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Máquinas, sistemas y derechos lingüísticos

Yásnaya Aguilar | 12.11.2015
Máquinas, sistemas y derechos lingüísticos

Uno de los pretextos más frecuentes para evitar que se inscriban nombres propios en lenguas indígenas en las Oficialías del Registro Civil tiene que ver con los sistemas de cómputo. “No existe esa grafía”, “el sistema no acepta las diéresis” o “no es posible escribir en el acta vocales subrayadas” suelen ser las explicaciones con las que se trata de convencer a los padres para evitar registrar nombres como Jaxyëë, Xu'kx o Doni Zänä. Si se logra inscribir de la manera adecuada en el acta de nacimiento, el trámite con las CURP impedirán después el registro adecuado. Los apóstrofos, las diéresis, los subrayados y todos esos símbolos que no forman parte del inventario gráfico del español son considerados meras marcas adicionales y no lo que realmente son: elementos fundamentales del inventario gráfico de las lenguas, elementos que marcan diferencias importantes que pueden cambiar el significado de las palabras. La diferencia entre la grafía b y la grafía d pareciera ser bastante sutil, solo cambia la direccionalidad y sin embargo su uso codifica diferencias de significado importantes: haba vs. hada. Los inventarios gráficos de las lenguas mexicanas deben ser incluidas como parte de los sistemas computacionales que se ven implicados en el registro de los nombres y de las identificaciones pues no son elementos gráficos extraños de los que la escritura de nuestras lenguas pueda prescindir. El derecho a tener un nombre es uno de los derechos fundamentales de la infancia y el derecho a ser nombrado en las lenguas que se hablan en el país es parte fundamental de los derechos lingüísticos.

Estos detalles que parecen no ser importantes pueden tener consecuencias graves. Los padres de una niña hñahñú decidieron nombrarla Doni Zänä que significa “Flor de luna” en la misma lengua, pero fue imposible que se pudiera expedir el acta de nacimiento con el argumento de que “el sistema” no reconocía el nombre. Ante la insistencia, los padres fueron acusados de necios y de querer cumplir solo un capricho, los presionaron para elegir otro nombre. Tras dos años de trámites y de notificar incluso a la ONU, Doni Zänä pudo obtener su acta de nacimiento.

Se han desarrollado complejísimos sistemas, máquinas y se han enviado robots y sondas al espacio que pueden fotografiar Plutón, pero aún no es posible hacer que las computadoras y los sistemas de impresión puedan abrirse a la diversidad de grafías y lenguas en un país como México. Evidentemente se trata de un asunto de voluntad. Si los sistemas no reconocen las grafías basta con configurarlas de un modo adecuado.

Tras el uso de las grafías hay más que temas de escritura. Se involucran relaciones de poder, prestigio, historia e identidad. En 1991, por ejemplo, se desató una polémica impresionante por el uso de una sola grafía: ñ. La entonces Comunidad Económica Europea impulsó la fabricación de computadoras con teclados sin la ñ contraviniendo el acuerdo de que en España todos los productos informáticos deberían contenerla. Las reacciones no se hicieron esperar, la Real Academia Española llamó a ese intento un “atentado grave contra la lengua oficial”, escritores renombrados se quejaron de que se elimanra la ñ solo porque la mayoría de las lenguas de la Comunidad Económica Europea no la tuviera y alertaron contra los intereses económicos detrás del intento. Para salvaguardar la grafía, España emitió un Real Decreto en 1993 que salvaba la grafía ñ. Me siguen pareciendo impresionantes las consecuencias de un asunto gráfico en el imaginario colectivo y todo lo que puede movilizar.

Mientras tanto, los hablantes de lenguas indígenas mexicanas continuamos tratando que los sistemas de computación que utiliza el gobierno para efectos de registro civil y otros trámites permita que ejerzamos nuestros derechos lingüísticos básicos. Como queda evidenciado, es un asunto de voluntad, no de máquinas, que a las máquinas les seguimos dando solo instrucciones. Al menos por ahora.

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Foto: Flickr.com/“Mexican Seal” by Robert Valencia

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