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Factofilia: Corrupción y desigualdad  

Eduardo Bohórquez y Germán Petersen | 01.11.2015

No hay impuesto más ineficaz que el que tiene como destino enriquecer a los corruptos. Y no hay impuesto más regresivo que el impuesto de la corrupción. La combinación de ambos —los impuestos mal invertidos y los impuestos adicionales por corrupción— no solo es nociva o lamentable. Es además la barrera más evidente a la equidad social y el desarrollo de un país.

Un análisis de la serie histórica del Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno (INCBG) (2001-2010) muestra cómo, a lo largo de este periodo, los hogares mexicanos cuyos ingresos fueron de un salario mínimo o menos pagaron por corrupción en trámites y servicios un porcentaje de su ingreso 2.7 veces mayor que el promedio de todos los hogares.

Por tratarse de un instrumento que mide experiencia/victimización y no percepción, el INCBG está diseñado como una encuesta ingreso-gasto. El INCBG permite identificar cuánto han destinado los hogares para obtener servicios públicos. Ello permite registrar cómo la proporción del ingreso destinado por los hogares a corrupción en trámites y servicios creció casi sistemáticamente desde 2001 —la primera edición del INCBG— hasta 2010 —la edición más reciente del INCBG—, cuando llegó a su punto más elevado —14 por ciento.

Ahora bien, en los hogares con ingresos de un salario mínimo o menos, el porcentaje del ingreso destinado a corrupción en trámites y servicios creció a una tasa promedio mucho mayor que en el resto de los hogares. Aun cuando hubo fuertes variaciones en las tasas de cambio de una edición a otra del INCBG, la tendencia lineal muestra un crecimiento muy significativo. En 2010, uno de cada tres pesos que ingresaban los hogares con percepciones de un salario mínimo o menos iba a corrupción.

Una precisión importante: este mayor porcentaje del ingreso destinado a corrupción en trámites y servicios por los hogares más pobres no se debe a que sean más proclives a ella (de hecho, el INCBG ha demostrado en distintas ediciones que lo son menos), sino que lo restringido de su ingreso hace que lo destinado a corrupción represente un alto porcentaje.

Mientras discutimos otros impuestos, los hogares más pobres del país, sin plena conciencia, pagan por corrupción el equivalente a dos veces el costo del IVA, uno de los impuestos más polémicos del país. 

 

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Eduardo Bohórquez es director de Transparencia Mexicana.  Germán Petersen es coordinador del programa de investigación en métricas de corrupción de Transparencia Mexicana.

 

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