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Galaxia Gutenberg: Ocios y letras

 Entre lo-las y la-los . Asuntos de género

Miguel Ángel Castro | 23.05.2015

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El próximo proceso electoral ha producido una nueva avalancha de spots, anglicismo que el Diccionario panhispánico de dudas define como ‘película de corta duración con fines publicitarios’, y además considera innecesario porque equivale a las voces españolas anuncio, cuña, comercial o aviso. Consideración desatendida en este país porque lo cierto es que la palabra se ha infiltrado entre nosotros para referirse a los anuncios breves de carácter político que se transmiten por todos los medios y a todas horas, de tal modo que algunos audaces ya emplean la forma “espot”, y en diferentes lugares se habla de “espotización”. Me parece que se identifican así sobre todo los mensajes radiofónicos, pues los televisivos se llaman generalmente anuncios o comerciales.

Lamentable o no, resulta evidente que la propaganda política sigue las estrategias y formas de la publicidad mercantil. En ese terreno, en los spots las palabras suelen ser sometidas a tratamientos especiales y, en ocasiones, a torturas. De esta manera escuchamos que “las y los ciudadanos”, “las y los niños”, “las y los mexicanos” por aquí y por allá deberán participar en las elecciones, por lo que es oportuno comentar una vez más los usos de la palabra género.

La palabra género es un ‘conjunto de seres u objetos establecido en función de características comunes’ y ‘clase o estilo’, así, se habla de los “géneros periodísticos” o de “género de vida”. En gramática se trata de la ‘propiedad de los sustantivos por la cual se clasifican en masculinos y femeninos’: libro, papel, pantalón son sustantivos masculinos en tanto que silla, piña y camisa son femeninos. Como puede observarse en los ejemplos, no se trata de una diferencia de sexos pero, como ya lo hemos comentado, el uso de la palabra género se ha interpretado como sinónimo de la condición orgánica de los seres vivos. Conviene entonces recordar que el Diccionario panhispánico de dudas advierte que las palabras tienen género, mientras que los seres vivos tienen sexo.

Sin embargo, desde hace varias décadas, ante el impulso del feminismo y de la influencia en el mundo de la voz inglesa gender, la palabra género ha hecho referencia a una categoría de estudios que parten de la sexualidad. Tomemos por caso un texto sobre las llamadas “perspectivas de género” publicado en Mujeres en red, periódico feminista:

En los últimos años se produjo un importante avance en las ciencias sociales, al incorporarse los denominados estudios de la mujer como un nuevo paradigma. El género, como categoría social, es una de las contribuciones teóricas más significativas del feminismo contemporáneo. Esta categoría analítica surgió para explicar las desigualdades entre hombres y mujeres, poniendo el énfasis en la noción de multiplicidad de identidades. Lo femenino y lo masculino se conforman a partir de una relación mutua, cultural e histórica. El género es una categoría transdisciplinaria, que desarrolla un enfoque globalizador y remite a los rasgos y funciones psicológicos y socioculturales que se le atribuyen a cada uno de los sexos en cada momento histórico y en cada sociedad. El Programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad tiene como objetivos: identificar, coordinar y promover el desarrollo de actividades de investigación, formación, y extensión con perspectiva de género dentro y fuera de la unam. Promover la docencia como aporte para el conocimiento y la transformación de las relaciones entre los géneros, a través de vínculos permanentes con instituciones académicas y sociales de México y el extranjero.

Como es fácil observar, en estos casos se trata de una referencia a la condición sexual de los individuos y algo más. Por tanto, en el artículo enmendado del Diccionario académico (dile), la primera acepción de género es un ‘conjunto de seres que tiene uno o varios caracteres comunes. No obstante, debe evitarse la confusión entre las voces sexo y género, como cuando se dice “En este establecimiento no hay discriminación de raza, religión, clase social y género”, en donde lo recomendable es “ni de sexo”. Importa tener en cuenta que en español existen, de acuerdo con el dpd:

a) Sustantivos comunes en cuanto al género. Son los que, designando seres animados, tienen una sola forma, la misma para los dos géneros gramaticales […], el género del sustantivo, que se corresponde con el sexo del referente, lo señalan los determinantes y adjetivos con variación genérica: el/la pianista; ese/esa psiquiatra; un buen/una buena profesional. Los sustantivos comunes se comportan, en este sentido, de forma análoga a los adjetivos de una sola terminación, como feliz, dócil, confortable, etc., que se aplican, sin cambiar de forma, a sustantivos tanto masculinos como femeninos: un padre/una madre feliz, un perro/una perra dócil, un sillón/una silla confortable.

b) Sustantivos epicenos. Son los que, designando seres animados, tienen una forma única, a la que corresponde un solo género gramatical, para referirse, indistintamente, a individuos de uno u otro sexo. En este caso, el género gramatical es independiente del sexo del referente. Hay epicenos masculinos (personaje, vástago, tiburón, lince) y epicenos femeninos (persona, víctima, hormiga, perdiz). La concordancia debe establecerse siempre en función del género gramatical del sustantivo epiceno, y no en función del sexo del referente; así, debe decirse La víctima, un hombre joven, fue trasladada al hospital más cercano, y no La víctima, un hombre joven, fue trasladado al hospital más cercano.

c) Sustantivos ambiguos en cuanto al género. Son los que, designando normalmente seres inanimados, admiten su uso en uno u otro género, sin que ello implique cambios de significado: el/la armazón, el/la mar, el/la vodka. Normalmente la elección de uno u otro género va asociada a diferencias de registro o de nivel de lengua, o tiene que ver con preferencias dialectales, sectoriales o personales. No deben confundirse los sustantivos ambiguos en cuanto al género con los casos en que el empleo de una misma palabra en masculino o en femenino implica cambios de significado: el cólera (‘enfermedad’) o la cólera (‘ira’); el editorial (‘artículo de fondo no firmado’) o la editorial (‘casa editora’).

En lo que toca al uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos, téngase en cuenta que, en los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: “El hombre es el único animal racional”; “El gato es un buen animal de compañía”. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: “Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales”; “En mi barrio hay muchos gatos” (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: “Trabajan con sus amigos y amigas”. Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: “La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente”; “En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas”. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.

Más claro no se puede.

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MIGUEL ÁNGEL CASTRO estudió Lengua y Literaturas Hispánicas. Ha sido profesor de literatura en diversas instituciones y es profesor de español en el CEPE. Fue director de la Fundéu México y coordinador del servicio de consultas de Español Inmediato en la Academia Mexicana de la Lengua. Especialista en cultura escrita del siglo XIX, es parte del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM y ha publicado libros como Tipos y caracteres: La prensa mexicana de 1822 a 1855 y La Biblioteca Nacional de México: Testimonios y documentos para su historia. Castro investiga y rescata la obra de Ángel de Campo, recientemente sacó a la luz el libro Pueblo y canto: La ciudad de Ángel de Campo, Micrós y Tick-Tack.

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