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Inglés, la política pública que se nos olvidó

Luis Mauricio Torres Alcocer | 14.06.2015
Inglés, la política pública que se nos olvidó
En tiempos en que el inglés se ha convertido en una lengua global, saber hablarlo es un factor crítico de la competitividad laboral. En nuestro país, el porcentaje de personas que dominan este idioma es muy bajo en comparación con el de otros países. Esto tiene que ver con los programas educativos y las políticas públicas.

A inicios del siglo XX, el analfabetismo representaba el principal reto de la política educativa en México. Se estima que en 1895, 82% de la población mayor de 15 años era analfabeta.1 Las políticas de reducción de la población analfabeta tomaron fuerza después de 1921 y, más tarde, en la década de los setenta. Hacia 1950, 43% de los adultos no sabía leer ni escribir. En 1970 el índice de analfabetismo llegó a 26% y posteriormente, en 2010, la cifra era de 6.9%. Construir una sociedad que sabe leer y escribir es el primer paso de cualquier política educativa que pretende elevar el desarrollo de un país.

Con el paso de los años, la población analfabeta dejó de ser el foco de la política pública para el desarrollo de capital humano. Sin embargo, un nuevo concepto apareció: el analfabetismo funcional. Las personas podían leer y escribir pero no necesariamente utilizar estas capacidades para realizar tareas más complejas. Así, una vez más, la política pública comenzó una nueva tendencia: impulsar más años de escolaridad y evitar la deserción. Como resultado de esto, el porcentaje de personas sin instrucción pasó de 40% en 1960 a 8.5% en 2005.2 Por otra parte, la proporción de personas con estudios de secundaria completa y de media superior representaba cada una 2.1% de la población en 1960; para 2005 esa proporción pasó a 21.5 y 19.5% respectivamente.

En México, la composición de la población económicamente activa (PEA) de acuerdo a la escolaridad ha cambiado también en los últimos años. Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, en 2005 la proporción de la PEA que contaba al menos con un título de preparatoria era cercana al 30%. Para 2014 llegaba a 37%. De manera similar, en el mismo periodo, la proporción de la PEA con licenciatura o posgrado pasó de 12.5 a 15.4%. Lo anterior sugiere que las capacidades de la PEA han mejorado, ya que ahora tenemos trabajadores mejor preparados y con más educación. Sin embargo, con el surgimiento de la era digital la escolaridad dejó de ser suficiente.

La aparición de internet en 1990 revolucionó la manera en que nos conectamos y accedemos a información. La era digital hizo necesario que la población tuviera acceso a internet y que contara con habilidades informáticas básicas para completar su transición a una sociedad más conectada y con más canales de acceso a información. Entre 1990 y 1991, en Estados Unidos existía un usuario de internet por cada 100 habitantes, de acuerdo a los datos del Banco Mundial. Hacia el año 2000, en ese mismo país, la cantidad de usuarios era de 43. En 2013, la cifra llegaba a 84 usuarios por cada 100 habitantes.

Por su parte, México logró tener 1.2 usuarios por cada 100 habitantes hasta 1998; en el año 2000 llegó a 5 usuarios. Actualmente tenemos la mitad de usuarios de internet por cada 100 habitantes que Estados Unidos. Hemos avanzado, pero nos hace falta mucho para cerrar la brecha digital que nos separa de los países desarrollados.

Como sociedad, los mexicanos logramos alfabetizar a la población durante la primera parte del siglo xx, elevar los años de escolaridad de la fuerza laboral durante la segunda y reducir la brecha digital en términos de acceso a internet a fines de ese siglo e inicios de este. Estos logros parecen evidenciar la relativa eficacia de las políticas públicas encaminadas a desarrollar competencias en la población y a elevar el capital humano y sus capacidades. No obstante, algo se nos olvidó. ¿Qué? Una política para aumentar el conocimiento del inglés de la población. Si queremos comunicarnos con el mundo, hablar, leer y escribir en español no es suficiente. Hoy en día 1.74 mil millones de personas (25% de la población mundial) puede comunicarse en inglés. Para el 2020 habrá aproximadamente 2 mil millones de personas que estarán usando o aprendiendo este idioma.3 Si queremos fomentar la lectura, leer únicamente en español nos va a cerrar muchas puertas. Cerca de 22% de los libros publicados en el mundo están redactados en inglés.4

El inglés también es importante para cerrar la brecha digital. Quien es monolingüe deja de acceder a mucha información en la red. De acuerdo con datos de W3Techs, una empresa consultora especializada en administración de software, el contenido del 56% de los principales sitios web a nivel global está en inglés. Si queremos seguir invirtiendo en capital humano nos encontraremos con que 62 de las 100 mejores universidades del mundo se encuentran en países angloparlantes.5 Además, cuatro de los cinco socios comerciales más importantes de México no hablan español.

Sin políticas que eleven el conocimiento del inglés no lograremos explotar el potencial del internet y del nivel educativo de las personas. Tampoco lograremos incrementar la oferta de trabajadores con talento, atraer y retener inversiones, impulsar la expansión de las empresas en México, desarrollar sectores innovadores y, en general, elevar la competitividad del país.

Desafortunadamente para México, en términos de política pública, el inglés no ha sido prioritario en ningún sentido. Para empezar, es virtualmente imposible tener una serie de tiempo confiable sobre el nivel de inglés de la población. No existen mediciones oficiales y periódicas sobre cuánta gente habla inglés ni con qué nivel. Algunas estimaciones, como la de  Consulta Mitofsky6 en 2013, indican que 11.6% de las personas de más de 18 años dicen saber inglés. Utilizando los datos de la Encuesta de Bienestar Autorreportado (módulos BIARE) del INEGI (2012) podemos estimar que 9.4% de las personas entre 18 y 70 años saben inglés. La mala noticia es que estos datos son los más optimistas. Sin importar qué fuente se utilice, la conclusión es la misma: la proporción de personas que habla inglés en México es muy baja (ver la Gráfica).

GRÁFICA Proporción de la población que habla inglés en México, según diversas fuentes

Además, no existen estrategias claras sobre el dominio de este idioma ni en el Plan Nacional de Desarrollo ni en el Programa Sectorial de Educación. Únicamente 17 estados reconocen al inglés como una herramienta para elevar el nivel de desarrollo local. En el terreno educativo, el primer gran intento por estructurar un mapa curricular de inglés en la educación básica, el Programa Nacional de Inglés en Educación Básica (pnieb), perdió relevancia.

De acuerdo con el Índice de Nivel de Inglés de Education First,8 México se encuentra por debajo del promedio de otros países no angloparlantes desde 2011. En un estudio reciente,9 la organización Mexicanos Primero encontró que 79% de los egresados de secundaria tiene desconocimiento total del inglés. Solo el 48% de las universidades consultadas por el imco y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) afirma que el inglés es materia obligatoria para todas sus carreras. En materia de capacitación laboral, utilizando datos del Módulo de Educación, Capacitación y Empleo de la ENOE del INEGI, en 2009 únicamente 0.5% de la pea mencionó haber tomado algún tipo de capacitación laboral en idiomas (87% tomó clases de inglés).

En México no hemos logrado ofrecer herramientas lingüísticas para el inglés adecuadamente. De acuerdo con datos del BIARE, únicamente 28% de las personas con licenciatura (pero sin posgrado) dice tener conocimientos del idioma inglés; de quienes terminaron la preparatoria, el 14%, y de quienes concluyeron la secundaria, 4%. Esto representa un rezago en las habilidades que exige el sector empresarial. A nivel internacional, 68% de las empresas indican que el inglés es el idioma que necesitará sus plantas laborales para ejecutar planes de expansión internacional.10 La Encuesta de Escasez de Talento de Manpower 2012 muestra que
en América Latina los empleadores mencionan que el manejo de idiomas es la habilidad más difícil de cubrir entre sus candidatos a puestos laborales.

Si los esfuerzos por elevar el nivel de escolaridad de la población no se acompañan de estrategias para mejorar el nivel de conocimiento del inglés, será difícil que las empresas en México encuentren el talento necesario para expandir sus operaciones. Tampoco lograremos incrementar el salario al que pueden aspirar los trabajadores mexicanos: los profesionistas que saben inglés pueden llegar a tener sueldos entre 28 y 50% más altos que quienes no cuentan con esta habilidad.11

Por otra parte, elevar el conocimiento del inglés entre los mexicanos permitiría tener mayor acceso a fuentes de información, que son un insumo básico de la innovación. La relación que existe entre el nivel de inglés de un país no angloparlante y su nivel de innovación (de acuerdo con el Índice de Innovación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) es muy fuerte.

Desde la educación básica hasta la capacitación laboral, los mexicanos no hemos tenido buenos resultados en inglés —seguramente porque no hemos tenido buenas políticas. Esto debe preocuparnos y ocuparnos. En el siglo xxi, las políticas educativas y de capacitación laboral deben establecer nuevos objetivos. Así como durante el siglo pasado se realizaron esfuerzos por alfabetizar a la población, facilitar el acceso a internet y dotar de un mayor nivel educativo a la fuerza laboral, ahora es necesario tratar de elevar las competencias que son un complemento de la escolaridad. En general, si queremos elevar la competitividad de México tenemos que empezar a diseñar políticas públicas que eleven el nivel de inglés en la población. Es por esta razón que el Instituto Mexicano para la Competitividad (imco) ha participado desde 2014 en la iniciativa Inglés para la Competitividad y la Movilidad Social, con el objetivo de investigar el tema del conocimiento de este idioma en la población y generar propuestas de política pública. Algunas de nuestras ideas más importantes son:

• Diseñar e implementar una Agenda Nacional de Inglés. Esto implica crear una Coordinación Nacional de Inglés que sería una unidad intersectorial dentro de la Oficina de la Presidencia, por ejemplo. Este modelo ha resultado relativamente útil en temas como la Estrategia Digital Nacional. Entre sus metas estarían dictar lineamientos básicos para programas educativos al interior de la Secretaría de Educación Pública, así como generar esquemas de evaluación de cobertura, objetivos y estrategias. También funcionaría como plataforma de trabajo para las coordinaciones estatales de inglés y programas de la sociedad civil.

• Reducir el déficit de maestros e infraestructura. El principal obstáculo para los programas de inglés en educación básica ha sido la falta de maestros de inglés capacitados y certificados. Es posible incrementar la oferta de maestros exigiendo un nivel mínimo de inglés para egresados de escuelas normales y otras carreras afines. Asimismo, podemos atraer talento de maestros extranjeros y de migrantes que regresan. De manera paralela, es necesario integrar un plan de desarrollo profesional docente con evaluación de profesores para diagnosticar sus áreas de oportunidad en el idioma, seguido de un proceso de nivelación y formación continua.

• Modernizar esquemas de financiamiento. Debemos liberar presión de los recursos públicos. Para ello, una alternativa factible es generar esquemas de copago entre padres de familia y autoridades escolares para pagar conjuntamente clases extracurriculares. También se puede introducir un sistema de vales educativos para que los alumnos puedan tomar clases en academias de idiomas privadas.

• Explotar los modelos de enseñanza basados en tecnología. En este sentido, los cursos masivos en línea pueden ser complementos (y, en algunos casos, sustitutos) de clases en el aula.

• Brindar estímulos fiscales a empresas que ofrezcan capacitación en idiomas. Es posible generar modelos de capacitación condicionada al tiempo de duración del contrato para alinear incentivos de corto plazo de empresas y trabajadores.   

 

En el siglo xx se nos olvidó invertir en elevar el nivel de conocimiento del inglés entre los mexicanos. Ahora, en pleno siglo XXI, no podemos perder más tiempo.

 

 

1 Los datos sobre analfabetismo en México fueron tomados de José Narro Robles y David Moctezuma Navarro, “Analfabetismo en México: Una deuda social”, en Revista Internacional de Estadística y Geografía, vol. 3, núm. 3, septiembre-diciembre de 2012. Disponible en http://www.inegi.org.mx/rde/RDE_07/Doctos/RDE_07_Art1.pdf.

2 Los datos sobre el nivel de escolaridad de 1960 a 2005 fueron tomados del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados. Disponibles en http://archivos.diputados.gob.mx/Centros_Estudio/Cesop/Indicadores/Nacionales/indn_educacion001.htm.

3 British Council, “The English Effect: The Impact of English, What It’s Worth to the UK and Why it Matters to the World”, 2013.

4 Sergey Lobachev, “Top Languages in Global Information Production”, en Partnership, The Canadian Journal of Library and Information Practice and Research, diciembre de 2008.

5 Con base en los QS World University Rankings, 2014.

6 Consulta Mitofsky, “Mexicanos y los idiomas extranjeros: Encuesta nacional en viviendas”, enero de 2013.

7 Disponible en http://www.sems.gob.mx/es_mx/sems/lanza_la_sep_el_programa_impulsate_para_la_ensenan.

8 Education First, EF English Proficiency Index, 2014.

9 Mexicanos Primero. “Sorry: El aprendizaje del inglés en México”, 2015.

10 Reporte de The Economist Intelligence Unit, “Competing Across Borders: How Cultural and Communication Barriers Affect Business”, 2012.

11 Miguel Delgado Helleseter, “English Skills and Wages in a Non-English Speaking Coun­try: Findings from Online Advertisements in Mexico”, 24 de octubre de 2013, en Education First: EF English Proficiency Index, 2013.

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Luis Mauricio Torres Alcocer es investigador del IMCO.

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