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Más que cuarenta y ocho páginas: Once voces sobre el cómic hecho por mujeres mexicanas 

Abril Castillo | 15.10.2018
Más que cuarenta y ocho páginas: Once voces sobre el cómic hecho por mujeres mexicanas 

*La ilustración principal de este artículo forma parte del cómic Sicomoro de la autora que pueden leer aquí

 

Estoy casi segura de que lo primero que aprendí a leer fueron imágenes. Cuenta mi abuela que a los dos años, en un avión, señalé una servilleta y dije el nombre de “Aeroméxico”. Que el señor de al lado dijo: Qué inteligente, ¿ya sabe leer? Y que mi abuela respondió: No, cómo cree, sólo reconoció el logo. Esa capacidad inicial de conectarnos con el mundo mediante sus imágenes también es lectura. Quizás una muy superficial, que deja fuera todas esas capas que nos aguardan en las obras de arte. La lectura de ideas también puede empezar en las imágenes, al apropiarnos de los signos más básicos, las letras, las palabras, dibujos todos con los que interpretamos el mundo para devolvérselo a otros con nuestros propios ojos.

Por medio del dibujo entendemos el mundo, lo aprehendemos, lo catalogamos. Y no todos compartimos las mismas categorías. ¿Una ilustración es arte? ¿El dibujo es siempre ilustración? ¿Un logotipo es bello o sólo funcional? ¿Una tira cómica es historieta? ¿Una historieta es novela gráfica o cómic? ¿La mujer es un objeto del arte o un sujeto? ¿Los hombres que cuentan historias de mujeres les están dando voz? ¿Las mujeres sólo pueden contar historias femeninas? ¿Qué tan diferentes son los dibujantes de las dibujantas? Si los primeros han tenido la palabra mucho más tiempo que las segundas, éstas no pueden sino usar los formatos existentes, apropiarse de ellos (como cualquiera que aprende a leer logos, letras y palabras) para significarlos con sus propias ideas. ¿Cuál es el límite?

Alejandra Espino me dice entre risas que el límite son las cuarenta y ocho páginas: “Una novela gráfica es un cómic que ya no se puede engrapar”. La entrevisté a ella y a otras diez autoras y editoras de cómic independiente mexicano; su visión proyecta un nuevo mapa que lo mismo habla de una realidad global, que de ese quehacer personal que da muestras de que todo es posible: Beli de la Torre, Abril Márquez, John Marceline, Gala Navarro, Berenice Medina, Enero y Abril, Erandi Adame, Jimena Sánchez, Iurhi Peña y Nuri R. Melgarejo. Hay muchísimas mujeres en México haciendo cómic e ilustración, organizando eventos: Paulina Conjuntivitis, Inés Estrada, Adriana García. Y en Latinoamérica hay un mundo de historietas hechas por mujeres: el festival Comiqueras y la revista Brígida en Chile, las iniciativas de Chicks on Comics de Argentina, el fanzine mexicano El Molúsculo y la editorial de Iurhi Peña: Beibi Creizy.
 
Todas las autoras son también grandes lectoras. Erandi Adame, editora independiente, menciona cómo a partir de leer Persépolis empezó a replantearse el papel de las mujeres en los cómics, y a ver cómo cambia el personaje femenino cuando se cuenta desde la voz de una mujer: “Cada vez es más común encontrarnos ilustraciones hechas por mujeres enunciándose desde sus propias preocupaciones, necesidades e intereses. Ya no dejamos que nos digan qué sentimos, qué pensamos, qué decimos o qué callamos”

Gala Navarro dibuja para explicarse lo que pasa y para tener acceso a lugares que no existen en el mundo real: “Busco que quienes me leen sientan lo que yo sentí cuando pasé por ahí y que tal vez encuentren una forma de explicarse algo que no se les ocurrió a ellos”. Gala busca ser lo más visceral posible, sin ser literal: “Encripto mensajes y chistes locales para decir cosas que quisiera y no puedo a gente que probablemente nunca las va a leer”. Jimena Sánchez disfruta de dibujar su vida cotidiana con un toque alegre: “Dibujo cosas que me pasan y que me tomo muy a pecho; volverlas a contar de una manera chistosa me ayuda a procesarlo”. Las historias de Berenice Medina tienen mujeres como protagonistas que pueden transformarse; heroínas que a su vuelta a la rutina han descubierto algo importante sobre sí mismas, lo cual coincide con la visión de Nuri R. Melgarejo, cuya narrativa se basa en la vida cotidiana, “que es donde se esconden las grandes historias”.

Entre los títulos de cómic autobiográfico hecho por mujeres en Latinoamérica hoy encontramos grandes ejemplos, como: Casa transparente de María Luque, Virus tropical de PowerPaola, El diario íntimo de Maliki 4 Ojos de Marcela Trujillo y ¿Cómo ser una mujer elegante? de Sol Díaz.

Abril Márquez resalta cómo hemos dejado de ser sólo la fuente de inspiración y hoy podemos vernos reflejadas como personas: “Relatar la realidad de las mujeres se convierte también en una denuncia, pues nuestra cotidianidad está llena de violencia. En sí dedicarse profesionalmente al trabajo creativo ya es salir del rol de mujer, en el arte y en el ámbito económico”. A Iurhi Peña le gustaría alejarse de ciertas temáticas, pero siempre le gana su interés por el cuerpo y la sexualidad de las mujeres y, por extensión, de la suya. Por eso en sus cómics habla de “cómo la negación del enojo femenino sirve como aparato de control de las mujeres, así como del mundo del arte en la ciudad, de la música hecha por mujeres, de la gente sexo-disidente, de la tristeza y la decepción en la vida”.

Por su parte, Beli de la Torre dibuja desastres ecológicos de naturaleza surrealista, como símbolo de las relaciones personales y para poder procesar la tragedia. Y Alejandra Espino tiende a dibujar historias de mujeres: “Comencé en automático, pero se convirtió en un statement trastocar la idea de ‘la universalidad’ planteando espacios que giran alrededor de las mujeres y sus particularidades; entre más posibilidades de ‘lo femenino’ existan, es más difícil que se niegue la complejidad de las mujeres en otros ámbitos”.

Enero y Abril completa esta visión con su labor autogestiva de zines (fanzines) y festivales. Su visión se sale de cualquier impulso más comercial, aquél que todos conocemos. ¿Cómo dar sentido a un quehacer sin tener como meta el dinero? A ella le gusta editar desde lo íntimo: “Producimos lento porque somos amigos, no nos gusta vivir la ansiedad y la necesidad de constante hipervisibilidad que caracteriza a nuestros tiempos; antes, esto nos hacía sentir agobiados, pero ahora estamos tranquilos porque respetamos nuestros propios ritmos. No vivimos del proyecto ni es nuestro objetivo; trabajamos en otras cosas y eso nos da la libertad de hacerlo como nos gusta”.

De ahí la relevancia que hoy en día tiene la autopublicación. Encontramos cómics publicados en papel, pero no necesariamente por editoriales grandes, a menos de que hayan pasado antes por ciertas pruebas de fuego en internet o que sean de algún autor muy conocido. Sobre el futuro del cómic, a Jimena Sánchez le intriga el constante cambio en los medios por los cuales lo recibimos: antes eran libros, después blogs, ahora son plataformas como Tumblr o Facebook, u otras específicas para cómics como Patreon. Las dinámicas de cada plataforma alteran el contenido que se produce y hoy se cuentan historias en función de lo que va a ser aceptado por el público y no porque es lo que realmente se quiere narrar.

No es el caso del tipo de cómic que hace Iurhi Peña, quien considera que, gracias a que la gente se autoedita, es posible dar salida a contenidos e ideas que a veces no se exploran en otros medios, a la vez que se vuelve un terreno de experimentación de los lenguajes impresos: “Quienes se autopublican pueden madurar sus ideas, las cuales pueden eventualmente aterrizar en una editorial con más alcance. E incluso si ése no es su objetivo (es bueno también que no lo sea), sus propios libros son capaces de generar otras formas de producir e intercambiar conocimiento, lazos que trascienden la lógica de los ‘números de venta’”.

Para Nuri R. Melgarejo, la autopublicación permite al lector acercarse a materiales que podrían nunca haber visto la luz, además de que crea públicos, da un nuevo valor al trabajo de quien dibuja y teje redes de autores y editoriales. Y esto no sólo ocurre en el cómic, sino en todos los ámbitos, como dice Abril Márquez: “Ya sea música, ilustración, literatura... se trata de no quedarse esperando y hacer las cosas por nosotras mismas. Así logramos que todas las voces se escuchen y se lean”.

 A John Marceline le llama la atención cómo el cómic es usado como un medio para establecer ideas de marca: “Pienso en La Increíble Librería, que a veces usa cómic como publicidad, y algunos grupos religiosos hacen unas verdaderas joyas de cómic para extender la palabra de Dios. Por otro lado, creo que el silent book es el hijo que tuvieron los cómics y el libro álbum”.

Y con todas sus grandes ventajas, es interesante cómo Erandi Adame, editora y gestora, considera la autopublicación un arma de doble filo debido a su inmensa libertad: “Con el boom que ha tenido la risografía recientemente se hace evidente la importancia de reflexionar en torno a las posibilidades de cada método de impresión, porque no está separado el contenido del formato. Debemos darnos una pausa y replantearnos qué hacemos con esta libertad, qué responsabilidades conlleva, cómo coexistimos con los medios digitales y qué queremos darle a lo que publicamos”.

 La autopublicación es un medio que naturalmente genera comunidad, y muchas veces estas redes de apoyo permiten que se siga editando y contribuyen fuertemente a que se sostenga, como señala Enero y Abril, ya que las editoriales no apuestan por ahí. Y por otro lado hay pocos apoyos: quienes se encuentran en lugares de privilegio (editores y autores de trayectoria) y podrían hacer algo para que la situación cambie, piensan que el feminismo y el género son sólo temas de moda, dice Nuri R. Melgarejo, y agrega: “No sólo tienen que cambiar nuestros colegas, también la institución que da apoyos a narradores gráficos, como el Fonca. Es muy frustrante que haya tanto talento femenino y que sólo dos de nueve becas se las hayan llevado mujeres. Debería haber representación igualitaria, y si tanto gustan las historias de mujeres en el mundo de la narrativa gráfica, que dejen que una mujer las cuente”.

A pesar de que las instituciones siguen privilegiando a las voces masculinas, Alejandra Espino habla de cómo las mujeres han tomado y creado espacios propios, y en el futuro va a ser imposible seguirlas viendo como minorías o pensar que sus historias son menos importantes: “Y al mismo tiempo hace falta llevar a cabo una gran labor de rescate de la historia de las mujeres creadoras de cómic en México, porque hay muchas autoras invisibilizadas por las características de la historieta industrial mexicana: ‘esposas de’ dibujantes que se hacían cargo de colorear sin que se les diera crédito, guionistas que son notas al pie, y algunos casos aislados de autoras reconocidas, como Cecilia Pego, Cintia Bolio o Palmira Garza”.

Gala Navarro coincide en que ha habido una presencia de mujeres involucradas en el cómic desde hace mucho tiempo, pero reconoce una predisposición del medio en cuanto a las temáticas que las autoras tratan: “He escuchado decir que las mujeres sólo hacen autobiografía, novela rosa, que no tienen técnica y no saben hacer humor. Sí hay temáticas que persisten, pero es justo porque hay una necesidad enorme de hablar desde nuestra perspectiva sobre cómo vivimos las cosas, de dibujar desde un esquema que no sea de un machismo y una desigualdad muy invasivos, que definitivamente existen y que, además, son minimizados”.

A Beli de la Torre le sorprende cómo en el presente todavía aparecen noticias que colocan a las autoras como una curiosidad, como si las mujeres apenas estuvieran empezando a hacer cómics: “Pero el futuro me parece esperanzador. Las obras de autoras mexicanas como Inés Estrada, Tania Camacho, Alejandra Gámez, Alejandra Espino y Lizeis son mucho más interesantes y propositivas que las de muchos autores consagrados del país, y detrás de ellas vienen autoras más jóvenes con mucho que contarnos”.

A Enero y Abril le gustaría que los espacios también tengan oportunidad de mezclarse y que el trabajo de mujeres sea incluido por igual, junto con el de sus contemporáneos: “Si los espacios independientes, las instituciones y la comunidad involucrada aprendemos bien de este boom del trabajo hecho por mujeres, el futuro será más interesante y naturalmente más diverso”.

Para John Marceline quizá no estamos en el mejor lugar para que las mujeres brillen en el cómic; sin embargo, eso está cambiando: “Probablemente estamos atravesando ese momento y, sin duda, el futuro es mujer”.

El cómic es un espacio donde poco se juzga desde un resultado preestablecido. Donde claramente hay reglas, pero también se promueve la exploración y la desobediencia de esos esquemas. Hoy, más que las cuarenta y ocho páginas, la novela gráfica es una ruptura. Las autoras han desbordado su mundo y cada vez más toman lugar en ese espacio que tanto tiempo estuvo sólo destinado a los hombres. Dibujar es para ellas una manera de decir “no me callo”. EP

 

 

Yadira López, Hierbas contra la tristeza, un manual para sanar juntas, edición e ilustraciones de Erandi Adame, Barricada de textos libres, Ediciones Estridentes, 2018
 
 

Gala Navarro, “Cupido”, en Molúsculo 1, Uroboros Editorial, 2017 
 
 

Iurhi Peña, Viruela, 2017 (propuesta de portada para el segundo EP de la banda Viruela)
 
 

Jimena Sánchez, Freelance, 2018 (inédito)
 

John Marceline, Sin pedir permiso, 2018 (inédito)

 

Nuri R. Melgarejo, “Antes del golpe”, en Tierra Adentro, 2017
 
  

Eme de Armario, El Atalaya de los Buitres, Roto Ediciones (colectivo editorial al que pertenece Enero y Abril), 2018

Berenice Medina, Diablo, 2018 (autopublicado)
 
 
 
 

Beli de la Torre, Amstramgram / Los profesionales, 2018 (inédito)
 

Alejandra Espino, “Hier Sind Fantasmas”, en Transcómic, Marvin/Goethe-Institut, 2017

Abril Márquez, “Viaje en luna llena”, en Gallinero, Mano de Papel-Casa Ilustración, 2017

 

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Abril Castillo ilustra, edita y escribe. Co-coordina el diplomado Casa Ilustración en la UNAM y es socia del estudio Cuarto para las Tres. Fue becaria del Fonca (2016-2017) en el área de novela. Escribe el blog #CuotaDeGénero para Este País. Twitter: @imlittlealice

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