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Voces de la migración: México diseñado desde el exterior  

Fernando Sepúlveda Amor | 01.09.2015
Voces de la migración: México diseñado desde el exterior  
A lo largo de su historia, México ha visto vulnerada su soberanía de diversas maneras: invasiones armadas, estratagemas ideadas en Washington con el fin de controlar y manipular al Gobierno en turno, apropiaciones territoriales y la enorme influencia de la Iglesia católica, entre otras.

Las ideas de la Ilustración europea y de la Revolución francesa, así como de la creación de los Estados Unidos de América a finales del siglo XVIII, influyeron importantemente en el pensamiento de los habitantes de la América hispana y, particularmente, de la Nueva España. En los inicios del siglo XIX se escuchaban voces independentistas en la América española, y los acontecimientos en España derivados de la caída del régimen Borbón por la invasión napoleónica y la emisión de la Constitución de Cádiz detonaron los movimientos separatistas en el continente americano.

Estos movimientos estuvieron fuertemente influenciados por las logias masónicas —una de origen español y de corte conservador, y otra del Rito Escocés, de origen inglés y de corte liberal, introducida a México desde Estados Unidos—, las cuales, a través de sus redes en toda la Nueva España, difundieron las ideas revolucionarias que dieron inicio a las guerras de Independencia.

Un personaje determinante en el apoyo y difusión de estos movimientos independentistas, al igual que en la orientación de los mismos, fue Joel R. Poinsett, enviado por el presidente James Madison como agente especial para la América hispana entre 1810 y 1814 para promover la independencia de las colonias españolas. Regresó a México (ya independizado de España) entre 1822 y 1823 como enviado especial del presidente James Monroe, autor de la frase “América para los americanos” —no se sabe si se refería a los americanos de Estados Unidos o a los de toda América. Poinsett estuvo en el país durante el corto periodo del primer imperio a cargo de Agustín de Iturbide, tiempo en el que intrigó para su destitución en 1823 mediante la influencia de las logias yorkinas, afines a los intereses de Estados Unidos. Esto derivó en la Constitución de 1824, que estableció un régimen republicano federal denominado Estados Unidos Mexicanos, a semejanza del establecido en el vecino país del norte.

En 1825, Poinsett fue designado ministro para México por el presidente John Quincy Adams. Este siniestro diplomático tuvo una intervención nefasta en la naciente vida política de México, participando directamente en las intrigas y en los conflictos internos entre liberales y conservadores, lo que motivó su expulsión por el Gobierno de México en 1830. Entre las acciones más destacadas como representante de la diplomacia estadounidense, Poinsett negoció el Tratado de Límites entre México y Estados Unidos en 1828, mismo que fue desconocido posteriormente y que dio pie al conflicto entre México y Estados Unidos en 1836 por la independencia y posterior anexión de Texas, así como a la guerra de 1847 y al intento de adquisición de los territorios de la Alta y Baja California, Sonora y Sinaloa, Nuevo México (que incluía Arizona, Nevada, Colorado y Utah), Chihuahua, Coahuila, Texas, Nuevo León y Tamaulipas, dentro del proyecto de expansión territorial de Estados Unidos derivado del “Destino manifiesto”, el cual fue rechazado por el Gobierno de México, pero constituyó una iniciativa precursora de las intenciones de los estadounidenses de apoderarse de dichos territorios, lo que sucedió después con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo.

Más adelante hubo intentos de apropiarse de Baja California y Sonora mediante acciones filibusteras encabezadas por William Walker, quien mediante la intervención de grupos armados se apoderó de La Paz y se declaró presidente de la República de Sonora en 1853-1854. Derrotado por el Ejército mexicano, Walker se dirigió a Nicaragua, donde se proclamó presidente en 1856. Posteriormente fue fusilado en Honduras en 1860.

Napoleón iii, en su ambición imperial, apoyó los intentos monárquicos de los sectores conservadores de México que en 1859 habían ofrecido el trono imperial mexicano a Maximiliano de Habsburgo, y aprovechando la situación existente en Estados Unidos por la guerra de Secesión, invadió México en 1862, iniciando la intervención francesa que ubicó a Maximiliano como emperador entre los años de 1864 y 1867. Este intento fallido pretendió revertir la estructura y las formas de Gobierno establecidas desde 1824 y hacer de México una colonia satélite de Francia.

Entre las variadas intervenciones para conformar el naciente Estado mexicano y tener injerencia en la vida política del país se encuentran las acciones de la Iglesia católica, institución religiosa que desde el inicio del México independiente ejerció una importante influencia en su configuración política. El clero católico logró privilegios con la instalación del Imperio de Iturbide, y después con la Constitución de 1824 y leyes posteriores promovidas al arribo de los conservadores al poder; se estableció el catolicismo como la religión oficial del Estado y se determinó la conservación del fuero eclesiástico, de los tribunales especiales y de las cuantiosas propiedades en manos de la Iglesia, así como las exenciones fiscales, la capacidad de cobrar el diezmo y los derechos eclesiásticos de los clérigos para el cobro de los bautizos, matrimonios y funerales, así como de las funciones de registro civil.

La suspensión de estos fueros y privilegios mediante las leyes expedidas por Valentín Gómez Farías y las leyes de Reforma motivaron serios conflictos armados entre liberales y conservadores apoyados por la Iglesia católica, que culminaron en el triunfo de las fuerzas republicanas encabezadas por el presidente Benito Juárez en 1867, a la caída del Imperio de Maximiliano. No ayuda a la imagen de la Iglesia católica en la historia de México el apoyo abierto a figuras tales como Antonio López de Santa Anna, a la invasión francesa y al Imperio de Maximiliano, y más tarde su adhesión al régimen espurio de Victoriano Huerta y su participación en la rebelión Cristera, de la que el presidente Plutarco Elías Calles decía que tenía un fuerte olor a petróleo.

Richard Lansing, secretario de Estado del presidente Woodrow Wilson, expresó en 1924:

México es un país extraordinariamente fácil de dominar, porque basta controlar a un solo hombre: el presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que esto llevaría a la guerra. La solución necesita más tiempo; debemos abrir a los jóvenes ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y el respeto al liderazgo de Estados Unidos. México necesitará administradores competentes. Con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes, y eventualmente se adueñarán de la presidencia; sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos.

 

Un profeta. Sus expresiones reflejan el pensamiento imperante en los círculos del Gobierno y del poder en Estados Unidos a lo largo de su historia.

La aprobación en 1992 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte marcó un giro decisivo en la integración de México a la esfera estadounidense y a la economía de mercado, con importantes repercusiones en el exterior en relación con el resto de Latinoamérica, y al interior, impactando severamente a ciertos sectores de la economía tradicional.

En 2009 surgió una serie de reportes de diversas agencias estadounidenses sobre la situación en México, señalando que el país estaba cerca de convertirse en un Estado fallido. El United States Joint Forces Command declaró en un reporte que “México estaba en riesgo de un rápido y súbito colapso”. El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), Michael Hayden, manifestó que “México es una máxima amenaza para la seguridad de Estados Unidos”, y el secretario del Departamento de Seguridad Interna, Michael Chertoff, dijo que “México representaba la mayor amenaza del crimen organizado para Estados Unidos”, por lo que “contaba con una capacidad de respuesta rápida para hacer frente a la violencia en México”.

La designación de Carlos Pascual como embajador en 2009 no fue bien vista en México, considerando los antecedentes de este diplomático como un experto en Estados fallidos y su anterior cargo como embajador en Ucrania, justamente antes de la Revolución naranja que derribó al régimen comunista en ese país, así como su actuación como coordinador para la Reconstrucción y Estabilización en el Departamento de Estado, y después en la Brookings Institution, donde tenía a su cargo la elaboración de planes para “cambiar el tejido social mismo de una nación […] y construir países democráticos y orientados al mercado”. Su participación en el reporte del Pentágono, que consideraba a México como un Estado fallido, y la publicación de sus comunicados por las filtraciones de WikiLeaks, en los que criticaba a las fuerzas armadas de México y sugería la estrategia para hacer pasar entre el público mexicano el Acuerdo Transfronterizo de Hidrocarburos firmado entre los dos países, que abría las puertas a las empresas del exterior a la exploración petrolera y, posteriormente, a la reforma energética, motivaron que fuera removido del cargo a instancias del Gobierno de México en 2011.

A su regreso a Washington, Carlos Pascual fue nombrado coordinador de Asuntos Internacionales de Energía en el Departamento de Estado. Los correos electrónicos desclasificados de dicho Departamento, publicados el pasado 31 de julio, revelan que en este cargo colaboró con David Goldwin, su antecesor, y con las empresas petroleras agrupadas en el Instituto Americano del Petróleo en el diseño de la propuesta para la reforma energética de México.

Este breve repaso de las interferencias del exterior muestra el difícil camino de la autonomía y la independencia de México de los factores externos que intentan conformar a sus intereses los destinos de nuestro país. Se ha puesto de moda en círculos neoliberales la detracción del nacionalismo emanado de la Revolución mexicana, asociándolo a un régimen político, sin considerar que a excepción de breves periodos en la historia de México, la etapa posrevolucionaria ha sido la única en la que el país ha tenido una identidad y una actuación propias que le permitieron brillar en múltiples aspectos, tanto en las artes como en las instituciones. Ese es el camino.

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Fernando Sepúlveda Amor es director del Observatorio Ciudadano de la Migración México-Estados Unidos.

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