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Acto poético / acto crítico en la poesía y poética de Hugo Gola

Tania Favela Bustillo | 01.09.2015
Acto poético / acto crítico en la poesía y poética de Hugo Gola
De Veinticinco poemas (1956) a Resonancias renuentes (2011), la obra de Gola mantuvo el mismo rigor y la misma fidelidad al acto poético, que para él siempre fue un acto crítico que no solo abarcó su obra sino también su papel como editor en Poesía y Poética (1990-1999) y El Poeta y su Trabajo (2000-2010), revistas en las que —en una apuesta ética-estética— reflexionó durante más de veinte años en torno a la poesía, los poemas, los poetas y su relación con el mundo y el lenguaje. TFV

Exiliado desde 1975 a consecuencia del sangriento régimen militar de Argentina, primero en Londres, después en México (en donde vivió por más de treinta años), el trabajo de Gola se ha vuelto, a pesar de su aparente marginalidad, en referente para muchos escritores latinoamericanos. Me parece imprescindible ahondar en la importancia de la labor de Gola como poeta y editor, tomando como ejes fundamentales su fidelidad a la poesía, su resistencia ante todo discurso que pretenda homogeneizar la experiencia humana y su insistencia en la memoria como la posibilidad de enfrentar y cuestionar, desde la esfera de los afectos, el discurso histórico que intenta un recuento “verdadero” de los hechos.

Memoria y olvido son engranajes esenciales en la poesía de Gola: algo entra y al mismo tiempo algo se resiste a entrar; algo se desliza, inadvertidamente, se filtra: un recuerdo borroso se va aclarando en ciertas zonas y oscureciendo en otras. Llegan imágenes dispersas, palabras, sonidos, vivencias, trozos de un tiempo anterior:

No se comienza cuando se empieza/ Uno cruza/ calles/ ciudades/puertos aeropuertos/sueños/tempestades/rostros/miserias/exilios/pasiones/plegarias/muertes

/rostros/padres/hijos/guerras/pesadillas/rostros/desolación/rostros/de la vejez/rostros/ rostros.

 

Cada verso una palabra, cada palabra una presencia que señala una ausencia, que señala trozos de algo perdido y reencontrado. Como lo señala Giorgio Agamben: “Debe existir la dialéctica […] olvido-memoria, para que la palabra pueda acontecer, y no simplemente ser manipulada por un sujeto. Gola, en su libro Siete poemas escribe: “Fueron otros días/ pero viven/ en algún lugar/de la memoria”, y más adelante en el mismo libro anota: “La hora de la iniciación/ empieza cuando olvidas”. Es, precisamente, ese juego de luces y sombras que se da entre la memoria y el olvido lo que va tejiendo sus poemas.

A partir de Siete poemas, la obra de Hugo Gola se escribe desde el exilio: de ahí la porosidad de su escritura, su fragmentación, el vacío que la ronda. Silencio y sonido se suman a ese juego de luces y sombras de la memoria y el olvido, revelando y velando a un mismo tiempo. El lenguaje entrecortado de sus poemas titubea, la cortedad de sus versos rompe siempre con la posibilidad de expresar una frase melódica completa o formular un pensamiento redondo en una misma línea; introduce mínimas pausas, vacilaciones, que registran e incorporan una puntuación dubitativa. La fluctuación, la oscilación constante, produce la sensación de un equilibrio precario, provisional, que cuestiona toda permanencia y, por lo tanto, toda continuidad temporal trazada por la historia. Hay en la obra de Gola una mirada crítica hacia la historia, la Historia con mayúscula, tal como esta ha sido contada, tal como supuestamente sucedió: “la historia/la historia/que no te atrape/sustituir su correntada /con los asomos de la intimidad/o la fractura de la pasión/vale más el desaire/el desencuentro/la pena de amor/o el abandono que no/tiene peso/conservar vivo/ el corazón que padece/vivo el ardor/de la sangre/ y ese calor que cubre/el cuerpo/y lo despierta”, escribe en Resonancias renuentes, oponiendo al tiempo lineal, continuo y homogéneo de la historia oficial, el tiempo interior, afectivo, de la experiencia y la memoria.

En una entrevista, Gola señala: “No es necesario que el poeta moderno escriba crítica, sino que con su poesía formule una crítica del mundo”. Es evidente que Gola no habla aquí de una formulación crítica explícita, más bien deja ver que el poema es, en sí, un acto crítico. A lo largo de toda su obra se percibe la necesidad de utilizar un lenguaje sencillo y austero, despojado de todo aquello que no le sea necesario. Este aspecto de los poemas, que es ante todo un factor formal, se convierte en una poética elemental, poética de la mesura, que, implícitamente, construye una crítica del mundo. El arte, dice Adorno, “denuncia la sobreabundancia de la pobreza, haciéndose voluntariamente pobre”, pero en el caso de los poemas de Gola me parece que se apunta a otros registros. Esa austeridad señala el exceso, la desmesura que sofoca cada vez más la vida de los hombres: ante una sociedad que ha hecho del lenguaje un medio para la manipulación, la acumulación, la ostentación, la obra de Gola marca una clara resistencia trazando un territorio distinto. Sus poemas resisten todo ejercicio retórico que tienda solo a embellecer su superficie. Hay en ellos un tratamiento directo, de ahí su contención, de ahí su cortedad. Su insistencia en la mesura señala, desde el lenguaje, una posibilidad distinta de percibir y recibir la vida:

empezar/cuando todos/se hayan ido//depositar/en la corteza/mínima//en la orilla/que por momentos/se hunde//en el ave/que vuela/en el árbol/que vuelve/a florecer//depositar allí/y nada más.

 

Restar, borrar, negar, son gestos constantes en sus poemas. Estos permiten filtrar, limpiar, allanar un terreno para trazar un territorio nuevo. La obra de Gola se escribe desde la incertidumbre, no construye un sentido, más bien espera recibirlo. Paul Valery señala: “Escribir un sinsentido: es decir, algo que debe recibir un sentido y no ofrecerlo”. El poema está ahí, a la espera, no está para decir, sino para abrir posibilidades del decir. Para Gola el poema es, ante todo, una revelación que nos permite tomar conciencia de “algo”, pero esta toma de conciencia es una consecuencia involuntaria. Si fuese un acto dirigido por el poeta, el poema haría lo mismo que un discurso, trataría de convencer, de tejer mediante palabras-ideas una explicación del mundo, de ofrecer una respuesta. Pero un poema no explica, no defiende, no juzga y, por lo mismo, no ofrece ningún sentido definitivo. Para Gola un poema es más bien un gesto; lo que muestra es un movimiento particular de la lengua que descubre ciertas zonas no exploradas, no conocidas de antemano. En términos poundianos, podemos decir que con los poemas de Gola estamos ante una poesía de diagnóstico que muestra las zonas de peligro. De ahí esa constante negación que se antepone en muchos de sus poemas:

Aquello que no se puede/aquello que no es posible/aquello que nadie puede/precisamente/aquello/que ya no puedo/ni tú puedes/ni él/aquello/precisamente/que no puede nadie/ni hoy/ni nunca/ precisamente aquello/aquello es/precisamente/precisamente.

 

En sus poemas forja sus propias leyes, la gramática interna de su obra, creando un lenguaje particular, íntimo. Para Adorno, las formas del pensamiento, formas culturales y sociales, parten del principio de identificación, y por lo mismo intentan destruir todo aquello que no tienda a la uniformidad. Esta misma idea la encontramos en el poeta Charles Olson cuando afirma: “Cualquier cosa concreta resulta un peligro para los retóricos y los políticos”. Un poema es justamente esa cosa concreta que pone en evidencia lo otro. Los poemas de Gola ejercen implícitamente una crítica, no solo desde el lenguaje, sino del lenguaje. Es importante subrayar que no se trata de que el poeta emprenda discursos humanistas y piadosos, sino de señalar, desde el lenguaje, las disonancias del mundo. No hay, entonces, en los poemas de Gola, una denuncia explícita de las juntas militares argentinas ni un discurso sobre el exilio, lo que hay es la mostración de ese vacío, de esa ausencia que toda guerra y todo exilio suponen.

Ahora bien, esa actitud crítica, esa austeridad, va a filtrarse en su proyecto editorial. Si nos detenemos en la “personalidad gráfica” de las revistas Poesía y Poética y El Poeta y su Trabajo, como lo sugiere Juan Alcántara, podremos ver mucho de su poética: “Tapas e interiores blancos, limpieza tipográfica, soledad de los poemas en la página, ausencia de ilustraciones y de publicidad, pocas y breves notas explicativas, inserción alternada de material gráfico al mismo nivel que los poemas, equilibrio entre la prosa y la poesía”.1 Estas revistas sustentan y desarrollan las preocupaciones de Hugo Gola. A través de ellas no solo mantuvo la reflexión crítica en torno a la poesía, también se dedicó a propiciar en miles de lectores la experiencia gozosa ante un poema. La poesía, dice Jacques Roubaud, “es amor a la lengua”. El trabajo de Gola como editor mantuvo vivo un ritual: el de compartir con los amigos aquello que se lee. Fuera de su país, alejado de sus amistades, ese ritual pasó a otros amigos y posibles lectores, nutriendo a distintas generaciones. Amor es, entonces, una palabra con la que podemos definir la actitud editorial de Gola, preocupado por difundir en esas revistas lo mejor de la poesía antigua y moderna.

Del proyecto de Poesía y Poética se desprendió una colección de libros, algunos de los autores que Gola publicó son: Jorge Eduardo Eielsón, Javier Sologuren, Edgar Bayley, Emilio Adolfo Westphalen, Juan José Saer, Aldo Oliva, Robert Creeley, H.D., Andrea Zan-zotto, Henri Michaux, Anna Ajmátova, Marina Tsviétaieva. También publicó el libro Encuentros con Bram Van Velde de Charles Juliet y la antología Galaxia concreta (muestra del trabajo de Augusto y Haroldo de Campos y Décio Pignatari). Sería excesivo intentar completar los nombres de los poetas que Gola publicó y dio a conocer en México, pero la lista anterior da una idea, por un lado, de la diversidad y calidad de los autores y, por otro, nos habla de ciertas líneas que Gola mantuvo desde el inicio hasta el cierre, en 2010, de su proyecto editorial. A grandes rasgos esas líneas son: 1) el legado de la vanguardia; 2) el problema de la lengua materna, la importancia del habla dentro de la poesía; 3) la traducción como impulso y alimento constante para la propia lengua; 4) el diálogo que la poesía establece con otras artes; 5) la difusión de las poéticas brasileñas, y 6) la de las poéticas norteamericanas, principalmente las que provienen de Ezra Pound y William Carlos Williams.

El aporte editorial de Gola ha sido reconocido por algunos y negado por otros que acusan a las revistas de “argentinizar” a la literatura mexicana,2 acusación que evidentemente muestra una falta de conocimiento, una ingenuidad y, como bien señala Juan Carlos Cano, “una absurda postura nacionalista”. Lo cierto es que, como afirma Luis Felipe Fabre:

El importante trabajo crítico del uruguayo Eduardo Milán, así como la revista Poesía y Poética primero, y luego El Poeta y su Trabajo, del argentino Hugo Gola […] han sido elementos fundamentales en la conformación de la sensibilidad poética de muchos de los autores recientes […], el ejercicio de autocrítica que la poesía mexicana ha venido realizando de unos años a la fecha ha sido más que saludable.

 

Como es bien sabido, una poesía sin autocrítica se vuelve complaciente, es precisamente contra esa complacencia que se alzan las revistas de Gola. En este sentido, Jorge Fernández Granados, al reflexionar sobre la revista, comenta:

El espíritu de la literatura atraviesa estas publicaciones como una manifestación irradiante aunque no pocas veces exigente. No es la cara comercial ni mucho menos la oficial de esta actividad, sino algo que se podría definir como una peculiar colección de soledades a las que la publicación logra convocar…

 

Y Edgardo Dobry señala en relación al trabajo editorial de Gola:

Hay muchos escritores que se dedican en exclusiva a aumentar el número de sus libros publicados; la principal preocupación de Gola ha sido la de formar lectores. Cuántos poetas habrán aprendido, por lo menos en México y en Argentina, esa vibración que viene de Juan L. Ortiz, de aquel núcleo originario de Santa Fe, y cuya emanación se ha mantenido viva gracias a esta labor editorial de insobornable independencia.

 

La influencia del proyecto editorial de Hugo Gola puede verse hoy en muchos escritores, incluso en nuevas revistas y editoriales mexicanas que se inspiran en su trabajo.

Para terminar, quiero poner en el centro unos versos de Juan L. Ortiz, poeta entrerriano al que Gola volvió siempre como ejemplo y dirección:

Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía

igual que en un capullo…

No olvidéis que la poesía o la ineludible sensitiva,

es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin

cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin

y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…

 

En estos versos se encuentran, me parece, las semillas de la poesía y poética de Hugo Gola. En ellos convergen la fidelidad y el rigor que llevaron a Gola, por más de sesenta años, a dedicar su vida íntegramente a la poesía. 

 

 

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Bibliografía:

Giorgio Agamben, Idea de la prosa, trad. Laura Silvani, Ediciones Península, Barcelona, 1989.

Theodor W. Adorno, Teoría estética, trad. Fernando Riaza, Ediciones Orbis, Barcelona, 1984.

Edgardo Dobry, “Prosas de Hugo Gola”, Letras Libres, abril de 2008.

Luis Felipe Fabre, Divino Tesoro: Muestra de nueva poesía mexicana, Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México, México, 2008.

Jorge Fernández Granados, “Cinco años de El Poeta y su Trabajo”, Letras Libres, mayo de 2006.

Charles Olson, “El universo humano”, trad. Martha Block, El Poeta y su Trabajo, no. 9, México, 2002.

Jacques Roubaud, Poesía, etcétera: Puesta a punto, trad. José Luis del Castillo Jiménez, Hiperión, Madrid, 1995.

Paul Valery, Notas sobre poesía, trad. Hugo Gola, Universidad Iberoamericana, México, 1994. Colección Poesía y Poética.

 1 “Afinidades y rechazos: la revista Poesía y Poética en la poesía mexicana”, ponencia presentada en el IV Coloquio de Poesía Mexicana Contemporánea/UNAM en abril de 2015.

2 Víctor Manuel Mendiola, en su reseña “Más que novísimos poetas” de la antología Divino Tesoro de Luis Felipe Fabre, escribe: “Los poetas argentinos y uruguayos que viven en México tienen la falsa pretensión de haber enriquecido las lecturas mexicanas […]. Los nuevos poetas de México desean ‘argentinizar’ o ‘peruanizar’ a nuestra poesía” (Nexos, febrero de 2009).

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TANIA FAVELA BUSTILLO (Ciudad de México, 1970) es doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad Nacional Autónoma de México. Publicó el libro de poemas Materia del camino (Compañía, 2006) y la traducción (junto con Jahel Leal) del libro En la tierra de Robert Creeley (Textofilia, 2008). Desde 1994 imparte clases de literatura en el Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana.