en instituciones educativas democráticas, es decir sin exámenes de ingreso ni de egreso ni al profesorado: igual que para las candidaturas, la encuesta o la tómbola son los procedimientos idóneos. Habrá puntos de coincidencia con la política estadounidense, como la cancelación del tlc. Nada de acuerdos transpacíficos o transatlánticos. Este luminoso sendero conduce a un pacto económico con naciones progresistas y pujantes, como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Rusia, nuestra aliada. Cero importaciones: produciremos todo lo que consumimos. Es palabra del Señor.

Pero volvamos al comienzo. ¿Tendrá planeado el señor del dedito ensartar el índice que indica una sola ruta (porque no hay otra que la suya) o el retador dedo medio? ¿El de su anillo que habrá que besar?

Lo que diga ese dedito es lo adecuado y, aunque alguna vez llegare a equivocarse (¡oh, redactor mafioso y sacrílego!), podrá y deberá volver a decir.

Si el Espíritu santo (¡perdón!: el Pajarito Chiquitico) quiere, estos pronto serán hechos de El Pueblo. EP

 

 

 

 

 

Ricardo Ancira es profesor de Literatura Francesa en la FFyL y de Español Superior en el CEPE de la UNAM. Obtuvo un premio en el Concurso Internacional de Cuento Juan Rulfo 2001 por “...y Dios creó los USATM”. Es autor del libro de relatos Agosto tiene la culpa (El tapiz del unicornio, 2015).

 

  • Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del columnista.

 

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