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#Ayuujk: Mujeres indígenas y la vitalidad de las lenguas

#Ayuujk es el blog semanal de Yásnaya Aguilar Gil

Yásnaya Aguilar Gil | 18.06.2018
#Ayuujk: Mujeres indígenas y la vitalidad de las lenguas

Durante una presentación en el reciente encuentro internacional sobre fomento a la lectura en lenguas indígenas realizado en la Ciudad de Oaxaca escuché decir que las principales encargadas de transmitir las lenguas indígenas de una generación a otra son las mujeres. Este comentario pone en el tapete de la discusión muchos aspectos interesantes y problemáticos sobre la revitalización de las lenguas. Me recuerda también la respuesta de una persona mixehablante que vivía en la Ciudad de Oaxaca cuando le pregunté si su pequeño hijo era hablante de mixe y me contestó que no, que él pensaba que eso sólo sería posible si la madre fuera también mixehablante. De algún modo, se implica por un lado que las mujeres han hecho esa tarea y que es muy importante, pero, por otro lado, la transmisión de la lengua se vuelve, al parecer, una especie de obligación por género. En mi experiencia, son muchos los casos en los que las personas que no han adquirido la lengua indígena de los padres reclaman con mayor intensidad a la madre no haberlo hecho.

            En un contexto en el que las lenguas indígenas se encuentran en grave riesgo de desaparición, en mayor o menor grado, la transmisión intergeneracional se vuelve urgente para detener el proceso, sin embargo, el proceso de adquisición de una lengua es un fenómeno complejo que no depende necesariamente sólo de una persona sino de una amplia comunidad de habla. En contextos de migración en donde las personas llegan a un contexto en donde no existen más hablantes de su lengua materna, la transmisión a la siguiente generación se complica y se vuelve dependiente de los estímulos del padre, de la madre o de ambos.

            Sin negar que el papel de las mujeres puede ser, y ha sido, muy importante en la transmisión intergeneracional de las lenguas indígenas, es necesario no esencializar esta función ni tomar posturas deterministas. Las personas adquirimos una lengua por lo estímulos lingüísticos que nos rodean. Por la manera en la que están configuradas muchas sociedades, las labores de cuidado suelen estar relacionadas con las mujeres que pasan así más tiempo en el proceso de crianza de manera que una gran cantidad de estímulos lingüísticos necesarios para el desarrollo de la lengua provienen de las madres o de las personas cuidadoras.

            Estas situaciones arriba descritas dependen de las distintas estructuras sociales que ordenan la manera y el tiempo en el que la población infantil recibe los estímulos lingüísticos necesarios. Ahora bien, el racismo estructural que ha originado que los hablantes de las lenguas indígenas abandonen el deseo de transmitir sus lenguas maternas afecta a individuos y a colectividades enteras. Si la crianza es compartida, si la crianza es comunitaria, y si la comunidad completa es víctima de este racismo estructural, será la comunidad de hablantes que estará eliminando los espacios de uso necesarios para la siguiente generación.

            Las mujeres indígenas han jugado un papel fundamental en la transmisión de las lenguas indígenas y de incontables conocimientos tradicionales de nuestros pueblos, la resistencia lingüística se ha articulado desde las mujeres en muchos casos, pero no es responsabilidad exclusivamente de ellas mantener la vitalidad de las lenguas indígenas. La solución implica desarticular las estructuras racistas que provocan que la transmisión intergeneracional de las lenguas indígenas cese y que los espacios de uso desaparezcan. No utilicemos la transmisión de las lenguas como un pretexto más para responsabilizar y desacreditar a las mujeres. El asunto es más complejo.