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Escribir imágenes, ilustrar palabras: la novela gráfica en México 

Mario Alberto Medrano González | 18.10.2018
Escribir imágenes, ilustrar palabras: la novela gráfica en México 

En nuestro país, el arte visual ha sido fundamental tanto a nivel testimonial como en el plano de la crítica social y de la sátira. Los pintores de la Revolución, moneros e historietistas, posicionaron la narrativa gráfica en un primer plano de la literatura nacional. México tiene una larga tradición en este campo. Fundamentales para la composición de un marco social e intelectual son las obras de creadores como José Guadalupe Posada, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, entre los muralistas, o Abel Quezada y Rius entre los caricaturistas, por mencionar algunos.

Actualmente existen categorías de la narrativa gráfica que responden a exigencias de los lectores y a necesidades de la industria editorial. El cómic, la historieta o la novela gráfica comparten espacios en librerías para el gusto de públicos cada vez más amplios. Hoy, la idea de que la narrativa gráfica es un espacio para niños ha desaparecido. Las fronteras generacionales entre los lectores de libros ilustrados cada vez son más endebles, por lo que la oferta en esta área es cada día más grande.

 

Los primeros trazos de la narrativa gráfica en México

En Los moneros de México (Debolsillo, 2004), Rius cuenta que fue en 1826, en la revista literaria El Iris, fundada por el cubano José María Heredia y los italianos Claudio Linati y Florencio Galli, donde apareció por vez primera en nuestro país un cartón firmado. Bajo el título de La tiranía, del mismo Linati, se presentó públicamente uno de los prototipos de la narrativa gráfica —como lo es el cartón— del que procedería la novela gráfica mexicana. Tiempo después de la publicación de La tiranía, y tres décadas antes del maremágnum que significa muralismo en nuestro país, en 1869 el diario La Ilustración potosina lanzó la primera novela ilustrada en México: Rosa y Federico, de José María Villasana, en la que se cuenta, a la manera en que hoy se entienden el cómic y la novela gráfica, la vida de estos dos personajes en viñetas que narran secuencialmente una serie de acontecimientos.

Rosa y Federico es el punto de partida para una industria que tuvo una época de oro entre los años treinta y los sesenta con revistas como Paquin (1934), de la editorial Sayrols, Pepín (1936), de Editorial Juventud, y Chamaco (1936), de Publicaciones Herrerías. Estas dos últimas se publicaban en formato medio tabloide cada quince días.

En las décadas de los cincuenta y los sesenta la industria de la narrativa gráfica tuvo más competidores con la presencia de Grupo Editorial Vid, de Yolanda Vargas Dulché, creadora del clásico Memín Pinguín, así como con Editorial Novaro, que publicaba Vidas ejemplares, Leyendas de América, Tesoro de cuentos clásicos y Epopeya.

Gerardo de la Torre, escritor y guionista, recuerda su paso por Editorial Novaro: “Trabajaba con Alfredo Cardona Peña, quien era el coordinador de cómic. En esta misma sección laboraban Otto Raúl González, poeta guatemalteco, Raúl Navarrete, narrador jalisciense, y Gonzalo Martré. Cardona hacía proyectos innovadores como Fantomas, cuya cualidad eran las aventuras ocurridas en un plano internacional; Asombro, que eran crímenes verdaderos; Hatha-Yoga, una especie de fusil de ciertos personajes de leyendas, y Vidas ilustres, de sabios y escritores”.

De la Torre, uno de los guionistas de Fantomas, asegura que en ese tiempo la delantera en ventas la llevaba Lágrimas y risas: “El cómic rey era Lágrimas y risas, de Vargas Dulché; vendía un millón a la semana. Nosotros con Fantomas estuvimos en el segundo puesto con setenta y cinco mil; era una diferencia abismal. Fue tanto el alcance de las obras de Dulché que llegaron a la televisión”. Asimismo, el autor mexicano rememora la gran cantidad de cómics existentes: “Me acuerdo mucho de The Spirit, de Will Eisner, de quien aprendí a contar historias con escenas; éste por el lado gringo. De México, Los Supersabios y Rolando el Rabioso. También se crearon historietas muy mexicanas, como El payo, donde participaron escritores como Luis Carrión y Orlando Ortiz. Y están muy presentes el Kalimán, Rarotonga, La Familia Burrón y Chanoc. Incluso Alejandro Jodorowsky hizo un cómic, Aníbal 5, que era entre ciencia ficción y espiritualidad y magias negras, eso en 1966”.

Además de Gerardo de la Torre, cabe mencionar a argumentistas y escritores como Germán Butze (Los Supersabios), Modesto Vázquez (Kalimán), Gaspar Bolaños (Rolando el Rabioso), Gabriel Vargas (La Familia Burrón), Guillermo de la Parra y Constantino Rábago (Rarotonga), y Martín de Lucenay (Chanoc).

 

¿Qué es la novela gráfica?

Esta pregunta representa el bosquejo de toda una travesía. El cuestionamiento es muy válido, no sólo caprichoso, ante la gama de narrativas gráficas existentes. Los límites entre el cómic y la novela gráfica los definen, para algunos autores, los criterios del mercado; para otros, la estructura narrativa.

 Edgar Clement, ilustrador e historietista, asegura que “es una etiqueta de mercado. La novela gráfica es un tipo de cómic que pretende llegar a un público consumidor más elaborado en su lectura y con un poder adquisitivo más alto. No había dónde colocar este tipo de producto, entonces se inventó el concepto novela gráfica para darle un lugar”.

Para Diego Rabasa, editor de Sexto Piso, la novela gráfica, como se entiende ahora, “es un tipo de formato editorial que tiene su gran instancia en publicaciones como Tintín o Astérix, que logran posicionar al género más allá de los ámbitos en que solía circular, que eran los quioscos, y que estaba en formatos de libro económicos. Entre el cómic y la novela gráfica no hay muchas diferencias. Yo creo que, siendo más rigurosos, la novela gráfica suele ser en formato de álbum o libro de más largo aliento”.

Narradores gráficos, especialistas, ilustradores y editores coinciden en que Contrato con Dios (1978), de Will Eisner, es la primera novela gráfica del mundo. Posteriormente vendría un aluvión de publicaciones insignia de este género: Maus (1980), de Art Spiegelman; Watchmen (1986) y V for Vendetta (1989), de Alan Moore; Batman: The Dark Knight Returns (1986), de Frank Miller, y Onward Towards Our Noble Deaths (1973), de Shigeru Mizuki, por mencionar algunas.

En México se reconoce a Operación Bolívar (1995), de Edgar Clement, como la primera novela gráfica porque es un trabajo de largo aliento, de autoría, guión y dibujo del propio Clement, con la intención narrativa de transformar a los personajes a lo largo de la historia, generando así un universo temático y simbólico.

Luis Gantús, experto en historieta, cómic y novela gráfica, descarta que exista una diferencia entre los dos últimos: “El término novela gráfica se utiliza como una diferenciación, pero en realidad es cómic. Por ejemplo, las historias de Will Eisner eran temáticas adultas, pero las librerías no las vendían en la sección de novelas porque tenían dibujos, pero tampoco las podían poner en la sección de cómic porque no eran para niños, ni tampoco eran temática de superhéroes. Fue entonces que Eisner utilizó el término”.

Patricio Betteo, ilustrador y narrador gráfico, autor de Mundo invisible, señala que “la novela gráfica es un cómic de largo aliento, tiene un funcionamiento parecido a la novela, empieza y termina en un mismo volumen”.

Por su parte, Augusto Mora, autor de Grito de Victoria y La caída, considera que se puede definir a la novela gráfica como “una obra que contiene una travesía compuesta por un inicio, un nudo y un desenlace en un mismo volumen; la idea es que, a diferencia del cómic, la novela gráfica sea una historia autocontenida en un solo tomo”.

 

La industria editorial

Este año el INEGI presentó los resultados del Módulo de Lectura (Molec), según los cuales disminuyó la población lectora: de cada cien personas de dieciocho años o más que leen los materiales de Molec, cuarenta y cinco declararon haber leído al menos un libro al año, mientras que en 2015 lo hicieron cincuenta de cada cien personas. Cabe rescatar el hecho de que literatura es la temática que más se lee, con 40.8% de los encuestados. Ante estas cifras, las editoriales especializadas en narrativa gráfica asumen los retos que el mercado editorial impone.

Josefina Larragoiti Oliver, directora general de Editorial Resistencia, asegura que hay muchos desafíos en el campo de la narrativa gráfica: “Comencé la colección hace diez años. Resistencia fue la primera editorial en colocar libros de narrativa gráfica en librerías; eso no se utilizaba, y evolucionó tanto que ya hay espacios. Tenemos presencia en El Sótano, Gandhi, El Péndulo, pero existe resistencia por parte de las librerías para adquirir más títulos debido a que los autores han comenzado a emigrar a plataformas tecnológicas, por lo que se llevan a su público a redes sociales o a festivales y los lectores dejan de ir a las librerías a comprar. Estamos en un círculo que se está autobloqueando”.

Para Carlos González Muñiz, director de La Cifra Editorial, los espacios para la novela gráfica son cada vez mayores: “Hasta hace no mucho tiempo, las librerías no tenían una sección dedicada a la novela gráfica, por lo que muchas veces los libros con estas características se exhibían en la zona de literatura infantil o simplemente se perdían entre los estantes, sin lugar fijo. Eso está cambiando poco a poco, el género gana más espacios y eso quiere decir que los lectores también están aceptando su presencia en sus lugares habituales de consumo cultural”. Sin embargo, continúa el también escritor, “la distribución, no sólo de novela gráfica, suele ser complicada. Por esta razón, los pocos que estamos publicando y distribuyendo novela gráfica en México nos hacemos cargo de nuestra propia distribución, además de procurar tener una presencia constante en ferias de libro por todo el país”.

A pesar de las vicisitudes descritas tanto por Josefina Larragoiti como por Carlos González, la producción de narrativa gráfica es boyante. Muestra de ello son las crecientes editoriales, la consolidación de las ya establecidas y el nacimiento de colecciones del género en diversos grupos comerciales.

El Fondo de Cultura Económica está próximo a lanzar la colección Resonancias, especializada en narrativa gráfica. Socorro Venegas, editora de este proyecto, confía en el crecimiento de este espacio de lectura: “Resonancias abre el camino a la novela gráfica. Esta colección busca responder a una inquietud reiterada de lectores y autores para crear una colección de álbumes y libros ilustrados dirigida a un público más abierto”.

Por su parte, Diego Rabasa asegura que aún es pausado el crecimiento de la novela gráfica: El género ha desarrollado una madurez más sofisticada y compleja en territorios como Japón, Inglaterra, Estados Unidos y Alemania, donde ya hay una variedad de géneros dentro de la misma novela gráfica. En México, la introducción ha sido muy lenta. En Sexto Piso apostamos por ella alrededor del 2005. Comenzamos con adaptaciones al cómic de clásicos de la literatura universal como Moby Dick, En busca del tiempo perdido y La Odisea. Poco a poco nos adentramos en el universo de la novela gráfica de autor, que no es otra cosa sino artistas y narradores que desarrollan sus propias historias; es decir, que no es una adaptación.

Editorial Océano cuenta con la colección Historias gráficas, con ochenta y un títulos publicados, entre los que destacan Descender 1. Estrellas de hojalata, de Jeff Lemire y Dustin Nguyen; Nimona, de Noelle Stevenson; El instante amarillo, de Bef, y El proyecto de Wendy, de Melissa Jane Osborne, entre otros.

De los cuarenta títulos que tiene a la venta La Cifra Editorial, ocho son de novela gráfica, y hay cuatro más en preparación. Carlos González asegura que Los incrustáceos, de Rita Mercedes, y Salón Destino, de Carlos Vélez, son sus volúmenes más vendidos.

La editorial Dibbuks, sello español que llegó a México hace año y medio, aproximadamente, y que se especializa en narrativa gráfica, cuenta con cincuenta y cinco obras de este género. A decir de Ricardo Esteban, editor en jefe, Dibbuks tiene como misión “ayudar a todos los lectores a introducirse en un medio tan útil y necesario como el de la historieta y novela gráfica. Nuestras obras pueden ser leídas desde los seis años sin límite de edad”.

“Dibbuks edita anualmente sus series infantiles y juveniles, por un lado, y por otro, sus novelas gráficas. Empezamos por las más sociales y preocupadas por los intereses de los lectores: El azul es un color cálido, de Julie Maroh, ha vendido más de trece mil ejemplares sólo en España; Degenerado, de Chloé Cruchaudet, vendió más de cincuenta mil ejemplares en seis meses en Francia, y la traducción al castellano ya va por la segunda edición”, asegura el editor.

Rabasa señala que en Sexto Piso, los libros Diario de Nueva York y El Diario de Oaxaca, de Peter Kuper; Era la Guerra de las trincheras, de Tardi; Virus tropical, de PowerPaola, y Che: una vida revolucionaria, trilogía de Jon Lee Anderson y José Hernández, han tenido gran aceptación entre el público.

En Resistencia, Larragoiti Oliver afirma que se han agotado mil ejemplares de Epidemia de Melancolía, de Tony Sandoval, y mil de Las historias que yo viví, de Manuel Ahumada. Comixtlán, de Luis Fernando, ha vendido dos mil copias, y hay una nueva edición con un tiraje de mil. Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno, ilustrado por Bef, lleva tres mil volúmenes vendidos y se ha reimpreso dos veces. La Lucha: la historia de Lucha Castro y los derechos humanos en México, de Jon Sack, también ha vendido tres mil ejemplares.

Fernanda Álvarez, editora de libros ilustrados en Penguin Random House Grupo Editorial, comenta que con el sello Lumen están dando mucha importancia a ilustradoras, un tinte feminista, con publicaciones como la de Agustina Guerrero, quien con su libro Diario de una volátil presenta circunstancias cotidianas que viven las mujeres. Un caso más extremo sería ¿Qué pacha, mama?, de Lola Vendetta, que es más sangrienta, tanto en sus dibujos como en sus frases, y que es otro ejemplo de feminismo. Y por otro lado, bajo el sello Reservoir Books han publicado Laura y Dino, de Alberto Montt, y Tute para llevar, de Tute, un ilustrador argentino.

 

Auge de premios y becas

No cabe duda de que cada día hay más lectores de novela gráfica a nivel nacional. Por esta razón son cada vez más las opciones que fomentan esta práctica artística. Para Ricardo Peláez, ilustrador de El complot mongol, de Rafael Bernal (FCE, Joaquín Mortiz, 2017), “está quedando claro que es el futuro. La novela gráfica es una opción que le ha venido bien a la industria editorial para resucitar su alicaído mercado, y, por otro lado, al perderse el prejuicio de que es sinónimo de desprestigio leer dibujitos, eso ha permitido que los lectores de narrativa gráfica salgan del clóset y se exhiban impúdicamente en las librerías al revisar libros dibujados”.

Luis Gantús asegura que el único Premio Nacional de Historieta que se ha organizado en México (en 1981), cuyos ganadores fueron Rolo Díez y Ángel Mora por El tigre automático, fue el primer intento por revalorizar el trabajo de la narrativa gráfica por medio de un galardón.

En 2010 la editorial Jus lanzó una convocatoria para premiar a la mejor novela gráfica. Los triunfadores fueron Patricio Betteo, por Mundo invisible, y Augusto Mora por El Maizo. El cerebro detrás de este reconocimiento fue el escritor Antonio Ramos Revillas, quien entonces trabajaba en Jus.

Este año, Penguin Random House, a través de Editorial Grijalbo y en alianza con la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, convocó al I Premio Rius al Género de Libro-Historieta.

Por su parte, el Programa Cultural Tierra Adentro lanzó la convocatoria para el Premio Nacional de Novela Gráfica Joven. A estos dos méritos se añade el Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas, auspiciado por la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI), el Ayuntamiento de Madrid y la editorial Sexto Piso. La ganadora del primer certamen fue la argentina María Luque por su obra Casa transparente. De acuerdo con ella, “es una fortuna que el libro esté ahora circulando. Pienso que iniciativas como ésta son siempre buenas excusas para ponerse a trabajar. A mí me sirvió mucho para motorizar el cierre de este proyecto”.

 

Sin duda, la novela gráfica se ha creado, a fuerza de insistencia, un espacio en las librerías y en la promoción cultural. Las propuestas son cada año más copiosas y variadas, y las plataformas, con la llegada de las redes sociales y el auge editorial, diversifican y amplían el mercado de lectores. La narrativa gráfica ya no sólo se refugia en el inquieto lector infantil, sino que la demanda es cada vez mayor entre el público adulto. Hoy en día el campo de acción de los autores gráficos parece estar trazado con tinta indeleble. EP

 

 

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Mario Alberto Medrano González es periodista y escritor. Estudió Ciencias de la Comunicación, especializándose en Periodismo, en la FES Acatlán (UNAM). Colabora en diferentes medios impresos y electrónicos. Su poesía ha aparecido en diversas antologías publicadas en distintos estados del país.

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