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Las actitudes de los mexicanos hacia la corrupción  

Alejandro Moreno y Yuritzi Mendizábal | 01.12.2015
¿Qué tan permisivos son los mexicanos hacia los actos de corrupción? La respuesta depende del momento y del tipo de conducta corrupta. Depende del momento porque las actitudes hacia la corrupción no son fijas, no son rasgos culturales inmutables que permanecen con independencia del contexto. Por el contrario, son fluidas y reflejan en gran medida las circunstancias. Depende del tipo de conducta porque hacia ciertos actos se observa mayor permisividad que hacia otros. En este breve ensayo analizamos la evolución de las actitudes de los mexicanos hacia la corrupción, no desde el punto de vista de los escándalos de Gobierno, sino de la justificación o rechazo cotidianos a ciertas conductas consideradas corruptas. AM y YM

La Encuesta Mundial de Valores, realizada en el país en seis ocasiones entre 1981 y 2012, muestra cómo han venido cambiando las actitudes hacia la corrupción. El estudio mide diversas actitudes: si se justifica o no aceptar una mordida o soborno en el desempeño de los deberes, evadir impuestos, evitar el pago de transporte público y exigir beneficios al Gobierno a los que se sabe que no se tiene derecho. Los resultados de esta serie de tiempo, que abarca 30 años, arrojan resultados mixtos. Algunos indicadores muestran un creciente rechazo a la corrupción, pero otros reflejan una mayor permisividad. También hay indicadores en los que no se observan variaciones, lo que significa que las actitudes hacia la corrupción han permanecido fundamentalmente sin cambios a lo largo del periodo.

Tomemos la pregunta sobre si se justifica o no aceptar un soborno o mordida. Este indicador ha mostrado fluctuaciones de una encuesta a otra, pero la tendencia general es que alrededor de 7 de cada 10 mexicanos (70% en 1981, 73% en 2000 y 73% en 2012) afirman que nunca se justifica recibir sobornos, mientras que el resto sí lo justifica en algún grado. El porcentaje de rechazo ha sido menor que eso en ciertos momentos: 52% en 1990 (lo cual quiere decir que la mitad de la población se mostraba permisiva a las mordidas), y poco más de 60% en 1996 (61%) y 2005 (65%). Con excepción de 1990, podemos decir que entre 61 y 73% de los mexicanos consistentemente han rechazado de manera absoluta que se justifique aceptar sobornos; la proporción que en cierto grado sí lo justifica queda entre 27 y 39%. Aunque el indicador ha sido fluctuante, el cambio neto en 30 años es insignificante, por lo que podemos decir que la sociedad mexicana no ha cambiado mucho en este aspecto en particular.

Un comparativo con el resto de los países nos muestra que México se ubica por arriba del promedio de 60 sociedades encuestadas entre 2010 y 2014 por el proyecto también denominado World Values Survey (WVS). El promedio que arroja la base de datos disponible en la página del WVS al día de hoy es de 69%, con los porcentajes más altos en Georgia, Túnez y Rumania, donde 88% de la población nunca justifica el soborno, y los más bajos en Ruanda (29%), India (30%) y Sudáfrica (34%), países donde el grado de permisividad es mayor. En Estados Unidos el grado de permisividad es ligeramente menor que en México, pero no por mucho, como indica el 76% que nunca justifica la aceptación de un soborno en el cumplimiento de los deberes.

En el tema de los impuestos sí ha habido cambios notables en México. La proporción de mexicanos que dice que nunca se justifica hacer trampas al fisco ha venido creciendo. Esto es, cada vez hay menos mexicanos que justifican ese tipo de conducta corrupta. La serie comienza con 49% que nunca justificaba la evasión fiscal en 1981. El porcentaje bajó a 37% en 1990 (nuevamente el año de mayor permisividad), y posteriormente ha ido subiendo paulatinamente: 55% en 1996, 69% en 2000, una leve caída a 60% en 2005 y su punto más alto, de 71%, en 2012. La tendencia es clara: justificar la evasión fiscal va a la baja.

Nuevamente, un comparativo internacional nos sitúa por arriba del promedio de 60 países, que es de 61%. India, Ruanda e Iraq son los más permisivos, con porcentajes de 23% en el primero y 32 y 33% en los dos últimos. Japón, Turquía y Azerbaiyán son los menos permisivos de la evasión fiscal, según el estudio, con porcentajes que nunca lo justifican de entre 87 y 84%. La proporción en Estados Unidos que no justifica la evasión fiscal es muy parecida a la de México, con 69 por ciento.

Un tercer indicador de actitudes de permisividad es justificar el no pagar las tarifas del transporte público. El 49% dijo en 1981 que nunca se justifica, porcentaje que se registró nuevamente en 1996 y 2000. No obstante, esa proporción cayó a 37% en 2005 y quedó en 38% en 2012. Esto significa que cada vez se rechaza menos, denotando una mayor permisividad. La tendencia en este caso es hacia la justificación de la conducta corrupta.

En este caso, con un promedio nacional de 38%, México está muy por debajo del promedio internacional, que es de 53%. El porcentaje de azerbaiyanos que no justifica esta conducta es de 85%, mientras que en India es de apenas 24 por ciento.

Con una tendencia aún más clara, el porcentaje que nunca justifica la actitud de reclamar beneficios al Gobierno a los que no se tiene derecho también ha venido cayendo. Con 52% en 1981, una caída notable (a 22%) en 1990, y de vuelta a 51% en 1996, la proporción que rechaza esta conducta ha bajado año con año a partir de entonces: a 45% en 2000, 37% en 2005 y 34% en 2012. Cada vez hay menos rechazo al reclamo ilegal de beneficios gubernamentales o, visto el asunto de otra manera, cada vez aumenta más la permisividad hacia esta conducta.

Comparativamente, México se ubica por debajo del promedio internacional: es más permisivo de la conducta corrupta en este indicador. Aunque se habían observado algunas coincidencias con Estados Unidos en los otros indicadores, en este caso la permisividad de los norteame­ricanos es mucho más baja.

En resumen, las actitudes hacia conductas corruptas han evolucionado de diversas maneras, con resultados mixtos. En algunos indicadores hay persistencia (aun cuando haya algunas fluctuaciones), en otros hay una tendencia al alza de la permisividad y en otros a la baja. Los mexicanos no responden a la conducta corrupta de una manera determinista ni fija; el contexto va cambiando y las actitudes también. La llamada “cultura de la corrupción” es una manera fluida de ver las cosas y de actuar ante las circunstancias, no algo inmutable que constituya un rasgo de los mexicanos. Es importante comprender esto para proponer soluciones institucionales a la gran problemática de la corrupción. 

 

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Alejandro Moreno es profesor de Ciencia Política en el ITAM y vicepresidente de la Asociación de la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey Association), @almorenoal. Yuritzi Mendizábal es licenciada en Ciencia Política por el ITAM.

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