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#ELECCIONES2018: La contienda presidencial y el incierto futuro de la cultura en México

Lucina Jiménez | 01.06.2018
#ELECCIONES2018: La contienda presidencial y el incierto futuro de la cultura en México
El sexenio 2018-2024 es clave, es la mitad del tiempo que tenemos para lograr los objetivos de la Agenda de Naciones Unidas 2030, a la cual nadie se ha referido hasta ahora aunque en los compromisos firmados se incluye México. Mientras estaba en prensa este texto, Margarita Zavala se retiró de la contienda electoral. Los candidatos recurren a simbolismos que hablan mucho de sus maneras de entender lo cultural. En todo caso, el debate se ha instalado en el sector cultural y eso es algo digno de celebrarse.

Cultura y desarrollo sostenible

Los candidatos a la presidencia de México han dejado la política cultural en la marginalidad de sus discursos. Sin embargo, a diferencia de otras campañas, nombraron a profesionales con diversas trayectorias en la política y la gestión cultural para elaborar sus propuestas y participar del debate. Impulsan el diálogo el propio sector cultural y especialmente la sociedad civil, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU) de la Universidad Autónoma Metropolitana, periodistas y críticos, gestores y académicos, hombres y mujeres interesados en la cultura, en una muestra de civilidad que se hecha de menos en un clima de confrontación y violencia política. Destaca la iniciativa de los autores del libro ¡Es la reforma cultural, Presidente!,[1] quienes han promovido y convocado a los enlaces a un respetuoso debate de sus propuestas en varias ciudades.

            En el ámbito internacional, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Agenda 21 de la Cultura han avanzado en una mirada sobre cultura y desarrollo, desde perspectivas todavía no del todo claras en nuestro ambiente. El sexenio 2018-2024 es clave, es la mitad del tiempo que tenemos para lograr los objetivos de la Agenda de Naciones Unidas 2030, a la cual nadie se ha referido hasta ahora aunque en los compromisos firmados se incluye México. Ésta propone un nuevo enfoque de la política cultural para “cumplir las metas educativas, alcanzar ciudades sostenibles, seguridad alimentaria, crecimiento económico, mejora del medio ambiente, impulsar un consumo sostenible y promover sociedades inclusivas y pacíficas”.[2] En 2011 la unesco lanzó una convocatoria para acompañar a los gobiernos a poner en marcha la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales,[3] pero México no participó.

            Estamos frente a la elección más compleja de los últimos tiempos, pero tenemos que mirar más allá. Urge actualizar la política cultural pero también virar la noción de desarrollo para dejar atrás la visión economicista cuyos resultados están a la vista. Si el desarrollo humano sostenible no coloca a las personas en su diversidad y la vida en el planeta en el centro mismo, es difícil que la cultura juegue un papel estratégico. Se corre el riesgo de pasar de la marginalidad a ser un instrumento más para fortalecer la economía y no para cambiar la cualidad de la vida, a partir de los derechos humanos y la propia sostenibilidad cultural, concepto ausente en el debate.[4]

            La actualización de la política pública tiene avances pero está inconclusa y, sobre todo, necesita rumbo. En 2015 se creó la Secretaría de Cultura (SC), la cual sostuvo la estructura del antiguo Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) con un menor presupuesto. En 2017 se aprobó la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, de la cual se eliminó lo relativo a la economía de la cultura. Aunque reconoce los derechos culturales y la obligación del Estado Mexicano de garantizarlos, además de exigir una política cultural de Estado que reformule el diálogo con estados y municipios, todavía no tiene reglamento.

            Nuestra política cultural tiene frente a sí las paradojas del siglo XXI: cambios culturales a causa de la migración, transformación profunda de la creación artística, emergencia del cine mexicano, nuevo protagonismo de las ciudades en el mundo, nuevas prácticas culturales creadas por internet y las plataformas tecnológicas de la revolución digital, emergencia y autonomía de las culturas juveniles y de la sociedad civil. Esto en un escenario de grave crisis de convivencia y derechos humanos, violencia contra mujeres, jóvenes y periodistas; desatención del patrimonio cultural inmaterial; condiciones de pobreza extrema de los pueblos indígenas; devaluación del trabajo artístico y un modelo de política cultural centralizado que ya no responde a la diversidad cultural del México actual. Sin embargo las plataformas electorales apenas aludieron al tema, el primer debate presidencial dejó la política cultural sólo como mención en el combate a la violencia. ¿Puede un país que necesita reinventarse mantener la cultura y las artes en último lugar?

 

La cultura no tiene partido

La cultura y las artes son libres, no tienen partido. Los candidatos deberían comprometerse a que, más allá de sus colores y alianzas, el sector cultural tendrá total libertad de pensamiento, expresión y libertad creativa, propia de una democracia que reconozca a los diferentes actores, centros de creación y producción, así como a la diversidad cultural y lingüística que caracteriza a nuestro país; a impulsar la dimensión cultural del desarrollo tan mencionada, pero tan ausente en sus discursos.

            La participación en la vida cultural es un derecho humano. El artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dice que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Este derecho está indisolublemente ligado al “derecho a la educación”; al “derecho de todos los pueblos a la libre determinación” y al “derecho a un nivel de vida adecuado”.

La Observación General 21 del Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, [5] señala que el derecho a tomar parte en la vida cultural implica no sólo disponibilidad (acceso a bienes y servicios culturales), sino accesibilidad (física y pertinente a todas las diversidades, discapacidades, edades, etcétera), aceptabilidad (pertinencia), adaptabilidad (interconexión a otros ámbitos de la vida) e idoneidad (acorde a las necesidades e intereses culturales de los diferentes territorios). Se trata entonces de establecer un ejercicio ciudadano de libertad y sostenibilidad cultural, no sólo para recibir sino también para crear, no sólo para consumir sino también para ser parte de la cultura contemporánea.

 

Simbolismos culturales y campañas

Los candidatos recurren a simbolismos que hablan mucho de sus maneras de entender lo cultural. En todo caso el debate se ha instalado en el sector cutural y eso es algo digno de celebrarse.

            Margarita Zavala, única mujer en la contienda presidencial luego de que Marichuy fue descartada aunque logró más firmas legales, inició su campaña en el Ángel de la Independencia, sitio de la resistencia civil de Manuel J. Cluthier en 1988, en resonancia con sus orígenes panistas, aunque ahora es “independiente”. No habló de cultura en su discurso pero ya había dicho que “apostaría por la cultura” y nombró a Consuelo Sáizar, expresidenta de Conaculta en el sexenio de Felipe Calderón, como responsable de cultura y educación. En entrevista (El Universal, 17 de abril 2018) Sáizar propuso “analizar la educación artística, fortalecer la infraestructura teatral, crear la Universidad de las Artes” y “que la cultura sea articulador de la identidad nacional, como en la época de Vasconcelos, pero ahora desde la óptica de la economía naranja que son las empresas creativas y la economía de los talentos”.

            Andrés Manuel López Obrador (AMLO) enfatiza que busca un lugar en la historia. “Tengo una ambición, pasar a la historia como uno de los mejores presidentes de México. Aspiro a estar a la altura de Benito Juárez, de Francisco I. Madero, del general Lázaro Cárdenas del Río.” Bajo el lema “Juntos haremos historia” lanzó su campaña en Ciudad Juárez, Chihuahua. Afirma que “ha sido tan pronunciada la decadencia del país en los últimos tiempos, que sólo la fortaleza cultural de nuestro pueblo permite explicar por qué tanto aguante y resistencia.”

            Alejandra Frausto, nombrada en diciembre de 2017 como Secretaria de Cultura en caso de ganar AMLO la elección, propone reeditar las Misiones Culturales de Vasconcelos. “Las misiones culturales tendrán aparejado un programa de alfabetización, de fomento a la lectura, programación de artistas locales, regionales, estatales y nacionales”. Se invitará al sector artístico a que se sume a la “transformación social del país”. Los becarios del Fonca, podrán visitar los estados y hacer trabajo comunitario como parte de su retribución social (La Jornada; 12 abril 2018). También plantea que la residencia oficial de Los Pinos se vuelva espacio cultural, para lo cual está recibiendo ideas ciudadanas, fortalecer la cultura viva comunitaria, apoyar al cine mexicano y la necesidad de impulsar pequeñas empresas culturales en zonas indígenas, para ampliar lo que realizó durante la administración de Rafael Tovar y de Teresa, dentro de Cultura en Armonía.

            Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, arrancó con un “Hackaton MX”, un maratón de 12 horas de propuestas sobre corrupción, inseguridad y desigualdad. No se sabe qué le propusieron esos 1,000 jóvenes de todo el país. En abril presentó a Raúl Padilla como enlace cultural, un gestor con mucha experiencia, presidente de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y del Festival Internacional de Cine de la misma ciudad, aunque afirmó no tener interés en convertirse en secretario de Cultura (Excelsior, 11 abril 2018).

            Su propuesta, compuesta por ocho puntos y en desarrollo, da prioridad a la reingeniería institucional de la Secretaría de Cultura, propone nombrarla en plural, “Secretaría de las Culturas”, la revisión de su reglamento y el fortalecimiento presupuestal, económico y legislativo del sector, su descentralización, así como el impulso a las industrias y al turismo de interés cultural. Propone la cultura como “creadora de ciudadanía”, “herramienta para el pensamiento crítico y capacidad de discernimiento para formar mejores ciudadanos”; que el país “refleje la diversidad cultural, de etnias y comunidades, con su propia dinámica cultural, que cohabitan con el resto del país”. Igualmente, fortalecer la formación artística, crear bachilleratos artísticos y dar seguridad a los creadores.

            José Antonio Meade, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Nueva Alianza y Partido Verde Ecologista, arrancó su campaña en Mérida, “donde comienza México y la grandeza de los mayas”, al ritmo de un arreglo de la popular pieza Oye del autor cubano René Touzet y bajo el lema “Avanzar contigo”. Luego de señalar la prioridad de las mujeres en su política, reconoce como uno de sus siete puntos estratégicos el “Impulso sin precedente al arte y la cultura, hoy son nuestra mejor carta de presentación, serán parte de nuestra vida cotidiana y social.”[6]

            También dijo que “el patrimonio histórico y cultural de nuestro país es fundamental para fortalecer los cimientos de México y convertirnos en una potencia”. Habló de la necesidad de “utilizar al arte y la cultura en las políticas públicas como elemento de cohesión social y la importancia que éstas tienen como instrumentos para mejorar la reinserción social de las personas que viven en exclusión o vulnerabilidad. Resaltó que es imprescindible acercar la cultura y el arte a los mexicanos, difundir nuestro patrimonio cultural y artístico para ampliar la educación artística, impulsar la investigación cultural para que las y los mexicanos puedan saberse dueños de una herencia cultural milenaria.” (Excelsior, 15 marzo 2018).

            El PRI ha cambiado varias veces la interlocución hasta llegar al diálogo realizado en el Centro Cultural Roberto Cantoral, impulsado por los autores del libro ¡Es la reforma cultural, Presidente! Y a cargo de Beatriz Paredes, una mujer con gran trayectoria política, aunque no se descarta que finalmente proponga a otra persona. El Bronco no figura en este campo.

 

Este país es cultura

Las propuestas en contienda no han difundido todavía diagnósticos que ayuden a comprender la importancia de la cultura en México o la pertinencia de una u otra medida. He aquí algunos elementos para enriquecer el análisis sobre la política cultural no sólo del nuevo sexenio, sino de cara a la Agenda del 2030.

            El aporte de la cultura al Producto Interno Bruto (PIB) en México es similar al de Canadá, mayor al de Colombia, Argentina, España y Finlandia, aunque menor al de Estados Unidos. En 2016 produjo 1 millón 359 mil 451 empleos y generó un movimiento económico de 617 mil 397 millones de pesos.[7]

Esto no parece tener relación con la inversión pública en el sector. Durante el sexenio de Calderón se aumentaron los recursos para la cultura, se recuperó la inversión en cine y se remodelaron la Cineteca Nacional y la Biblioteca de México, entre otras obras concluidas en la administración del PRI, con Tovar y de Teresa nuevamente al frente (Reforma, 11 mayo 2018).

            Al principio del gobierno de Peña Nieto se incrementaron también los recursos en la perspectiva de que la cultura contribuyera a disminuir la violencia y la delincuencia. Conaculta creó el programa Cultura para la Armonía, dirigido por Alejandra Frausto, quién dejó su cargo para sumarse a la campaña de AMLO. Esa inversión no se sostuvo ni en la Secretaría de Cultura ni en el Pronapred de la Secretaría de Gobernación.


 

 

No todo presupuesto lo ejerce, ni lo consigue, la Secretaría de Cultura. Las comunidades artísticas y culturales, empezando por el cine, han salido a la calle en varias ocasiones para impedir los recortes. La Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados, en acuerdo con la shcp y los partidos políticos, etiqueta recursos con y sin convocatoria, dada la indefinición de los mecanismos de financiamiento a los estados y la sociedad civil. Los fondos que solían etiquetarse para las entidades federativas, 32 millones de pesos por estado, se concentraron a partir de 2016 en el Ramo 48 de la recién creada secretaría, reduciendo el financiamiento cultural del país.

            Tampoco hay que perder de vista que son los hogares mexicanos quienes ejercen 79% del gasto en cultura, mientras que el Gobierno Federal aporta 8%, los gobiernos estatales el 3% y 6% las entidades no financieras: es la sociedad mexicana quien moviliza recursos en cultura. ¿Quién paga los adornos del toro y los vestuarios de los danzantes en las fiestas en Guerrero, los trajes de la chinas en Oaxaca? ¿Quién paga la entrada a los conciertos o al cine? Los polémicos “vales de la cultura” que se incluyeron a última hora en la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, se resolvieron con un programa que lleva artistas a las comunidades marginadas. Sáizar ha introducido el concepto de ¨Cheque cultural”, para la formación de los artistas.

            Todos los candidatos han expresado su interés por incrementar el presupuesto a la cultura. López Obrador dice que dará a la cultura “recursos suficientes”, fruto del ahorro administrativo, y que llevará a la Secretaría de Cultura a Tlaxcala. Margarita Zavala afirmó que “la cultura tendrá el presupuesto más alto de la historia. Comenzaremos duplicando los montos actuales en el primer año de gobierno, para después ir incrementando gradualmente la inversión pública y privada.”[9] Sáizar dice que deberá llegar al 1% del gasto, pero de entrada se asignarían 53 mil millones de pesos para infraestructura, becas y apoyos. Anaya ofrece que los recursos de cultura pasen del 0.3% al 1% del Presupuesto de Egresos de la Federación, unos 48 mil millones de pesos, aunque Raúl Padilla reconoce que esto ocurriría como parte de un proceso. Con el tiempo deberá crecer al 1% del pib, señala, y propone desvincular el ejercicio presupuestal de cultura de la Secretaría de Hacienda.

           No todos coinciden con la tesis de la “reforma cultural”, propuesta por el grecu, ni la entienden de la misma manera y Paredes dice que la reforma cultural la vive la sociedad mexicana. Coinciden en la reestructuración administrativa de la Secretaría de Cultura, en la necesidad de la reingeniería institucional y en revisar el costo administrativo de la secretaría (75% del presupuesto), respetando los derechos laborales. AMLO y Anaya proponen la descentralización del INBA; Frausto habla de fortalecer el presupuesto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); Padilla propone autonomía para los centros culturales, incrementar los presupuestos de fomento, educación y diversidad cultural, ampliar los mecanismos institucionales y presupuestarios del Fonca, Fidecine, Foprocine, PACMyC y México en Escena; revisar los fundamentos jurídicos del INBA, INAH y Fonca, revisar la Ley General de Cultura y Derechos Culturales y el Reglamento Interno de la Secretaría de Cultura, así como una Ley de Mecenazgo. Sáizar por fortuna ve necesario resolver la indefinición de competencias entre el Centro Nacional de las Artes y el inba, creando la Universidad de las Artes. Frausto propone no construir nada hasta dinamizar lo que tenemos. Todos señalan necesaria una reforma del sistema educativo para introducir las artes, aunque no es facultad de la Secretaría de Cultura.

            El reordenamiento de la institucionalidad cultural es urgente pero nada sencillo y su impacto en beneficio de la vida cultural no es inmediato, aunque no por ello hay que dejarlo de lado. A la fecha, la Secretaría de Cultura adquirió la titularidad del sector a través del "Acuerdo por el que se agrupan las entidades paraestatales que se indican al sector coordinado por la Secretaría de Cultura", publicado el 2 de febrero de 2017. O sea, un remedio que funciona por el momento. Para ello se requiere diálogo con los sindicatos, cuidar los derechos laborales y la coordinación con la Secretaría de Hacienda y de la Función Pública; pero sobre todo partir de un acuerdo social sobre las prioridades de la dimensión cultural del desarrollo a las que debe responder la nueva institucionalidad bajo nuevos esquemas de gobernanza. Eso lo que todavía está por definirse, no sólo entre los candidatos a la Presidencia y sus enlaces culturales, sino también con los estados, los municipios y las comunidades. Las consultas para la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo, tendrían que dejar de ser rituales de paso.

            AMLO propone eliminar los etiquetados y para ello replantear los mecanismos de financiamiento a los estados y municipios, a la sociedad civil y a los proyectos comunitarios. Paredes propone que los estados y municipios definan sus niveles de inversión. Sáizar y Padilla coinciden en fortalecer la presencia de la iniciativa privada. Padilla propone un gran fondo para financiar a las industrias culturales, Paredes un gran fondo para rehabilitar la infraestructura cultural. Sáizar ve positivo recuperar el capítulo económico de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales y crear un régimen fiscal para la cultura. Coinciden en la visión gerencial. Las formas de concurrencia entre municipio, estado y federación, así como la participación de la empresa privada y la sociedad civil están en construcción todavía en las propuestas. Escuchar la voz de los secretarios de Cultura de los estados, de los actores comunitarios y artistas de todo el país se antoja indispensable.

            El reto es asumir la dimensión cultural del desarrollo en el Plan Nacional de Desarrollo y ninguno de los candidatos a la Presidencia lo ha comprometido: esa es la caja de Pandora de donde se desprenden la filosofía, las prioridades, la programación del gasto público, la gobernanza con sociedad civil y empresa privada. El programa sectorial está por hacerse bajo la orientación de quien gane la elección. México tiene la oportunidad histórica de colocarse como ejemplo mundial si da el paso.

 

Cultura y desarrollo sustentable

El Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024 requiere una triple mirada: 1. sectorial, para dar sostenibilidad al sector cultural en sí mismo: hay que reconocerlo como tal y consolidar el ramo 48, definir reglas, fiscalidad y estímulos propios, existentes sólo en el cine, el teatro y la danza, analizar las necesidades de cada campo pero sobre todo de la sostenibilidad cultural; 2. intersectorial, para considerar los puntos de intersección con la educación, a propósito de la educación cultural, audiovisual y artística que debiera ser prioridad tanto educativa como cultural; 3. transversal, para definir aquellos elementos culturales que requiere cualquier política de desarrollo, aunque en su ejecución no participe la Secretaría de Cultura.

            La idea no es que las otras secretarías le den recursos a la de cultura, ni que todas hagan actividades culturales que no son de su competencia; tampoco que la Secretaría de Cultura sea omnipresente, sino que paulatinamente se adopten criterios culturales en las definiciones de política pública, como lo señala la Ley de Planeación, que ordena considerar la “factibilidad cultural de las políticas públicas nacionales”. Necesitamos crear la metodología. Para dar sostenibilidad a la vida cultural en el espacio público, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) requiere dimensión cultural en la inversión, secretaría con la que ya existe una metodología creada con ConArte; la Secretaría de Salud necesita tomar en cuenta las cosmovisiones de los pueblos indígenas; la Semarnat dialogar con las formas de uso de los territorios sagrados. Eso reclama formar capacidades interculturales en los otros sectores del desarrollo.

            En el discurso se insiste en las industrias culturales o en la economía creativa, como señalan López Obrador, Ricardo Anaya y Beatriz Paredes, de la “economía naranja”, como la refiere Margarita Zavala, usando un concepto de moda en Colombia. En primer lugar habría que decir que no son sinónimos. El enfoque de industrias culturales, en el que Guadalajara ha sido exitoso, requiere un análisis cuidadoso, pues no toda expresión cultural y artística puede someterse a una lógica empresarial, mientras hay campos que justo requieren una inversión a escala; Discos Corazón requeriría financiamiento para digitalización y para ampliar la exportación de música al mercado vecino del norte y a Europa. En diseño hay muchos negocios que necesitan más que nada facilidades. El Gobierno Mexicano tiene canales y opciones económicas y de apoyo a micro, pequeñas y medianas empresas que no ha puesto al servicio de la cultura y las artes. Pero hay recursos culturales patrimoniales que no conviene asociar a un régimen empresarial de sociedad anónima, sino gestionar desde muy diversas formas de economía solidaria y comunitarismo.

            El discurso de la economía creativa es revisado por sus propios creadores y matizado en los países donde nació. Preocupa la afirmación de Zavala en su conversación con la Sociedad de Autores y Compositores de México, en el sentido de que “México debe vivir de su cultura" (El Financiero, 5 abril 2018). México no pudo vivir ni del petróleo, cargarle a la cultura esa responsabilidad puede ser riesgoso. La clave está en cómo entender la “inversión en diversidad cultural” que propuso la UNESCO en 2009. Si bien hay un sector de las industrias culturales que urge atender, hay otros campos fundamentales que reclaman otras visiones de corto y mediano plazo para recuperar las bases económicas comunitarias y sobre todo la gestión propia de los recursos culturales. Me refiero al patrimonio cultural, que no necesariamente debe entrar a la lógica de las industrias culturales, pero sí a un tratamiento económico. Existen en el mundo muchas experiencias de gestión económica de la diversidad que promueven el intercambio de conocimientos, saberes, valores, tecnologías y trabajo comunitario.

            México comparte con Alemania, el 4º lugar mundial entre los países con mayor número de ciudades inscritas en la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, luego de Italia, España y Francia. Más de 1,007 bienes culturales mexicanos forman parte de ese patrimonio mundial, en el que se incluyen 260 ciudades o centros históricos de todo el país, 197 bienes naturales y 31 bienes mixtos.[10] El INAH sostiene 189 zonas arqueológicas abiertas los 365 días del año,[11] con 2 millones 725 mil 161 visitantes tan solo en los primeros dos meses de 2018. México tiene más de 1,100 museos, con más de un millón 708 mil 624 visitantes nacionales y extranjeros.[12] Poco se ha dicho sobre la preservación, salvaguarda y difusión del patrimonio cultural.

            Somos uno de los 12 países megadiversos, luego de Brasil, Colombia, China e Indonesia. México es uno de los 10 países con mayor diversidad lingüística, cuenta con 69 lenguas indígenas nacionales, además del español. Estas lenguas representan cosmovisiones, memorias, medicinas, músicas, danzas, conocimientos y tecnologías tradicionales, sistemas de manejo de los entornos naturales, eso que suele llamarse patrimonio cultural inmaterial, del cual poco se ha hablado. De ese renglón depende en buena medida la protección, la promoción y el futuro de la diversidad cultural de México y las posibilidades de combate a la pobreza extrema que, contradictoriamente, viven muchas comunidades indígenas. La única que habla de ellas es Alejandra Frausto, aunque dice que es necesario hacer empresas en el mundo indígena y traducir convocatorias a las lenguas. El conocimiento y las tecnologías tradicionales han permanecido en la marginalidad de las políticas públicas. Necesitamos definir proyectos de inversión e innovación enfocados en determinadas zonas y recursos, como estrategia de cultura, desarrollo y fomento a la diversidad cultural, trabajando con esas comunidades desde sus lógicas y no desde las nuestras.

            El turismo es una de las principales fuentes de ingresos para el país y en él la cultura es un factor determinante. Más de 23% de quienes vienen a México visitan los estados del sur y sureste, con mayor población indígena y diversidad cultural: el 17% visita la Ciudad de México, mientras el 22% viaja a las zonas y sitios arqueológicos.[13] Polémicos o no en su concepción y gestión turística y cultural de carácter municipal, México ha declarado 111 pueblos mágicos. En el marco de los programas de desarrollo regional, AMLO se ha manifestado por un proyecto de turismo cultural en la región maya. Padilla ha planteado el turismo cultural como gran motor de desarrollo económico. Pero un mayor turismo en sí mismo no necesariamente beneficia a la cultura, a sus creadores, ni a los habitantes originarios. Barcelona, ciudad donde termino de escribir este ensayo, está trabajando en fortalecer la cultura e identidad de los barrios, los espacios de proximidad ante el cosmopolitismo.

            Para que el turismo cultural sea sostenible y respetuoso de las culturas locales, del patrimonio cultural y de la biodiversidad, se requieren políticas específicas de fortalecimiento de la cultura y no solamente ponerla al servicio del turismo. El equilibrio medio ambiental y la sostenibilidad cultural, en un sentido más amplio, reclamarían análisis específicos de proyectos y zonas, considerando las consultas necesarias a los pueblos y las comunidades que las habitan. La propuesta de Ley de Biodiversidad del pve ha sido impugnada para que reconozca la necesidad de las consultas a pueblos y comunidades originarios. María Elena Álvarez Buylla Roces, Premio Nacional de Artes y Ciencias 2017, alerta sobre las implicaciones de la Ley de Biodiversidad del pve: “abre la puerta a las empresas trasnacionales y puede romper la soberanía alimentaria, los territorios indígenas, pone en riesgo los recursos bióticos y el futuro de la nación mexicana.”

            Aunque es tema del Legislativo, atender esto sería un ejemplo de trabajo intersectorial entre la Secretaría de Cultura, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, la Comisión Nacional de Pueblos Indígenas y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, para sugerir una normatividad que no dañe los recursos bioculturales, las culturas ancestrales y los sitios sagrados.

 

Internet, cine, audiovisual y libro

Durante el siglo xx las políticas culturales en México se concentraron en una idea del patrimonio edificado y de las “bellas artes”, separadas de la “cultura popular”, en “llevar la cultura” a todos los rincones del país cuando la cultura se construye colectivamente en todas partes, en la relación arte-espectador que hoy no basta para hablar desde el enfoque de derechos culturales. En los años noventa se reconoció la naturaleza “pluricultural” de México, pero el discurso no pasó a la inversión, como subraya Padilla. Todavía hoy el lenguaje de la política parece hablar de una cultura nacional única, cuando hay muchas diversidades y muchas desigualdades. La gestión de la diversidad es todavía divergente en las miradas.

            Todos los enlaces culturales suscriben el interés de ampliar la política cultural más allá de las bellas artes, han hablado del diseño, las artesanías, el cine. Frausto ha dicho que las culturas digitales tendrán un papel “importantísimo”, pero no en qué sentido. Padilla tiene experiencia en ese renglón, seguramente lo estará incluyendo en su programa. Sáizar buscó digitalizar música, sonidos, libros y otros recursos durante su gestión. Paredes propone una gran alianza con la televisión privada para la divulgación cultural.

            Ninguno de los candidatos ha subrayado todavía lo estratégico que es apoyar la producción de contenidos para las plataformas en línea, hoy vehículos fundamentales para la producción y difusión de la cultura. El uso cultural de internet es enorme, aunque debamos elevar los porcentajes de conectividad. Según INEGI, 59.5% de la población mayor de 6 años (65.5 millones de mexicanos) está conectada a internet. Más de 80% de su uso está ligado al entretenimiento y el disfrute audiovisual, al uso de redes sociales. 53.1% de los niños de entre 6 y 11 años utilizan internet con cierta regularidad, entre los adolescentes de 12 a 17 años el porcentaje sube a 85.5%, semejante al de quienes tienen entre 18 y 24 años (85%). Incluso para el grupo de edad de 25 a 34 años tres de cada cuatro individuos declararon utilizar internet (74.3%).[14]

            Con internet la esfera pública y artística de la cultura se ha expandido. La circulación de contenidos audiovisuales es fundamental en las nuevas plataformas tecnológicas en las que se interactúa con manifestaciones artísticas y culturales, la música, el video, la animación, los espectáculos, el cine y el audiovisual. Necesitamos una estrategia integral que considere el audiovisual y el cine mexicanos en su relación con las culturas tecnológicas y las prácticas culturales contemporáneas. El audiovisual es uno de los sectores más dinámicos, como lo muestra la Cuenta Satélite de la Cultura.

            En segundo lugar están las artesanías, sector que López Obrador y Zavala piensan devolver al área cultural, reconocido por Anaya como ámbito de política pública, aunque ninguno dice cómo. Beatriz Paredes señala que deben analizarse las cadenas productivas de cada rama y sector. Y tiene toda la razón.

 

 

 

México necesita colocar como estratégica la producción audiovisual, la experimentación artística y cultural a partir de las redes tecnológicas digitales y electrónicas y el cine, retomando el talento existente y el impulso a los centros de producción regional en el país: Guadalajara, la Ciudad de México, Monterrey y Mérida, que se han vuelto radares de producción de video, animación, videomaping y arte electrónico. Ello supone un trabajo conjunto con el Instituto Federal de Telecomunicaciones, para definir el uso cultural de la banda ancha y recuperar el liderazgo del Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes y el Centro de Culturas Digitales.

            Los creadores de cine han influido a través de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, los sindicatos y grupos independientes, logrando involucrar a instituciones, universidades, al congreso y al sector privado. El cine mexicano ha recuperado sus niveles de producción, según datos del Imcine. La recuperación es otra cosa.

 

 

Víctor Ugalde ha mostrado que el cine es sólo un detonador de una cadena productiva que devuelve su inversión a través del iva y el isr que genera a través del empleo. Sería necesario no sólo recuperar niveles de inversión, sino también consolidar nuevos mecanismos de inversión privada que operen con transparencia y codiseño con la propia comunidad cinematográfica.

            La creación de plataformas en línea como Film Latino es relevante, aunque todavía no alcanzan a competir con el mercado mundial. Sin embargo el entorno digital ha transformado las maneras de distribución y exhibición cinematográfica y de las series, cada vez más en el gusto ciudadano. El comportamiento del mercado mundial plantea el impulso a nuevas regulaciones que reduzcan las desventajas del cine mexicano frente a la industria de Hollywood, así como el incremento de las salas y circuitos alternativos. En la Unión Europea se ha negociado un porcentaje de producción local en Netflix, aunque la venta de derechos por país afecta el acceso a la diversidad.

 

 

         En ese sentido, son bienvenidas las propuestas del Frente por México de ampliar los fondos para los mecanismos fiscales de apoyo a la creación: Foprocine y Fidecine. La gran pregunta sin propuesta es cómo fortalecer las audiencias del cine mexicano, reducidas durante los últimos años. Aquí importan las cinetecas que quiere construir Sáizar y los circuitos alternativos que subraya Frausto, pero hace falta enfatizar en paralelo la calidad de la producción, la educación y la modificación de la lógica de la distribución y exhibición.

 

 

 

           Es urgente una política del libro y la lectura integral que abarque los ámbitos de la legislación, derechos de autor, digitalización y estímulos e integre estrategias de fomento a la lectura que involucren las diferentes maneras de leer. México tiene escritores, poetas, guionistas y ensayistas de gran calidad, cuya obra merece mucha mayor promoción nacional e internacional, además de nuevas ventanas de edición, distribución y difusión permanentes, más allá de las que propician importantes espacios como la FIL de Guadalajara, la FILO de Oaxaca o la de Veracruz. Las más específicas al respecto de la producción editorial han sido Beatriz Paredes y Consuelo Sáizar, exdirectora del fce.

            La industria editorial ha vivido un debilitamiento que reclama la revisión de su cadena productiva. Si bien el mercado presenta un crecimiento del libro digital y especialmente del ebook, aún es mayoritario el libro impreso, aunque la importación de papel afecta los costos. Las ferias son muy importantes en la vida cultural y la distribución de libros, pero según la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), las librerías tradicionales aún son el sitio de venta más socorrido, pero éstas se concentran esencialmente en la Ciudad de México, el Estado de México, Guadalajara y Monterrey. El fortalecimiento de apoyos y créditos blandos a pequeñas y medianas editoriales independientes sería importante. A la fecha no sobreviven. La revisión de la legislación del libro y los derechos autorales en relación con la digitalización es imprescindible.

            Datos de la Caniem, señalan que en estos últimos años han disminuido 10% los editores y se han reducido casi 7% los registros de isbn. También se manifiesta un menor numero de autores, aún cuando los ejemplares editados han crecido más de 20%.

 

 

       Fortalecer los programas de salas de lectura y la colaboración educación-cultura será fundamental, si se considera que la lectura es cada vez más interdisciplinaria y que también existe una lectoescritura de las artes, como lenguajes necesarios en la formación de las niñas y los niños. Movilizar procesos ciudadanos respecto a la lectura, a partir de procesos autónomos resultaría fundamental.

 

Las artes visuales, escénicas y la música

La prioridad al audiovisual y al libro no significa debilitar las artes visuales, la danza, el teatro, el performance, el circo tradicional y contemporáneo, tan menospreciado, la música y otras diversas expresiones culturales vivas. Estas disciplinas representan parte de las fortalezas artísticas de México. Impulsar un diálogo con estos sectores para definir sus propias prioridades es urgente.

            Considerando lo que Argentina hace con el tango, ¿qué no podría hacer México con su diversidad musical? Para fortalecer el movimiento de orquestas necesitamos formar directores y maestros, hacer convenios con empresas. Si Abreu hizo lo que hizo en Venezuela fue porque además de la entrega y la pasión musical, diseñó un proyecto de desarrollo social y recibió fondos del bid. La diversidad musical de México es enorme y el talento sobra, lo que no hay es un ecosistema sostenible para las artes.

            Es fundamental una mirada de sostenibilidad del sector cultural y el impulso a políticas integrales con la participación de artistas, creadores y comunidades, para fortalecer aquellos ámbitos de la producción, circulación, exhibición, difusión, inclusión y diversificación que requiera cada campo. Bueno sería convocar a los creadores a formular sus propios diagnósticos, como lo han hecho las comunidades cinematográficas y países como Colombia, donde las decisiones son más horizontales.

            Habría que dar apoyos especiales, además de a México en Escena, a las compañías que sostienen espacios culturales propios, a quienes forman de nuevas generaciones, impulsar la creación de redes y circuitos de presentación-formación donde sea posible prolongar la vida de las obras, como lo hace España. Es curioso que ninguno de los candidatos o enlaces hable de impulsar y fortalecer redes, cuando el aislamiento debilita la sostenibilidad cultural.

            Dignificar la condición del artista debería ser una prioridad nacional, lo que incluye la formación, el diálogo interdisciplinario y la apertura de nuevos espacios de expresión, así como el desarrollo de nuevos públicos y formas de interacción social nacional e internacional. La seguridad social ha sido un viejo anhelo, cuya materialización no se resuelve solamente con buena fe. Necesitamos de los artistas para fortalecer nuestra posibilidad de soñar, de imaginar y de innovar, para hacer posible la educación de niños, jóvenes y maestros dentro y fuera de las escuelas, de personas con discapacidad y adultos mayores, para impulsar la inclusión social y la igualdad de género.

 

Lo nacional y lo glocal de las políticas culturales 

Los procesos más interesantes en materia cultural ocurren en el ámbito local, en comunidades y pueblos, en procesos específicos. ConArte, la organización civil que dirijo, trabaja de cerca con muchos municipios que están innovando en política cultural y desarrollo. Nada está al margen de lo global, varias ciudades y gobiernos estatales se están sumando a la Agenda21 de la Cultura para acelerar la marcha.

            México requiere recuperar su liderazgo cultural internacional a través de una diplomacia que considere formar parte del debate de la Agenda de Naciones Unidas del 2030, participar en los foros internacionales donde ya no se nos mira, mapear las buenas prácticas exitosas y compartirlas de manera global. Necesitamos trabajar en el relevo generacional en política cultural, en tecnología digital y redes, en diplomacia cultural, en nuevos enfoques de género para la inclusión y la diversidad, en economía de la cultura. Nuestra ubicación geopolítica es vital para el diálogo norte sur y sur sur. Las oportunidades que se abren en las negociaciones regionales del Pacífico, pueden representar oportunidades significativas para la cultura y el desarrollo.

            Más allá de las situaciones de riesgo social y criminalización que padecen miles de jóvenes, muchos viven por fortuna su propia vida cultural, al margen de la política oficial. Sus lógicas poco tienen que ver con las institucionales. No se trata de volverlos ahora “beneficiarios”. Conectar con esos millones de jóvenes desde posturas de autonomía y fomento a su capacidad de innovación es un reto. En este momento pueden decidir la próxima elección, pues son más de 30% de los votantes.

            Muchas comunidades, colectivos, pueblos y organizaciones de la sociedad civil han generado propuestas de mayor madurez y perspectiva. Gestores comunitarios sostienen iniciativas poco visibles, pero innovadoras. Necesitamos conectar, enlazar, enredar, compartir en un sentido más horizontal y sin crear dependencias ni relaciones centro-periferia. Muchas veces las periferias y las fronteras son los lugares para la innovación. Crear redes, poner la tecnología al servicio de la comunicación cultural es ya una gran necesidad.

            Eso requiere el establecimiento de políticas de ciudades, del aprovechamiento de las vocaciones culturales y artísticas de las regiones y un esquema focalizado de atención municipal, acorde a las prioridades y a los dilemas más fuertes del desarrollo, de atención a la pobreza. Hay muchas acciones positivas que deberían mantenerse, porque no se trata de cambiar por cambiar.

            La mirada de la política cultural necesita pensarse desde la diversidad de diversidades que da sentido a un México con más de 120 millones de personas, en el corto, mediano y largo plazo. En ese sentido, quienes han asumido un rol de impulso al debate público y al ejercicio de la política están haciendo una gran contribución. Lo ideal sería sumar las miradas y hacer un planteamiento integral que pueda ser adoptado, gane quien gane la elección. No podemos seguir atendiendo un cuerpo social violentado de manera escindida: por acá la economía y por allá la cultura. El desarrollo debe poner en el centro a las personas, sus derechos, sus afectos, sus memorias, sus lenguas y sus espacios de realización individual y colectiva. El derecho a la felicidad nos asiste.

 

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Lucina Jiménez. Doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Ha sido consultora internacional en políticas culturales, educación en artes, cultura y desarrollo para la AECID, la OEI, el Convenio Andrés Bello, la UNESCO, la OEA y varios gobiernos. Es integrante del Banco de Expertos de la UNESCO (París) en Gobernanza de la Cultura para el Desarrollo, del Grupo de Especialistas Iberoamericanos de Educación Artística, Cultura y Ciudadanía de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y del  Grupo de Educación y Cultura de la Cátedra Unesco de Políticas Culturales de la Universidad de Girona.

 

*La imagen es "Sin titulo (Gallos)" de Jesús "Chucho" Reyes Ferreira. Colección Cortesía Eodeigo Rivera Lake. 

 

1 Eduardo Cruz Vázquez, coord., ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024, Editarte, 2017, Ciudad de México.

2 ONU. Sustainable Development Goals for Culture, 2030,

3 UNESCO.

4 Propongo la sosteniblidad cultural como la posibilidad de que las personas, grupos, pueblos o colectivos puedan crear, apropiarse, disfrutar y beneficiarse de sus recursos culturales con igualdad, respeto a su diversidad, a sus derechos humanos y al medio ambiente; impulsar su transformación e innovación sin poner en riesgo los derechos de la futuras generaciones. Por tanto, las políticas culturales han de ser las acciones y omisiones destinadas a la creación de ecosistemas para el ejercicio de la sostenibilidad cultural de las personas, grupos y comunidades, en la cual juegan un papel fundamental las instituciones públicas, las empresas, la sociedad civil y las comunidades no formalmente organizadas.

5 Observación general Nº 21. Derecho de toda persona a participar en la vida cultural, artículo 15, párrafo 1º, Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturas. Disponible en:

6 PRI.

7 INEGI. Cuenta Satélite de la Cultura, 2016. Consultado 1 de abril de 2018. Disponible en:

8 Imcine, Anuario estadístico, México, Seculta, Imcine, 2017, p. 22.

9 Margarita Zavala, “Hacer de la cultura una prioridad nacional”

10 Sectur. Ciudades Mexicanas Patrimonio Mundial. Consultado 30 de marzo de 2018. Disponible en: >

11 INAH. Red de Zonas Arqueológicas. Consultado el 2 de abril de 2018. Disponible en:

12

13 Centro de Estudios Superiores del Turismo en México. El turismo cultural en México; resumen ejecutivo de la viabilidad del turismo cultural en México. Consultado el 30 de Marzo de 2018. Disponible en:

14 A propósito del Internet, 2017. Disponible en: