youtube pinterest twitter facebook

La paradoja del combate al narcotráfico  

Juan Carlos Pérez Velasco Pavón | 01.07.2016
La paradoja del combate al narcotráfico  
La guerra contra el narco, iniciada durante el sexenio de Felipe Calderón, no funciona y es paradójica porque aumenta la violencia y no disminuye el tráfico de drogas. El autor explica aquí el fracaso de esta estrategia del Gobierno.

Introducción

 

En el sexenio del expresidente Felipe Calderón los homicidios dolosos, las decapitaciones, los secuestros y las extorsiones crecieron de forma abrupta. Sin embargo, a partir de 2012 los homicidios han venido disminuyendo, las decapitaciones ya más bien son raras, los secuestros y extorsiones ya no han aumentado e incluso existe evidencia de que se están reduciendo. Empero, otros delitos están aflorando, como el robo de combustible o el apoderamiento de los recursos de los municipios. ¿Son eventos independientes? No, pero es necesario establecer un hilo conductor entre ellos, lo cual es el propósito del presente artículo.

Antes, no obstante, es importante tener en cuenta que cada uno de los actores de esta desventura interacciona y reacciona ante las estrategias de los otros, lo que genera que la cantidad y el tipo de crímenes sean dinámicos, es decir, que a veces aumenten unos y disminuyan otros.

A diferencia de otros países, México tiene una ubicación geográfica tal que la producción y el tráfico de drogas son un negocio extremadamente rentable, lo que genera una deriva del crimen diferente a la de otras naciones. Es por ello que debemos comenzar el análisis por el mercado de drogas.

 

La oferta en el mercado de drogas

 

Desde la perspectiva del bienestar social, la competencia es mejor que el monopolio, pues se produce más y a un precio menor un producto que es un bien para la sociedad. Por eso mismo, como atinadamente señalaba James M. Buchanan, Premio Nobel de Economía 1986, en los mercados ilegales los monopolios deben fomentarse con el objetivo de que vendan menos y a un precio mayor un producto que es nocivo para la sociedad. Además, en los mercados ilegales, en particular en el del narcotráfico, la competencia se resuelve principalmente por medios violentos, llegando muchas veces a una verdadera guerra. Es por ello que las autoridades, si quieren disminuir la producción y el tráfico de enervantes, deben evitar a toda costa romper sus acuerdos monopólicos; deben, eso sí, subir sus costos a través de la imposición de barreras al flujo de mercancías y dinero, y, en lo posible, apresar a los implicados, pero nunca quebrar los convenios, pues si lo hacen, sus objetivos se verían truncados, además de que podrían llevar a una escalada de violencia hasta terminar en una guerra, con todas las consecuencias que ello implica. Eso fue precisamente lo que sucedió en el sexenio del expresidente Felipe Calderón. A continuación se explica esto.

 

La paradoja del combate al narcotráfico

 

Por enfrentamiento “directo” a los cárteles se entiende que las autoridades buscan apresar a sus integrantes, principalmente a sus líderes. Cuando las autoridades llevan a la práctica un enfrentamiento directo en el mercado de las drogas crean incentivos para romper los acuerdos monopólicos de las empresas y, si esto sucede, se pasa entonces de un esquema monopólico a uno en competencia. Ello implica más violencia e incluso una guerra entre las empresas del narco, así como una mayor necesidad de recursos por parte de esas empresas para enfrentar la guerra, por lo que aumentaría la producción de enervantes y se contaría con incentivos para incursionar en otros delitos. La paradoja es clara: el objetivo inicial del Gobierno de disminuir el narcotráfico no solo no se cumple, sino que se puede revertir, además de provocar una mayor cantidad de otros delitos. Sucintamente, el origen de la paradoja se puede explicar a través de lo siguiente:1

a) Existen incentivos muy evidentes para que las empresas de la droga formen convenios para organizar cárteles debido a los altos márgenes de ganancia que se logran trabajando con poder monopólico.2 Los cárteles son, a fin de cuentas, convenios entre las empresas de la droga para trabajar con cierto poder monopólico.

b) Si la probabilidad de que atrapen a una de las partes que participan en un acuerdo monopólico de tiempo indeterminado aumenta, el futuro se torna más incierto, por lo que ambos participantes van a tratar de obtener ganancias más rápido, rompiendo los convenios. Es decir, en caso de que aumente la probabilidad de que los atrapen, también crece la probabilidad de romper el contrato.3

c) A diferencia de los contratos legales, en los mercados ilegales la ruptura de los convenios se resuelve, generalmente, por medios violentos.

d) En caso de una guerra, los grupos del narco tendrán incentivos para incursionar en otros delitos debido a los siguientes motivos: (1) financiamiento alterno para sus necesidades de la guerra; (2) dado que las fuerzas policiales estarían dedicando más recursos al narco, las probabilidades de ser arrestados por otros delitos disminuyen, y (3) estos grupos pueden usar los recursos que han adquirido para la guerra, como sicarios y armas, para cometer otros delitos, pues ello reduce sus costos; es decir, existen las llamadas economías de alcance.

e) Cuando se incrementa el gasto del Gobierno para el combate directo a las drogas, aumenta la probabilidad de detención.

 

Sumando estos cinco puntos se obtiene la citada paradoja. Los contratos informales son muy rentables, y por ello los cárteles son tan comunes en el mercado de la droga (punto a). Al crecer el combate directo del Gobierno contra estas asociaciones, aumenta la probabilidad de detener a las partes de los convenios (punto e), lo que genera una búsqueda de ganancias más rápida e incentivos al rompimiento de los convenios para formar los cárteles (punto b). La terminación de contratos enfrentará a los grupos del narco, creando una guerra por las rutas, por las plazas, por los cultivos, etcétera. Por ello, cada grupo invertirá en recursos para los enfrentamientos, aumentando su demanda de sicarios y armas. Para sufragar esos recursos, deberán producir y traficar más droga y/o incursionar en otros delitos, lo cual además les va a resultar más beneficioso per se (punto d). En resumen, a mayor enfrentamiento directo a los cárteles de la droga por parte del Gobierno, mayor violencia y producción de enervantes, así como un incremento en otros crímenes.4

El aumento en la demanda de sicarios es un punto muy relevante para explicar la vinculación entre delitos, por lo que vale la pena ahondar un poco en ello. Por sicarios entendemos que se trata de personas dispuestas a hacer cualquier actividad criminal, como asesinar, secuestrar, extorsionar, etcétera, con tal de obtener recursos económicos; pueden ser jefes de plaza, cabecillas de pandillas, guardaespaldas, entre otras cosas, pero su característica principal es la búsqueda desmedida de riqueza, sin importar el daño infringido. Estos individuos provienen principalmente de pandillas de gente que ha estado en la cárcel y que, una vez dentro del narco, logran un estilo de vida que sería imposible que consiguieran de forma legal, por lo que quedan enganchados a ese ambiente. En otras palabras, no hay sicarios desempleados, sino sicarios dedicados a otros delitos.

 

Evidencia empírica de la paradoja del combate al narcotráfico en el sexenio de Calderón

 

Aumento en el combate directo a la producción y tráfico de drogas

Al inicio del sexenio anterior, el Gobierno federal intensificó fuertemente la lucha contra los cárteles de la droga, dándole al Ejército un rol protagónico. El número de detenidos pasó de aproximadamente 19 mil personas en 2006 a 41 mil en 2011, mientras que el número de armas incautadas saltó de 4 mil a 40 mil en el mismo periodo, como se puede apreciar en la Gráfica 1.

 

 

 

Rompimiento de acuerdos entre los cárteles de la droga

Siguiendo la lógica de la “paradoja del combate al narcotráfico”, el aumento en el número de detenidos generó una mayor probabilidad de arresto entre los narcotraficantes y una inclinación a romper los convenios. Por ello, los cárteles se disolvieron, con lo que se pasó de un esquema cercano al monopolio, de pocas empresas, que en 2006 eran seis, a uno de competencia, con muchas empresas, cuyo número estaba entre 60 y 80 en 2012.5

 

Guerra entre los productores y traficantes de droga; mayor demanda de sicarios

La mejor evidencia de la guerra son los homicidios dolosos. Usando los datos de incidencia delictiva, esta clase de homicidios pasó de 12 mil en 2006 a 23 mil en 2011, como se puede apreciar en la Gráfica 2, mientras que las decapitaciones se desbocaron, ya que en el año 2007 hubo 37,6 en 2010 fueron 4107 y en 2011 más de 500,8 además de la impresionante cantidad de desaparecidos. La evidencia de más sicarios son las masacres (San Fernando, Tamaulipas; Villas de Salvárcar, Ciudad Juárez; Tepic; Torreón; Monterrey y, supuestamente, Iguala) y el mismo aumento de homicidios dolosos y detenidos.

 

 

Necesidad de recursos para la guerra; mayor producción y tráfico de drogas e incursión en otros delitos

Existe evidencia9 de que la producción de amapola y metanfetaminas ha ido en aumento en nuestro país desde 2006, en particular la de la primera, que, de acuerdo con la Drug Enforcement Administration (DEA), sirve para abastecer el 50% del consumo de heroína en Estados Unidos (EU).10 Por su lado, la producción de cocaína en Colombia, Perú y Bolivia ha caído en los últimos años (lo cual se explica por un cambio en la demanda),11 pero la mayor parte del tráfico de esta sustancia hacia EU se sigue haciendo a través de México.

Por último, la producción interna de mariguana ha disminuido, siendo la principal causa la fuerte competencia de su producción en EU. Si bien estos datos no son concluyentes, se puede afirmar al menos que la producción y el tráfico de enervantes no ha mermado por la política gubernamental de enfrentamiento directo que siguió el Gobierno el sexenio anterior. Mientras que sobre la incursión del narco en otros delitos tampoco existe información directa. Sin embargo, a partir de 2006 los secuestros aumentaron cada año, de acuerdo con los datos de la incidencia delictiva (ver la Gráfica 2), y, según la extinta Secretaría de Seguridad Pública, en 2011 tres de cada diez secuestros estaban relacionados con el narco.12 Por su parte, las extorsiones han tenido un comportamiento cíclico (ver la Gráfica 2), pero sobre la relación entre narcotráfico y extorsiones como el derecho de piso, explotación a migrantes, cobros por protección, etcétera, existe mucha evidencia circunstancial.13

 

Cambio de política

 

A partir de 2012 el Gobierno redujo el enfrentamiento directo contra los grupos del narco.14 Siguiendo la lógica de la paradoja del combate al narcotráfico, deberíamos entonces observar los sucesos inversos a lo que ocurrió el sexenio pasado. Sin embargo, eso es cierto para una parte de la cadena de eventos, pero desgraciadamente no para todos. Veamos: la reducción en la intensidad del combate a la industria del narco se puede corroborar con los datos de detenidos totales relacionados con ella, que pasaron de 42 mil en 2011 a 27 mil en 2014, así como con la información de las armas incautadas, que pasaron de 40 mil en 2011 a 12 mil en 2014, además de que ha habido una participación del Ejército cada vez menor (ver la Gráfica 1). La disminución en la intensidad del enfrentamiento ha propiciado una reducción en la probabilidad de detenciones y ha generado un aumento en los incentivos para nuevos acuerdos monopólicos entre las empresas de la droga, por lo que su número se redujo de las entre 60 y 80 ya mencionadas, a nueve.15 Esto llevó a que los homicidios dolosos se contrajeran, al pasar de 23 mil en 2011 a 17 mil en 2014, y las decapitaciones se redujeran de forma drástica.16 Todo ello es evidencia indirecta de que se están formando acuerdos para establecer cárteles entre las empresas de la droga, con convenios para trabajar con poder monopólico, acuerdos sobre rutas, pagos, compradores, vendedores, pero también con compromisos para no molestarse mutuamente.17 Obviamente esto no quiere decir que no haya conflictos entre ellos, como lo que presuntamente sucedió en Iguala en 2014, pero hay mucho menos que en el sexenio de Calderón.

 

El tipo de violencia actual; la migración de los sicarios

 

La parte de la cadena de sucesos que ya no se comporta de la manera esperada es la relación entre los grupos del narco y los sicarios con otros delitos. En principio, se podría esperar que, al bajar la necesidad de recursos para la guerra por parte de los grupos del narco, estos demandaran menos sicarios (lo cual es cierto) y disminuyera la incursión en otros delitos. Pero esto último no nada más no es cierto, sino que el efecto contrario se refuerza, es decir, existe mayor inclinación para migrar a otros delitos.

Los grupos del narco invirtieron muchos recursos (como sicarios y armas, entre otros) en una guerra que al menos ya bajó en intensidad, por lo que gran parte de estos han quedado sin uso o desempleados. Es así que dichos grupos han tenido medios disponibles para aumentar su participación en otros delitos, y lo han hecho. Asimismo, con el aumento en la demanda de recursos debido a la guerra muchos nuevos sicarios “aparecieron en escena” en el sexenio pasado, ya que los grupos de la droga los incorporaron a sus actividades delictivas, donde estos sujetos han obtenido mucho dinero, ya sea de forma directa o a través de otros delitos. Sin embargo, cuando bajó su demanda, dichos personajes no “desaparecieron”, sino que obviamente se han dedicado a otras actividades delictivas con el objetivo de mantener su statu quo.

En principio se podría pensar que los grupos del narco y/o los sicarios se han decantado por el secuestro y la extorsión. La evidencia muestra que ello pudo haber sucedido en 2013, pero ya no en 2014. Los datos de la incidencia delictiva revelan que las extorsiones aumentaron en 2012 y 2013, pero presentaron una contracción en 2014, mientras que los secuestros continúan subiendo (ver la Gráfica 2). Sin embargo, de acuerdo con los datos reportados por la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe),18 el número de personas que han sido víctimas de delitos graves y secuestros aumentó en 2013, pero bajó en 2014. Asimismo, la extorsión, definida en la encuesta de forma muy amplia, ha crecido aproximadamente el doble de 2011 a 2014.

La posible disminución de secuestros y extorsiones consideradas como graves tiene su lógica: es de suponerse que las autoridades (federales y estatales) han mejorado el combate a estos delitos (nos referimos propiamente a las autoridades competentes), además de que la gente también ha reaccionado: de acuerdo con la Envipe, el número de hogares que han implementado alguna medida de protección ha ido en aumento; y hay que considerar también a los grupos de autodefensa. Evidentemente, una mayor protección de la víctima potencial contra el secuestro y la extorsión produce una disminución en el ingreso esperado del delincuente.

Empero, esta situación es como la de los vasos comunicantes: si se tapa un agujero el agua surge por otro. Es decir, si los sicarios ya no tienen la misma actividad que antes en el mercado de las drogas, y si los mercados de secuestros y extorsiones graves parecen estar dejando una menor utilidad esperada, es de suponerse entonces que estos sujetos buscarán nuevas entradas de recursos. Dos ejemplos muy sonados actualmente:

1) El robo de combustible se ha incrementado: datos de Pemex refieren un crecimiento de ese delito, ya que en 2006 se detectaron 213 tomas clandestinas; en 2011, mil 419; en 2014, 3 mil 674,19 y en los primeros ocho meses de 2015 se habían descubierto 3 mil 547.20

2) La apropiación de municipios por parte del crimen organizado, delito del que el público se vino a enterar con el caso de Iguala. Es muy posible que esto sea no solo para controlar la producción y el tráfico de drogas, sino que se use también para extraer recursos directamente de la población y del propio municipio. Al respecto, la Secretaría de Gobernación declaró que el 75% de los municipios en México son vulnerables al crimen organizado,21 lo cual deja entrever la posible magnitud de este delito.

 

Y también, especulando, puede haber otros tipos de delitos que no se conocen públicamente, pero que podrían estar vinculados con los recursos de las entidades federativas, empresas públicas y privadas, y todo lo que la imaginación nos pueda indicar.

 

Conclusiones

 

El aumento y posterior disminución de los homicidios dolosos y de las decapitaciones, así como el incremento de otros crímenes, se puede explicar por la paradoja del combate al narcotráfico, que postula que un aumento en la intensidad del combate a los cárteles de la droga va a provocar un incremento de los enfrentamientos dentro del mercado de drogas, una reacción nula o positiva de la producción de enervantes y un crecimiento de delitos afines. Sin embargo, cuando disminuye la intensidad del combate, los enfrentamientos tienden a reducirse; la producción se puede quedar igual pero los otros delitos no van a disminuir, sino que incluso van a aumentar. Esta falta de simetría tiene su origen en el aumento de la demanda de sicarios: al crecer la demanda para los enfrentamientos, estos personajes van a aparecer en escena; no obstante, cuando los enfrentamientos disminuyen y su demanda baja, los sicarios no “desaparecen”, sino que se trasladan de un crimen a otro para obtener dinero con el que mantener su statu quo.

Esto es precisamente lo que ha pasado en México en los últimos años: un aumento en la intensidad del combate directo a los cárteles de la droga derivó en un incremento de los crímenes dolosos, las decapitaciones y otros delitos, mientras que un posterior decremento en la intensidad del combate disminuyó los homicidios dolosos y las decapitaciones, pero aumentó los otros crímenes.

El colofón de toda esta situación debe ser el siguiente: el enfrentamiento directo en contra de los cárteles de la droga no funciona y, además, provoca más violencia en ese mercado y en otro tipo de crímenes. Es concluyente que la experiencia de México y, de forma parecida, la de Colombia, no deben repetirse. 

 

1 Algunos de los puntos de la paradoja se exponen (aunque no con ese nombre) en: Juan Carlos Pérez Velasco Pavón, “El combate a los cárteles de la droga: ¿desde la oferta o desde la demanda?”, Este País, núm. 285, enero de 2015, pp. 19-21; y, de una manera formal, en Pérez Velasco Pavón, “Consideraciones sobre el combate a los cárteles de la droga. El caso de México”, Economía Mexicana Nueva Época, vol. Cierre de Época (I), 2013, pp. 5-64, y CIDE.

2 Los altos márgenes de ganancia se deben, principalmente, a que los acuerdos logran reducir el riesgo de ser atrapados en la cadena de distribución, además de que las drogas son productos con una demanda no elástica. Para un análisis sobre la economía del narcotráfico, ver la página de la Organización de los Estados Americanos.

3 Esta parte se analiza con detalle en Pérez Velasco Pavón, óp. cit. (las dos referencias de la nota 1).

4 Es importante tener en cuenta que esta paradoja solo es posible en los mercados ilegales con muy altos márgenes de ganancia, como el de las drogas, tales que eviten que sus participantes se vayan a otro mercado; y es que, cuando algún líder o sicario es apresado o muere, inmediatamente otro toma su lugar, y cuando una ruta es cerrada, rápidamente otra toma su lugar, etcétera.

5 Declaración del procurador general de la República que apareció en el periódico El Economista el 19 de diciembre de 2012.

6 BBC Mundo, 1 de noviembre de 2013.

7 Impacto, 31 de diciembre de 2010.

8 La Nación, 28 de octubre de 2012.

9 Sobre producción y tráfico de estupefacientes ver World Drug Report 2015, Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, y Reporte 2014, Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes.

10 Milenio, 21 de abril de 2015.

11 InSightCrime, 12 de febrero de 2015.

12 CNN, 1 de febrero de 2015.

13 Una razón intuitiva sobre la vinculación entre el narcotráfico y otros delitos es el origen de que los participantes del narco se hayan inclinado por el secuestro y la estafa. En el mundo del crimen existen recursos compartidos que se pueden usar para cometer varios delitos, como lo son los sicarios, las armas, los acuerdos con autoridades, cierta clase de información, etcétera, y recursos específicos para cada delito, como sería el caso de determinado conocimiento para los delitos informáticos, financieros o de obras de arte. Sin embargo, el tráfico de drogas, las extorsiones y los secuestros usan, en general, recursos compartidos.

14 Esta modificación se menciona en el Plan Nacional de Desarrollo 2012-2018, aunque posiblemente el giro de la política haya comenzado con anterioridad.

15 La Procuraduría General de la República ubica a nueve cárteles que controlan a 43 pandillas (Excélsior, 16 de septiembre de 2014).

16 El Gobierno de EPN ha argumentado que la disminución en los actos delictivos relacionados con el narcotráfico, así como la detención y muerte de algunos de sus líderes, ha sido consecuencia del uso de la inteligencia y de una mejor comunicación entre las instituciones encargadas del delito. Sin embargo, el argumento enfrenta serios problemas, entre ellos que es la misma inteligencia la que ha cometido errores tan extremos como permitir el escape del “Chapo” Guzmán, o la escabrosa investigación del caso Iguala.

17 La detención, fuga y nueva aprehensión de Joaquín Guzmán, el “Chapo”, así como el arresto de Vicente Carrillo Fuentes, “El Viceroy”, se pueden enmarcar en un cambio generacional. Ambos provienen del Cártel de Guadalajara, por lo que su forma de trabajo y sus viejas rencillas posiblemente ya estorbaban la formación de acuerdos entre los nuevos líderes, la mayoría de ellos desconocidos.

18 La información de la Envipe que se utiliza en este artículo aparece en los tabulados básicos del respectivo año.

19 El Economista, 1 de junio de 2015.

20 Excélsior, 21 de septiembre de 2015.

21 CNN, 21 de enero de 2015.

 

_________

JUAN CARLOS PÉREZ VELASCO PAVÓN es profesor en la Facultad de Economía y Negocios en la Universidad Anáhuac, jcperezvelasco@gmail.com.

Más de este autor