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Los peligros de rescatar la tradición oral

Yásnaya Aguilar | 05.11.2015
Los peligros de rescatar la tradición oral

Es común escuchar que las compilaciones y los libros que reúnen ciertas narraciones tienen por objetivo rescatar la tradición oral (a la que prefiero llamar “tradición mnemónica” dado que su soporte es la memoria). Llamar rescate a la recopilación escrita de los textos de esta tradición tiene muchas implicaciones y puede conducir a diversos sobre y malentendidos.

En el contexto actual en el que las lenguas del mundo se encuentran amenazadas, los distintos textos (tejidos orales) que se producen dentro de esta tradición de transmisión de conocimientos también se encuentran en riesgo de desaparecer. Esta extinción equivaldría a la pérdida de todas las bibliotecas o corpora digitales de la tradición escrita. Dado que la tradición oral o mnemónica tiene como soporte la memoria y se trasmite a través de la oralización, transcribir estos textos y codificarlos por medio de grafías no es rescatar la tradición oral, es traducir estos textos de un original que se transmite oralmente a un soporte escrito, un soporte gráfico propio de otra tradición.

La tradición oral es mucho más que las narraciones, más que los textos orales. La cultura escrita es mucho más que los libros, se trata de un conjunto de conocimientos, personas y prácticas que no se rescatan solo rescatando libros. De la misma manera, registrar solo los textos de la tradición oral no rescata las prácticas, los especialistas y las funciones sociales de la tradición oral. Podemos leer una compilación de narraciones tradicionales totonacas pero estas narraciones estarán registradas mediante la escritura y no reviven en abosluto los espacios y las prácticas en los que esas narraciones tenían lugar, los momentos y los espacios tradicionales en donde esos relatos eran narrados y transmitidos.

Otro de los peligros de confundir el registro de la tradición oral y el rescate de la tradición oral misma es dar crédito al compilador y no a la propiedad de la comunidad a la que pertenecen. Los cuentos tradicionales europeos recopilados por los hermanos Grimm constituyen un claro ejemplo de ello. La mayoría de las veces que he escuchado o leído referencias a estas compilaciones se dice “los cuentos de los hermanos Grimm” de manera que, en el imaginario de muchas personas, ellos son considerados los autores de estas narraciones que en realidad pertenecieron a la comunidad que los produjo y recreó. Aunque se aclara que ellos son los compiladores, en los juegos de referencia el compilador parece ser equivalente al autor que es, por demás, muy propio de la tradición escrita actual. Algo similar sucede con la compilación de las narraciones mixes compiladas por el lingüista Walter Miller, la referencia es “los cuentos de Miller”. Entiendo que se trata de un asunto práctico para nombrar pero también es evidente que oculta los mecanismos de pertenencia y propiedad de esas narraciones tradicionales.

La división de los géneros de tipo narrativo propios de la tradición occidental como cuentos, leyendas o mitos se utilizan también para clasificar narraciones propias de una tradición distinta, de manera que la categoría “cuentos mayas” para referirse a ciertos relatos de esta tradición sea, por lo menos, inadecuada.

Cuando se compilan y se publican textos y narraciones de la tradición oral no se la está rescatando; se está, en todo caso, registrando una de las múltiples versiones de ese texto en un soporte gráfico propio de la tradición escrita, se le asigna un “autor-compilador” y se reclasifica dentro de una división de géneros distinta. En muchos casos, estas narraciones ni siquiera se publican en las lenguas originales sino que generalmente se traducen al español.

No quiero decir con esto que la labor de recopilación y publicación de los textos y narraciones propias de la tradición oral (mnemónica) no sea una tarea muy valiosa y urgente, sobre todo cuando se realiza de manera seria y comprometida. Lo que quiero decir es que es eso, un registro valioso, pero no un rescate de la tradición oral.

En eso reside el peligro de confundir las tareas. Si pensamos que registrando y publicando los textos de la tradición oral estamos de verdad fortaleciéndola, nos encontramos con un engaño de inicio. Rescatarla o revitalizarla implica ciertamente tareas muy distintas y también urgentes, necesarias. No nos engañemos, registrar no es rescatar.

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Foto: Flickr.com/"East Austin Murals" by William Newton

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