youtube pinterest twitter facebook

Fonogramas y estribillos: Beethoven / Barenboim y Anoushka Shankar  

Carlos Olivares Baró | 01.10.2015

Jack Dykinga

Jack Dykinga

I

Dicen que Ludwig van Beethoven (Bonn, Alemania, 16 de diciembre de 1770 – Viena, Austria, 26 de marzo de 1827) sería en nuestra época, indiscutiblemente, un gran compositor de jazz/rock. En la cronología del arte europeo de las dos últimas centurias no hay personalidad que haya influido de forma tan cabal en el progreso posterior de la música como lo hizo él. Transitó del periodo clásico hasta los inicios del romanticismo. Su voluntarioso padre, Johann —tenor en la capilla del arzobispo príncipe de Colonia— intentó hacer de él un niño prodigio a imitación de Mozart, pero todo fue un fracaso: habría que esperar hasta el año 1792 —el joven Beethoven se establece en Viena—, periodo en el que da muestra de ser un pianista de consumado talento para la improvisación.

Compositor, director de orquesta e instrumentista, legó treinta y dos sonatas para piano, tres “Bagatelas”, dieciséis cuartetos, siete tríos, diez sonatas para violín y piano, una ópera (Fidelio), una “Missa solemnis”, cinco conciertos para piano y orquesta, un concierto para violín y orquesta y nueve sinfonías (destacan, por sus propuestas revolucionarias, la Tercera, “Eroica” —apuntes románticos—; la Quinta —un único motivo rítmico en los cuatro movimientos—; la Sexta, “Pastoral”, y la Novena: primera sinfonía coral de la historia).

 

Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942), pianista y director de orquesta descendiente de familia judía de origen ruso. Debuta en 1967 al frente de la Filarmónica de Londres. En 1991, director de la Sinfónica de Chicago. Admirador de Piazzolla y compositor del famoso Tango sinfónico. Presentó Tristán e Isolda, de Wagner, en Jerusalén: fue acusado de pronazi.

“La música de Beethoven es universal: a todos nos dice algo”, comenta Barenboim, director de The West-Eastern Divan Orchestra (WEDO) —fundada en 1999—, institución con la que emprende esta aventura, para muchos entendidos, el suceso de música de concierto más extraordinario de estos años iniciales del siglo XXI. Beethoven fresco, vital y equilibrado en bosquejos concertinos con ciertas ordenaciones didácticas: el autor de “Für Elise” cercano y arropador. Increíble pensar que tanta maestría sonora fue concebida por un músico sordo desde 1800. Barenboim descifra todos los arcanos del poderío, la pasión y la universalidad del genio de Bonn: Beethoven para todos.

Séptima sinfonía en la mayor, estrenada en 1813. 1) “Poco sostenuto-Vivace”: la conducción de Barenboim lleva a la wedo a una sonata en ritmo danzable y festivo con absoluto respeto a la partitura. Largas escalas ascendentes y sinuosas modulaciones. Clarinete que sostiene el motivo y el dinamismo de las variaciones. Movimiento presidido por la seducción. 2) “Allegretto”: variaciones protagonizadas por las violas y violonchelos (melodía principal). Contrastes. Subtema que asciende hasta un ostinato de belleza arropante. (Movimiento que el público exigió que se repitiera el día del estreno: Viena, 8 de diciembre de 1813.) El conductor argentino demuestra conocimiento total del cosmos beethoveniano. Momento irrebatible de la wedo. 3) “Presto”: scherzo en forma ternaria (A-B-A) con la variante A-B-A-B-A que el compositor ya había utilizado en la Cuarta sinfonía (1806). La WEDO glosa este segmento con irrebatible ejecución. 4) “Allegro con brío”: festividad y fiereza: algunos musicólogos refieren un tributo al dios Baco. Dispuesta estructura del forte-fortissimo. Intensa danza. Pasmoso timbre orquestal alcanzado por la wedo. Embriaguez de tajaduras exaltadas. “Exacerbada alegría de una de las sinfonías más perfectas jamás escritas”, proclamaron los críticos tras su estreno. “Unos de mis mejores trabajos”, dijo, muchas veces, el mismo Beethoven.

 

II

Traces of You, de Anoushka Shankar (Grammophon/Universal Music, 2013). La hija de Ravi Shankar y hermana por parte paterna de Norah Jones, Anoushka Shankar, en virtuosa ejecución de sitar (instrumento musical tradicional de la India y Paquistán, de cuerdas pulsadas, similar a la guitarra y el laúd —no confundirlo con la cítara de Grecia. Aprendió a tocarlo con su padre cuando apenas era una niña. Anoushka Shankar debutó a los trece años: es una de las más importantes concertinas de sitar en los espacios de la música clásica de la India. Activa desde 1988, presenta su sexto álbum de estudio con su hermana Norah, como invitada especial, tocando el piano y vocalizando varios de los temas. Sugerentes glissandos y acústica de colores indostánicos fusionados con el jazz y halos mediterráneos. ~

 

——————————

CARLOS OLIVARES BARÓ (Guantánamo, Cuba, 1950) es narrador, musicólogo y profesor universitario. Ha publicado La orfandad del esplendor y Las bestias puras de la soledad. Actualmente escribe sobre música y literatura para varias revistas y periódicos de México y España.

Más de este autor