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Ocios y letras: Los reyes de España y el SIELE

Miguel Ángel Castro | 01.09.2015

Los medios de aquí, de allá y acullá cubrieron la visita de Estado que el rey Felipe VI y la reina Letizia hicieron a nuestro país del 28 de junio al 1 de julio pasados con tal empeño que, además de conocer la agenda oficial de las actividades de la real pareja (el recibimiento en el aeropuerto de la capital, la ceremonia de bienvenida en el Campo Marte, el reconocimiento de huéspedes distinguidos de la Ciudad de México, su asistencia al Senado, las selfies, los discursos, las reuniones con hombres de negocios y notables de la cultura, la entrega de la condecoración del Águila Azteca —máxima distinción que se otorga a los extranjeros que han prestado servicios prominentes a la nación mexicana o a la humanidad, o en reciprocidad a otras distinciones otorgadas en el extranjero a servidores públicos mexicanos— al rey Felipe VI en grado de collar, y a la reina Letizia en grado de banda, como un reconocimiento a su interés y labor para fortalecer los lazos de amistad y cooperación que unen a España y México; el viaje a Zacatecas y otras reuniones, su regreso y feliz despedida), nos enteramos de lo que sus majestades veían y escuchaban mientras desayunaban, almorzaban, comían, merendaban y cenaban. Sin pudor nuestras élites los acosaron.

No debe perderse de vista que, además de los lazos históricos y amistosos, se trata de cuidar intereses de miles de millones de dólares que los españoles han invertido en México, que su participación en nuestra economía es clave y se da en diversos ámbitos: servicios bancarios, financieros y de seguros, en infraestructura, telecomunicaciones, energía, educación y turismo. Los negocios de los mexicanos en España son igualmente importantes para sus planes de desarrollo. Los gobiernos de México y España deben fortalecer esa relación bilateral de socios estratégicos que, por una o por otra, por esto o por aquello, ahora tienen graves apuros económicos y sociales. Lo saben muy bien y creo que así lo hacen.

Las redes sociales se distrajeron con las vestimentas y gestos de los visitantes y sus anfitriones, el presidente Enrique Peña y su esposa Angélica Rivera, así como en incidentes de menor o ninguna importancia. Lamentable es que impusieron estas notas irrelevantes a la opinión pública, de suerte que uno de los actos significativos o a destacar de la visita oficial, a mi modo de ver, pasó sin pena ni gloria. Como suele suceder en estas ocasiones, la mayor parte de los presentes en la ocasión, funcionarios del gobierno, diplomáticos, autoridades de todas partes, empresarios e invitados distinguidos, apenas se habrán formado una idea del asunto de que se trataba y de su relevancia, ya que tampoco ocupó mayores espacios en la prensa ni antes ni después. Tal vez será útil que esas personalidades estén enteradas y tengan una opinión favorable sobre el acuerdo que se formalizó para contar con su colaboración en caso de que se requiera.

Me refiero desde luego a la firma del Protocolo de aprobación de actividades iniciales del Sistema Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE), que se llevó a cabo en el Antiguo Colegio de San Ildefonso el martes 30 de junio. Presidieron esta ceremonia las majestades españolas, los secretarios o ministros encargados de las relaciones exteriores de México y España, los rectores de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad de Salamanca y el director del Instituto Cervantes.

Como introducción al acto fue proyectado el video El español y su valor en el mundo. En menos de cinco minutos diversas personas famosas dan testimonio de la importancia que tiene el español en el mundo; escuchamos algunas de las reflexiones que Carlos Fuentes leyó durante la inauguración del III Congreso Internacional de la Lengua Española en Rosario, Argentina, en el 2004: “Formamos parte de una civilización inmensamente rica, plural, ‘cósmica’ como diría José Vasconcelos. Las pruebas están en todas partes y el edificio no ofrece fisura alguna. La continuidad es asombrosa, el origen enriquece al presente, el presente alimenta al porvenir y cada una de nuestras raíces antiguas tiene sus manifestaciones modernas”. Mario Vargas Llosa anuncia que para el 2050 habrá más de seiscientos millones de hispanohablantes, así que considera que el español es la lengua el futuro. Por último, Octavio Paz considera que “la lengua es nuestra morada, en ella nacimos y en ella moriremos, ella nos reúne y nos da conciencia de lo que somos y de nuestra historia, acorta las distancias que nos separan y atenúa las diferencias que nos oponen, nos junta pero no nos aísla, los muros son transparentes y a través de esas paredes diáfanas vemos al mundo y conocemos a los hombres que hablan en otras lenguas, la lengua es un signo, signo mayor de nuestra condición humana”.

El doctor José Narro recordó que el rey Felipe VI, hace poco más de cinco años, con motivo de la entrega del Premio Príncipe de Asturias a la Universidad, se refirió a ella de una manera breve, poética y exacta: “casa de la cultura, corazón y conciencia del país”. El rector de la UNAM se refirió a los trabajos y esfuerzos que las instituciones participantes han llevado a cabo desde noviembre de 2012 para alcanzar los acuerdos que se firmaron esa tarde; en su intervención insistió en destacar al idioma entre los diversos lazos que unen a México y España y dijo que “el dominio de los idiomas representa parte de la superación de los individuos, así fue en el pasado y así es en la actualidad”, de aquí la importancia de evaluar ese dominio, tarea del Servicio que se pone en marcha y en el cual los universitarios se sienten complacidos de participar. Celebró que el comienzo del proceso se realizara con la presencia de los reyes de España.

El rector de la Universidad de Salamanca, el doctor Daniel Hernández Ruipérez, advirtió que “lo que no se define, no se puede medir, lo que no se mide no se mejora, y lo que no se mejora generalmente empeora”. Comentó que sirvieron de base al SIELE tres elementos de apoyo institucionales: el de la orientación panhispánica que las Academias del Español han impulsado en los últimos años, al considerar al español propiedad de todos; el desarrollo del Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza y evaluación; y el plan curricular de la enseñanza del español del Instituto Cervantes. Destacó el diseño, la planeación y los esfuerzos de los gestores del SIELE.

El doctor Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, se remontó a 1999, año clave en la política emprendida por la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), recordó las observaciones y aportaciones del doctor José G. Moreno de Alba, sobre todo para la preparación de la edición de la Nueva gramática de la lengua española y de la nueva edición de la Ortografía. En 2012 vino a México para averiguar qué había sido de un proyecto de Certificación del dominio del español que la UNAM había emprendido con el Cervantes, y encontró respuesta no solamente para retomar ese proyecto sino para profundizar la colaboración entre ambas instituciones e impulsar otras iniciativas, como la creación de un Centro de Estudios Mexicanos en Madrid, en el Instituto Cervantes. En su opinión, la creación del siele se justifica porque “en un mundo globalizado, la acreditación de conocimiento de lenguas está tomando un auge realmente extraordinario, basta ver cómo Cambridge lanza al mercado de continuo nuevos tipos de certificaciones […], el TOEFL ha superado la cifra de treinta millones”. De modo que, inspirados en estos casos, se ha construido un tipo de prueba cuya versatilidad y factibilidad electrónica pueden hacerlo muy atractivo. García de la Concha añadió que “será la primera vez en el ámbito del español que una prueba de evaluación y certificación de nuestro idioma incluya textos orales y escritos procedentes de todo el mundo hispanohablante. Será la primera vez que el tuteo, tan español, cederá paso en las instrucciones al usted, y las pruebas de comprensión auditiva contemplarán las diferentes variantes del habla: mexicana, española, argentina”. El resultado, dijo don Víctor, ha sido considerado por consultores externos como el British Council, el Goethe Institut y el Dante Alighieri, como “un producto extraordinariamente novedoso, de gran calidad”.

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MIGUEL ÁNGEL CASTRO estudió Lengua y Literaturas Hispánicas. Ha sido profesor de literatura en diversas instituciones y es profesor de español en el CEPE. Especialista en cultura escrita del siglo XIX, es parte del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM. Investiga y rescata la obra de Ángel de Campo, publicó Pueblo y canto: La ciudad de Ángel de Campo, Micrós y Tick-Tack.

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