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Bosquejos de un futuro en construcción: un pacto cupular para los ninis  

Galia García Palafox | 10.08.2018
Bosquejos de un futuro en construcción: un pacto cupular para los ninis  
¿Es viable el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, emprendido apenas conocidos los resultados de la contienda presidencial? Ante esta propuesta, que puede tener un importante impacto social, Galia García Palafox explora lo que opinan los dirigentes de la cúpula empresarial, académicos y expertos en la materia.

Habían pasado menos de 72 horas desde el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, cuando ya estaba cerrando —de mano— su primer trato con la cúpula empresarial: el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Eligió a los empresarios para su primera reunión como virtual presidente electo; con ello mandaba un mensaje evidente de reconciliación con el gremio y ahí fue más claro que iba por más. “Este va a ser, creo yo, a reserva de la opinión de Juan Pablo, el primer acuerdo que vamos a suscribir públicamente (…) No lo hemos hablado previamente, pero la vida pública es cada vez más pública”, dijo López Obrador en la conferencia de prensa con Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). El líder empresarial no titubeó. “Es un acuerdo, presidente”, le dijo. Y se dieron la mano en señal de trato cerrado.

En la conferencia de prensa, López Obrador anunció que la inversión será de 110 mil millones de pesos anuales, ya presupuestados: “aunque nos quedemos sin camisa se tienen que liberar los fondos”. En 2016 dijo que esos recursos —como los de muchos otros proyectos— saldrían del ahorro que el gobierno logrará al acabar con la corrupción, que estima en 500 mil millones de pesos. “Como ya no va a haber esa corrupción va a alcanzar para garantizar el derecho al estudio y al trabajo a los jóvenes. Y va a sobrar. Va a alcanzar para eso y para más”.

“Para operar este programa con el CCE se va a crear una estructura de tutores, los empresarios van a ayudarnos como tutores para que contraten a los jóvenes, estén pendientes de su formación y con un mecanismo sencillo el gobierno va a transferir a las empresas recursos del presupuesto”, agregó López Obrador. Días después, se reunió con los industriales de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) y luego con los dirigentes de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco). A unos y otros les habló de la necesidad de insertar a los jóvenes en el mercado laboral, los comprometió con el proyecto. Nadie dijo no. Nadie pudo decir que no.

El proyecto, hasta donde se sabe, busca atender a los llamados ‘ninis’, jóvenes que “ni estudian ni trabajan”; regresarlos a la escuela con becas o llevarlos a las fuentes de trabajo como aprendices, a cambio de un salario pagado por el gobierno federal. No es un programa pequeño, el equipo de transición habla de atender a dos millones 300 mil jóvenes, unos dos millones de ellos en el programa de tutorías en las empresas, una especie de universidad para la capacitación y el trabajo, por la que cada joven recibiría 2 mil 400 pesos mensuales. Las empresas se comprometen a recibir a los jóvenes en fábricas, en comercios y oficinas para capacitarlos, así como a armar programas de tutorías y darles seguimiento. “Para que cuando concluyan su estadía continúen trabajando en la empresa que los capacitó o con las habilidades que hayan aprendido, certificarlos para que puedan buscar trabajo ya con la experiencia y el desempeño adquiridos dentro del programa”, explica José Manuel López Campos, presidente de Concanaco: “Con esto se buscaría romper el círculo vicioso de los jóvenes que necesitan incorporarse a la población económicamente activa y no tienen trabajo porque no tienen experiencia.”

Castañón fue más lejos, habló de que el programa alejaría a los jóvenes de la posibilidad de incorporarse a las fi las del crimen organizado o de expulsarlos del país por falta de oportunidades. Cuando López Obrador hizo la propuesta a los más de 200 industriales que desayunaron con él, no hubo una sola negativa. Todos asintieron con la cabeza, cuenta el presidente de Concamin, Francisco Cervantes Díaz. El primer gran proyecto del futuro gobierno se cerró en menos de una semana. López Obrador, el candidato que había transitado una campaña de estire y afl oje con las cúpulas empresariales, había logrado con ellos lo que parece un gran movimiento nacional por la juventud.

 

¿Quiénes son los ninis?

En los años noventa, mientras hacía un estudio sobre los jóvenes en maquiladoras de Tamaulipas, la académica Rosa María Rubalcava se encontró con un dato del INEGI que la sorprendió, una cifra muy alta de jóvenes que no estudiaban ni trabajaban. “Cuando vimos las estadísticas no lo podíamos creer”, recuerda. Durante el trabajo de campo los observó en las calles, en las plazas, sentados en la banqueta a cualquier hora del día “tomándose su Coca Cola o jugando al balero”. Así nació el estudio “Desocupados precoces : ¿otra cara de la maquila?” (El Colegio de México, 1993), a quienes más tarde conoceríamos como ninis. No está claro cuándo se desató el fenómeno de los ninis, pero en esa década se empezó a analizar.

Para Miguel Székely, coautor del estudio del Banco Mundial “Ninis en América Latina, 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades”, publicado en 2016, fue el bajo crecimiento económico y la falta de productividad de la economía lo que provocó el aumento de los jóvenes que no estudian ni trabajan. Y aunque el país ha crecido económicamente desde entonces, la reducción en el porcentaje de estos jóvenes desde los años 90 es minúscula.

Eva Arceo y Raymundo Campos, autores del estudio “¿Quiénes son los ninis en México?” (CIDE, 2011), encontraron que en 2010 había en México 8.3 millones de jóvenes entre 15 y 29 años que no asistían a la escuela y no tenían empleo. Esto es, 28 de cada cien jóvenes en ese rango de edad. Otros estudios, como el del Banco Mundial, ubican a los ninis entre los 15 y los 24 años. Aunque el término se utiliza incluso en estudios científicos, a los estudiosos del tema no les gusta llamarlos así, por la connotación peyorativa del término: se piensa en los ninis como jóvenes que no quieren hacer nada. Pero las razones para llegar a ser nini son muchas y multifactoriales. “Cuando se dice nini, lo que viene a la mente de mucha gente es un joven sin oficio ni beneficio, involucrado en temas de delincuencia, drogas o adicciones, y sí los hay, pero algunas son mujeres que tuvieron un embarazo adolescente y tienen que cuidar hijos, otros son jóvenes que simplemente no encuentran trabajo”, explica Székely.

Según el Banco Mundial, el perfi l típico de un nini es una mujer que no ha terminado la educación media superior y vive en un hogar pobre o vulnerable. La gran mayoría vive con sus padres, hay más ninis en las zonas rurales que en las ciudades y uno de cada cuatro no ha terminado la primaria. Dos tercios de los ninis son mujeres, aunque en las últimas décadas el número de hombres que no estudia ni trabaja ha crecido, presumiblemente por la situación del mercado laboral, mientras que el porcentaje de mujeres nini se ha reducido, lo que se atribuye a que cada vez más mujeres permanecen en la escuela. Al menos en los estudios en que los ninis tienen máximo 24 años, una condición para serlo es haber desertado de la escuela. En algunos casos la causa es meramente económica; en otros es cultural, como tener que ayudar en casa o cuidar a otras personas, y en el menor de los casos porque no les interesa la escuela. Un estudio indica que muchos jóvenes no sienten que la educación vaya a ser redituable.

El camino tradicional para llegar a ser nini, sobre todo para los hombres, es abandonar los estudios para emplearse en algún trabajo informal, posteriormente perder ese empleo y no poder conseguir otro. En las mujeres, el embarazo adolescente es en muchos casos el inicio de una vida sin estudiar ni trabajar. De una u otra forma, ser nini casi nunca es una decisión. El 83% de las mujeres nini son amas de casa, muchas tienen hijos y no tienen quién se los cuide, por lo que no pueden trabajar. Los hombres, en cambio, son en su mayoría solteros y buscan trabajo, pero no lo encuentran, entre otras cosas porque no tienen las habilidades necesarias: por falta de educación y de experiencia laboral, el mencionado ‘círculo vicioso’.

Esa inactividad de tantos jóvenes es cara. El Banco Mundial identifica varios efectos de altas poblaciones que no estudian ni trabajan: a largo plazo, reducen la productividad y las oportunidades de empleo y mejores salarios, lo que dificulta el crecimiento económico; obstaculizan la igualdad y la movilidad social; aumentan la pobreza y contribuyen a la desintegración social, las adicciones y la delincuencia. En México, los autores del estudio encontraron una relación directa entre el aumento de homicidios entre 2008 y 2013 y la proporción de ninis, especialmente en los estados fronterizos. El problema no es sólo de los propios ninis ni sólo del día de hoy, tendrá consecuencias futuras para el país. “[Una población tan grande de jóvenes que no estudia ni trabaja] puede generar riesgos como la delincuencia, que los jóvenes no tengan experiencia laboral y una población de este tipo, que no está tampoco en el sistema formal de la economía, genera un peso social”, dice Székely.

 

Los empresarios a bordo

“La juventud es prioridad para López Obrador”, dijo Esteban Moctezuma, nominado por el presidente electo para secretario de Educación, en una conferencia de prensa, y en las reuniones mencionadas el virtual presidente electo convenció a los empresarios de que también lo debe ser para ellos. Los convenció de que los ninis no son sólo unos ‘desquehacerados’. “Nosotros no vamos a calificar la razón por la que estos jóvenes participan del programa, lo que es una realidad es que de los mal llamados ninis, no todos están sin trabajo o sin estudiar porque así lo hayan decidido, sino porque no han tenido la oportunidad”, dijo el presidente de Concanaco, José Manuel López Campos.

Los convenció de que insertar a los ninis en las empresas disminuirá la violencia y el crimen organizado. “[Esta sería] la manera de romper el círculo vicioso. La complicación no sólo es ocupacional y económica, empiezan a formar la materia prima de quienes se pueden conducir en actividades antisociales y son presa fácil del crimen organizado que les ofrece dinero”, dijo el mismo López Campos. Los convenció también de que capacitar a los jóvenes generará valor para las empresas mismas. “A nosotros nos encaja muy bien esta parte porque el día de mañana estaremos en manos de los jóvenes y entre más jóvenes tengamos preparados en temas de industria, en temas de ingeniería, eso a nosotros nos abona muchísimo”, dijo Cervantes Díaz, presidente de la Concamin.

Con esa emoción, los empresarios salieron de esas reuniones a trabajar. Aún no existe un plan concreto del programa Jóvenes Construyendo el Futuro; los próximos secretarios de Educación y del Trabajo deben estar ocupados con las cúpulas empresariales para armarlo. Los líderes de Concamin y Concanaco están evaluando y encuestando a sus afiliados sobre cuántas empresas podrían participar y a cuántos jóvenes podrían emplear como aprendices o becarios. El número, dicen, será grande, seguramente del tamaño de las necesidades. La cámara industrial emplea a 8.4 millones de personas y la comercial tiene 725 mil empresas afiliadas. El programa deberá ser claro y progresivo. Algunos jóvenes tendrán más estudios que otros, pero la mayoría llegarán a las empresas sin ninguna habilidad o conocimiento de oficio. La primera labor que podrán hacer, dice el líder de Concanaco, será como aprendices, en talleres y mostradores.

El dirigente de los industriales, que ya empezó a reunirse con cada una de las cámaras afiliadas, piensa que podrían rotar a los jóvenes en varias industrias. Ha pensado que podrían ir de la industria textil a la aeronáutica o a la de infraestructura, para evaluar sus habilidades y especializar a cada uno en el área correcta. “Lo que buscamos es talento, que sea [el joven] un especialista en determinado oficio”, dice. Estudian también cómo implementar las tutorías. Cervantes Díaz cuenta —visiblemente emocionado— que ya ha visitado las instalaciones educativas de la cámara de la construcción, donde se ofrecen licenciaturas, con la posibilidad de armar un programa educativo. Otra opción es armar programas en línea.

El día de su reunión con López Obrador, Castañón habló de adecuar las instalaciones de las empresas participantes para los programas de tutorías y armar otros programas con universidades técnicas. El sector privado invertiría en aulas virtuales, donde los jóvenes puedan recibir una capacitación formal que certifique las competencias adquiridas en su estadía. Aunque será el gobierno federal quien pague a los jóvenes una mensualidad —dos mil 400 pesos, según se ha dicho—, también implicará gastos para las empresas, incluso algunos plantean la posibilidad de dar apoyos de transporte a los aprendices. La voluntad para apoyar a los jóvenes y al nuevo gobierno, aseguran, existe. El titular de Concamin cuenta que así se lo dijeron a López Obrador en la reunión. “Entendemos que el primer compromiso es México y su gente. Y bueno, nosotros estamos muy comprometidos a jalar y se lo dijimos ahí: ‘Presidente, queremos que te vaya bien, porque si le va bien a México nos va bien a nosotros’. Si logramos, esto va a ser una maravilla”.

Tal vez el líder empresarial más escéptico ha sido el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana ( Coparmex), Gustavo de Hoyos, quien tras los comentarios sobre la nueva relación entre el virtual presidente electo y los empresarios publicó en Twitter: “En @Coparmex no hay, ni habrá luna de miel con @lopezobrador. No estamos en conquista de afectos, ni de cercanías. Apoyo racional, caso por caso, a las buenas políticas públicas”.

 

Reivindicar a los ninis, ¿la utopía?

El plan de López Obrador y los empresarios se plantea redondo, en el discurso: jóvenes que no estudian ni trabajan ingresan al programa de formación, son capacitados en un oficio especializado dentro de una empresa, reciben una compensación del gobierno y terminan con una certificación. Después son contratados por la misma empresa o tendrán las habilidades para conseguir trabajo en otra y, en un escenario aun mejor, saldrán de ahí a emprender. Los expertos tienen preguntas y críticas. Esta clase de programas, dice Székely, no son nuevos, en México hemos hecho intentos como el de Primer Empleo, en la administración de Vicente Fox, y no han sido exitosos.

Y aunque el estudio del Banco Mundial propone intervenciones para atender a los ninis, como becas, capacitación para el empleo, segundas oportunidades escolares, apoyo a padres jóvenes y atención al embarazo adolescente, la mayoría de los programas funcionan como prevención y difícilmente como remedio para quienes ya dejaron la escuela y no han adquirido habilidades que les permitan emplearse. Székely explica que no hay una experiencia en algún país que haya funcionado, principalmente por dos razones: al pagar a los jóvenes que ingresarán a las empresas, el gobierno subsidia el trabajo y aquellas terminan despidiendo a otros empleados, normalmente de más edad. “Para las empresas es más conveniente tener un trabajador gratis que un trabajador al que le tiene que pagar”, dice, “acaban siendo iniciativas que subsidian a la industria y que generan un problema de desempleo equivalente, pero ahora en otro grupo de edad”. La segunda razón es que las empresas tienen que invertir en la capacitación de jóvenes y para reducir esos costos terminan simulando, de tal forma que los jóvenes realizan tareas donde no hay que invertir pero tampoco reciben una verdadera formación. “No tienen incentivos para invertir porque saben que estos jóvenes se van a ir a otra empresa o saben que viene un nuevo [aprendiz] gratuito”.

Arceo, en un artículo publicado en la revista Letras Libres en febrero de este año, cuestionaba que el programa de López Obrador se enfoca en el grupo equivocado. “La mayor deserción escolar se da entre la secundaria y el bachillerato. Cualquier programa destinado a paliar la desocupación juvenil debe incentivar a los jóvenes a terminar el bachillerato”. Otra observación es que el programa no considera que un gran número de ninis son mujeres amas de casa. Székely y Arceo observan que, más allá de que los programas de pasantías y capacitación funcionen, la solución fi nal está en las oportunidades que el mercado ofrezca a estos jóvenes. Una vez que sean capacitados y certifi cados, ¿habrá dónde emplearse formalmente con sueldos dignos? “Si el país no genera empleos y empleos atractivos para estos jóvenes, ese es el problema, cualquier acción remedial que se trate de hacer será a contra corriente de lo que es la realidad económica del país. Si no hay trabajo, efectivamente, así se va a quedar esa realidad”, dice Székely. EP

 

 

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Galia García Palafox es periodista. Actualmente es jefe de información de un noticiero en Milenio TV y miembro del equipo del podcast Así Como Suena. Ha sido coordinadora editorial de Gatopardo, jefe de información de W Radio y editora en jefe de Milenio Digital.

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