youtube pinterest twitter facebook

La unción del xenófobo anglo-americano

Héctor Calleros | 22.07.2016
La unción del xenófobo anglo-americano

El 21 de julio de 2016, el Partido Republicano nombró al señor Donald Trump (DT) como candidato presidencial. Su campaña inició el 16 de junio de 2015, en la Ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos, con la franquicia del Partido Republicano. Ese día, catapultó su candidatura con un discurso etiquetando negativamente a México, los mexicanos y lo mexicano. El éxito que ha tenido ha sido tal que representará a ese partido en la elección presidencial de 2016. Trece meses de campaña electoral bastaron para que 14 millones de estadounidenses se adhirieran a la campaña de racismo y xenofobia antimexicana del candidato republicano. La estridencia de sus palabras y la masiva y virulenta fuerza política que lo acompaña lleva a pensar que la elección presidencial será una especie de plebiscito sobre la identidad étnico- cultural de ese país.

     Los mexicanos se sienten en casa en los EE.UU.: la población mexicana en ese país, ya sea histórica (México-americanos) o migrante (diversas oleadas), simple y sencillamente, es parte de la historia de esa república desde el siglo XIX. La presencia numérica y cultural tan robusta de los mexicanos contrasta con su importancia política y económica. Pero no hay en el mundo otro país que haya estigmatizando y discriminando —por raza y origen— a los mexicanos. De hecho, en el inglés estadounidense, pareciera que la palabra Mexican es dicho como insulto. Frente a esto, los México-americanos parecen estar indefensos y pobremente organizados. México sólo tiene las armas de la diplomacia a su alcance y su audacia.

     La estigmatización de México y lo mexicano es alegremente aceptada en los Estados Unidos. No sólo lo confirman las propias palabras del candidato presidencial sino millones de simpatizantes, entre otros, líderes políticos, hombres de negocios, atletas y periodistas, cristianos devotos de personas. Uno de los objetivos de los ataques xeno-racistas de DT fue un juez federal de ascendencia mexicana. Lo interesante de este ataque es que puso bajo el reflector una de las nociones más primitivas de raza y pertenencia social: una persona nacida en los EE.UU., hija de padres mexicanos, es mexicana. No es estadounidense. Pero una persona, nacida en los EE.UU., hijo de inmigrantes europeos (blancos), es estadounidense: Trump, hijo de una británica y descendiente de migrantes alemanes, es, incuestionablemente, estadounidense. Semejante estructura cultural fue puesta en operación, por ejemplo, contra el precandidato republicano Rafael Edward “Ted” Cruz. DT cuestionó su ciudadanía (Cruz nació en Canadá) y fue etiquetado como cubano (por la nacionalidad de su padre). Así mismo, la estructura fue usada contra el propio presidente Barak Hussein Obama (un hombre moreno, hijo de keniano y angloestadounidense; llamado Hussein y criado, en parte, en Indonesia). DT cuestionó la identidad [fe] de Obama. Esa forma de ataque xeno-racista fue llamada birtherismo (nativismo, en español).

     Los ataques en la ciudad de Orlando, Florida, abrieron nuevamente “la sospecha” sobre “la verdadera” identidad de Obama. De hecho, DT sugirió que Obama era partícipe de una conspiración islamista contra los EE.UU. La infame y difamante cadena de televisión Fox News tuvo la suerte de encontrar fotos el joven Obama vestido a la usanza de algunos países musulmanes. Ante la crudeza y venenosa insistencia de la retórica xeno-racista del candidato Republicano, ¿Cómo puede ser que la sociedad estadounidense respalde y promueva la xenofobia y el racismo? La revista The Economist ha sugerido que el Partido Republicano es un proyecto político racista.

     La campaña electoral de DT es una estridente llamada de atención para marcar límites claros a la política xenófoba y racista. La cultura anglo-estadounidense es tan fuertemente antimexicana que en ese país piensan que de ello es culpable México. La periodista estadounidense Ginger Thompson, por ejemplo, escribió para el New York Times (Mexico´s Self-Image Problem 25 abril 2016) indicando que el rechazo y molestia mexicanos con la estigmatización que de ellos se hace en los EE.UU., es un desplante nacionalista. Pero reflexionando sobre sus ideas, uno no pensaría que son las opiniones de una corresponsal extranjera. Uno asume que un periodista tiene la sagacidad básica para separar la realidad social de los prejuicios culturales con que uno la mira. La periodista Thompson es, como Trump, producto cultural del antimexicanismo anglo-estadounidense. Tal sentimiento es tan cultural como histórico: desde Walt Whitman, en las artes, hasta Samuel Huntington, politólogo de la Universidad de Harvard, pasando por las películas de Hollywood, la imagen que los estadounidenses han creado, para sí mismos, de México, lo mexicano y los mexicanos, es de algo que abominan y, paradójicamente, que adoran abominar.

     En el siglo XXI, un demagogo xeno-racista quiere ser presidente de los Estados Unidos de América. La historia contará de cómo ese país redefinió su identidad en las elecciones de 2016.

________________

Héctor Calleros es politólogo, su investigación se centra en procesos políticos, legislaturas y derechos humanos, hcalleros@hotmail.com.