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Lenguas oficiales: ¿necesarias?

Yásnaya Aguilar | 04.09.2015
Lenguas oficiales: ¿necesarias?

El mundo se encuentra dividido en países. El mundo se encuentra dividido en Estados, entidades jurídicas que proveen de un estatus legal a quienes habitan sus territorios. No siempre fue así pero en algún punto de la historia se formaron estos Estados-nación bajo la idea de que, independientemente de los pueblos que lo conformaron, cada uno debería ser más o menos homogéneo. Esta idea subyace sobre todo a la creación del Estado mexicano y a muchos otros en el mundo: una sola identidad, un pasado en común creado en los libros de historia y una misma lengua. Para muchos Estados, aún en estos días, el reconocimiento de una religión oficial es fundamental. Antes, los diferentes imperios, como el austrohúngaro o el español, eran entidades multilingües en los que la diversidad lingüística era gestionada de diversas maneras.

Dada la idea de homogeneidad tras la creación de los Estados-nación, las lenguas oficiales son un concepto fundamental para su funcionamiento. La lengua oficial es la lengua que tiene ese estatus jurídico consignado en documentos legales tales como las constituciones (que son algo así como el acta de nacimiento de los países) u otras leyes que enuncian que una determinada lengua será la usada en documentos y actos del gobierno, en la administración de todos los asuntos públicos y en muchos países incluso se determina que será la lengua utilizada para proveer educación escolarizada. El estatus legal de una lengua oficial puede llegar a ser tan determinante que los ciudadanos que no la hablan tienden a poder ejercer menos derechos que aquellos que la dominan.

Según la ONU, alrededor de 80 lenguas tienen el estatus de “lengua oficial” en algún país del mundo y de estas 80, aproximadamente 20 son lenguas oficiales en más de un país. Si se calcula que en el mundo existen alrededor de 7 mil lenguas, podemos darnos cuenta de que la mayor parte de las lenguas del mundo no son lenguas oficiales y en muchos casos, como el de México, son lenguas cuyo uso ha sido combatido directamente por el Estado como nos lo ejemplifica el proceso de castellanización impulsado por el gobierno mexicano sobre todo en la primera mitad del siglo XX. No es de extrañar, pues, que la diversidad lingüística del mundo se encuentre amenazada como nunca lo ha estado en la historia, justamente después de la creación de un mundo dividido en Estados-nación que ligan fuertemente su unidad al uso de una sola lengua.

El establecimiento de las lenguas oficiales está estrechamente ligado con la creación de los Estados-nación como puede verse con el caso de Italia que, durante su creación como país, desestimó la diversidad lingüística que aún permanece a pesar de todo, e impulsó una de las variantes que ahora conocemos como lengua italiana. Otro caso más que elocuente es el de Francia; a pesar de que en su territorio se habla casi una docena de lenguas distintas del francés, la Academia Francesa se opuso firmemente a que éstas fueran mencionadas en la Constitución en una reforma impulsada en 2008 bajo el argumento de que tal inclusión atentaba contra la “identidad francesa” y llamaba la atención sobre el papel de la lengua francesa en la costrucción del país.

En muchos países existe más de una lengua oficial y en otros técnicamente no hay lengua oficial como es el caso de Estados Unidos o de México. Sin embargo, aunque estos países no tienen documentos legales que mencionen cuál es su lengua oficial, las políticas lingüísticas claramente señalan las lenguas que funcionan como lenguas del Estado. En Estados Unidos, uno de los objetivos del movimiento “English-only” (sólo inglés) es que se conceda a esta lengua el estatus legal de idioma oficial en todo el país. En México, Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua, impulsó un proyecto mediante el cual el español debería ser ungido como lengua oficial del Estado mexicano. Si las políticas lingüísticas de Estados Unidos y México tienden en los hechos a discriminar la diversidad lingüística interna, cabe preguntarse si dar el estatus de oficial a sólo una de las lenguas no refuerza esta tendencia lingüicida de los Estados. En México no existe una lengua oficial legalmente hablando, existen en cambio muchas lenguas reconocidas como lenguas nacionales y que incluyen a las lenguas de los pueblos indígenas y al español, como se puede leer en la Ley General de los Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas de México. Esperemos que esta enunciación legal tenga efectos en la vitalidad de las lenguas mexicanas.

En ciertos países de África, como Ghana, la lengua oficial del país, el inglés, no es la lengua en la que habla la mayoría de la población. La lengua que usa el gobierno es el inglés aunque más del 70% de la población, aproximadamente, habla lenguas diferentes. Algo así sucedió hace 200 años cuando se creó México y el español, lengua que no hablaba la mayoría de la población, se determinó como lengua del gobierno y lengua en la que se imparte la educación escolarizada. Hemos visto los efectos de esa política: en la actualidad sólo el 6.5% de la población habla alguna de las lenguas indígenas del país.

Para revertir los procesos de lingüicidio, es necesario replantearse también el estatus de las lenguas oficiales y su utilidad. En un contexto cada vez más globalizado y con un ritmo de muerte de lenguas tan acelerado parece un contrasentido impulsar procesos de reconocimiento constitucional de sólo un puñado de lenguas. Lo que se necesita es más bien ir cambiando los usos y costumbres de los Estados que de facto, como dice el lingüista Michel Launey, siguen comportándose, neciamente, como “Estados monolingües en contextos y realidades sociales multilingües”. Sería un primer gran paso para frenar el lingüicidio actual.

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Foto: Flickr.com/“World Map - Abstract Acrylic” by Nicolas Raymond

 

 

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