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Retrato de una mujer con peluca verde

Tanya Huntington | 21.09.2018
Retrato de una mujer con peluca verde
En Este País lamentamos el fallecimiento de Una Pérez Ruiz (Twitter: @petitehedoniste), quien fuera nuestra colaboradora y amiga. Otra de nuestras colaboradoras y amigas nos entregó unas líneas que ayudan a pintar a Una como era y como queremos recordarla.

Antes de irse demasiado pronto de esta vida, Una Pérez Ruiz fue muchas cosas (actividades que hacía de manera contundente): fue editora de revistas, poeta sin ego, ensayista gourmet, traductora soberbia del inglés y del francés, melómana que no rehuía de los últimos subgéneros eclécticos, conocedora del último grito de la moda, amiga sin pelos en la lengua. Madre de dos niñas hermosas que, para mi inmensa fortuna, son mis ahijadas, y que llevan el carácter intachable que ella les ha ayudado a construir, palmo a palmo. Cuando resurgió el cáncer que había estado en remisión durante años, Una lo batalló con un heroísmo épico, como alguien con un joie de vivre ilimitado que defender. Respeté sus deseos de mantener esta oscura noticia como un secreto que, literalmente, la estaba carcomiendo por dentro. Dado que era capaz de lucir una flamante peluca verde como si fuera nomás porque sí, pocos sospechaban la verdad.

Además de la familia íntima, se apoyaba en unos cuantos: no quería molestar a nadie, por un lado, y por otro no quería tener que cargar, además del lastre de la enfermedad, con una percepción lastimera de ella como persona enferma.

A lo largo del último año, cada vez que mi comadre me preguntaba si no era muy complicado para mí acompañarla “en estos trances”, le respondía con toda franqueza que al contrario, me angustiaba terriblemente saber que tenía que enfrentar otra operación, otra quimio, otro estudio invasivo, otra opinión médica desalentadora; lo único que me tranquilizaba era poder estar con ella, poder abrazarla e intentar (a veces, con éxito) distraerle de su dolor físico y emocional y existencial.

Al final, abrió el círculo y dejó que todos los que la querían se acercaran a despedirse de ella. Dándonos cátedra hasta el final, sonreía y cantaba en su lecho de muerte, confortándonos y recordándonos cuánto y cómo nos amaba. Emanaba de ella la luz de una paz que brotaba improbablemente de un cuerpo de batallas perdidas.

Ahora que se ha ido, debo esforzarme por enterrar los estragos del cáncer con tal de dejar otros recuerdos florecer en su lugar: las comidas en los restaurantes que reseñaba, las idas al cine que tanto amaba, un viaje en familia a Cuernavaca, los juegos de mesa con nuestros hijos, las reuniones en casa de nuestras amigas, su cumpleaños el domingo antepasado, las largas conversaciones sobre todos los temas bajo un sol que hoy no me calienta, pero quizás mañana sí.

 

 

Esta foto es cortesía de Andrés Ramírez.

Una con Adrián.

Estas fotos son cortesía de Philippe Ollé Laprune.

 

 

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Tanya Huntington es poeta, ensayista, editora, traductora y artista plástica. También es doctora en Literatura Latinoamericana. Su libro más reciente es Sostalgia (2018), publicado por Almadía. Twitter: @TanyaHuntington

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