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Tocar las conciencias de los adolescentes

Paulina Latapí Escalante | 13.06.2015
Tocar las conciencias de los adolescentes
La autora pondera el papel de los libros de texto en la educación y el desarrollo del país.

Cuando se habla de los problemas que aquejan a nuestro país en cualquier ámbito, frecuentemente se concluye que su origen y solución están en la educación. Es común que los mexicanos, en nuestras conversaciones, sobregeneralicemos y veamos todo en blanco y negro; olvidamos que apreciar bien una fotografía supone observar la diversidad de grises. Compartiré mi mirada sobre un asunto fundamental del campo educativo: los libros de texto.

La Unesco asevera que el libro de texto es uno de los factores más importantes del éxito escolar. En nuestro país, más que del libro de texto, se habla de las tecnologías de información y comunicación asociadas a este. A mi modo de ver, comprender bien esta temática requiere tener presente, como eje transversal, aquello que las investigaciones han corroborado: el éxito o fracaso de un libro de texto depende del buen o mal uso que se le dé. Por ende, debemos ser cautelosos con las voces que hablan de las tecnologías como la panacea; que se den una “vueltecita” por la diversidad del país para constatar la insustituible dimensión humana de la enseñanza presencial y para reconocer el jugoso negocio que representan las tecnologías. Detrás de esto hay imperativos éticos que no pueden soslayarse.

Yo no concibo que deba abrirse ni la más mínima discusión sobre la impecable calidad que debe tener todo libro de texto, sea físico o digital. Me llama poderosamente la atención que prive, casi siempre, un gran desconocimiento sobre tan importante bien público. Modalidades, telesecundarias y multigrados; libros en 64 lenguas indígenas; formatos braille y macrotipo; libros para bibliotecas; cómo se elaboran… En general se tiene una imagen borrosa de la fotografía. Por eso quiero compartir, brevemente, mi experiencia y algunos datos.

El libro de texto impreso en nuestro país es una herramienta esencial que llega a manos de prácticamente todos los niños y adolescentes escolarizados. México es el único país del mundo que diseña, produce y reparte los libros de texto de manera gratuita. Se abarcan todas las escuelas preescolares, primarias y secundarias públicas.  El esfuerzo y el gasto han sido y son impresionantes. En primaria el libro de texto es único y gratuito; en secundaria pública es gratuito, más no único: participa una gran diversidad de autores que, casi siempre a través de casas editoriales, entrega sus propuestas para las asignaturas del plan de estudios vigente a la SEP, la cual, tras un dictamen, autoriza o deniega que puedan ser elegidas por el profesorado de las diversas entidades.

He participado en este enorme esfuerzo colectivo, escribiendo libros de historia, geografía y formación cívica y ética para secundaria. Lo he hecho para cumplir con una tarea que considero urgente: que los adolescentes se conciban como un eslabón en la cadena de pasado, presente y futuro. Esto implica arrojar luz sobre el “presentismo” propio de los y las adolescentes; mediar para que puedan ver que la realidad es producto de procesos en los que las causas, el desarrollo y las consecuencias actúan en dinamismo. Así, se puede favorecer la noción de causalidad y transferirla al ámbito personal-social, abatiendo el pensamiento espontáneo de “a mí no me va a pasar”, “no pasa nada”, “solo importa este momento”. Esa forma de pensar, propia de los jóvenes, es también una característica del momento actual: el espíritu de nuestra época favorece la noción de que lo importante es el hoy, el “aquí y ahora” del new age.

De lo anterior se desprende —pienso— que una tarea básica del libro de texto de cualquier ciencia social deba ser dotar al docente de instrumentos fundamentados para mediar la conciencia. Esta, justamente, ha sido mi intención de fondo al escribir libros de texto para adolescentes. Lo más difícil ha sido aterrizar esta visión en estrategias amigables, probadas y diversas para las diferentes realidades, y que profesores y directores puedan ponderarlas. En este recorrido ha habido luz y sombra, pero finalmente esto embellece una fotografía.

Para que usted, estimado lector, añada luz propia a lo abordado y para verificar, sobre todo, que la calidad sea lo que prevalezca en este aspecto vital de la educación, van dos sugerencias: valorar de manera directa los libros de texto que cada niño mexicano tiene en sus manos1 y acercarse a organizaciones con experiencia en la mejora de la educación, como Proeducación IAP,2 a la que he asesorado por más de 15 años y que es una maravilla. 

 

1 http://www.conaliteg.gob.mx/.

2 http://proeducacion.org.mx/.

 

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Paulina Latapí Escalante es docente-investigadora en la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha escrito 36 libros tanto de investigación histórica como de educación.