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Ocios y letras: Los reyes de España y el SIELE (II)

Miguel Ángel Castro | 01.10.2015

 Jack Dykinga

Continuamos la reseña de la firma del Protocolo de aprobación de actividades iniciales del Sistema Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE), que se llevó a cabo en el Antiguo Colegio de San Ildefonso el martes 30 de junio del año en curso; acto en el que tomaron la palabra los rectores de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad de Salamanca, el director del Instituto Cervantes y el rey Felipe VI. En el número anterior de Este País presentamos algunas líneas de los discursos de los rectores de las casas de estudios mencionadas, doctores José Narro y Daniel Hernández Ruipérez, y del director del Instituto Cervantes, doctor Víctor García de la Concha. Este último concluyó su intervención con el anuncio de que las tres instituciones que han impulsado el SIELE comparten una vocación iberoamericana, de modo que están decididas a llamar a las puertas de diversos gobiernos para que respalden esta iniciativa, que además contará con la colaboración de Universia (una gran red universitaria mundial financiada por el Banco Santander), para difundirla en más de mil tresceintas universidades en veintitantos países.

El rey Felipe VI, como invitado de honor, leyó un mensaje breve para culminar la ceremonia de la firma del documento, que él y la reina Letizia presenciaron en calidad de testigos. Todo lo cual significa un importante respaldo, un interés claro del Gobierno español por alcanzar los resultados que el acuerdo plantea. El rey Felipe VI hizo referencia al pasado del edificio de San Ildefonso, a quienes han recibido el premio Príncipe de Asturias, en particular a la UNAM y El Colegio de México. Consideró oportuno insistir en que para él la primera es “el alma de México”, idea que ya había expresado en una visita anterior. Para exaltar los resultados del mestizaje citó al poeta Bernardo de Balbuena, quien en su hiperbólica Grandeza mexicana (y no “Gramática mexicana”, como leyó S. M. don Felipe) elogia al español que se hablaba en la capital de la Nueva España. Los versos que citó proceden de los tercetos del largo poema publicado en 1604, y son los siguientes:

Es ciudad de notable policía

Y donde se habla el español lenguaje

Más puro y con mayor cortesanía.

Vestido de un bellísimo ropaje

Que le da propiedad, gracia, agudeza,

En casto, limpio, y grave traje.

 

Pasó lista a Sor Juana Inés de la Cruz y a José Martí; imposible mencionar más personajes ilustres, así que se detuvo en el capítulo de los exiliados españoles, y dijo que nunca agradecerá España suficientemente la acogida que recibieron, pero que, a final de cuentas, esa migración nutrió a la Universidad y El Colegio de México, entre otras instituciones educativas. El rey Felipe VI usó la imagen de países entrelazados (título de una interesante exposición montada para la ocasión en algunas salas del recinto) para subrayar el pasado compartido, el español y la situación actual que unen a España y México:

Sabemos que lo que se trenza con fuerza, el cáñamo y la seda de nuestras relaciones bilaterales, es un elemento que nos identifica y hermana, nuestra lengua, el español, pues con ello muy presente, la reina y yo hemos venido esta tarde para ser testigos de la presentación y puesta en marcha de un proyecto de enorme relevancia cultural en el mundo hispanohablante, y es que el español es patrimonio común que todos debemos cuidar, y cuya difusión y ensanchamiento tenemos que promover desde esta misma tierra, lo recordaba Alfonso Reyes […] enfatizando la necesidad de que el peso territorial de la lengua española tuviese su justa correlación en los ámbitos de las letras y el comercio…

 

Los gobiernos de México y España atienden ese llamado con varias iniciativas y acuerdos, entre los que destacan los de la UNAM de establecer un centro de estudios mexicanos en Madrid y el del SIELE, “un servicio internacional de evaluación de la lengua española”. Con una cita de Reyes sintetiza el plan: “Seamos generosamente universales para ser provechosamente nacionales”, idea promovida una y otra vez por todos aquellos que han sabido ampliar los horizontes de sus existencias. Así lo comprendieron los escritores Juan Ramón Jiménez y Gabriel García Márquez, mencionados por el rey Felipe VI, el primero porque aspiraba a tener “un español que fuera todos los españoles”, y el segundo porque aconsejaba pensar en una literatura en lengua castellana, más que en una literatura de aquí y de allá, por separado, ya que en realidad nuestra literatura es algo más que usar el mismo idioma, es recibir y continuar una tradición.

El aumento de personas interesadas por el español en el mundo, sobre todo en Estados Unidos, Brasil y China, alienta la aspiración de que se convierta en la segunda lengua de comunicación internacional; por ello es necesario “superar la visión de corto plazo, centrada en lo de cada uno”, así como concentrar recursos, para “alcanzar un objetivo que redundará en un beneficio común”. Reconoció la iniciativa del rector de la UNAM y el significado que tiene que sea México —el país con más hispanohablantes en el planeta— el que promoviera la colaboración en la enseñanza del español a no hispanohablantes, a la cual respondieron sin dilación y con entusiasmo el Cervantes, que a eso se dedica y tiene instalados noventa centros en cuarnenta y tres países, y la Universidad de Salamanca, la más antigua en la promoción de los estudios del español como segunda lengua o lengua extranjera, que además representa simbólicamente al resto de universidades hispánicas, que habrán de sumarse al igual que otras instituciones en América porque se trata de un proyecto de inspiración iberoamericana. El primer reto consistió en tener un “certificado ágil y de gran prestigio, que se situara en la línea de los que ofrece la lengua inglesa”; de este modo se integraron equipos académicos de las tres instituciones para elaborar un nuevo examen de carácter panhispánico, con la visión que desde hace tiempo orienta los trabajos de las veintidós academias de la lengua española. Resultados de ese enfoque de la asale son precisamente el Diccionario panhispánico de dudas y la Nueva gramática de la lengua española.

El rey Felipe VI, por último, deseó éxito al SIELE para que “se extienda por el ancho mundo, ayudando a que nuestra lengua sea instrumento de comunicación al servicio del mejor entendimiento entre pueblos y en definitiva de la justicia, la libertad y la paz”.

Importa saber que la página del Instituto Cervantes anuncia la puesta en marcha del SIELE para el próximo curso académico, informa que durante los primeros tres años habrá cerca de trescientos centros en Brasil, Estados Unidos y China, que cubrirán amplias zonas que permiten cubrir altos porcentajes de sus territorios. Calculan recibir un mínimo de tresceintos mil candidatos anuales que podrían elevarse a setecientos cincuenta mil en cinco años.

Ya veremos si tales cosas ocurren o no; por mi parte confío en que el SIELE propicie el desarrollo de la enseñanza del español y la cultura en nuestro país de modo que alcance el liderazgo que le corresponde de acuerdo con sus más de ciento veinte millones de hablantes. Por eso es conveniente saber que el Centro de Enseñanza para Extranjeros de la UNAM, que afina su participación en el SIELE, ofrece actualmente tres exámenes: el Examen de Español como Lengua Extranjera para el Ámbito Académico, el Examen de Posesión de la Lengua Española, y el Certificado de Español como Lengua Adicional. Si desea saber en qué consiste la diferencia entre estos exámenes puede consultar la página cepe.unam.mx, conseguir un tríptico en las oficinas del Centro o esperar nuestros comentarios en el siguiente número de esta su revista.  ~

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MIGUEL ÁNGEL CASTRO estudió Lengua y Literaturas Hispánicas. Ha sido profesor de literatura en diversas instituciones y enseña español en el CEPE. Especialista en cultura escrita del siglo XIX, es parte del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM. Estudia y rescata la obra de Ángel de Campo; publicó Pueblo y canto: La ciudad de Ángel de Campo, Micrós y Tick-Tack.

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