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Manual para zurdos: (miscelánea) septiembre de 2015

Claudio Isaac | 01.09.2015
Manual para zurdos: (miscelánea) septiembre de 2015

La peor de las posibilidades

En el mundo editorial existe una broma (se la escuché hace treinta años a Natán Warman) que le atribuye los desastres de las finanzas públicas nacionales a la mala calidad de las traducciones al español de los textos fundamentales sobre economía. El ejemplo ofrecido por Warman era que en la versión mexicana de algún título canónico de la economía moderna (acaso de Keynes) el término inglés scholarship (beca) se traducía como barco de estudiantes. Este año la editorial Taurus presenta una edición “revisada, ampliada y con un nuevo prólogo” del iluminador estudio de Isaiah Berlin Las raíces del romanticismo, un libro indispensable para entender la genealogía de muchas de nuestras presentes actitudes contestatarias y de revuelta. Lo muy lamentable, con todo y el apreciable nuevo prólogo, es que persisten en el nuevo volumen los errores de traducción más perniciosos de las ediciones pasadas. Por ejemplo, en un pasaje que explica el prurito de sinceridad extrema y de integridad en los primeros románticos “dispuestos a morir por su causa”, la versión de la traductora Silvina Marí nos dice: “Según este estado mental, la gente diría lo siguiente: Si creo en algo y tú crees otra cosa, es importante que luchemos por ello [...] la peor de las posibilidades es el compromiso, ya que ello significa que hemos traicionado aquel ideal que nos mueve...”.

Se adivina que Marí interpreta el original compromise (‘transigir’, ‘conceder’ en inglés) en el sentido de compromiso entendido como “obligación contraída por una promesa” (M. Moliner). Así, aquel lector ávido de comprender la esencia del apasionamiento propio del romántico es informado que sentir obligación por una promesa sería “la peor de las posibilidades”, como si en lugar de tomarse las cuestiones con una gravedad “de vida o muerte” estos sujetos fuesen unos fatuos fluctuantes y cínicos.

 

Zancadilla

En “Los amorosos”, ese poema de Sabines que con los años se convertiría en himno de las parejas jóvenes, el poeta sentencia:

Nadie ha de resignarse.

Dicen que nadie ha de resignarse.

Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

 

Algo muy afín al estado anímico radical del romanticismo. Inspirado en la lectura de tal espíritu en la traducción que he referido antes, el poema aconsejaría: “Todos han de resignarse, [...] los amorosos se enorgullecen de toda conformación”.

Volviendo al gran Isaiah Berlin, bastante cargado de ideas densas es cada párrafo suyo como para encima tener que hacer malabarismo en la conversión de conceptos para acabar captando la genuina índole del texto. El traductor ideal es el Virgilio que nos lleva de la mano por los vericuetos más difíciles, no el que nos pone la zancadilla.

 

Delirio

Durante los meses previos a la Copa Mundial de Futbol de 1994, tuve la impresión de que la Selección Nacional ya había quemado todas sus oportunidades de quedar acreditada cuando de repente resultó que no, que aún quedaba un partido por jugar para alcanzar a clasificar. Y el partido era contra un país cuya existencia era dudosa, jamás se le había oído mencionar, era algo así como San Gabriel, una entidad similar a aquellas que inventan las producciones de Hollywood cuando quieren situar una historia un tanto alegórica en un tercer mundo militarizado y caricaturesco. Por supuesto, México venció a San Gabriel y entró al Mundial. Pero siempre me quedó esa sensación de embuste monumental, de un montaje que hubieran cocinado entre las televisoras y la FIFA para no perder millones ya invertidos. Como no soy aficionado al futbol ni adepto a las teorías de conspiración procuré olvidar el episodio. Pero recientemente el escándalo de corrupción en la FIFA y el expediente concreto de cómo se manejó con dinero el ingreso del equipo francés al Mundial de Sudáfrica me reviven la antigua sospecha y me causan una risa interior. No que me guste esa filosofía de “piensa mal y acertarás” pero sí produce un cosquilleo particular constatar que el instinto no está tan errado, que lo que semejaba delirio no lo era.

 

Camarones y anexas

Relacionado a cuestiones de traducción dudosa y a eventos misteriosos que uno olvida pero regresan, está el nunca del todo aclarado suceso acaecido en el 2009 a medio patio central del Palacio Nacional, cuando el príncipe Guillermo de Holanda dio un discurso en el que pretendía animar la activación del uso de energías renovables en nuestro país e hizo una referencia equivocada al refrán: “Camarón que se duerme...” añadiéndole el remate: “se lo lleva la chingada”. ¿Habrá quien se haya salvado de la estupefacción al presenciar tal escena? ¿Quién asesoró al príncipe? ¿Qué cabezas rodaron posteriormente? Intrigado por estas preguntas y otras más he tratado de investigar. Ya que en la prensa nacional no hay gran cosa, terminé hallando algunos datos adicionales en una página internacional de la prensa holandesa publicada en inglés. En ella se aclara que la idea de alterar el refrán de ningún modo provino de Máxima, la esposa argentina del ahora rey de Holanda. La insistencia en ello es un tanto sospechosa, ya que además se especifica que en Argentina la expresión chingada no es detonante como en México, sugiriéndose finalmente que el culpable de todo fue, más bien, su traductor simultáneo, también argentino. Pero no se dice si a este compatriota de la esposa lo corrieron o lo mandaron de vuelta a casa, si es persona non grata en Holanda o qué hay de su destino. Acaso comparta un cubículo con aquel intérprete para los sordos y mudos que escandalizó al mundo durante el funeral de Nelson Mandela, ceremonia televisada desde Sudáfrica en la que el formidable impostor hacía señas y ademanes inventados mientras hablaba al público Barack Obama. En ambos casos, los camarones dormidos fueron los jefes de los cuerpos de seguridad.

 

Frase del mes

“Yo nunca me aburro. El hombre, esté donde esté, se encuentra siempre en medio de un misterio”.

Dicho por el protagonista de El último verano, de Ricarda Huch.

 

Hallazgo feliz

Hace unos días, pasando frente a un puesto de revistas especializado en números atrasados, me topé con una pila de libros de segunda mano. Me llamó la atención la portada de un volumen con título en principio insípido El último verano, donde aparece un grupo aristocrático en una terraza sombreada, pero sobre todo me intrigó poderosamente la cintilla de promoción que contenía palabras de Thomas Mann refiriéndose a la autora: “Ricarda Huch no solo es la mujer más importante de Alemania, sino de toda Europa”. El libro costaba lo mismo que una revista vieja, de modo que no tuve duda en seguir el incentivo de Mann y el simple gusto por el cuadro en la portada. Se trata de una breve novela epistolar construida en base a la correspondencia entre ocho personajes. El título adquiere peso y pertinencia cuando nos percatamos de que, en efecto, todo el condensado clima dramático apunta al fin de una era y lo crepuscular carcome cada uno de los elementos del libro: la trama ocurre en la casa de campo del gobernador de San Petersburgo en el verano de 1906. La familia ha contratado a un asistente personal para que proteja al alto funcionario, quien recién ha recibido cartas anónimas donde se le amenaza. Muy pronto nos enteraremos de que el secretario recién contratado es un agente revolucionario que atentará contra la vida de su patrón. El dibujo de la trama es sencillo y contundente, no así la psicología de los personajes, tan complejos que no queda lugar al maniqueísmo ideológico o la llanura del lugar común: el revolucionario es sensible y delicado, el funcionario zarista es inteligente y justo, su familia entera tiene en alta estima a la servidumbre de la casa y le extiende un trato singularmente considerado y cálido. Nadie es previsible y, sin embargo, ninguno escapa a la brusquedad de su destino. Se hace presente la historiadora que fue Ricarda Huch (además de filósofa y filóloga), pero ante todo predominan los dones literarios de una creadora sorprendente. El resultado es una joya, una novela de maestría indudable.

 

Un encuentro más

Un segundo encuentro accidental en últimas fechas es con el libro de Charlotte Perkins Gilman, El tapiz amarillo, de 1892. Tan desconocida para mí como la autora anterior, Perkins Gilman narra en primera persona lo que acaba siendo el diario de una loca. El texto posee una progresión muy matizada, un conflicto vivo que se atenúa mediante un lenguaje casual medido con destreza. El personaje central va describiendo su relación con el tapiz del cuarto de su encierro y a través de esta va dando cuenta de su gradual pérdida de la razón. Con su aparente simplicidad, en el juego de especulación imaginativa y construcción de imágenes de El tapiz amarillo podemos observar antecedentes de la Virginia Woolf de The Mark on the Wall (1917), o bien de Solid Objects (1920) y, por supuesto, la prefiguración de la conciencia feminista. Pero sobre todo sorprende un recurso asombroso de traslación de la voz narrativa que precede inequívocamente al supremo cuento “Axolotl” que publicara Julio Cortázar en 1964.

 

Y otra mujer

Anunciada con bombo y platillo como “la novela en castellano que causó mayor expectación en la pasada Feria de Frankfurt” (pero sin argumentos literarios cabales), También esto pasará de la joven barcelonesa Milena Busquets nos relata el duelo de la protagonista Blanca por la muerte de su madre, proceso que se entreteje a una serie de episodios sexuales, subversivos por frescos y amorales. De las mismas virtudes del libro derivan sus flaquezas: hay un punto de la narración en que se pierde el brío inicial, el desenfado se convierte en frivolidad y en un momento dado se rompe el hilo que ata el sexo al misterio y a la muerte y lo que queda es mera ligereza: el libro pierde su peso. Como sea, hay pasajes reflexivos y líricos que revelan a una narradora dotada. Valdrá la pena seguirla pero descartando las ridículas promesas de la publicidad editorial. 

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Escritor, artista plástico y cineasta, CLAUDIO ISAAC (1957) es autor de Alma húmeda; Otro enero; Luis Buñuel: A mediodía; Cenizas de mi padre, y Regreso al sueño. Su novela más reciente se titula El tercer deseo (Juan Pablos Editor, 2012).

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