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Voces de la migración: El espejismo del turismo de la salud

Fernando Sepúlveda Amor | 01.05.2015
Cuando el costo de los servicios y tratamientos médicos es tan alto que no se puede cubrir, la gente tiene que buscar alternativas. Una de ellas es atenderse en otro país.

©iStockphoto.com/Natalia_KalyatinaSe escucha con frecuencia mencionar en diversos foros la tendencia cada vez mayor del traslado de pacientes de un país a otro para recibir atención médica de igual o mejor calidad que en el país de origen, a menor costo y con tiempos de espera más reducidos. A esto se le ha denominado “turismo de la salud”. Este fenómeno, que se explica en un mundo cada vez más globalizado, tiene sus limitaciones y no es la panacea que algunos quieren presentar. En el caso de México, desde hace muchos años la población residente al norte de la frontera con Estados Unidos ha venido a atenderse con médicos y dentistas mexicanos, así como a comprar medicamentos idénticos a los que se expenden en Estados Unidos pero a menor precio, o a procurar medicinas y tratamientos no aprobados por la Federal Drug Administration de ese país. Un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles reportó que cerca de 650 mil personas en California, la mayoría de origen mexicano, viajan anualmente para su atención médica en la frontera con México.

En sentido inverso, pacientes procedentes de países de menor desarrollo viajan para su atención médica a países desarrollados que cuentan con centros hospitalarios y especialistas de prestigio mundial. Tal es el caso de Estados Unidos, a donde van principalmente pacientes de posición económica elevada para consulta y un tratamiento del que carecen en sus países. En México, este flujo se da tanto desde el sur del continente —particularmente de Centroamérica— como por pacientes mexicanos que viajan para atenderse en los grandes centros médicos de Houston, Baltimore, Cleveland, Nueva York y Rochester, o bien a la región fronteriza, en los hospitales y clínicas de San Antonio, El Paso, Phoenix y San Diego.

Estos movimientos se han dado siempre, particularmente a partir de la mitad del siglo pasado, cuando las facilidades del transporte aéreo permitieron un desplazamiento más sencillo y rápido de los viajeros, pero también han sido activados por la modernización ocurrida en los hospitales estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a partir de 2008 se registra una tendencia a ubicar el turismo médico como una actividad económica específica dentro de la industria de los viajes y de la atención médica, originada por la publicación en ese año de un reporte de la firma Deloitte a través de su división Deloitte Center for Health Solutions, en la que anticipaba el crecimiento explosivo del turismo médico de Estados Unidos en los siguientes 10 años, causado por el alto costo de la atención médica estadounidense y el considerable número de personas sin seguro médico en ese país.

El reporte de Deloitte partía de una base en 2007 de 750 mil viajeros de turismo médico al exterior en Estados Unidos, y proyectaba un crecimiento medio para 2017 de 15.75 millones de usuarios de estos servicios, estimando, en una proyección alta, hasta 23.2 millones de viajeros de la salud. El reporte establecía para 2008 un gasto medio del turismo médico de 2.1 billones de dólares, calculando para 2017 un gasto medio de 49.5 billones de dólares, y de 79.5 billones en la proyección alta. Esto significa tasas anuales superiores al 100% en la proyección media de usuarios, y de hasta el 268% en la proyección alta de gasto en el exterior. Algo increíble.

El reporte de Deloitte, a pesar de su desmesura, causó un enorme impacto en el mundo de los negocios a nivel mundial, atrayendo el interés de muchos actores involucrados en los sectores turístico y médico, así como de los países que veían un potencial importante en el turismo de la salud.

Un reporte de la firma de consultoría McKinsey en mayo de 2008 echa abajo estas proyecciones haciendo una definición más rigurosa del término de turismo médico, excluyendo viajes que no son estrictamente para atención médica, y haciendo una evaluación económica del diferencial del gasto necesario para que resulte conveniente realizar el viaje y atenderse en otro país, lo que redujo el volumen existente de viajeros de turismo médico a entre 5 y 10 mil pacientes al año, calculando un mercado potencial a futuro de entre 500 y 750 mil pacientes que viajen al exterior para su atención médica. El reporte de McKinsey y el escepticismo que provocó el reporte de Deloitte entre los especialistas en el tema obligó a esta empresa a publicar un nuevo reporte moderando sus proyecciones y limitándolas a 2012, estableciendo el número de viajeros de turismo médico en ese año en 1.6 millones de personas.

No obstante, el impacto internacional del reporte original de Deloitte motivó que este negocio cobrara dimensiones insospechadas entre los sectores involucrados en el turismo médico. En 2008 se creó la Medical Tourism Association (MTA), empresa dedicada al impulso de esta actividad mediante la difusión de material relativo, la consultoría, la certificación de actividades y la organización de Conferencias sobre turismo médico, habiendo organizado la primera en 2009, una Conferencia Latinoamericana en Monterrey en abril de 2010, una segunda Conferencia Mundial en octubre de 2010 y numerosas más en años posteriores.

Dificultades entre las autoridades de Nuevo León y la MTA derivadas de la cancelación del evento en Monterrey con motivo del brote de la epidemia de influenza H1N1 motivaron que se le cerraran las puertas a esta empresa en México y que las autoridades del Gobierno iniciaran investigaciones en torno a las actividades de esta organización y sus acciones para impulsar el turismo médico en nuestro país, por las implicaciones que pudieran tener en la práctica médica transfronteriza y en la contratación de los servicios de turismo médico a nivel binacional.

Las investigaciones realizadas por nuestro Gobierno apuntaron a la existencia de un plan para promover el turismo médico hacia México y a los países latinoamericanos, especialmente a Costa Rica, entre la población estadounidense no asegurada —que en ese tiempo ascendía a 50 millones de personas— mediante la venta de planes de salud de cobertura limitada denominados MiniMed Plans, que, sin constituir un seguro médico, ofrecen servicios médicos restringidos de consulta y pruebas de diagnóstico.

Aparentemente, los impulsores de este plan eran una empresa de seguros y un grupo de agentes de seguros que, a partir del año 2000, habían estado ofreciendo en diversas entidades de Estados Unidos estos planes de salud de cobertura limitada entre empresas pequeñas y la población de bajos recursos que no tenían acceso a un seguro médico. Fueron sancionados por los comisionados estatales de seguros por ofrecer engañosamente productos que no constituían un seguro médico después de haber recibido múltiples quejas del público que adquirió estos planes de salud y fue defraudado.

La investigación encontró una relación directa entre los agentes de seguros involucrados en las sanciones impuestas por los comisionados estatales de seguros y los miembros fundadores de la MTA, lo que motivó que se emitieran las alertas sobre las actividades de esta organización en México. Las inconsistencias del estudio elaborado por Deloitte hacen pensar que se trató de un reporte contratado específicamente por los actores interesados en detonar la industria del turismo médico y beneficiarse con los negocios derivados de esta actividad, que iban desde la lucrativa organización de conferencias, el cobro a gobiernos extranjeros para promover a sus países como destino del turismo médico, la consultoría a las empresas e instituciones médicas para impulsar el turismo de la salud, hasta la venta de planes de salud para la atención médica en el extranjero. Hábilmente, la MTA ha creado organizaciones filiales en México y en Costa Rica para impulsar sus intereses sin que se establezca una relación directa con esa organización.

Todo este proyecto se vino abajo en 2010 por la aprobación de la reforma de salud en Estados Unidos, que obliga a todos los residentes en el país a contar con un seguro médico, lo que redujo notablemente el número de clientes potenciales del turismo médico susceptibles de recibir tratamiento en el exterior, manteniendo las oportunidades para aquellos tratamientos o cirugías no cubiertas por los seguros médicos, como pueden ser las cosméticas o la cirugía bariátrica.

De acuerdo con el estudio de McKinsey, las intervenciones médicas en el extranjero deben tener un costo diferencial inferior a los 10 mil dólares para ser atractivas para el paciente que se quiera tratar en otro país, considerando los gastos médicos y los del viaje. Esta condición limita enormemente el rango de posibilidades del turismo médico en México, reduciendo la oferta al estado anterior a la explosión del concepto de turismo médico creado por Deloitte, consistente en el comercio transfronterizo de la salud, la atención dental y de intervenciones no cubiertas por los seguros médicos en Estados Unidos, así como algunos procedimientos quirúrgicos que resultan costeables bajo el criterio establecido por McKinsey.

El Gobierno de México ha promovido la certificación hospitalaria emitida por la Secretaría de Salud de las instalaciones médicas en el país, habiendo establecido con la Joint Commission International (JCI) la homologación de las certificaciones con el fin de asegurar la calidad de la atención médica en México. Independientemente, la JCI ha certificado a la fecha a 11 instituciones médicas en México.

Sin embargo, las perspectivas de un crecimiento exponencial del turismo de la salud son pocas, y más bien tendrá un crecimiento moderado, debido principalmente a las condiciones prevalecientes en la escena internacional y, por otra parte, al poco interés mostrado por los grandes grupos hospitalarios mexicanos, a excepción de los hospitales de Nuevo León, para adaptarse a los cambios necesarios para atender al turismo médico.

Las desmesuradas previsiones de Deloitte no se cumplieron. Desaparece de esta manera un espejismo muy hábilmente presentado por sus diseñadores, y que sorprendió a medio mundo mediante la construcción de una plataforma que no tardó en caer por su propio peso.

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FERNANDO SEPÚLVEDA AMOR es director del Observatorio Ciudadano de la Migración México-Estados Unidos.

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