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#ELECCIONES2018: El Tribunal Electoral (In)dependiente 

¿Todo cambia... para quedar igual?

Gastón Luken Garza  | 01.07.2018
#ELECCIONES2018: El Tribunal Electoral (In)dependiente 
El activo más importante en la política es la credibilidad y, cuando aflora la desconfianza, la figura independiente se devalúa

La figura de las candidaturas independientes es muy reciente y, sin embargo, ya está inmersa en una serie de señalamientos que la ponen en tela de juicio. Uno de los propósitos de las candidaturas independientes es el de abrir espacios para que los ciudadanos que no militan en un partido político puedan ser votados para ocupar un cargo de elección popular. No obstante, dicho espacio también ha servido para que las personas que militan o participan en un partido, y que no pudieron ser candidatos por ese medio, busquen serlo como independientes. Esto provoca que, lógicamente, la gente se cuestione: “¿Qué tan independientes pueden ser?”. Muchas democracias en otras partes del mundo permiten esta figura y cabe decir que son pocas las ocasiones en las que un candidato independiente gana una elección. Una de las razones es que estas candidaturas generalmente no tienen acceso a los recursos y las estructuras que los partidos sí tienen para hacer campañas. Los independientes suelen tener más posibilidades de triunfo en elecciones locales. Es decir, donde la distancia entre el candidato y sus electores está más reducida. Entre más pequeño el padrón electoral, mayor la posibilidad de triunfo de un independiente.

Los partidos políticos tienen muchas debilidades y deficiencias, pero ganar elecciones es su fortaleza. La esencia de un partido es lograr y preservar el poder, en ocasiones a toda costa. Esto es una realidad aquí y en todo el mundo. Es un hecho que la competencia entre partidos e independientes es dispareja. En este sentido, los independientes no pueden alegar que fueron engañados, pues entran a la contienda con plena conciencia de que la tienen más difícil que otros candidatos. Otro obstáculo en contra del independiente es de carácter cultural: en México aún hay muchas personas que no conocen o entienden esta nueva figura. Cuando se enteran de su existencia es común que digan: “Ah, ¿el Partido Independiente?”. Creen que es el nombre de un partido más. Y, cuando se les explica que no es así, se quedan un tanto sorprendidas por el hecho de que un simple ciudadano, sin partido alguno que lo respalde, pueda siquiera contender como candidato. Las elecciones de este año son las primeras en la historia de México en las que hay candidatos independientes para la presidencia. Los aspirantes tuvieron que cumplir requisitos sumamente complicados. Es comprensible que haya filtros exigentes con la finalidad de que la boleta no se llene d un sinnúmero de candidatos. No se trata de que cualquier persona, por el simple hecho de quererlo, se convierta en uno de éstos. Sin duda sorprende que tres aspirantes a candidato independiente —de muchos que se apuntaron para la candidatura presidencial— hayan presentado, literalmente, millones y millones de firmas de ciudadanos que quisieron darles la oportunidad. La logística y los recursos necesarios para cumplir este requisito son altísimos. Es importante aclarar que una firma no equivale a un voto. Lo que busca una persona que da su firma para que otra pueda ser candidato independiente es conseguir opciones adicionales a las que los partidos ofrecen. Busca darle una oportunidad a una persona para que haga campaña y entonces, lo convenza o no, de votar por él o por un candidato de algún partido o por ninguno. La ley que rige las candidaturas independientes y las reglas que el Instituto Nacional Electoral (INE) determinó para esta fi gura son sumamente complejas, contienen errores y provocan confusión para su cumplimiento e interpretación. Esto explica en parte el desaseo y la falta de claridad en torno a ellas. Margarita Zavala libró los requisitos de firmas por un margen muy pequeño. El Bronco pudo ser candidato después de iniciada la campaña gracias a que el Tribunal Electoral dio marcha atrás al acuerdo del INE que le negaba su candidatura. El Tribunal, por decisión de cuatro votos a favor y tres en contra, aprobó la candidatura del Bronco por razones técnicas aduciendo que el INE no respetó de manera plena su derecho de audiencia. De ser así, el Tribunal debió instruir al INE para reponer parte del procedimiento; sin embargo, el Tribunal no procedió así, sino que directamente dio por buena la candidatura del Bronco a pesar de la gran cantidad de firmas duplicadas, más las que no aparecen en el padrón, más las inconsistencias, simulaciones, fotocopias y documentos no válidos. En el caso del aspirante independiente Armando Ríos Piter, por su parte, se presentaron firmas en condiciones similares a las del Bronco; no obstante, el Tribunal no validó su candidatura —como sí lo hizo con la del Bronco— y se le ordenó al INE reponer una parte del procedimiento donde se confirmó que ésta no procedía porque los números no cuadraban. Para dos casos iguales, dos tratamientos distintos. Al final del día, lo más importante es que se vulnera la certeza, pues no sabremos si todas las firmas que lograron los tres aspirantes aquí mencionados fueron obtenidas de manera transparente, real y legítima o fueron producto de una serie de acciones y engaños contrarios a la ley. El Tribunal es quien debe proveer dicha certeza, pero la institución atenta contra ella misma con resoluciones tan cuestionables como ésta. Son finales e inatacables, sí, pero no por ello exentas de error. Existe una marcada y comprensible duda de cómo fue que los independientes obtuvieron sus firmas. No es descabellado pensar que tuvieron el apoyo de uno o más partidos políticos. Esta sospecha nace de la lógica de que la presencia de independientes en la boleta le puede quitar votos a un partido y con ello favorecer a otro. A fi n de cuentas, esta nueva fi gura que tiene un buen propósito ha quedado salpicada por la duda y por señalamientos de que los independientes actúan con las mismas mañas que los partidos. El activo más importante en la política es la credibilidad y, cuando aflora la desconfianza, la fi gura independiente se devalúa. Quien en el futuro busque de manera legítima y sincera ser candidato independiente la tendrá todavía más difícil. Al final del día, se cierran los espacios de participación y esto es precisamente lo contrario del espíritu de esta fi gura que busca oxigenar y ampliar la oferta política. ¿Todo cambia… para quedar igual?  EP

 

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Gastón Luken Garza ha sido integrante del Consejo General del IFE (2000-2003), consejero de Transparencia Mexicana (20042009), diputado federal (2009-2012) y articulista invitado en varias revistas y periódicos como Reforma y La Jornada Baja California, entre otros. Es coautor de Escenarios de la transición en México (Grijalbo, 2003).

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