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FONOGRAMAS Y ESTRIBILLOS  

Katie Melua y Jane Monheit  

Carlos Olivares Baró | 01.04.2016

I

Registro de mezzosoprano, la voz de Katie Melua es un regalo de Dios. Nació en Kutaisi, Georgia, en 1984. Su infancia transcurre en Batumi, Ayaria. Cuando tenía nueve años su familia se traslada a la ciudad de Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unido, y en 1998 resuelve radicarse en Londres. Katie tiene quince años y participa en el Concurso de Talentos del canal de tv británico itv, en el cual se alza con el primer lugar.

Mientras es alumna de la brit School for Performing Arts & Technology, en 2003, el compositor, arreglista y conductor Mike Batt está buscando vocalista femenina para una banda de jazz y blues: visita la institución londinense y, después de varias pruebas, selecciona a la estudiante georgiana. Pronto vendría el éxito: se convierte en la artista femenina que más discos vende en Reino Unido en 2004. En agosto de 2005, la exitosa intérprete de “The Closest Thing to Crazy”, “Call Off the Search” y “Crawling Up a Hill” opta por la nacionalidad británica.

Dádiva de Dios: belleza que deja sin aliento a muchos, Katie toca piano, guitarra y violín. Influjo de Molly McQueen, Cassandra Wilson, Eva Cassidy, Dusty Springfield y de la banda femenina de pop rock The Faders: ha grabado seis álbumes (Call Off the Search, 2003; Piece by  Piece, 2005; Pictures, 2007; The House, 2010; Secret Symphony, 2012; Ketevan, 2013). Ventas millonarias y veintiuna certificaciones de Discos de Platino entre Gran Bretaña, Alemania y Suiza.

Piece by Piece (Dramatico Records, 2005), la placa más celebrada de Katie Melua: doce temas de luminosa y sensual prosodia rubricados por Batt, Melua y Mercer, entre otros. Guitarras, piano, bajo, batería, trompeta, flauta étnica, mandolina, sitar, armónica, violín y apoyo sonoro de The Irish Film Orchestra. Itinerario por rutas de blues, folk-pop y jazz. Arreglos concebidos en fluido diseño armónico: las hojarascas melódicas subyacen contiguas a la riqueza imaginativa de concordias que se nutren del folk (“On the Road Again”, “Thank You, Stars”, “Just Like Heaven”...), del blues (“Blue Shoes”, “Blues In the Night”...), del pop-jazz (“Shy Boy”, “Spider’s Web”...).

Momentos culminantes: dos temas suscritos por Melua, “I Cried for You” y “I Do Believe in Love”: Dios redunda la recitación de la georgiana. La canción aquí es un milagro en las abejeas de unas desafiantes y tentadoras cuerdas teñidas en los cabeceos de la ternura: quien lo dude que escuche a Katie Melua en Piece by Piece.

 

II

Se pronuncia la sílaba para agregar al mundo un fragmento de prosodia pertinaz: el hombre dice sobre los restos del silencio, derrama afines en las coordenadas de partituras hambrientas. Los caminos de la jaculatoria: zumbas bamboleantes. Primero fue la enunciación; después, el anhelo: en el principio, el deletreo; más tarde, el apetito. Aparecieron los salmos ceñidos a la cadencia de la risa de Dios. La misa, pretexto para que el hombre expusiera y recontara lances. Salmodias: ruegos, rezos, dejes, tonadas teñidas en almagre pétreo, en azul de aparente indulgencia, en marrón filoso, en rojo insinuante. Se hizo la copla.

The Heart of the Matter (Decca Records, 2013), de la neoyorquina Jane Monheit, llena el vacío de la insolvencia de cánticos en este mundo huérfano de algazaras vocales. Activa desde el año 2000, la intérprete —alumna de Peter Eldridge— del éxito “Over the Rainbow” ha grabado varios álbumes en que pone de manifiesto peculiaridades de asumir el soul, el blues, el pop, concordias rioplatenses, esbozos brasileños y modulaciones de jazz: Never Never Land (2000), Come Dream With Me (2001), Taking a Chance on Love (2004), In the Sun (2005), The Season (2005), Surrender (2007), The Lovers, the Dreamers and Me (2009) develan a una vocalista de insinuante ensalmo: gama de expresiones bordeando siempre la perfección.

Doce temas sostenidos en formato de cello, piano, guitarra, flauta, percusiones, batería, acordeón y voz. Prosodia fluctuante en atmósfera porteña con guiños de chanson (virelay/rondó) y lontananzas brasileras. La libertad armónica del jazz permite a Monheit extender su tesitura (uso preciso de octavas, subjetivo registro agudo) sobre un lienzo melódico/armónico de excitante delicadeza. “The Two Lonely People” (Evans/Hall), “Depende de nós” (Ivan Lins), “A Gente merece ser feliz” (Lins/Pinheiro) y “Golden Slumbers/The Long and Winding Road” (Lennon/McCartney): cuatro momentos trascendentes de una placa cardinal del jazz vocal contemporáneo.  ~

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CARLOS OLIVARES BARÓ (Guantánamo, Cuba, 1950) es narrador, musicólogo y profesor universitario. Ha publicado La orfandad del esplendor y Las bestias puras de la soledad. Actualmente escribe sobre música y literatura para varias revistas y periódicos de México y España.

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