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Las palabras y el análisis político 

Reflexiones y propuestas a partir de Diccionario de Justicia  

Gina Zabludovsky Kuper | 07.08.2018
Las palabras y el análisis político 
Con base en 133 conceptos, un equipo de coordinadoras y coordinadores editoriales dirigido por el investigador emérito de la UNAM Carlos Pereda, ha logrado reunir una pluralidad de voces que se integran en el Diccionario de Justicia, una ambiciosa investigación semántica de filosofía política, resultado de un grupo de trabajo con sede en universidades de la Ciudad de México. Presentamos una precisa síntesis de esta obra en que su autora reflexiona sobre los múltiples vasos comunicantes entre las palabras y sus significados.

 

El Diccionario de Justicia que coordina Carlos Pereda (Siglo XXI Editores, 2017), con el apoyo de un equipo de coordinadores editoriales integrado por Julieta Marcone, María Teresa Muñoz y Sergio Ortiz Lerroux, resulta de una importancia fundamental para las ciencias sociales contemporáneas. Y es que, en esta época de ferviente discusión política, no es poco común que cuando se exponen diferentes posiciones sobre un tema en una mesa redonda o en los artículos de opinión, los polemistas no aclaren sus puntos de partida, ni los distintos significados y definiciones de los términos que utilizan en el debate.

Por eso resulta pertinente la advertencia que hace Pereda en la introducción, en el sentido de “tener cuidado con las palabras”, especialmente en el uso que se hace de ellas en las ciencias sociales, cuyo lenguaje muchas veces no se distingue del habla cotidiana. Como bien lo señala el autor del término de ‘constitución’, los conceptos de uso común son muchas veces los más difíciles de definir (p. 62). La precisión y reelaboración conceptual resultan importantes ya que, con los cambios vertiginosos que caracterizan a nuestra época, muchos de los términos que constituyen el cimiento de las ciencias sociales —como los de ‘soberanía’ o ‘Estado nación’— se han convertido en categorías zombies (Beck, 1994; 1998), cuya utilidad para la explicación de la realidad es continuamente cuestionada (Zabludovsky, 2007; 2010).

Como lo muestra el Diccionario, en un ámbito donde las capacidades explicativas del discurso de las ciencias sociales se debaten ampliamente, los autores clásicos han adquirido una importancia creciente como punto de partida para reflexionar y reelaborar nuestros discursos. A partir de su legado, las comunidades académicas pueden entender con más claridad las diferencias y semejanzas entre sus distintas concepciones alrededor de una temática, lo cual resulta especialmente importante en una época caracterizada por el fin de los paradigmas panexplicativos y la creciente apertura de las ciencias sociales a una diversidad de escuelas e interpretaciones. Desde esta perspectiva, como lo señala J. Alexander (1987), los clásicos no sólo constituyen referencias obligadas para consensuar nuestros términos, sino también para entender la naturaleza del desacuerdo endémico que caracteriza a las ciencias sociales contemporáneas (Zabludovsky, 1995).

A partir de este marco general, a continuación sintetizo la obra en 10 puntos basados en algunos de los temas y subtemas presentes a lo largo del libro, así como en mis propias sugerencias de lectura.

 

  1. Los conceptos son polisémicos

Como ya se ha señalado, una gran cantidad de textos coinciden en el hecho de que, lejos de tener un significado unívoco, los conceptos son polisémicos y “no existe un consenso pleno sobre el significado teórico y sus debidos alcances”. Lo anterior se hace evidente en una de las expresiones que —tanto en el lenguaje común como en el especializado— tienden a utilizarse constantemente de una forma amplia y vaga, como el concepto de ‘sociedad civil’ (p. 494) y otros términos como ‘cosmopolitismo’, ‘cultura de la legalidad’, ‘democracia’, ‘discriminación’, ‘dignidad’, ‘solidaridad’, ‘Estado’, ‘Derecho’, ‘tolerancia’ y ‘terrorismo’, para mencionar sólo algunos.

 

  1. Conceptos amplios y conceptos restringidos

En función de la temática que abarca, el Diccionario de Justicia contiene algunas concepciones generales o ampliadas y otras más restringidas que se derivan de ellas. Así, por ejemplo, la ‘democracia’ se nos presenta como un gran árbol con muchas ramas como ‘democracia constitucional’, ‘democracia deliberativa’ y ‘democracia participativa’. Lo mismo ocurre con términos como ‘constitución’ (‘constitución’ y ‘constitución procesual’); ‘Estado’ (‘Estado constitucional’ y‘Estado de derecho’) y otros que suelen tener una connotación amplia como ‘cultura’ (de la cual se deriva ‘cultura de la legalidad’) o incluso con categorías más recientes como ‘terrorismo’. Para uno de los conceptos más importantes del libro, como lo es el de ‘derecho’, para tratar los distintos tipos se suelen agregar adjetivos o palabras compuestas como ‘derecho objetivo’ y ‘derecho subjetivo’ correspondientes a las definiciones en inglés de los vocablos ‘Law’ y ‘Right’.

 

  1. El problema de las traducciones, ¿estamos limitados en español?

La falta de palabras precisas para nombrar los términos en español con un solo vocablo y la consecuente necesidad de añadir una palabra, a menudo un adjetivo, no es una situación excepcional para especificar los tipos ‘derecho’, también se da en otros términos de gran relevancia para el discurso jurídico y político. Lo anterior ocurre con la categoría de ‘libertad’, para la cual en español sólo tenemos una palabra, mientras en inglés se puede distinguir entre ‘liberty’ y ‘freedom’; así como con ‘bienestar’, que en inglés puede diferenciarse entre ‘well being’ y ‘wellfare’ (p. 26). A estos conceptos pueden agregarse otros como politics y policy, que en español suelen traducirse como ‘política’ y ‘política pública’. En mi propia experiencia, al consultar la literatura sociológica también me he encontrado con limitaciones similares ante términos como ‘trust’ y ‘confidence’, cuya diferencia resulta esencial en los textos sobre modernidad de Giddens (1990) y para las cuales en español únicamente tenemos la palabra ‘confianza’. De hecho, las traducciones que se han realizado en términos de ‘confianza personal’ y ‘fiabilidad’ (confianza en los sistemas de expertos) está lejos de ser la más adecuada (Zabludovsky, 2010).

 

  1. Las dimensiones morales de los términos

De una forma casi inevitable, a pesar de todos los esfuerzos que se puedan hacer en la búsqueda de la objetividad y el desapego en cuanto a definiciones se trata, muchos términos están inevitablemente asociados a cargas positivas o negativas. Entre los primeros se encuentra un concepto como el de ‘sociedad civil’ que, como bien señala el autor que lo aborda, suele concebirse como un actor colectivo y homogéneo, libre de conflictos (pp. 496- 498), al que frecuentemente se le asocia con otras categorías con carga axiomática como ‘solidaridad’. En contraste, entre los conceptos con una connotación negativa se encuentra ‘corrupción’, que en el apartado respectivo se define ‘cinismo permisivo’ y en cuyo tratamiento la autora advierte de forma pertinente que no debemos partir de premisas equívocas que ubican el problema únicamente en el sector público o lo atribuyen a un comportamiento individual (p. 96). Otros conceptos como ‘tradición’ pueden tener una carga valorativa oscilante, según se le asocie con la riqueza heredada del pasado o con los rezagos de la modernidad. Incluso un vocablo como ‘egoísmo’, a menudo vinculado con factores negativos, puede variar en sus connotaciones si se formula de acuerdo con la definición aristotélica del “excesivo amor por uno mismo” (p. 175) o a las teorías de Adam Smith en torno a la ‘mano invisible’, sobre la cual descansa la concepción de su liberalismo económico (p. 177).

 

  1. Peso descriptivo y normativo de los conceptos

A partir de lo anterior, no sorprende que algunos conceptos como el de ‘socialismo’ tengan una importante carga normativa, frecuentemente vinculada con un proyecto político orientado a la búsqueda de un mejor porvenir. Lo anterior resulta especialmente evidente en los conceptos que se vinculan con la realidad latinoamericana, como el de ‘democracia participativa’ en el caso de Brasil (pp. 131- 132).

 

  1. La herencia del pensamiento clásico en el contemporáneo

Como ya se ha señalado, muchas de las categorías del libro se sustentan en los pensadores clásicos y, en términos generales, hay un ir y venir que compara y señala las líneas de continuidad y ruptura entre éstos y las autoras y los autores más recientes. Dentro de los primeros, acudiendo a la tradición griega, uno de los autores más citados es Aristóteles, en cuyas obras se reconoce la génesis de algunas definiciones importantes como ‘ciudadanía’, ‘democracia’, ‘igualdad-desigualdad’ y ‘testigo’ (p. 155). En cuanto al pensamiento del siglo XX destacan las menciones a Hanna Arendt, no sólo en lo que se refiere a sus conocidas tesis sobre ‘totalitarismo’ (p. 523), sino también en otras voces que redactan los términos de ‘democracia representativa’ y ‘desobediencia civil’ (p. 160). Entre los autores contemporáneos, encontramos varias referencias a Norberto Bobbio y también a Habermas, quien constituye una fuente importante para elaborar las definiciones de términos como ‘espacio público’, ‘Estado de derecho’, ‘soberanía’, ‘solidaridad’ y ‘democracia participativa’.

 

  1. Los conceptos y la realidad en América Latina En el desarrollo de ciertos apartados del libro se muestra la relevancia de algunos términos para explicar la realidad latinoamericana, tal es el caso de conceptos como ‘autoritarismo’ (a partir de la obra de Juan Linz), ‘comunidad’ (vinculado con la persistencia de formas de vida en los pueblos indígenas de México, p. 48) y ‘tradición’ (con referencia a autores mexicanos como Luis Villoro, p. 528). En otros conceptos, como los de ‘cultura de la legalidad’ (p. 113) y ‘espacio público’, también se reflexiona sobre sus aplicaciones a nuestro contexto.

 

  1. Conceptos del lenguaje común y conceptos más especializados

Dentro de los conceptos del lenguaje común se puede mencionar a la ‘democracia’ y dentro de los menos conocidos el de ‘deontologismo’ que, según J. Bentham, es “la ciencia que trata de los deberes” (p. 137). Hay también conceptos que se prestan a ser utilizados como metáforas, como bien lo señala el autor de ‘exilio’.

 

  1. Conceptos ‘antiguos’ y conceptos más recientes

En el libro conviven conceptos que, a pesar de las transformaciones en su connotación, “parece que siempre han estado allí”, desde el inicio de la reflexión de la filosofía política en las fuentes griegas, como ocurre con ‘ciudadanía’ (p. 50) y ‘democracia’ (p. 118). Otras concepciones, como ‘Estado constitucional’ son evidentemente más recientes, ya que tienen sus orígenes en el siglo XIX. Entre las categorías más jóvenes, que arrancan en el siglo xx, se encuentran términos como ‘comunitarismo’, ‘capital social’, ‘cultura de la legalidad’, ‘democracia participativa’, ‘acción afirmativa’ o ‘terrorismo’. Por otra parte, también se encuentran conceptos como ‘soberanía’, cuyo origen es difícil ubicar en el tiempo (p. 484).

 

  1. El alfabeto y el orden de los conceptos

Como si alguien las hubiera colocado en la secuencia adecuada, en algunas letras del abecedario como la C coinciden términos estrechamente relacionados, como ‘cacicazgo’, ‘clientelismo’, ‘corporativismo’ y ‘corrupción’. Lo mismo ocurre con ‘capital social’ y ‘cooperación’, que conviene leerlos de forma continua. Igualmente, la letra D agrupa conceptos que se vinculan como ‘desigualdad’ y ‘discriminación’, que también pueden relacionarse con el de ‘dignidad’. En otros casos, lo aleatorio del orden del abecedario produce verdaderas disonancias. Así, en la letra U aparecen en un orden secuencial términos tan opuestos como ‘utilitarismo’ y ‘utopía’, y en el caso de la V la ‘vida buena’ y las ‘virtudes cívicas’ están junto a la ‘violencia’. Por otro lado, hay letras que, sin ninguna predilección previa, me parecieron especialmente atractivas por los temas que agrupan, como la S, donde conviven ‘socialismo’, ‘sociedad civil’, ‘solidaridad’ y ‘suerte’. Aquí también se encuentra el texto sobre ‘soberanía’, que nos remite desde el inicio a los efectos de la globalización. También me pareció gratamente sorpresiva la inclusión de la definición de ‘suerte’ y la importancia de distinguir entre ésta, la responsabilidad, y los efectos sobre el mérito (p. 506). Como lo señala la autora: “La suerte no es justa o injusta, corresponde a todo aquello más allá de nuestro alcance y de nuestra voluntad”.

 

  1. Sugerencia de la lectura

Como resulta evidente, en la medida en que se trata de un Diccionario, la secuencia en que se lean las distintas definiciones dependerá de los intereses concretos de los lectores. Sin embargo, no por ello quiero dejar de sugerir algunas secuencias en la consulta que enriquecerían la comprensión de los distintos términos. Así, por ejemplo, a las lecturas de ‘cacicazgo’, ‘clientelismo’, ‘corporativismo’ y ‘corrupción’ (por casualidad todos en la letra C), debiera incorporarse el examen de los vocablos ‘patrimonialismo’, ‘Estado de derecho’ y ‘transparencia’. También recomiendo consultar ‘democracia participativa’ junto con ‘sociedad civil’ y ‘desigualdad’ con ‘equidad’. Por otra parte, hay vocablos que debieran leerse consecutivamente para poder diferenciarlos adecuadamente: ‘autoritarismo’ y ‘totalitarismo’; y ‘egoísmo’ e ‘individualismo’ que, como bien lo señaló Tocqueville (2003), están lejos de ser equivalentes. También debieran de leerse de forma secuencial algunos conceptos opuestos como ‘discriminación’ y ‘tolerancia’, lo mismo que ‘Estado’ y ‘sociedad civil’. EP

 

Bibliografía

Alexander, Jeffrey, 1987, “The Centrality of the Classics” en A. Giddens y Turner, Social Theory Today, California, Standford University Press.

Beck, Ulrich, 1994, “The Reinvention of Politics, Toward a Theory of Reflexive Modernization” en Reflexive Modernization. Politics. Tradition and Aesthetics in the Modern Social Order, California, Standford University Press.

——, 1998, La Sociedad de Riesgo, Buenos Aires, Paidós.

Pereda, Carlos (ed.), 2017, Diccionario de Justicia, México, Siglo XXI Editores.

Tocqueville, Alexis de, 2003, La democracia en América, México, FCE.

Zabludovsky, Gina, 1995, Sociología y política. El debate clásico y contemporáneo, México, Miguel Ángel Porrúa, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM.

——, 2007, Sociología y cambio conceptual, México, Siglo XXI Editores, UNAM, UAM-A.

——, 2010, Modernidad y globalización, México, Siglo XXI Editores, UNAM.

 

 

 

Gina Zabludovsky Kuper es socióloga y escritora. Académica de la UNAM e integrante de la Junta de Gobierno de esta institución. Investigadora Nacional Nivel 3. Sus libros más recientes son: Las voces y los ecos. Cuatro etapas de pensamiento social en México (Sitesa- UNAM, 2016), Norbert Elias y los problemas actuales de la sociología ( FCE, 2016) y No entiendo a las mujeres (Colofón, 2014).